Prevención de la dependencia en las personas mayores

2/08/2007

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Septiembre 2007

Conferencia: Primera Conferencia Nacional de Prevención y Promoción de la Salud
Lugar: Madrid, 15-16 de junio de 2007

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   Resumen conferencia

Introducción

Grupo Impulsor:
– Javier Gómez Pavón. Coordinador. Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).
– Iñaki Martín Lesende. Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC).
– Pilar Regato Pajares. Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC).
– Juan Jose Baztán. Sociedad Española de Medicina Geriátrica (SEMEG).
– Francesc Formiga. Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI).
– Pedro Abizanda Soler. Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).
– Andreu Segura. Sociedad Española de Epidemiología/ Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SEE/SESPAS).
– Jesús de Pedro Cuesta. Ministerio de Sanidad y Consumo.

Expertos Sociedades Científicas:
– Ana Gorroñogoitia Iturbe y Juan Manuel Espinosa Almendro (semFYC).
– Isidoro Ruipérez Ruipérez, Jose Galindo Ortiz y Jose Augusto García Navarro (SEGG).
– Antonio San Jose Laporte (SEMI).
– Antonio Gil Núñez. Sociedad Española de Neurología (SEN).
– Mª Dolores Claver. Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN).
– María Jose Álvarez Pasquín. Asociación Española de Vacunología (AEV)
– Manuela Monleón Just. Federación de Asociaciones de Enfermería Comunitaria y de Atención Primaria (FAECAP). – Mª Dolores Izquierdo Mora. Asociación de Enfermería Comunitaria (AEC)

Expertos Administraciones Sanidad:
– Fernando Márquez Gallego. Ministerio de Sanidad y Consumo.
– Jose Antonio Pinto Fontanillo. CCAA Madrid.
– Antoni Salvà Casanovas. CCAA Cataluña
– Azucena Martínez Acebal. CCAA Principado de Asturias.
– Mª Antonia Mora González. CCAA Cantabria.
– Ana Isabel Rivas Pérez. Ciudad Autónoma de Ceuta.
– Fernando Márquez Gallego. CCAA Galicia.
– Jose Mª Iglesias Sánchez. CCAA Extremadura.
– Purificación de la Iglesia Rodríguez. CCAA Castilla y León.

Justificación y magnitud del problema  

España presenta unos de los índices más altos de envejecimiento, cercano al 18% (1,2). Este envejecimiento poblacional está comportando un importante y progresivo aumento de la morbilidad asociada a procesos crónicos y degenerativos frecuentemente incapacitantes (3,4). El envejecimiento de los ya viejos, de los mayores de 80 años, por ganancias en longevidad, hará aumentar las tasas de dependencia en España alrededor de cerca de un 10% (2,5,6).

La enfermedad y no la edad, es la principal causa de dependencia (7-11). La edad no es causa de dependencia. La dependencia es el resultado de la combinación de cambios fisiológicos relacionados con la edad, las enfermedades crónicas y los procesos agudos o intercurrentes. Todo ello además, influido por el entorno psicosocial, ambiental y sanitario.

Es de sobra conocido, que este sector de población es el más vulnerable y el que concentra el mayor riesgo de dependencia y las mayores cifras de dependencia ya establecida, lo que ocasiona que presenten un mayor gasto en salud en relación con un mayor consumo de recursos sanitarios y sociales (12-18). La principal preocupación de las personas mayores y sus familias si siguen viviendo más años es la salud, y lo es por sus consecuencias en términos de dependencia, causa fundamental de sufrimiento y de mala autopercepción de salud (19-23).

La reciente aprobada “Ley de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia”, en su disposición final primera, de aplicación progresiva de la ley, menciona explícitamente la asistencia a la dependencia ya establecida (24). Evitar la aparición de dependencia es tanto o más importante que abordarla, y abordarla cuando es reciente y reversible es más efectivo que hacerlo cuando está claramente establecida.

Hoy en día existe suficiente evidencia científica para afirmar que es posible disminuir de forma significativa la incidencia, la prevalencia y la intensidad de la enfermedad, la discapacidad y con ello de la dependencia, mediante tres acciones fundamentales (8-11, 25-31):
– Prevención y promoción de la salud.
– Prevención y control de las enfermedades crónicas.
– Servicios sanitarios eficientes para las personas mayores.

Si bien es necesario reforzar los dispositivos asistenciales para las personas gravemente dependientes, no se deben dejar en segundo plano los esfuerzos para evitar la dependencia o para la recuperación cuando la dependencia es reversible, por lo que las intervenciones que tengan como objetivo la actuación preventiva, precoz y rehabilitadora deben ocupar un lugar preferente.

