Vacunas, alergia y enfermedades autoinmunes

8/09/2006

image_pdfimage_print

 

AUTOR. Dr. Juan Bravo Acuña. Pediatra
LUGAR DE TRABAJO. C. S. El Greco. Instituto Madrileño de la Salud. Getafe. Madrid.

Introducción

A principios del siglo XXI nadie puede poner en duda que las vacunas son unos de los medicamentos más eficaces de los que disponemos: protegen a los individuos vacunados y, en muchas ocasiones también a los no vacunados, de un buen número de enfermedades infecciosas; han permitido el control de algunas enfermedades, antaño muy frecuentes, como el sarampión o la poliomielitis, evitando sus secuelas; y han conseguido la erradicación de otras como la viruela.

Gran parte de la eficacia de las vacunas reside en que haya un número suficiente de personas susceptibles de padecer una enfermedad que estén vacunadas, o sea, de que se consigan unas buenas coberturas vacunales. Afortunadamente, en países como el nuestro, las estadísticas nos dicen que esas coberturas son adecuadas, sobre todo en lo que se refiere a las vacunas en niños.

Pero es necesario mantener esas buenas cifras para llegar a erradicar algunas infecciones como el sarampión y la poliomielitis, que actualmente ya son raras, y para evitar brotes de algunas otras como la tos ferina o la difteria.

Si por algún motivo se deja de vacunar frente a alguna de esas enfermedades que parecen controladas, se corre el riesgo de que aumente el número de casos y de que se produzcan epidemias, como ocurrió en los países del este de Europa con la difteria, por la disminución en las coberturas vacunales frente a esa enfermedad.

Por eso, es importante conocer qué hay de verdad y qué de falso rumor en todo lo relacionado con las vacunas, evitando comentarios que puedan provocar rechazo en la población. Aunque es cierto que las vacunas tienen contraindicaciones para su administración, que se deben respetar, y efectos indeseables, que conviene conocer, no hay que atribuir a las vacunas reacciones que no sean producidas por ellas.

Actualmente, se relaciona a las vacunas con el aumento de casos de alergia (rinitis, conjuntivitis, asma, etc.) y de enfermedades autoinmunes (diabetes mellitus o esclerosis múltiple).

Esto se debe a que las vacunas estimulan en el individuo que las recibe una reacción de su sistema de defensa (sistema inmunológico) que, posteriormente, le protegerá de padecer las enfermedades frente a las que fue vacunado, mientras que la causa de las enfermedades alérgicas y autoinmunes podría deberse a una alteración de ese sistema inmunológico, que provoca que éste, en vez de defendernos de agresores externos como los gérmenes, ataque nuestro propio organismo, bien produciendo una respuesta excesiva (alergia) o afectando a órganos concretos (diabetes o esclerosis múltiple).

Se supone que las vacunas podrían alterar el funcionamiento de ese sistema de defensa, favoreciendo la aparición de dichas enfermedades. En el presente artículo intentaremos aclarar qué hay de cierto en esta última suposición.

Vacunas y alergia

Las enfermedades relacionadas con la alergia como rinoconjuntivitis alérgica, urticaria, alergia a alimentos, asma o dermatitis atópica son actualmente más frecuentes que hace algunos años. Algunas personas creen que la utilización de las vacunas puede ser una de las causas de ese aumento.

Para conocer si existe o no esa relación, conviene responder a algunas preguntas: ¿por qué se produce la alergia?, ¿cómo pueden las vacunas favorecer la alergia? y ¿disponemos de estudios científicos que confirmen esa relación?

¿Por qué se produce la alergia?

Ya hemos comentado que las enfermedades alérgicas se producen por una alteración del sistema inmunológico, que responde de modo exagerado a estímulos que ni siquiera son agresores del organismo (pólen, ácaros del polvo, alimentos, etc.).

Las principales células de defensa de ese sistema inmunológico son los glóbulos blancos y, entre ellos, los más implicados es la aparición de la alergia son los linfocitos. Estos, a su vez, se pueden dividir en linfocitos B, que producen los anticuerpos, y linfocitos T, de los que también podemos distinguir, al menos, 2 poblaciones diferentes, que son necesarios para regular la función de los anteriores. La alergia podría ser causada por una pérdida del equilibrio entre las diferentes clases de linfocitos, sobre todo entre los 2 tipos de linfocitos T.

