Desde el inicio de la epidemia ha habido mucho sufrimiento. La pérdida de seres queridos, el desarraigo de los supervivientes y el desconcierto de las personas que han visto como el Ébola se cobraba las vidas de sus vecinos y amigos.

Durante todo este tiempo otras  enfermedades han seguido circulando en la población, que padece dolencias como la malaria, la tuberculosis o el VIH cuando aún no hemos podido despedirnos del Ébola.

Sin embargo, siempre ocurre algo que hace que no perdamos la esperanza. Un pequeño detalle fugaz que te despierta una sonrisa. Un mensaje que te hace pensar que todo el esfuerzo vale la pena.

Hoy he vivido uno de estos momentos mágicos en Sierra Leona. Durante la visita a un centro de tratamiento de Ébola durante el trabajo. Entrar en uno de estos centros especializados es impactante y encoge un poco el corazón. El campamento ocupa la superficie de un campo de futbol, en el que se distribuyen en cuadrícula tiendas de resistente lona blanca y casas de ladrillo encaladas de blanco.  Al entrar tienes que lavar las suelas de los zapatos en agua con lejía. Lavado de manos intenso seguido de toma de temperatura con una de esos aparatos con forma de pistola apuntando tu sien. Tras pasar por el vestuario de entrada y calzar unas botas de plástico resistente puedes entrar en el recinto. La zona en la que se trabaja se divide en área verde, en la que no se trata a pacientes con riesgo de Ébola. Este área solo es transitada por trabajadores del centro, logistas, limpiadores y personal de laboratorio entre otros. La zona roja es restringida.

Cuando un paciente con sospecha de Ébola entra en el área clínica solo es atendido por personal completamente vestido con el traje de protección. Creo que todos mantenemos la respiración sin darnos cuenta al entrar. Intentamos interiorizar el funcionamiento y el significado de estos centros mientras  te explican los detalles, te enseñan la farmacia o los incineradores de material infeccioso. La última vez que fui para una reunión  pase por un pasillo que no había usado antes. Me sorprendió ver una pared llena de huellas de colores. Palmas de manos de distintos tamaños habían sido estampadas en la pared. “Son las huellas de los supervivientes”. En ese momento se te escapa una sonrisa y se te olvida la tensión que se respira en el ambiente. Justo enfrente de esta pared hay una caseta de doble puerta que comunica la zona roja y la verde separadas por una valla infranqueable. “es la ducha de la esperanza”  La duchas que marcan un antes y un después en la vida de las personas que  sobreviven esta enfermedad. ¡Una de las razones que sin duda nos motivan para seguir adelante!

Epidemia de Ébola, una mirada positiva (1/7) Epidemia de Ébola, una mirada positiva (2/7) Epidemia de Ébola, una mirada positiva (3/7) Epidemia de Ébola, una mirada positiva (4/7)  Epidemia de Ébola, una mirada positiva (6/7) Epidemia de Ébola, una mirada positiva (7/7)

 

 


César Velasco es médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública, epidemiólogo del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y miembro de la Asociación Española de Vacunología (AEV). Forma parte del equipo de expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que trabaja para la erradicación del ébola en Sierra Leona.