Falsas ideas sobre la vacunación

8/09/2006

image_pdfimage_print

Las enfermedades desaparecieron antes de que se introdujeran las vacunas debido a las mejoras sanitarias e higiénicas

No cabe ninguna duda de que las mejoras en la higiene han tenido un impacto INDIRECTO en la disminución de las enfermedades infecciosas. La mejor alimentación y los antibióticos han contribuido a que aumente la supervivencia en los enfermos. También la menor tasa de nacimientos ha contribuido a que disminuyan los contactos susceptibles en los domicilios.

Pero si repasamos la evolución del número de casos de enfermedades prevenibles por vacunación en los últimos años, nos quedan muy pocas dudas del gran impacto DIRECTO que han tenido las vacunas, incluso en el momento actual.

Aunque la gran mayoría de las enfermedades evitables por vacunación se presentan en ciclos epidémicos periódicos, la gran caída en el número de casos coincide con la introducción de las vacunas en los calendarios.

Anualmente, se registraban en España entre 4,7 y 25 casos de enfermedad invasora por Haemophilus influenzae tipo b por cada 100.000 niños menores de 5 años, hasta que con la introducción en los calendarios rutinarios de vacunación descendió espectacularmente el número de casos. Evidentemente no han cambiado mucho las circunstancias higiénicas desde ese año hasta ahora.

Algo similar ha ocurrido con la enfermedad invasora por meningococo del serogrupo C en niños menores de 6 años: desde el año 2000 en que se introdujo la nueva vacuna conjugada ha descendido radicalmente el número de casos en este grupo de edad.

En países que muy recientemente retiraron algunas vacunas del calendario infantil, como la de la tos ferina en Suecia, Japón o Reino Unido, aumentaron dramáticamente los casos de enfermedad no volviendo a disminuir hasta que la reintrodujeron.

La mayoría de las personas que contraen una enfermedad habían recibido la vacuna con anterioridad

Es verdad que en una epidemia el número de los que padecen la enfermedad es superior en vacunados respecto de los no vacunados, incluso cuando hablamos de enfermedades para las que la vacuna tiene una efectividad clínica superior al 98%.

Esta aparente paradoja puede explicarse por dos motivos:

1) las vacunas no tienen una efectividad del 100%, y 2) en España, el número de personas vacunadas sobrepasa con creces a las no vacunadas.

Esto quiere decir que en un colegio de 1000 alumnos, en el que 995 estén vacunados con 2 dosis, si se declara una epidemia de sarampión y se exponen al virus todos los alumnos, pasarán la enfermedad evidentemente los 5 no vacunados y como la vacuna tiene una efectividad clínica del 99% tras 2 dosis, 10 alumnos vacunados padecerán la enfermedad (1% de 995): de los 15 casos de enfermedad, el 66% de los que padezcan la enfermedad estarán vacunados y el 33% no estarán vacunados.

La interpretación de este fenómeno es bien distinta. El 100% de los no vacunados padecen la enfermedad frente al 1% de los vacunados. Además, si no se hubiera vacunado nadie del colegio, probablemente se habrían declarado 1.000 casos de sarampión.

Las vacunas causan efectos indeseables, enfermedades e incluso la muerte, por no mencionar efectos adversos a largo plazo que todavía no se conocen

Las vacunas, en la actualidad, son muy seguras a pesar de algunas publicaciones que sugieren lo contrario. La mayoría de las reacciones adversas son leves y temporales y las reacciones graves aparecen con una frecuencia de 1 por cada 1.000.000 de dosis.

Respecto de que causen muerte, el independiente Instituto de Medicina de los Estados Unidos de Norteamérica ha declarado que el riesgo de muerte atribuible a la vacunación es extremadamente bajo. Se ha asociado la vacunación con DTP a la muerte súbita del lactante porque una moderada proporción de niños que mueren por esta enfermedad han recibido recientemente la vacuna DTP y por tanto es la causante.

Esta lógica aparente es incorrecta pues también con el mismo argumento podemos decir que comer pan origina accidentes de tráfico, ya que la mayoría de los conductores que tiene accidentes de tráfico probablemente hayan ingerido pan en las 24 horas previas al accidente.

Si consideramos que la mayoría de las muertes súbitas ocurren en un rango de edad en el que se administran 3 dosis de vacuna DTP, es probable que, por azar, la vacuna DTP preceda a alguna muerte súbita.

Cuando se han llevado a cabo estudios serios, independientes y rigurosos para tratar de conocer si existe una asociación, los investigadores, casi unánimemente, han encontrado que las muertes súbitas asociadas temporalmente con la vacuna DTP se encontraban en el rango que se esperaba ocurriera por el azar. Es más, las muertes hubieran ocurrido igual incluso si no se hubieran vacunado.

