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La respuesta booster tras una dosis de vacuna en los que padecieron COVID-19

8/02/2021

Un par de estudios procedentes de investigadores de los Estados Unidos, de laIcahn School of Medicine at Mount Sinai de Nueva York y de la University of Maryland School of Medicine de Baltimore, aún en fase preprint y recogidas en la sección de “News” de la revista British Medical Journal abordan la vacunación con una sola dosis de vacuna de ARN mensajero de aquellas personas que han padecido COVID-19.

El primer estudio encontró que las personas seropositivas responden rápidamente con síntesis de anticuerpos tras recibir una dosis de vacuna de Pfizer/BioNTech o de Moderna. Adicionalmente, reportaron efectos adversos con mayor frecuencia tras esa primera dosis, en línea con lo reportado para las segundas dosis en los ensayos clínicos.

Se examinó el suero de 109 personas, de las que 68 no había tenido COVID-19 mientras que 41 habían tenido una serología positiva previa. Los títulos de anticuerpos en estos últimos no solo eran de 10 a 20 veces mayores respecto de los que eran seronegativos, en todos los cortes de análisis, sino que a las dos semanas después de recibir una dosis también excedieron en diez veces la media de anticuerpos de los sujetos seronegativos que recibieron dos dosis. Por otra parte, compararon la frecuencia de efectos adversos tras la recepción de la primera dosis de vacuna, de manera que los seropositivos previos experimentaron mayor número de efectos adversos sistémicos del tipo de cansancio, artralgias, mialgias, escalofríos y fiebre. El coordinador del estudio, Florian Krammer, concluye que la vacuna puede comportarse como una dosis de recuerdo en las personas que padecieron una infección, lo que proporciona las bases para considerar que la administración de una dosis de vacuna es suficiente para alcanzar inmunidad. Un segundo estudio evaluó las respuestas humorales a una dosis de vacuna de ARN mensajero de Pfizer/BioNTech o de Moderna en 59 sanitarios. Los previamente infectados por SARS-CoV-2 tuvieron una respuesta clara con un pico de anticuerpos funcionales entre los días 10 y 14, estadísticamente significativo respecto de los seronegativos basalmente, con una cinética característica de una respuesta anamnésica y similares a los obtenidos en los vacunados con dos dosis en los ensayos clínicos. En este caso, los autores concluyen que teniendo en cuenta que una dosis de vacuna tiene un efecto booster, que desconocemos la duración de la protección y de la memoria inmune y, hasta que no se identifique un correlato de protección, en tiempos de desabastecimiento de vacunas se puede adoptar la siguiente estrategia en tanto en cuanto no se disponga de más evidencias: a) administrar una dosis única a los pacientes que tuvieron una COVID-19 confirmada por laboratorio, y b) aquéllos en los que se confirmó por laboratorio pueden ubicarse en la parte inferior de la lista de prioridades de vacunación.

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

La eficacia de la vacuna de AstraZeneca tras una o dos dosis

4/02/2021

En la revista The Lancet se acaba de publicar un artículo preprint referido a la eficacia de la vacuna de AstraZeneca en un esquema de una o dos dosis y a la eficacia de este último régimen en función del intervalo entre ambas dosis. También hace una aproximación al efecto de la vacunación en Reino Unido en el global de pruebas positivas a PCR como subrogado de reducción de la carga de infección y por tanto, del efecto de la vacuna en la transmisión del SARS-CoV-2. La Universidad de Oxford, que ha sido la patrocinadora de este último, lo planificó inicialmente para una dosis, pero lo modificó tras revisar la baja inmunogenicidad de una dosis en la fase I para reconducirlo a un esquema de dos dosis. Ello motivó que alguno de los participantes declinara continuar con el ensayo y proporcionar datos tras la recepción de una única dosis. En el ensayo llevado a cabo en el Reino Unido se practicó una PCR semanal a todos los participantes, independientemente de tener o no síntomas.

Los datos proceden de un ensayo fase III en el Reino Unido y Brasil y de un fase I/II en el Reino Unido y en Sudáfrica que evalúa la eficacia de la vacuna frente a la enfermedad sintomática hasta el día 7 de diciembre de 2020. El estudio de eficacia incluyó a 17.177 voluntarios, 8.948 en el Reino Unido, 6.753 en Brasil y 1.476 en Sudáfrica.

La protección con una dosis en los primeros 90 días fue del 76% (59-86) sin evidencias de waningde la protección en ese periodo, pero no ofreció protección frente a la infección asintomática (16%). Entre los días 22 tras la primera dosis y 15 después de la segunda hubo cero y seis hospitalizaciones en vacunados y placebo, respectivamente. En el Reino Unido el número global de casos con PCR+, independientemente de padecer o no síntomas, se redujo en un 67%.

Tras recibir dos dosis, a partir de los catorce días desde la segunda dosis la protección llegó al 63.1% (52-72) que ascendió al 82.4% (63-91) cuando el intervalo fue de doce o más semanas (en algunos casos el seguimiento llegó a los 112 días) para descender al 54.9% cuando fue inferior a seis semanas. La máxima protección se obtuvo con un intervalo comprendido entre las 10 y las 14 semanas. A partir del día quince tras la segunda dosis se registraron 0 y 9 casos en vacunados y en placebo, respectivamente. Frente a la infección asintomática el esquema no fue protector (2.0% con IC 95%: -51 a 36). En el Reino Unido el número global de casos con PCR+, independientemente de padecer o no síntomas, se redujo en un 49.5%.