¿Cómo pueden las vacunas favorecer la alergia?

Se considera que durante el embarazo, en el feto, no existe ese balance entre las diferentes poblaciones de linfocitos, debido a que aquél se desarrolla bastante protegido en el ambiente intrauterino y está expuesto a pocos agentes infecciosos.

Pero, tras el nacimiento, la exposición a los gérmenes produce una respuesta del sistema inmunológico que favorece un aumento de la población de linfocitos, que hasta entonces era minoritaria, y consigue el balance deseado.

Actualmente, gracias a la mejora de las condiciones de vida, los niños tienen menos infecciones tras el nacimiento, lo que provocaría que persistiera el desequilibrio de las poblaciones de linfocitos que existía en el feto. Es lo que se conoce como “teoría de la higiene”.

De este modo, las vacunas, al disminuir las infecciones, podrían favorecer la aparición de alergia.

Esta teoría que parece bastante plausible, tiene sus puntos débiles:

  • Las vacunas que se administran a los niños en los primeros meses de vida no protegen frente a las   enfermedades más frecuentes, o sea, las producidas por virus, como los catarros o las gastroenteritis, como   saben bien los padres de los niños que acuden a guarderías.
  • Las vacunas que se administran a los niños protegen de enfermedades que son contagiosas   independientemente del nivel de higiene.
  • Los niños que tienen infecciones (como lombrices o similares) o enfermedades que alteran el equilibrio entre   los 2 tipos de linfocitos T, no tienen más alergia.
  • Los niños que viven en zonas del mundo con alta prevalencia de enfermedades en las que hay un desequilibrio   entre las poblaciones de linfocitos, en este caso, en sentido contrario al que provocaría la alergia, coincide   con las zonas con más alergia.

En resumen, las vacunas no previenen las infecciones más frecuentes de la infancia, ni provocan alteración en las poblaciones de linfocitos.

¿Disponemos de estudios científicos que confirmen esa relación?

Pues no, varios estudios epidemiológicos que han estudiado la posible relación entre vacunas y aparición de alergia no la confirman.

En uno de ellos, se utilizaron las historias clínicas informatizadas de más de 18.000 niños y se comparó el riesgo relativo de padecer asma entre niños que recibían vacunas y los que no.

Los resultados demostraron que el riesgo era similar entre niños que recibieron vacunas -combinada de difteria-tétanos-tos ferina (DTP), poliomielitis oral, triple vírica (sarampión-rubéola-paperas), Haemophilus influenzae tipo b o hepatitis B- y aquellos a los que no se les administraron.

Otro gran estudio prospectivo seguía a los niños durante una media de 2 año y medio y evaluaba el riesgo de padecer alergia –asma, dermatitis atópica, rinoconjuntivitis alérgica, urticaria o alergia a alimentos-, en niños que recibían alguna vacuna de tos ferina desde los 2 meses de vida, frente a los que no la recibían. No hubo diferencias entre unos y otros, aunque sí se comprobó que aquellos niños que padecieron la infección natural, o sea, que padecieron tos ferina, tenían más riesgo de presentar asma.

Los resultados de otros estudios observacionales son similares. Por ello, tomados en conjunto, los estudios no demuestran la hipótesis de que las vacunas causen alergia.

Vacunas y enfermedades autoinmunes

Las enfermedades autoinmunes se producen porque el sistema inmunológico, o sea linfocitos T y B activados, reconocen como extrañas, y atacan, células -o parte de las mismas, antígenos- de nuestro organismo.

Para que ese ataque se produzcan son necesarios al menos 4 condiciones:

  • Que existan linfocitos T y B que puedan reaccionar frente a células o antígenos de nuestro organismo.
  • Que existan antígenos de ese tipo en cantidad suficiente para estimular a esos linfocitos.
  • Que haya mediadores, las citoquinas, que estimulen la respuesta de esos linfocitos.
  • Que los linfocitos encargados de controlar la respuesta autoinmune fallen.

