Puntos clave

4/05/2016

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Manifestaciones clínicas

Tras un periodo de incubación de 6 a 30 días, la sintomatología se instaura de modo insidioso. Incluye, clásicamente, fiebre alta de predominio vespertino, dolor de cabeza, falta de apetito, malestar general, dolor abdominal difuso y estreñimiento o diarrea. Una lengua saburral y úlceras en el paladar son signos orientativos frecuentes. Puede asociar una frecuencia cardíaca baja. Es singularmente inespecífica en los primeros 2 años de vida. A partir de la 2ª y 3ª semana de enfermedad aparecen los signos clínicos más significativos: letargia, aumento de tamaño del hígado y del bazo, (Imagen1), una erupción cutánea tenue en tórax y abdomen (“roséola tífica”), así como las complicaciones.

Las fiebres paratíficas cursan con una sintomatología indistinguible de la de la fiebre tifoidea, aunque suele ser más moderada y breve.

Formas de contagio

La fiebre tifoidea se transmite habitualmente vía fecal-oral. Sus formas de contagio comprenden:

  • Ingestión de comidas o bebidas manipuladas por un portador del microbio, a menudo asintomático, que elimina crónicamente por las heces o, menos frecuentemente, por orina;

  • Transmisión mano-boca tras usar un retrete contaminado sin cuidado higiénico de las manos;

  • Transmisión oral, a través de agua contaminada, alimentos fríos (helados) o, especialmente en los países desarrollados, mariscos.

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