 

Objetivo y método de trabajo

Por todo lo anteriormente expuesto, el objetivo general del presente documento es el consensuar desde las Sociedades Científicas y las Administraciones Públicas Sanitarias (Ministerio de Sanidad, Comunidades y Ciudades Autónomas), basándose en la evidencia científica disponible hasta el momento, las principales recomendaciones sanitarias para prevenir la dependencia en las personas mayores.

Como objetivos específicos se definen:
– Elaborar recomendaciones a llevar a cabo para:
– Promoción de la salud y prevención de la enfermedad, como principal causa de deterioro funcional y dependencia.
– Prevención del deterioro funcional y dependencia, desde los ámbitos de actuación comunitaria (atención primaria) y hospitalaria.
– Evitar la iatrogenia.
– Establecer recomendaciones de estrategias de intervención en los diferentes niveles asistenciales.
– Determinar líneas de actuación y posibles líneas de investigación en áreas deficitarias.

Para ello la metodología de trabajo seguida ha sido:
– La elaboración de un documento preeliminar realizado y consensuado por un grupo impulsor de expertos constituido por representantes de las sociedades científicas y la administración, basado en la revisión de las recomendaciones y directrices de las principales organizaciones en promoción de la salud y prevención de la enfermedad y del deterioro funcional y dependencia en las personas mayores.
– Someter dicho documento de consenso a la revisión externa por el resto de expertos designados por sociedades científicas y administración central y autonómica.
– Determinación del documento final en base a la discusión y revisión por todos los expertos participantes en el grupo de trabajo (incluido grupo impulsor). Todos los expertos han firmado una declaración de conflicto de intereses para su participación.

 

Definiciones  

Dependencia: La recomendación del Consejo de Europa aprobada en septiembre del 98 (2,6), define la dependencia como “un estado en el que se encuentran las personas que por razones ligadas a la falta o la pérdida de autonomía física, psíquica o intelectual tienen necesidad de asistencia y/o ayudas importantes a fin de realizar los actos corrientes de la vida diaria y, de modo particular, los referentes al cuidado personal”.

Valoración Geriátrica Integral o Global (32-36): Proceso de diagnóstico multidimensional e interdisciplinario que se realiza con el objetivo de cuantificar las capacidades y problemas médicos, psicológicos, funcionales y sociales del anciano, con la intención de elaborar un plan exhaustivo de cuidados para el tratamiento y el seguimiento a largo plazo del paciente. Incluye la valoración estructurada de cuatro esferas: la clínica, la mental, la social, y la funcional. La VGI aislada no basta por sí misma si no va unida a la toma de medidas para el manejo de los problemas detectados.

Tipificación de las personas mayores: A efectos prácticos del presente documento de prevención de la dependencia se realiza la siguiente clasificación:

– Persona mayor sana: no presentan enfermedad ni alteración funcional, mental o social alguna.

– Persona mayor con enfermedad crónica: padecen una o varías enfermedades crónicas, pero sin problemas funcionales, mentales o sociales.

– Persona mayor en riesgo y frágil: Conserva su independencia de manera inestable y que se encuentra en situación de riesgo de pérdida funcional. Se trata de personas mayores que presentan uno o más de los siguientes factores de riesgo predictivos de deterioro, pérdida de funcionalidad, y de dependencia (37-42): edad avanzada (por lo general a partir de 80 años); hospitalización reciente; caídas de repetición; polifarmacia con comorbilidad especialmente con patologías crónicas que tienden a la incapacidad (artrosis, artritis, fracturas por caídas, depresión y enfermedades psiquiátricas, déficit visual o auditivo, incontinencia, eventos cardiovasculares); con deterioro cognitivo; con debilidad muscular, alteraciones de la movilidad y equilibrio, y realización de poco ejercicio; con deficiente soporte o condicionantes sociales adversos (pobreza, soledad, incomunicación, viudedad, ….) o factores demográficos (mujer mayor de 80 años).

Dentro de este grupo igualmente se incluyen como personas mayores en riesgo y frágiles a aquellas con pérdidas de funcionalidad incipientes, fundamentalmente en actividades de la vida diaria, cuando todavía son potencialmente recuperables.

– Persona mayor dependiente de carácter transitorio o de carácter permanente: es aquella que se encuentra ya en situación de dependencia de carácter transitorio o bien de carácter permanente independientemente de su intensidad. A efectos prácticos del presente documento clínico, se propone la clasificación de la dependencia en los grados de severidad que clasifica el índice de Barthel (43, 44) de acuerdo a: puntuación de 60 o más: dependencia leve; 45-55: dependencia moderada; 20-40: dependencia grave; < 20: dependencia total.

