El fin de un reputado científico

11/08/2008

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Bruce E. Ivins era uno de los más respetados expertos en ántrax de Estados Unidos. Había estado investigando sobre vacunas contra esta enfermedad desde finales de los años setenta. Tal era su reputación que cuando cinco personas murieron a finales de 2001 por haber inhalado esporas de ántrax enviadas por correo, el FBI le pidió que analizara una de estas misivas, la recibida por el senador Tom Daschle. Con su muerte, por presunto suicidio, el pasado martes ha desaparecido el único y principal sospechoso de haber enviado en 2001 las letales dosis de ántrax a cinco medios de comunicación en Nueva York y Florida y a dos senadores en Washington.

Tras su muerte, el FBI se ha quedado sin sospechosos. Los agentes a cargo de las pesquisas han filtrado la que será la línea de investigación que pueden utilizar para cerrar el caso: Bruce E. Ivins estaba obsesionado con el ántrax. Tras los atentados terroristas contra Washington y Nueva York de 2001 creía que era necesario que el Gobierno estuviera también preparado para un ataque bacteriológico. Él tenía las vacunas preparadas. Y decidió poner a prueba a toda una nación.

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