Ética y vacunación. Información a los ciudadanos

8/09/2006

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AUTOR. Dra. Mª Lluisa Morató i Agustí
CARGO. Coordinadora Grupo Vacunas Germiap-semFYC

Actualmente el compromiso de los profesionales sanitarios con la población se inicia con las actividades preventivas, antes de que la persona enferme. La salud ha sustituido a la enfermedad como prioridad en la sanidad ambulatoria.

La aplicación de vacunas es probablemente una de las intervenciones médicas preventivas más eficientes (coste-beneficio) y su aplicación individual y sistemática ha conseguido que algunas enfermedades contagiosas dejen de serlo, siendo la única actuación médica que ha eliminado satisfactoriamente una enfermedad (la viruela a nivel mundial y en algunos países, la poliomielitis y el sarampión).

Los sanitarios debemos informar sobre la vacunación de una manera honesta, prudente y comprensible para la población general. Debemos explicar el beneficio que supone vacunar siguiendo las recomendación establecidas por las autoridades sanitarias y debemos informar de las reacciones adversas que se puedan presentar.

Esta información se puede llevar a cabo de una manera global, mediante campañas publicitarias en los medios de comunicación o individual durante la visita. Se debe incidir especialmente en la enfermedad de la que se hace la prevención.

Actualmente muchas de las infecciones para las cuales vacunamos han desaparecido en nuestro medio. No solo un ciudadano no ha visto nunca  alguna de estas enfermedades que hace pocos años eran muy frecuentes (por ejemplo el sarampión) sino que puede ocurrir que un médico joven sólo la conozca a través de los libros. Esto no debe impedir su información y las consecuencias de dejar de vacunar.

Ya que la vacunación individual también ha permitido que mejore la salud del grupo. Cuando la proporción de personas vacunadas es alta, se corta la transmisión de algunas enfermedades infecciosas y se consigue una protección colectiva que también protege al individuo que no ha iniciado o completado su vacunación.

Es esencial alcanzar y mantener este adecuado nivel de inmunidad – protección – colectiva para conseguir el bloqueo de la transmisión de la infección y más adelante, si ello es factible, alcanzar su eliminación y erradicación.

La vacunación es actualmente la mejor medida preventiva para vincular, de forma eficaz y al menor coste, la salud individual y la colectiva.

Para que esto sea cierto se deben cumplir unas condiciones en las que todos debemos implicarnos: ciudadanos, profesionales sanitarios y sus organizaciones profesionales y científicas, y la administración de política sanitaria. El vivir en sociedad implica tener unos derechos y obligarse a unos deberes para la mejor convivencia de todos los que forman parte de ella.

La administración sanitaria debe informar tanto a la población como a los sanitarios de las vacunas establecidas como sistemáticas en el calendario vacunal como de las no sistemáticas (no incluidas en el calendario vacunal). Debe establecer, actualizar y velar por el cumplimiento de dicho calendario; controlar la calidad de las vacunas; mantener una infraestructura que permita su correcto almacenamiento y su distribución a los profesionales sanitarios, para que éstos puedan administrarlas en los casos en sean indicadas, de una forma segura y eficaz.

Los sanitarios y sus organizaciones profesionales y científicas además de informar y administrar las vacunas, deben velar por su competencia profesional mediante múltiples instrumentos entre los que podemos incluir los programas de Formación Médica Continuada; debiendo garantizar a los ciudadanos una práctica médica adecuada a los estándares y éticamente correcta.

Se debe recomendar la vacunación en los casos en que estuviere indicada mediante una información veraz, transparente y todo lo amplia que la persona que la reciba solicite y pueda comprender. La comunicación es un camino de dos sentidos.

Debe ser un proceso en el que médicos, enfermeros y pacientes intercambien información y opiniones sobre el acto vacunal. Ha de ser significativa para que el ciudadano pueda tomar una decisión libre con fundamento. En general son decisiones sobre su propia salud pero que no afectan a los demás.

Sin embargo, en la decisión de vacunarse o no, hay una repercusión importante para la comunidad como ya hemos comentado. Individualmente, el riesgo de no vacunarse puede ser mínimo, pero si esta decisión (de no vacunarse), es adoptada por un número determinado de individuos, la inmunidad de grupo se puede poner en peligro y las probabilidades de un brote infeccioso devienen altas. Los profesionales han de ayudar a su paciente a cambiar sus miedos y dudas por información honesta y comprensible que sirva para mejorar su salud y la de los demás.

Los ciudadanos han de recibir información adecuada tanto de las ventajas como de los inconvenientes de cada vacuna y de las medidas para evitar o minimizar los efectos adversos. La vacunación en España no es obligatoria y el ciudadano puede oponerse a ella. No obstante, con la ayuda de los profesionales y de la administración sanitaria, debe reflexionar sobre su papel y sobre su responsabilidad en el mantenimiento y buen uso del sistema sanitario.

Ha de recibir el carné vacunal y debe considerarlo como una herramienta básica para el mantenimiento de su salud. El carné vacunal  evita la especulación sobre posibles vacunaciones en el pasado y los riesgos de demasiadas dosis.

No olvidar que la vacunación no acaba en la infancia!

Conductas recomendadas para una buena práctica en la Vacunación:

Los profesionales sanitarios tienen que:

  • Informar a los ciudadanos sobre la utilidad de la vacunación, tanto para proteger su salud, como la de terceros.
  • Conseguir la vacunación en los casos en que esté indicada.
  • Practicarla con diligencia, adoptando las medidas de seguridad e higiene necesarias.
  • Registrarla adecuadamente.

Los ciudadanos tienen que:

– Vacunarse en aquellos casos en que esté indicada una determinada vacuna.
– Llevar el carné vacunal para facilitar la información necesaria y su registro.

Los padres o tutores de menores tienen que:

– Autorizar su vacunación.
– Facilitarles el cumplimiento del calendario vacunal y su registro.

Las asociaciones profesionales y científicas sanitarias tienen que:

– Velar la competencia profesional de sus miembros.
– Garantizar a los ciudadanos una práctica adecuada y ética.

La administración sanitaria tiene que:

– Informar a los profesionales y a los ciudadanos de las vacunas disponibles.
– Garantizar su calidad, seguridad y disponibilidad.
– Indemnizar, si a pesar de todas las precauciones, se hubiera producido un daño que fuera consecuencia directa de la vacuna administrada.

Modificado de: Guía de actuación en la aplicación de las vacunas. Cuadernos de la Buena Praxis. Nº 14. COMB 2002.

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