¿Cómo pueden producir enfermedades autoinmunes las vacunas?

Del mismo modo que algunas infecciones, como las producidas en la faringe por el germen estreptococo del grupo A, pueden dar lugar a enfermedades autoinmunes porque algunas proteínas del agente causal son similares a proteínas humanas. Por ese motivo, el sistema inmunitario, al atacar al germen, también puede reconocer como extrañas esas proteínas humanas y su respuesta puede producir daño en el organismo.

Esclerosis múltiple

Esta enfermedad neurológica que cursa en brotes se produce por una pérdida de la mielina, la sustancia que envuelve a las prolongaciones de las neuronas en el cerebro y en la médula espinal, que provoca un enlentecimiento o pérdida de la conducción de los estímulos nerviosos que da lugar a los síntomas de la enfermedad: temblor, pérdida de coordinación, visión doble, trastornos del lenguaje, problemas urinarios, etc.

La esclerosis múltiple afecta a personas predispuestas genéticamente debido a que algunas células del sistema inmunitario, los linfocitos T, atacan a una proteína (proteína básica) presente en la mielina. Hoy en día, se desconoce cuál es la causa la activación de esos linfocitos.

¿Cómo pueden las vacunas causar esclerosis múltiple?

Se ha considerado que tanto la vacuna de la hepatitis B como la de la gripe podrían causar o exacerbar la esclerosis múltiple por la teoría de la similitud molecular.

En el caso de la vacuna de la hepatitis B la asociación con la enfermedad se debe sobre todo a un experimento en ratones, a los que se les inoculó una vacuna de la hepatitis B que contenía una proteína similar a la proteína básica y en varios de ellos les provocó una encefalitis (inflamación) autoinmune.

Además, algún estudio científico publicado en Francia, mostró un leve aumento de la incidencia de esclerosis múltiple entre los vacunados, lo que llevó a las autoridades sanitarias francesas a detener de manera temporal su programa de vacunación de escolares.

Pero esta asociación no es real, por varias razones:

  • La vacuna de hepatitis B que se emplea en humanos no tiene ningún componente que sea similar a ninguna   proteína humana.
  • La infección natural por hepatitis B, que produce una respuesta inmunitaria mayor que la propia vacuna, no   aumenta el riesgo de padecer esclerosis múltiple.
  • No hay una coincidencia geográfica entre zonas del mundo con mayor incidencia y prevalencia de hepatitis B   y con esclerosis múltiples.

También la vacuna de la gripe se ha asociado a la esclerosis múltiple porque el virus de la gripe tipo A tiene alguna coincidencia con la proteína de la mielina y porque la infección natural por el virus de la gripe puede aumentar los síntomas en pacientes con esclerosis múltiple.

¿Disponemos de estudios científicos que evalúen la relación entre vacunas y esclerosis múltiple?

Afortunadamente sí, al menos 2 estudios epidemiológicos investigan si la vacuna de la hepatitis B produce esclerosis múltiple o si esa vacuna, la de la gripe o la del tétanos provocan exacerbaciones de la enfermedad.

En uno de esos estudios, en el que se observaba a más de 100.000 enfermeras en 2 períodos de tiempo diferentes, se valoraba la relación entra la incidencia de esclerosis múltiple y la vacunación de hepatitis B: el riesgo relativo es de 0,9, sin que hubiera ninguna relación entre el número de dosis de vacuna y la aparición de la enfermedad.

En el otro estudio se analizó la posible relación entre las vacunas de la hepatitis B, la gripe y el tétanos con las exacerbaciones de esclerosis múltiple y se comprobó que no existía esa relación.

En cuanto a la vacuna de la gripe, no hay estudios que demuestren esa asociación. Más bien al contrario, en pacientes con exacerbaciones de esclerosis múltiple, la infección natural por la gripe es más probable que produzca un brote, de modo que la vacunación contra la gripe podría utilizarse como medida preventiva de las exacerbaciones.

Diabetes mellitus

Los pacientes diabéticos tienen alterada la regulación de los niveles de glucosa en sangre, a causa de la falta de insulina por destrucción de las células del páncreas en las que se produce.