Esta clasificación clínica de la dependencia nada tiene que ver con el reciente instrumento de valoración de la dependencia de la citada ley de autonomía personal cuyo objetivo es el de clasificar de un determinado modo a la dependencia con el fin de identificar el baremo para poder así beneficiarse de las prestaciones sociales.
La dependencia es un concepto dinámico y nunca es estática. Así podrá avanzar hacia estadios más severos y en tiempos más o menos rápidos dependiendo de la enfermedad de base pero muy especialmente del manejo preventivo y de la asistencia sanitaria y social continuada recibida.

También es importante destacar que el grupo de personas mayores con dependencia grave y total, aunque en ocasiones se encontrarán dentro del siguiente grupo de final de la vida, no debe de ser entendido como sinónimo de terminalidad. Aunque el concepto de terminalidad en la persona mayor dependiente es complejo, debe de ir ligado más al de enfermedad en fase terminal, que generalmente va acompañado de dependencia severa no reversible (45,46).

– Persona mayor en situación de final de la vida: es aquella que padece una enfermedad en fase terminal con una expectativa de vida generalmente menor de seis meses (47). Englobaría tanto a pacientes con enfermedad oncológica como no oncológica en fase avanzada y/o terminal y con limitación funcional severa no reversible (generalmente total con Barthel menor de 20), con síntomas intensos, complejos y cambiantes.

Según la enfermedad de base presentan trayectorias clínicas de pérdida funcional y muerte muy diferentes (de alrededor de tres a seis meses en los pacientes oncológicos, y de expectativa de vida menos predecibles con pérdida funcional progresiva y con situaciones de empeoramiento y mejoría en relación con reagudizaciones frecuentes en las enfermedades crónicas no oncológicas) (48, 49). 

 

Estrategias y métodos de promoción y prevención. Recomendaciones  

Es necesario incidir en la realización de dichas actividades preventivas en la población mayor sin discriminación por razones exclusivas de edad. La prevención de la dependencia en las personas mayores, siguiendo el patrón habitual de prevención de la enfermedad (promoción de la salud, prevención primaria, secundaria y terciaria), resultaría de:

– Promoción de la salud. Medidas sanitarias dirigidas a individuos y comunidades, destinadas a incrementar el control sobre los determinantes de salud, para mejorar ésta, actuando sobre estilos de vida, factores personales o medioambientales que contribuyen a preservarla. Son ejemplos el envejecimiento saludable, el fomento de actividad física y alimentación saludable en la población, pero también promover la relación social, ausencia de barreras arquitectónicas, etc. Los ancianos sanos, a nivel general y poblacional, se benefician mayoritariamente de estas medidas.

– Prevención primaria de la dependencia. Medidas dirigidas a disminuir la incidencia de dependencia, por tanto establecidas sobre individuos no dependientes, sin afectación de AVD, para evitar la aparición de la dependencia (paciente mayor sano, paciente mayor con enfermedad crónica). Incluye tanto actividades clásicas de prevención primaria (vacunaciones, evitar accidentes o el tabaquismo, …), como considerar el correcto manejo de factores de riesgo y situaciones más específicas de personas mayores relacionados con la aparición de dependencia (síndromes geriátricos, medicación, hospitalización, deficiente soporte social, …), pero en personas que aún mantienen la funcionalidad íntegra. Incide también sobre personas mayores sanas, pero sobretodo en los ancianos de riesgo determinados en base a la existencia de esos factores predictores, y a las personas mayores con enfermedades crónicas, pero que aún no tienen afectación funcional establecida.

– Prevención secundaria de la dependencia. Considerando la continuidad desde grados leves de pérdida funcional hasta grados avanzados de dependencia establecida, consiste en la intervención sobre esta situación de pérdida de funcionalidad precoz, cuando todavía existen posibilidades de reversión o modificar su curso, por tanto de mejorar su pronóstico. Es un concepto ligado al anciano de riesgo considerado en base al deterioro funcional precoz, incipiente, leve, antes incluso de que se manifieste clínicamente (persona mayor en riesgo y frágil). Limitaciones para realizar el cribado son: no estar claramente definido ni disponer de instrumentos precisos para identificar los ancianos de riesgo en base a esta pérdida de función, e incógnitas y déficit de recursos para el abordaje de los casos detectados.

