Vacuna contra el Virus Respiratorio Sincitial (VRS)

21/08/2006

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Octubre 2004

Autores: Jesús Ruiz Contreras
Jefe de la Sección de Lactantes. Hospital 12 de Octubre. Profesor Titular de Pediatría de la Universidad Autónoma. Madrid.
Palabra clave: Virus Respiratorio Sincitial

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Microorganismo causal

El virus respiratorio sincitial (VRS) es un miembro del género de los Pneumovirus , de la familia Paramixoviridae. Tiene un tamaño medio de 120-320 nm. y una hebra simple de ARN no segmentado, que codifica 10 proteínas virales.

En su superficie tiene tres glicoproteínas, la F o proteína de fusión, la G y la SH (small hydrophobic). El resto son 5 proteínas estructurales (dos proteínas de la matriz, M1 y M2; tres proteínas asociadas con la nucleocápside, N, P y L) y dos proteínas no estructurales (NS1 y NS2). La proteína F es responsable de la penetración del virus en la célula y de su diseminación célula a célula por fusión de las membranas celulares. La G es la proteína más grande de la envoltura viral y responsable de la adherencia viral a la célula.

La diversidad antigénica del VRS viene condicionada por los cambios en las glicoproteínas F y G. Existen dos grupos antigénicos de VRS, el A y el B. El más prevalente y el que, en la mayoría de los casos, produce enfermedad más grave es el A.

La diversidad entre los dos grupos se debe, sobre todo, a la proteína G, que entre ambos puede tener una homología en su secuencia de aminoácidos de sólo el 50% y una homología antigénica tan baja como el 5%. De hecho, la proteína G es la proteína que mejor tolera las mutaciones sin perder la función, de todas las que se conocen en la naturaleza.

 

Epidemiología

La infección por el virus respiratorio sincitial (VRS) es la causa más frecuente de enfermedad respiratoria grave en los lactantes menores de 2 años. Aproximadamente el 50% de los niños se infectan en su primera estación invernal. A los 2 años casi todos los niños se han infectado y un 50% de ellos se han infectado dos veces.

La mayoría de las infecciones por VRS son leves y sólo un 0,5-3% de los niños infectados son hospitalizados. Sin embargo, dado el gran número de infecciones, hasta un 70% de las hospitalizaciones por enfermedad respiratoria en lactantes durante el invierno se deben al VRS.

En EE.UU., se ha producido un fuerte incremento en las hospitalizaciones por VRS, desde 13 a 31 por 1.000 niños menores de 1 año de edad entre 1980 y 1996, y los estudios realizados en varias naciones de la UE demuestran una frecuencia similar. Aunque la gravedad de las infecciones por el VRS disminuye con la edad, éstas se producen durante toda la vida, generalmente en forma de infecciones de vías respiratorias altas.

Sin embargo, en ancianos la infección por VRS puede ser grave con una frecuencia de neumonía del 10-20% y una letalidad del 2-5%. Un estudio realizado en 1.195 adultos con neumonía adquirida en la comunidad ha demostrado el VRS es la tercera causa más frecuentemente identificada (4,4%), sólo por detrás de neumococo (6, 2%) y gripe (5,4%). En niños menores de 5 años con enfermedades pulmonares crónicas se producen 8 y 23 por hospitalizaciones por 1.000 debidas a gripe y VRS respectivamente.

En total, un 25% de las hospitalizaciones por enfermedad respiratoria aguda en niños de esta edad con enfermedades pulmonares crónicas se debe al VRS. El VRS es el principal agente causal de bronquiolitis y otras enfermedades de vías respiratorias en lactantes y niños. En los mayores de 65 años con enfermedades pulmonares se producen 23 y 18 hospitalizaciones/1.000 personas por gripe y VRS respectivamente.

En los EE.UU. el VRS se asocia a más de 11.000 muertes anuales de causa respiratoria o circulatoria. Característicamente, el 78% de las muertes asociadas a VRS se producen en personas mayores de 65 años.

Hay varios factores que influyen en la gravedad de la enfermedad: edad inferior a 3 meses; prematuridad; displasia broncopulmonar; cardiopatías congénitas; y estados de inmunodepresión. Por ejemplo, los lactantes con displasia broncopulmonar tienen una frecuencia de hospitalización 13 veces más alta que los lactantes sanos. Los lactantes prematuros son hospitalizados con una frecuencia entre 2 y 3 veces más alta que los recién nacidos a término.

