Carta del director- Julio 2014

25/08/2014

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Editorial5Me voy a Villaébola…así decían compañeros que trabajan en el hospital Carlos III de Madrid al iniciar su jornada laboral, sorprendidos por las actuaciones que percibían como caóticas de su propia organización sanitaria. Una vez fallecido el sacerdote Miguel Pajares, una vida dedicada a la atención de los más desfavorecidos, podría pensarse que el problema del virus de Ébola en España está resuelto, tal como se felicitan la ministra Ana Mato y demás políticos. Sin embargo, creo que el tema merece una reflexión más amplia.

Son varios los temas que me asaltan a la mente. En primer lugar, de forma insultante, la pregunta si los muertos por una enfermedad son más muertos cuando nos quedan cerca. La enfermedad por el virus del Ébola y de Marburg no es nueva en África, y son varios los miles de muertos para una enfermedad muy grave, de alta letalidad y que, según la experiencia, se pueden poner fronteras a las personas pero no a la enfermedad. Añadiendo que no tenemos a día de hoy un medicamento que cure o una vacuna que prevenga. La necesidad de utilizar los recursos donde está el problema es otro de los dilemas que viene a la mente, más teniendo personal altamente cualificado tanto en Europa como en otros países, para tratar a los enfermos, como todos los sanitarios de diversas ONGs que están a pie de cañón y personal militar acostumbrado y entrenado.

Más reflexiones se centran en el panorama político y sanitario de España con un Ministerio de escasas competencias y con un liderazgo cuestionado en esta y otras ocasiones. El mismo hecho del casi desmantelamiento del Carlos III parece una muestra de la falta de previsión adecuada, además de la duda sobre la necesidad de reconvertir un centro que se consideraba terciario, de referencia y de ámbito nacional. Se suma a esta sensación de falta de credibilidad en las autoridades sanitarias el hecho de que en la Comunidad de Madrid no existe una dirección de Sanidad Pública como tal, hecho único en España, por no compararnos con otros países, quedando relegada a un puesto secundario por debajo de Atención Primaria en vez de tener un papel de cohesión y por encima del nivel anterior y el hospitalario, especialmente en momentos de crisis. Se refleja en los comentarios de pasillo de los profesionales y se saca el trabajo con éxito por la profesionalidad y entrega, que siempre se supone, y que los políticos no cuestionan. Sin embargo, esto tiene su coste en cifras que no indico por no tener datos en la mano.

Sin duda, el brote epidémico del Ébola, como indica la doctora.Chan, directora general de la OMS, es consecuencia de la pobreza. Y la pobreza lleva a desconocimiento, como nos transmiten en diversos informes resultando que la tradición está en lucha constante con la información. De forma que ocurren hechos como que la campaña informativa coincidió con otra de una vacunación común en los colegios y muchos padres sacaron a los niños de la escuela porque pensaban que con esa vacuna les estaban inyectando el ébola. E incluso la gente no acude al hospital por malaria porque tienen miedo a que les pongan la inyección del ébola y les maten.

La experiencia nos dice que el brote se puede controlar y contener, pero la combinación formidable de esta pobreza, sistemas sanitarios disfuncionales y el miedo al trabajo dificulta su extinción. Es un brote epidémico de escala sin precedente pero la ayuda de la comunidad internacional está finalmente en marcha para afrontar una asistencia adecuada, coordinada y dirigida a la diana. Como dicen, un mundo humano no puede dejar que África Occidental sufra tanto.

 

 

Un afectuoso saludo
María José Álvarez Pasquín. Directora Vacunas.org

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