– Prevención terciaria de la dependencia. Medidas dirigidas a la persona mayor dependiente, ya sea de carácter transitorio o permanente, con el fin de abordar sus problemas, aminorar sus consecuencias, o actuar sobre su progresión. Son por ejemplo las medidas rehabilitadoras, de fisioterapia, de soporte a cuidadores, correcto tratamiento de la patología derivada del inmovilismo, etc.

Teniendo en cuenta las anteriores afirmaciones, el presente documento de prevención de la dependencia en las personas mayores se ha agrupado en tres categorías:

– Promoción de la salud y prevención de la enfermedad.
– Prevención del deterioro funcional, desde atención primaria y especializada.
– Prevención de la Iatrogenia. 

 

Consideraciones especiales  

Ante la persona mayor siempre es necesario individualizar en cada caso en concreto, siendo la Valoración Geriátrica Integral la herramienta clave a la hora de la toma de decisiones. Toma de decisiones siempre dinámica y cambiante de acuerdo a los principios básicos de la bioética:

– Propia decisión del paciente (en pacientes con demencia moderada-severa según principal cuidador o persona designada en tal caso en las directrices avanzadas).
– Evidencia de la recomendación especialmente en cuanto a mejoría de morbi-mortalidad sobre su situación funcional y por lo tanto sobre su calidad de vida.
– Priorización de medidas a tomar para facilitar la adherencia y menor número de complicaciones. 

Se pueden aplicar tres actividades preventivas a prácticamente todos los ancianos independientemente de su situación funcional. Primero la actividad física adaptada a la propia tipología de paciente, es efectiva en la prevención primaria y secundaria de la enfermedad, previene la fragilidad, y ayuda a mantener la función y a reducir los accidentes. En segundo lugar, la vacunación antigripal y antineumocócica, son efectivas y se asocian a una morbilidad mínima. Finalmente, se pueden aplicar de manera uniforme actividades para prevenir las enfermedades psicosociales (aislamiento, detección de trastornos afectivos, aumento de la autoestima, maltrato y negligencia, directrices avanzadas).

 

Propuestas de futuras líneas de actuación y de investigación 

En este punto se destacan como principales propuestas de líneas de actuación y de investigación, los siguientes:
– Partiendo de este documento, es conveniente realizar un trabajo para establecer las recomendaciones en las diferentes actividades preventivas y de promoción de la salud que se mencionan, sustentadas en una revisión con metodología explícita, teniendo en cuenta la evidencia de efectividad de la medida propuesta y que sea realizable en el entorno de práctica clínica en nuestro sistema de salud. Necesita profesionales con apoyo, formación y recursos suficientes para llevarlo a cabo.

Requeriría la realización de una búsqueda sistemática exhaustiva, evaluación de la evidencia siguiendo instrumentos estandarizados, y la formulación de las recomendaciones en base a alguno de los sistemas existentes (“GRADE” es el propuesto por el grupo PAPPS; otros son SIGN, NICE,…). Posteriormente un grupo de revisores externos del entorno sanitario, con experiencia en áreas específicas examinarían las recomendaciones.

– Promover la investigación en nuestro medio que aporte información necesaria en aspectos de la prevención de la dependencia (fragilidad, efectividad de diferentes estrategias e intervenciones, efectividad de la VGG en atención primaria, etc).

– Realización de recomendaciones específicas encaminadas a la reducción de la dependencia especialmente secundaria y terciaria en los centros residenciales de personas mayores. Igual consideración merece la dependencia severa y la situación de final de vida.

– La elaboración de instrumentos de valoración validados en nuestro entorno que mejoren la sensibilidad y especificidad de los actualmente utilizados en la detección de población en riesgo de desarrollar deterioro funcional y dependencia es otra cuestión que el presente documento deja abierta.

– Consensuar los términos básicos de los cuales partimos para realizar las recomendaciones de prevención. Actualmente no existe un consenso básico en su definición (de fragilidad, polifarmacia, tipología de personas mayores, polifarmacia, …). Una lógica continuación de este documento es avanzar para elaborar sobre estos aspectos y otros como que debe incluir una valoración geriátrica.

– Interés y esfuerzo de seguimiento de las principales recomendaciones realizadas en este documento por parte de las administraciones públicas sanitarias (Ministerio de Sanidad y Comunidades Autónomas que han participado) como respuesta sanitaria al artículo 21 de la ley de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia.

Si bien es necesario reforzar los dispositivos asistenciales para las personas gravemente dependientes, no se deben dejar en segundo plano los esfuerzos para evitar la dependencia o para la recuperación cuando la dependencia es reversible, por lo que las intervenciones específicas y especializadas que tengan como objetivo la actuación preventiva, precoz y rehabilitadora deben ocupar un lugar preferente.

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