Ciencia, antivacunas y posverdad

5/03/2018

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La publicación científica tiene mecanismos propios. El investigador elabora un artículo en base a unos resultados, lo envía a una revista y su editor valora el interés de los hallazgos. De hacerlo positivamente, se lo hace llegar a unos especialistas que lo valoran doblemente. Una buena crítica generalmente conduce a su publicación. Las revistas científicas tienen su caché; The Lancet, por ejemplo, es una de las grandes revistas médicas. Fue justo aquí donde A. J. Wakefield y sus coautores publicaron su famoso artículo sobre la falsa relación entre la vacuna triple vírica y el autismo. Lamentablemente, el proyecto liderado por Wakefield resultó ser espectacularmente fraudulento, si bien sus autores tuvieron la habilidad de superar todos los filtros editoriales. Cuando se descubre un engaño, las revistas etiquetan el artículo como fraudulento; si uno busca el susodicho artículo en Internet, podrá observar esta etiqueta escrita con mayúsculas: «Retracted». El trabajo de Wakefield y colaboradores ha recibido el honor de ser catalogado como uno de los fraudes científicos más grandes de la historia (según Time). Es una obviedad científica que las vacunas son el descubrimiento más importante en la historia de la medicina y con ellas se ha salvado un incalculable número de vidas. Desafortunadamente, aún no se han podido desarrollar vacunas para todos los gérmenes conocidos, y el de la posverdad tiene difícil solución.

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