Puntos clave

24/04/2016

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Reservorio

El único reservorio es humano, por lo que reúne todas las condiciones para ser eliminado. No existen reservorios animales ni terrestres y además, existe una vacuna de gran eficacia protectora.

Forma de transmisión

El virus se propaga por la tos y estornudos, el contacto personal íntimo o el contacto directo con secreciones nasales o faríngeas infectadas. El virus, presente en el aire o sobre superficies infectadas, sigue siendo contagioso durante periodos de hasta 2 horas.

El período de incubación dura 10 días desde la exposición al virus hasta el comienzo de los síntomas.

El periodo de transmisión va desde 1-2 días antes del comienzo de la sintomatología hasta 4 días después de la aparición del exantema.

Manifestaciones clínicas

El primer signo del sarampión suele ser la fiebre alta, que comienza unos 10-12 días después de la exposición al virus y dura entre 4-7 días. En la fase inicial, el paciente puede presentar rinorrea, tos, conjuntivitis, y pequeñas manchas blancas en la cara interna de las mejillas, manchas de Koplik (imagen 1).

Imagen 1

Boca de un paciente con manchas de Koplik, un primer signo de la infección por sarampión

Después de este periodo prodrómico aparece un exantema maculo-papuloso (imagen 2-4), generalmente empieza en la cara y la parte superior del cuello, se extiende en unos 3 días, acabando por afectar el torso, las manos y los pies. La erupción dura de 5 a 6 días hasta desaparecer. El intervalo entre la exposición al virus y la aparición del exantema oscila entre 7 y 18 días (media de 14 días).

Imagen 2

Imagen 3

Imagen 4

En los países en los cuales la circulación del virus del sarampión es alta, la mayoría de las muertes se deben a sus complicaciones, que son más frecuentes en menores de 5 años y adultos. Las más graves son la ceguera, la encefalitis (infección acompañada de edema cerebral), la diarrea grave (que puede provocar deshidratación), las infecciones del oído y las infecciones respiratorias graves, como la neumonía. Los casos graves son especialmente frecuentes en niños menores de 5 años, niños malnutridos, y sobre todo en los que no reciben aportes suficientes de vitamina A. También en personas inmunodeprimidas y embarazadas.

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