Entre los factores ambientales que predisponen a la infección por el VRS destacan: hacinamiento domiciliario, asistencia a guardería, exposición al humo del tabaco, malnutrición, y factores raciales.

Las infecciones por VRS se presentan con un claro patrón estacional, aunque puede variar discretamente de unos años a otros. En España se extiende desde noviembre hasta incluso marzo, pero los picos más altos de la infección se producen en diciembre y enero.

La transmisión del virus puede ser directa por exposición a grandes gotas de secreciones al toser, estornudar o sonarse la nariz, o través de las manos u objetos contaminados. La entrada se realiza a través de las mucosas de la conjuntiva, nariz, boca y vías respiratorias. Los niños infectados excretan gran cantidad de virus en sus secreciones nasofaríngeas y saliva.

Esta diseminación puede durar hasta 3 semanas en lactantes menores de 1 año, en incluso varias semanas en pacientes inmunodeprimidos. En adultos la excreción se extiende sólo 3 ó 4 días con títulos más bajos que en el niño. La transmisión a través de las manos y los objetos se ve facilitada por la capacidad del VRS para mantenerse viable en la superficie de los objetos, un tiempo que oscila desde 20 minutos hasta 6 horas, dependiendo de la naturaleza de los mismos. El lavado de manos, constituye la medida preventiva principal.

 

Manifestaciones clínicas

El VRS es la causa principal de bronquiolitis y neumonía en niños menores de 2 años de edad. La infección primaria por el virus se manifiesta como bronquiolitis, neumonía, traqueo bronquitis, o infecciones de vías respiratorias altas.

Durante la infección el VRS invade el oído medio y juega un papel importante en el desarrollo de otitis media, bien como agente único o asociado a bacterias. Los lactantes prematuros, con displasia broncopulmonar y con cardiopatías congénitas tienen un riesgo elevado de padecer enfermedad grave.

En los pacientes inmunodeprimidos, el VRS produce una morbimortalidad elevada, particularmente en los que han recibido trasplantes de progenitores hematopoyéticos. Cuando en ellos se produce la infección por el VRS durante el periodo de neutropenia, antes del prendimiento del injerto, hay un riesgo alto de neumonía con una mortalidad del 25-40%. En los adultos, la infección por el VRS suele limitarse a las vías altas, pero en los ancianos y personas con enfermedades cardiopulmonares crónicas produce enfermedad grave.

Además de la infección aguda, cada vez hay más evidencias de que el VRS se asocia a hiperrreactividad de las vías aéreas y asma del niño. Hasta un 10% de los niños que se infectan por el VRS en el primer año de vida tienen episodios ulteriores de asma que se extienden durante toda la primera infancia.

 

 

Vacunas contra el VRS

Varios obstáculos han ralentizado el desarrollo de vacunas frente al VRS. El primero de ellos es que la infección es particularmente grave en recién nacidos y lactantes muy pequeños, cuando el sistema inmune es inmaduro y no responde de forma adecuada a la vacuna.

Por otra parte, la reinfección es muy frecuente, incluso tras la infección natural, lo que hace pensar que la consecución de una vacuna preventiva puede no ser un objetivo realista y haya que dirigir los esfuerzos a obtener una vacuna que prevenga frente a las infecciones graves y frente a las complicaciones, aunque no lo haga frente a todas las formas de infección.

Por último, quizás el mayor obstáculo para el desarrollo de las vacunas frente al VRS ha sido la mala experiencia acontecida en la década de los 60 del pasado siglo, cuando se inmunizó a varios lactantes “naive” para el VRS, de 6 a 23 meses de edad, con una vacuna inactivada con formol (FI-VRS).

Los lactantes vacunados que más tarde se infectaron por el VRS tuvieron una enfermedad mucho más grave, incluso con muertes, que los no vacunados. Un 69% de ellos tuvo neumonía (sólo un 4% de los no vacunados).

Posteriormente, en otro estudio de la eficacia de la vacuna en niños de 2 a 7 meses de edad, un 80% de los vacunados que se infectaron precisaron hospitalización frente a un 5% del grupo control. Esto ocurrió a pesar de que la vacuna indujo altos títulos de anticuerpos frente a la proteína F, aunque el título de anticuerpos neutralizantes fue bajo.

