Declaración de Barcelona

10/08/2006

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El año 2005 es un año crucial para consolidar nuestros esfuerzos colectivos con respecto al desafío global en la lucha contra la pobreza y la promoción del desarrollo. Quedan sólo diez años para que, en el 2015, el mundo evalúe el progreso y cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo para el Milenio acordados por la ONU en el 2000.

Líderes globales y expertos en temas de desarrollo están comenzando a reconocer que se necesitan acciones concertadas y recursos adicionales si queremos tener la mínima oportunidad de alcanzar los Objetivos de Desarrollo para el Milenio y reducir la pobreza extrema. Dentro del amplio debate sobre lo que se necesita hacer y lo que se puede conseguir, la disminución de la mortalidad infantil emerge como el área específica dónde se puede lograr mayores avances en estos próximos diez años.

Concretamente, el cuarto Objetivo de Desarrollo para el Milenio establece reducir en dos tercios la mortalidad de los niños menores de 5 años para el 2015. El año pasado murieron más de 10 millones de niños menores de 5 años y, de ellos, al menos una cuarta parte por enfermedades prevenibles a través de vacunas que ya existen. Este objetivo se presenta como un gran reto, ya que actualmente 27 millones de niños no tienen acceso a la inmunización básica, pero también como una gran oportunidad. Entre las grandes acciones para fortalecer los sistemas de salud, las inmunizaciones son una de las herramientas con mejor razón de coste-eficacia con que contamos. A través de la vacunación hemos logrado uno de los mayores éxitos de la ciencia medica de todos los tiempos: la erradicación de la viruela y no estamos lejos de lograr la de la polio. Otras enfermedades como la difteria, el tétanos o el sarampión están siendo controladas. La mortalidad de los niños menores de 5 años podría reducirse drásticamente si lográramos altas coberturas de administración globales de las vacunas que están a nuestra disposición.

El impacto de las vacunas en la salud pública durante el siglo XX ha sido enorme. Sin duda, las vacunaciones han sido uno de nuestros más eficaces medios para prevenir enfermedades, discapacidades y muertes, así como para controlar los costes sanitarios. Uno de los más importantes desafíos del siglo XXI es desarrollar vacunas seguras y eficaces frente a los tres grandes agentes infecciosos del mundo actual: el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH/SIDA), el parasito causante de la malaria (o paludismo) y la micobacteria causante de la tuberculosis. Estas tres enfermedades suponen entre un tercio y la mitad de los años de salud perdidos en los países de baja renta, son el paradigma de lo que conocemos como enfermedades relacionadas- con la pobreza, y se han convertido en los principales objetivos de una propuesta de Iniciativa de Vacunas para el Milenio. Necesitamos movilizar aún más a la industria farmacéutica, al mundo científico y académico, a los especialistas en el cuidado de los niños y en salud pública que ya están trabajando para mejorar la tecnología de la inmunización y aportar avances que puedan salvar y mejorar las vidas de millones de niños.

Mientras trabajamos para que los avances científicos y tecnológicos permitan el desarrollo de nuevas vacunas contra microorganismos hasta ahora sin vacuna y la mejora de las vacunas con que ya contamos, es imprescindible hacer un gran esfuerzo para garantizar la administración de las vacunas ya existentes a las poblaciones que las necesiten. Para llevarlo a cabo hay que lograr los recursos financieros necesarios y de forma sostenida, para financiar la inmunización de esos niños. Hay que comprar las vacunas, hay que distribuirlas y hay que hacerlas llegar al lugar correcto, de la forma adecuada, para que sean administradas a los niños que las necesitan.

Las vacunaciones básicas son un derecho básico de los niños. No podemos seguir mirando a otro lado cuando oímos que cada año mueren o quedan discapacitados en el mundo unos 2,5 millones de niños a causa de infecciones que ya no sufren nuestros niños gracias a que se les vacuna. Barcelona ha sido la sede del primer Forum Universal de las Culturas, cuyo lema era “por la diversidad, la sostenibilidad y la paz”. Seamos capaces de movilizar a los políticos, a las administraciones publicas y a la sociedad civil para que, aceptando la diversidad de los pueblos del mundo, les dotemos de la sostenibilidad económica necesaria para procurarles el primer eslabón de la paz: que los niños de todos los pueblos sean depositarios de la solidaridad internacional. Y, como actuación prioritaria, que los niños de los países de baja renta se beneficien ya de las inmunizaciones que desde hace años han conseguido reducir enormemente la mortalidad y morbilidad de los niños de los demás países. Lo que es excelente para nuestros niños, también lo es para ellos. Por eso, defendemos firmemente los programas de inmunización que contribuyen al compromiso internacional de lograr que todos los niños se beneficien del derecho a vivir con salud; este compromiso está particularmente en manos de la OMS y de UNICEF, que tienen un papel fundamental en GAVI, la Alianza Global para las Vacunas y la Inmunización, y en el Vaccine Fund, apoyando la Campaña Mundial para la Inmunización de los Niños.

El reconocimiento de que la salud de las naciones es fundamental para su estabilidad económica y política debería llevar a establecer el papel crucial de la cooperación sanitaria internacional – y, especialmente, en lo que respecta a las enfermedades infecciosas – en la definición de la política exterior.

A modo de corolario, hacemos un llamamiento urgente a las instancias políticas y económicas, además de a las científicas y académicas, para que inviertan medios y dinero en las inmunizaciones infantiles de los países de baja renta. Que lo hagan ya con las vacunas existentes, y que asuman los costes de las venideras, como forma de incentivar la investigación de la industria farmacéutica en productos cuyos clientes potenciales no los podrían pagar. Los países ricos se deben comprometer a comprar las vacunas necesarias para los países con pocos recursos económicos y ayudar a fortalecer los sistemas de salud que permitan que esas vacunas lleguen a aquellos que más lo necesitan. La humanidad se encuentra en una encrucijada y nuestra sociedad debe implicarse generando conocimiento y movilizando medios económicos para contribuir a las iniciativas internacionales orientadas a mejorar la salud y promover el desarrollo global.

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