Vacuna triple vírica y autismo

11/08/2006

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Diciembre 2002

Autor: José Antonio Navarro Alonso
Palabra clave: Triple Vírica

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Desde la introducción de la vacuna del sarampión en los países industrializados a partir de finales de los años 60 y la triple vírica (sarampión, rubéola y parotiditis) a principios de los 80, estas tres enfermedades constituyen actualmente una rareza.

No obstante, y a pesar de esta reducción, han aparecido en los últimos años una serie de artículos científicos, que curiosamente proceden únicamente de un equipo de investigadores, en los que se cuestiona la seguridad de la vacuna y se sugiere que podía tener un papel, fundamentalmente el componente antisarampionoso de la vacuna, en la génesis de trastornos conductuales y digestivos en la infancia.

Paradójicamente, el propio éxito de la vacuna, que ha conseguido que se vislumbre en el horizonte la erradicación del sarampión, es el responsable de que algunos padres y sanitarios, que desconocen los estragos que ocasiona el sarampión, vean con cierto escepticismo los beneficios de la vacuna y dediquen más atención a los presuntos, que en ningún caso demostrados, efectos adversos de la vacuna.

Todo comenzó en el Reino Unido en 1990 cuando el “Inflammatory Bowel Disease Study Group” (IBDSG) del “Royal Free Hospital” de Londres, sugirió que el padecimiento del sarampión en la infancia predispondría a que en la edad adulta apareciera una enfermedad inflamatoria intestinal (Wakefield AJ, 1993. Ekbom A, 1994), hipótesis ésta no demostrada con posterioridad (Haga Y, 1996. Montgomery SM, 1999).

Con posterioridad, el IBDSG sugirió, también, que la propia vacuna del sarampión podría provocar la enfermedad inflamatoria intestinal del adulto (Thompson NP, 1995). Este estudio fue duramente criticado en su momento y, trabajos posteriores, incluso de miembros del mismo Grupo, no pudieron demostrar la relación (Feeney MCA, 1997. Morris DL, 2000).

Recientemente, y tras revisar toda la evidencia científica existente entre virus del sarampión y enfermedad de Crohn (un tipo de enfermedad inflamatoria intestinal), se ha concluido que el virus no se encuentra en el intestino de los pacientes con dicha enfermedad (Ghosh S, 2001).

Mientras tanto, en 1998, el IBDSG publicó un estudio de doce niños con síntomas intestinales y trastornos conductuales, en el que ocho de ellos la sintomatología, detectada por los padres o por el médico general, había comenzado poco después de recibir la vacuna triple vírica (Wakefield AJ, 1998).

A pesar de que los propios autores dejaron claro que no existía relación entre la vacuna y los síntomas de los niños, no fue esta la interpretación que de estos hallazgos se hizo en algunos foros, ya que en algunos medios de comunicación, uno de los investigadores decía que creía que la vacuna triple vírica podía sobrecargar el sistema inmune y, que por tanto, los niños deberían recibir cada uno de los tres componentes de la vacuna por separado y a intervalos de un año.

En este sentido, a día de hoy, todavía no se dispone de ninguna evidencia científica que apoye esta teoría. Además, en ese momento, tres de los pediatras del IBDSG apoyaron expresamente la política vacunal del Reino Unido.

Desde entonces, ningún trabajo ha conseguido demostrar una relación entre la vacuna triple vírica, el autismo y la enfermedad intestinal (Taylor B, 1999. Gillberg C, 1998. Peltola H, 1998).

En enero de 2001, dos de los autores que firmaron el estudio de 1990, publicaron otro trabajo en el que denunciaban que la vacuna triple vírica se incluyó en el calendario del Reino Unido antes de conocer si la vacuna tenía efectos adversos a largo plazo (Wakefield AJ, 2000), pero no aportaban ningún dato nuevo y, además, no mencionaban importantes trabajos aparecidos en ese momento, ni siquiera el de los gemelos finlandeses, en el que se demostraba que no aumentaba la incidencia de trastornos intestinales tras la vacunación con triple vírica (Peltola H, 1986).

Varias publicaciones recientes de prestigiosas instituciones avalan la falta de relación entre la vacuna y el autismo (American Academy of Pediatrics, 2001. Institute of Medicine, 2001. Medical Research Council, 2001. Scottish Expert Group, 2002), así como tampoco la avalan las de reputados clínicos y epidemiólogos (Taylor B, 2002. DeStefano F, 2001, Offit P, 2002. Black C, 2002. Madsen K, 2002).

Como consecuencia de esta desinformación, algunos padres del Reino Unido decidieron, infundadamente, vacunar a sus hijos frente a las tres enfermedades utilizando vacunas individuales, esto es, administrando un pinchazo para cada vacuna a intervalos variables, dejando de vacunar con triple vírica.

El fundamento radicaría en no administrar simultáneamente varias vacunas, pues podrían provocar una inflamación intestinal, una pérdida subsiguiente de su función de “barrera” y una entrada en el torrente sanguíneo de proteínas encéfalo-hepáticas que desencadenarían el autismo. Esta práctica ha sido ampliamente rebatida por varios motivos:

1. No existe ninguna evidencia acerca de que este régimen sea seguro, de si proporciona protección adecuada, de cual debe ser el orden de administración y de cual es el intervalo óptimo entre dosis. Además, ningún país del mundo utiliza esta pauta.

2. La administración separada implica que los niños no estarán protegidos precozmente, ya que existe el riesgo de contraer una de las tres enfermedades mientras que esperan a completar el ciclo.

3. Para tener una óptima protección hacen falta 2 dosis de vacuna triple vírica, lo que implica que el niño recibiría 6 pinchazos.

4. No existen en el mercado vacunas antiparotiditis aisladas.

La caída de las coberturas de vacunación con triple vírica ya ha provocado la aparición de brotes de sarampión, fundamentalmente en el Área de Londres, con sus habituales complicaciones: neumonía, otitis e ingresos hospitalarios.

En otros países en los que también ha llegado la influencia de los trabajos de Wakefield, también se han declarado importantes epidemias, incluso con casos de muerte, como es el caso de Alemania e Irlanda. En Italia, donde por otros motivos, las coberturas de vacunación son bajas, se ha declarado durante 2002 una epidemia de sarampión con 17.000 casos declarados, 13 encefalitis y 3 muertes.

Por tanto, se puede concluir que la vacuna triple vírica es una vacuna segura, a la que no se ha podido demostrar una asociación con el autismo o con trastornos inflamatorios del intestino, y que protege frente a tres enfermedades que pueden ser graves y potencialmente mortales. El sarampión y la parotiditis pueden provocar una meningoencefalitis y la rubéola en la embarazada puede dar lugar a malformaciones muy graves en el recién nacido.

Documentos relacionados de interés:

CDC. National Immunization Program. Vaccine Safety. Vaccines and Autism Theory.

Needle tips. Immunization Action Coalition. Autism Information.

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Scottish Executive. Report of the MMR Expert Group. April 2002.

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