En la necropsia de los niños fallecidos se observaron infiltrados de monocitos y eosinófilos en el pulmón, y, posteriormente se ha visto que la vacuna FI-VRS genera respuestas T helper de tipo 2, más que respuestas T helper de tipo 1 (citotoxicidad específica).

Debido a todo lo anterior, uno de los puntos más importantes en la investigación de las nuevas vacunas frente al VRS es demostrar que en caso de infección de la persona que la recibe no exacerba su enfermedad (enfermedad potenciada por la vacuna).

Con estos antecedentes, siempre ha surgido el temor de que la vacunación frente al VRS, en lactantes pequeños que nunca han padecido la infección, pueda agravar el daño pulmonar tras la infección natural.

Otro problema adicional es que la vacuna debe proteger frente a los grupos A y B del virus. Por último, no se conoce el número de dosis necesarias para inducir una buena protección, pero dado que los niños que han padecido la enfermedad pueden reinfectarse, es probable que se precisen varias dosis.

La inmunidad específica frente al VRS depende de los mecanismos humorales y celulares. Es probable que, como sucede con otros virus que se transmiten por vía respiratoria, la inmunidad humoral tenga un papel primordial para proteger frente a la adquisición de la infección, mientras que la inmunidad celular sea más importante en detener la progresión de la misma una vez adquirida.

En respuesta a la infección viral, se producen anticuerpos frente a la mayoría de proteínas virales. Probablemente, los más importantes a la hora de conferir protección son los anticuerpos neutralizantes contra las proteínas F y la G, pero la reinfección, especialmente de vías respiratorias altas, es posible incluso con títulos altos de estos anticuerpos.

Sin embargo, los anticuerpos neutralizantes parecen proteger frente a las infecciones respiratorias bajas. Los anticuerpos locales en las vías respiratorias protegen frente a la reinfección y los anticuerpos neutralizantes en el tracto respiratorio se correlacionan con protección frente a la inoculación experimental en adultos.

La importancia de la inmunidad humoral queda demostrada por la capacidad de la gammaglobulina con títulos altos de anticuerpos frente al VRS y de los anticuerpos monoclonales para disminuir las infecciones que necesitan ingreso hospitalario.

Las respuestas específicas de células T intervienen en la evolución de la infección por VRS, ya que juegan un papel importante en el aclaramiento del virus. Los niños normales excretan el virus 1 a 3 semanas, mientras que los pacientes inmunodeprimidos pueden hacerlo durante muchas semanas. Después de la infección por el VRS aparecen respuestas citotóxicas CD8 restringidas al HLA-I. Además, la transferencia de CD4+ y CD8+ específicas para el VRS aborta la infección en el ratón.

 

Vacunas de subunidades

Se han desarrollado varias vacunas con las proteínas F y G del VRS. La más utilizada ha sido la glicoproteína F, ya que exhibe menor variación antigénica que la proteína G. Además, contiene dominios que se conservan en los aislados virales del grupo A y del grupo B, por lo que podría proporcionar protección frente a ambos.

Las vacunas PFP-1 y PFP-2 que contienen la proteína F purificada del VRS adsorbida con aluminio inducen anticuerpos neutralizantes en niños de 18-36 meses de edad que han tenido infecciones previas por el VRS.

Sorprendentemente, los niños vacunados tuvieron también un aumento de anticuerpos específicos frente a la proteína G, probablemente porque la PFP-1 contiene un 5% de proteína G. Durante las 6 semanas siguientes a la vacunación, ninguno de los vacunados tuvo infección por el VRS, mientras que la padecieron más de la mitad de los niños que recibieron placebo. Ninguno de los niños vacunados tuvo “enfermedad potenciada por la vacuna” ni efectos adversos importantes.

La seguridad e inmunogenicidad de la PFP-1 ha sido confirmada posteriormente en niños de 24-48 meses, con diferentes dosis de 20 m g y 50 m g, lográndose una cuadruplicación de los títulos de anticuerpos en el 92% y el 100% de los vacunados. Los anticuerpos neutralizantes tuvieron especificidad tanto para el grupo A como para el B del VRS.

La proteína purificada F2 (PFP-2) fue capaz de inducir títulos altos de anticuerpos específicos frente a la proteína F y anticuerpos neutralizantes frente al VRS en niños menores de un año seropositivos para este virus y con displasia broncopulmonar.