En cualquier caso no se puede atender exclusivamente al riesgo, sino que hay que sopesar el riesgo y el beneficio. Si no supusiera ningún beneficio la vacunación, resultaría intolerable incluso un efecto adverso grave que apareciera con una frecuencia de 1/1.00.000 de dosis.

Si no vacunáramos, se registrarían muchos casos de enfermedad, sufrimiento y muerte. Si comparamos el riesgo por padecer la enfermedad con el riesgo asociado a la vacunación, podemos tener una idea de los beneficios que se derivan de vacunar a nuestros hijos.

Riesgo de la enfermedad frente al riesgo de la vacuna enfermedad riesgo por casos

Sarampión
Encefalitis: 1 de cada 2.000
Muerte: 1 de cada 3.000
Infección ótica: 1 de cada 20
Neumonía/Bronquitis: 1 de cada 25
Convulsiones: 1 de cada 200
Diarrea: 1 de cada 6

Parotiditis

Encefalitis: 1 de cada 1.000
Meningitis vírica: 1 de cada 20
Sordera permanente: 1 de cada 20.000
Inflamación testicular: 4 de cada 10 adultos varones

Rubéola

Rubéola congénita en 1 de cada 4 madres con infección en primeros meses de embarazo
Encefalitis: 1 de cada 6.000.

Vacuna triple vírica (sarampión, rubéola, parotiditis)

Encefalitis en 1 de cada 1.000.000

Difteria

Muerte: 1 de cada 20

Tétanos

Muerte: 3 de cada 100

Tos ferina

Pulmonía: 1 de cada 8
Encefalitis: 1 de cada 20
Muerte: 1 de cada 200

Vacuna DTP (difteria, tétanos, tos ferina)

Llanto continúo con recuperación: 1 de cada 100
Convulsiones con recuperación: 1 de cada 750
Encefalopatía aguda: 1 de cada 1.000.000

Las enfermedades infecciosas evitables por vacunación prácticamente se han eliminado de España

Es verdad que la vacunación nos ha permitido reducir los niveles de enfermedades prevenibles por vacunación a niveles bajísimos en España. No obstante algunas son todavía muy frecuentes en otras partes del mundo, de tal manera que algunos viajeros que llegan a nuestro país pueden traer algunas enfermedades y si no estamos protegidos con las vacunas, pueden extenderse rápidamente originando brotes o epidemias, y donde antes no había casos, en unos meses pueden declararse cientos o miles.

Necesitamos, pues, seguir vacunándonos por dos motivos:

1) para protegernos a nosotros mismos aunque pensemos que el riesgo de contraer una enfermedad es remoto,

y 2) para proteger a los que nos rodean ya que siempre habrá a nuestro alrededor personas que no pueden recibir una/s vacunas (alergias graves, alteraciones de la inmunidad…) o que habiendo sido vacunados no han respondido, por lo que la UNICA manera de protegerlos es creando una barrera de personas inmunes a la enfermedad que impida el paso del agente infeccioso.

El éxito de un programa de vacunación depende, muy especialmente, de la cooperación de todos y cada uno de los inpiduos para conseguir el bien para todos. Seríamos muy irresponsables si pensáramos que un conductor debe ignorar el código de circulación en la presunción de que otros lo harán por él.

Recibir muchas vacunas para distintas enfermedades aumenta el riesgo de efectos indeseables y puede sobrecargar el sistema inmune

Los niños están expuestos diariamente a multitud de antígenos. El mero acto de comer introduce nuevas y numerosas bacterias en el cuerpo.

Además, gran número de bacterias viven en la boca y en la nariz con lo que exponen al sistema inmune a muchos antígenos, de hecho, una infección por virus de vías respiratorias altas expone al niño a 4-10 antígenos, y una laringitis a 25-50 antígenos.

Recientemente, se ha estimado que el número de antígenos que recibían los niños en 1960, cuando se les administraban las vacunas de aquella época era de 3217, mientras que en el año 2000 es de 126 (Offit P., 2002).

El Instituto de Medicina de los Estados Unidos de Norteamérica, prestigiosa institución no gubernamental, declaró en 1994 que "a la vista de estos acontecimientos, parece poco probable que el número de antígenos contenidos en las vacunas infantiles represente una carga apreciable para el sistema inmune de tal manera que llegue a sobrecargarlo".

[ más información ]

[ más información ]

image_pdfimage_print

Subir al menú