¿Qué ha sucedido cuando se suspende la vacunación?

10/08/2006

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Hoy en día existen sobradas razones para reconocer que la vacunación es la medida preventiva más eficaz de todos los tiempos.

Exceptuando la potabilización de las aguas, no existe otro método con mayor impacto en la disminución de la mortalidad y en el crecimiento de la población.

Sin embargo, corremos el riesgo de sufrir el olvido histórico de las plagas y epidemias que asolaban nuestras tierras hace pocos años. Una vez olvidado o desconocido el peligro de enfermedades consideradas erradicadas (viruela) o lejanas (poliomielitis, difteria…) existen movimientos que rechazan la vacunación por falta de aceptación de sus efectos secundarios.

Así sucedió en Japón en 1975 con la vacuna de la tos ferina. El rechazo de la población a los efectos adversos de esta vacuna de células enteras hizo que el Ministro de Salud suspendiera su aplicación.

El resultado de tal medida no se hizo esperar: en 1973 se declararon 361 casos de tos ferina en Japón; seis años después la cifra ascendió a 135.105 casos. A partir de este suceso, los japoneses desarrollaron una vacuna acelular con menos efectos secundarios y con resultados muy favorables en cuanto a su eficacia.

Del mismo modo, el descenso de la cobertura vacunal, en los últimos años, en algunos países de la antigua Unión Soviética, ha conducido a la reaparición de casos de difteria en Bielorrusia, Ucrania y otras naciones. En 1994 se contabilizaron en esas regiones 50.000 enfermos y 2000 muertes por difteria.

Esto hechos ilustran la necesidad de no bajar la guardia ante las enfermedades llamadas inmuno-prevenibles. La ausencia de vacunación haría emerger enfermedades que actualmente están en vías de eliminación.

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