La infección por VRS fue menos frecuente en el grupo de niños vacunados que en el grupo de niños que recibió placebo, aunque la muestra fue demasiado pequeña para obtener conclusiones. Esta misma vacuna ha sido inmunogénica en niños con fibrosis quística seropositivos para el VRS.

Una revisión sistemática de las vacunas de PFP-1 y PFP-2 ha mostrado que son eficaces para reducir el número de infecciones por el VRS (RR 0,55; IC 95% 0,35-0,88) aunque los autores plantean dudas acerca de estos resultados por la heterogeneidad de los estudios. El efecto de la vacunación sobre las infecciones de vías respiratorias bajas por el VRS no alcanzó, sin embargo, diferencias significativas.

En definitiva, la PFP-1 y la PFP-2 son inmunogénicas, con ninguno o pocos efectos adversos, y no se ha encontrado “enfermedad potenciada por la vacuna” en los niños vacunados que se infectan por el VRS.

La PFP-3 es una proteína F altamente purificada (que contiene 95% de proteína F y < 2% de proteína G) que es inmunológica y antigénicamente similar a la PFP-2. Recientemente se ha ensayado, en niños con fibrosis quística, una vacuna de esta proteína con fosfato de aluminio como adyuvante. A los 28 días de la vacunación un 97% de los niños tuvieron un incremento ³ 4 veces de los títulos de anticuerpos específicos frente a la proteína F, un 66% un incremento ³ 4 veces de anticuerpos neutralizantes frente al VRS A, y un 55% frente al VRS B. Estos anticuerpos se mantuvieron a títulos protectores durante toda la estación del VRS.

También se está ensayando como vacuna otra proteína de fusión, la BBG2Na, que contiene una región de 130-230 residuos de aminoácidos de la proteína G y el dominio que une la albúmina (BB) de la proteína G estreptocócica.

Esta vacuna ha demostrado ser inmunogénica en adultos seropositivos para el VRS, induciendo un incremento de los títulos de anticuerpos específicos ³ 2 veces y ³ 4 veces en el 100% y 57% respectivamente. Hasta un 70% de los sujetos tuvieron un incremento ³ 2 veces del título de anticuerpos neutralizantes. Los efectos adversos fueron leves y referidos, sobre todo, a reacciones locales en el sitio de la inyección. Esta misma vacuna ha demostrado una reducción del 10% de las infecciones de vías respiratorias bajas en niños con fibrosis quística, aunque no fue estadísticamente significativa, quizás por el bajo número de niños.

Las vacunas de subunidades no inducen respuestas citotóxicas específicas restringidas al HLA de clase I, por lo que no puede descartarse con absoluta seguridad que no produzcan “enfermedad potenciada por la vacuna” relacionada con la ausencia de actividad citotóxica en niños “naive” para el VRS.

Este tipo de vacuna, por tanto, estaría dirigido a niños que ya han sido infectados en alguna ocasión por el VRS (por tanto, con capacidad citotóxica frente al VRS en el momento de ser vacunados) con alto riesgo de desarrollar complicaciones pulmonares en la infección por VRS, como pacientes con fibrosis quística, displasia broncopulmonar y otras enfermedades pulmonares crónicas y otras.

 

Vacunas de virus vivos atenuados

Tienen la ventaja de que producen respuestas inmunes que remedan las que se producen tras la infección natural. Por tanto, al generar respuestas citotóxicas específicas, no es esperable la “enfermedad potenciada por la vacuna” en caso de infección por el virus.

Además, si la vacuna se administra a través de las mucosas, genera respuestas inmunes, humorales y T citotóxicas, locales y sistémicas. Una posible desventaja es, sin embargo, su posible inactivación por los anticuerpos maternos si se administran por vía parenteral.

Se han generado varias cepas de virus vivos que sólo son capaces de multiplicarse a temperatura de 37º C, la temperatura de la nasofaringe, pero no a la temperatura del pulmón. Unos son los mutantes cp (cold passaged) que se obtienen por pases del VRS a temperaturas progresivamente decrecientes.

Otros son los virus ts (sensibles a la temperatura) que se seleccionan por pases a temperaturas inferiores a 37º C en presencia de agentes mutagénicos. Estos virus fueron inmunogénicos, pero tuvieron problemas de estabilidad genética y reversión al virus silvestre.