En la diabetes autoinmune, la del tipo 1, que suele afectar a personas jóvenes, la destrucción celular se debe a la presencia de anticuerpos producidos por el propio organismo. Estos anticuerpos están presentes en el 90% de los diabéticos en el momento del diagnóstico, pero sólo en el 1% de la población general.

¿Cómo pueden las vacunas causar diabetes mellitus?

Aunque la enfermedad se produce en pacientes genéticamente predispuestos, algunos investigadores consideran que algunas vacunas pueden causar la enfermedad.

Hay infecciones naturales que pueden provocar o, al menos, favorecer la aparición de la enfermedad.

  • La infección natural intraútero por rubéola produce diabetes en el 20% de los niños.
  • Los niños que, tras el nacimiento, han padecido rubéola tienen niveles más altos de anticuerpos frente a las   células de los islotes del páncreas que los que no han padecido la infección.
  • Los niños con diabetes tipo 1 tiene más anticuerpos maternos frente a enterovirus que los que no padecen la   enfermedad, lo que sugiere que la infección intraútero puede favorecerla.
  • En un niño diabético fallecido por una complicación (cetoacidosis diabética) de la enfermedad, se encontraron   virus (Coxsackie B4) en el páncreas. Además, se ha comprobado que existe cierta similitud entre alguna   proteína de ese virus y alguna de las células de los islotes pancreáticos.

De cualquier modo, el mecanismo último por el que las infecciones virales pueden provocan la diabetes se desconoce.

¿Disponemos de estudios científicos que evalúen la relación entre vacunas y diabetes mellitus tipo 1?

Hace algún tiempo, se asoció la vacunación frente a la tuberculosis con BCG con una disminución del riesgo de padecer diabetes y la vacunación tardía, más allá del año de vida, frente al Haemophilus influenzae tipo b (Hib) con una mayor incidencia. Posteriormente, estudios científicos han demostrado que ninguna de las 2 asociaciones podía confirmarse.

En otro estudio se comparaban las historias clínicas de niños con diabetes frente a otros que no la padecían y se comprobó que no había relación con la vacunación frente a parotiditis-rubéola-sarampión, Hib, hepatitis B, varicela o tos ferina con vacuna acelular.

Resumen

Aunque se ha asociado la vacunación con la aparición de enfermedades alérgicas y autoinmunes y se han propuestos diferentes mecanismos por los que las vacunas podrían causarlas, las evidencias científicas no muestran tal asociación.

Por otro lado, como sí está comprobado que algunas infecciones naturales pueden desencadenar enfermedades de este tipo, es posible pensar que la vacunación frente a esas infecciones, no sólo no sería causa de las enfermedades, sino que podría ser útil en su prevención.

Bibliografía

  • Albert LJ, Inman RD. Molecular mimicry and autoinmunity. N Engl J   Med. 1999;341:2068-2074.
  • Ascherio A, Zhang SM., Hernan MA, et al. Hepatitis B vaccination and the risk of multiple sclerosis. N Engl J   Med. 2001;344:327-332.
  • Confavreux C, Suissa S, Saddler P, et al. Vaccinations and the risk of relapse in multiple sclerosis. N Engl J   Med. 2001;344:319-326.
  • Davidson A, Dfiamond B. Autoinmune diseases. N Engl J Med. 2001;345:340-350.
  • DeStefano F, Gu D, Kramarz P, et al.Childhood vaccinations and the risk of asthma. Pediatr Infect Dis J.   1999;341:1302-1304.
  • Illi S, von Mutius E, Lau S, et al. Early childhood infectious diseases and the development of asthma up to   school age:a birth cohort study. Br Med J. 2001;322:390-395.
  • Institute for vaccine safety diabetes workshop panel. Childhood immunization and type 1 diabetes: summary   of an Institute vaccine safety workshop panel. Pediatr Infect Dis J. 1999;18:217-222
  • Offit PA, Hackett ChJ. Addresing parents’ concerns: do vaccines cause allergic o autoinmune diseases?   Pedaitrics2003;111:653-659.

 

image_pdfimage_print

Subir al menú