Con la combinación de mutagénesis química y pases a baja temperatura, se han obtenido las cepas cpts (cold passaged temperature sensitive) más estables y con menos capacidad de reversión al virus salvaje, debido a que acumulan múltiples mutaciones de diferentes clases. Su capacidad de replicación en las vías respiratorias bajas del chimpancé está reducida 100.000 veces.

Para simular la vacunación en presencia de anticuerpos maternos, se infundió a los animales gammaglobulina específica frente al VRS antes de la inmunización intranasal, pese a lo cual se obtuvieron respuestas protectoras. En niños seronegativos para el VRS se han ensayado algunas vacunas con cepas cpts , pero los ensayos se han abandonado porque la vacunación intranasal causó infección sintomática, sobre todo en forma de coriza que dificultaba la alimentación de los niños, e incluso hubo transmisión del virus de la vacuna a algún niño vacunado con placebo.

 

Vacunas de VRS recombinantes

La identificación de las diferentes mutaciones capaces de atenuar de forma mantenida el VRS el virus ha permitido, en los últimos años, generar mutantes altamente atenuados y genéticamente estables, introduciendo dichas mutaciones en las copias del genoma viral (cADN) expresadas en plásmidos.

Actualmente es posible producir mutaciones dirigidas, combinación de mutaciones, inserciones y delecciones de genes, y virus quiméricos. Mediante la delección de algunos de los genes que codifican las proteínas SH, NS1, NS2 y M2-2 se han obtenido mutantes del VRS diferentes grados de atenuación para el tracto respiratorio de los chimpancés.

La estrategia de coexpresar en plásmidos cepas recombinantes de VRS y genes de citoquinas como la interleukina 2 u otras citoquinas inmunomoduladoras permitirá obtener vacunas más seguras y más inmunógenas.

También se han generado paramixovirus quiméricos que utilizan proteínas de diferentes virus, tratando de aprovechar las distintas propiedades de cada una de ellas. Por ejemplo, a algunos mutantes atenuados del VRS del grupo A se les sustituye sus glicoproteínas F y G, por las glicoproteínas homólogas del VRS del grupo B. Este virus quimérico es altamente inmunogénico en chimpancés, exhibe un notable grado de atenuación y ha demostrado que es eficaz en la protección de estos animales.

 

Vacunas expresadas en vectores vivos

Se han utilizado virus como adenovirus, virus de la vacuna de Ankara y otros poxvirus, que no se multiplican o lo hacen muy limitadamente en las células humanas, para expresar las proteínas F y G, u otros antígenos del VRS, capaces de generar respuesta de anticuerpos y respuestas citotóxicas en algunos animales no primates. Sin embargo, en chimpancés han sido poco inmunógenas y no le han protegido frente a la enfermedad de vías respiratorias bajas al exponerlos al VRS.

 

Inmunización maternal

Los niños nacidos de madres con títulos altos de anticuerpos neutralizantes frente al VRS tienen menos riesgo de padecer enfermedad grave por este virus. Como quiera que la mayoría de los niños hospitalizados son menores de 6 meses de edad, se piensa que vacunando a las mujeres gestantes en el tercer trimestre con vacunas frente al VRS, se elevarían los títulos de anticuerpos en el suero materno y, por ende, los niveles de anticuerpos trasferidos al recién nacido. Con esta aproximación se podrían evitar un gran número de casos de infecciones graves.

En un ensayo en fase II, 35 mujeres gestantes fueron vacunadas con una vacuna PFP-2 en el tercer trimestre de gestación. La vacuna fue segura en las madres y en el feto. Sin embargo, la vacuna ha sido poco inmunogénica.

 

Actuación en casos especiales

   Inmunoprofilaxis pasiva

Gamma globulina policlonal

La gammaglobulina policlonal frente al VRS (VRS-IGIV) contiene una capacidad neutralizante frente a este virus que es aproximadamente 6 veces superior a la de las gammaglobulinas endovenosas inespecíficas. Su administración mensual, a niños prematuros o con displasia broncopulmonar, a dosis de 750 mg/Kg. durante la estación epidémica del VRS (noviembre-abril) disminuye un 40% la incidencia de hospitalizaciones debidas a este virus (desde 13,5 % en los niños que reciben placebo hasta el 8 % que reciben VRS-IGIV).

Además también disminuye alrededor de un 50 % los días de hospitalización, el número de días con oxígeno y la gravedad de la enfermedad. También parece reducir las hospitalizaciones por enfermedades respiratorias de otras etiologías. Sin embargo, tiene el inconveniente de administrarse por vía endovenosa y los problemas potenciales de las inmunoglobulinas humanas.

Anticuerpo monoclonal ( Palivizumab)

Es un anticuerpo monoclonal murino humanizado específico frente a la proteína F del VRS. Cuando se administra una vez al mes, a dosis de 15 mg/Kg. por vía intramuscular tiene un efecto similar a la VRS-IGIV: reducción de las hospitalizaciones por VRS en un 55 % (desde el 11 % al 5 %) y disminución del número de días con oxígeno, de la gravedad y del número de días de ingreso en la unidad de cuidados intensivos.

Un análisis de subgrupos demostró las siguientes reducciones en la hospitalización: 59% en lactantes con displasia broncopulmonar; 47% en prematuros de menos de 32 semanas de gestación; 78% en todos los niños sin broncodisplasia; 80% para los niños prematuros de entre 32 y 35 semanas; y 82% para los niños prematuros sin enfermedad crónica de 32-35 semanas de gestación.

Posteriormente el análisis combinado de otros estudios, prospectivos y retrospectivos han demostrado una eficacia similar del palivizumab, en incluso superior en algún subgrupo de pacientes.

Este compuesto, además de la ventaja de la administración por vía intramuscular, no supone una sobrecarga de líquidos para el niño, no interfiere con las vacunas de virus vivos y carece de la potencialidad de transmitir enfermedades infecciosas y, finalmente, la homogeneidad y producción del producto están aseguradas.

El palivizumab tiene el inconveniente de un elevado costo, máxime teniendo en cuenta que se necesita tratar entre 8 y 20 pacientes para evitar una hospitalización (Tabla1) . Además no reduce la mortalidad debida al VRS ni la necesidad de ventilación mecánica.

La Academia Americana de Pediatría ha recomendado el uso de palivizumab para:

1) lactantes de menos de 32 semanas de gestación sin enfermedad pulmonar crónica y menos de 6 meses de edad al comenzar la estación del VRS;

2) lactantes menores de 2 años de edad con enfermedad pulmonar crónica, que han necesitado apoyo médico durante los 6 meses previos a la estación del VRS (Tabla2).

La Sociedad Canadiense de Pediatría y algunos grupos de consenso en Europa han adoptado estas mismas recomendaciones. Las indicaciones en otros grupos de pacientes con alto riesgo de padecer enfermedad grave por VRS, tales como niños con fibrosis quística, inmunodeprimidos, infección VIH, etcétera, no están establecidas actualmente.

  

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Tablas

 

Tabla 1. Número de pacientes que hay que tratar con palivizumab para evitar una hospitalización por VRS según el estudio IMPACT y datos combinados de otros estudios

 

Prematuros (29-32 semanas)

Prematuros (32-35 semanas)

< 2 años y displasia broncopulmonar

Número de pacientes Número de estudios

4854
4

2829
10

3675
11

Reducción de hospitalización por VRS
•  Estudio IMpact
•  Estudios combinados

81%
80%

79%
85%

38%
69%

Nº de niños que hay que tratar para evitar una hospitalización
•  Estudio IMpact
•  Estudios combinados

14
12

13
12

20
8

 

 

Tabla 2. Guías de la Academia Americana de Pediatría para el uso de palivizumab en la prevención de la infección y la enfermedad por VRS

•  El uso de palivizumab debería considerarse en niños menores de 2 años de edad con enfermedad pulmonar crónica que ha requerido tratamiento médico en los 6 últimos meses

•  Lactantes que nacieron a las 32 semanas de gestación o antes, sin enfermedad pulmonar crónica y menos de 6 meses de edad al comenzar la estación del VRS

•  El palivizumab no está aprobado para ser utilizado en niños con cardiopatías congénita

•  No hay ensayos clínicos sobre la utilización en niños inmunodeprimidos. Es probable, sin embargo, que sea útil en los niños con inmunodeficiencias graves

•  La profilaxis debe administrarse durante toda la estación del VRS

•  No se ha evaluado la profilaxis en los brotes nosocomiales de infección por el VRS

•  El palivizumab no tiene ninguna interferencia con las vacunas de virus vivos. Ambos productos pueden administrarse sin tener en cuenta ningún plazo de tiempo.

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