En cuanto a la inmunogenicidad y a la vista de los títulos de anticuerpos neutralizantes, la alta eficacia protectora alcanzada con una dosis sugiere la existencia de otros mecanismos inmunes de protección. Por otra parte, los autores discuten acerca del papel que puede jugar la vacuna en cuanto a la transmisión del virus. Si la vacuna no tuviera impacto en la infección asintomática, esperaríamos que una vacuna eficaz simplemente convertiría los casos graves en leves y estos en asintomáticos, todo ello sin que se modificara la positividad global de la PCR. Por tanto, la medición de esta positividad sería apropiada para evaluar si existe una reducción en la carga de infección. En este análisis se ha comprobado que tanto una como dos dosis reducen el número de participantes con PCR positiva, lo que puede inducir un impacto sustancial en la transmisión del virus al reducir el número de personas infectadas en la comunidad.

Concluyen que si se quiere vacunar a gran parte de la población en el corto plazo cuando sea limitada la cantidad de vacuna, una estrategia óptima de vacunación para reducir la COVID-19 pasaría por administrar una primera dosis seguida de una segunda tras un periodo de tres meses.

El paper lo firman destacados miembros del Oxford Vaccine Group como Sarah Gilbert, Teresa Lambe y Andrew Pollard, del Jenner Institute y del Institute of Global Health.

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

La vacunación de la embarazada, ¿protegería al neonato?

4/02/2021

A raíz de un artículo publicado en JAMA Pediatrics en el que se evaluaron las concentraciones de anticuerpos maternos y neonatales frente al SARS-CoV-2 en gestantes y se constató que la mayoría de los bebés nacidos de madres seropositivas tenían anticuerpos de tipo IgG frente a la glicoproteína S del virus en cordón umbilical, que se correlacionaban positivamente con los títulos presentes en el suero materno, la Dra Flor Muñoz, del Baylor College of Medicine de Tejas, se plantea en una editorial de la misma publicación, si se puede proteger tanto a la madre como al neonato mediante la vacunación de la gestante.

Un punto importante a considerar es el tiempo disponible para la transferencia transplacentaria de anticuerpos, y en el estudio en cuestión, se determinó que las ratios de paso de anticuerpos aumentaron a medida que era mayor el intervalo entre la infección de la madre y el parto, lo cual es consistente con la transferencia de anticuerpos frente al virus respiratorio sincitial al administrar una vacuna a embarazadas con más de treinta días de intervalo con el parto. Un aspecto destacado fue que esa transferencia no se vio afectada por los partos prematuros (edad gestacional al nacer inferior a las 37 semanas).

En el estudio no se evidenció infección intrauterina o postnatal y los hijos de madres que solo eran seropositivas a la IgM eran seronegativos al no haber paso transplacentario de esta última inmunoglobulina. Ello implicaría que las infecciones maternas que aparezcan inmediatamente, durante o tras el parto, cuando la gestante todavía no ha producido la suficiente IgG para el paso transplacentario, resultarían en un estado de vulnerabilidad del bebé si se expusiera a la madre o a un infectado domiciliario.

Las estrategias de control de la pandemia mediante la vacunación de la madre o del lactante se apoyarán en este estudio y en otros similares, y aunque las ratios de transferencia placentaria pueden variar, es tranquilizador saber que la infección materna, tanto sintomática como asintomática, produce suficientes anticuerpos como para que haya una transferencia eficiente de anticuerpos y que lo mismo podría acaecer con la vacunación materna. Una cuestión pendiente sería el momento óptimo de la vacunación materna a efectos de que el neonato disponga de protección pasiva que debería ser de cuatro semanas, al menos, previas al parto. Si consideramos un esquema de vacunación de dos dosis separadas por 21 o 28 días, y que el paso transplacentario comienza alrededor de la semana 17 de gestación, para incrementarlo exponencialmente a medida que progresa el embarazo y crece la placenta, el momento idóneo sería una vacunación materna hacia los comienzos del segundo trimestre.

Sin embargo, todavía quedan por dilucidar varios importantes factores, como identificar los correlatos de protección, la cinética y duración de los anticuerpos pasivos, su capacidad neutralizante y su eficacia frente a la COVID-19. A ellos se uniría el papel de la lactancia materna, la vacunación del lactante independientemente de la infección materna, la teórica interferencia de la vacunación con los anticuerpos pasivos, el momento de la vacunación y el esquema óptimo.

Todo ello se resolverá una vez que se recoja información mediante estudios clínicos prospectivos o longitudinales cuidadosamente diseñados que informarían de las estrategias de vacunación maternas y neonatales seguras y efectivas.

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

Excelentes resultados del esquema prime-boost heterólogo de la vacuna de adenovirus del Instituto ruso Gamaleya (Gam-COVID-Vac)

3/02/2021

En la revista The Lancet se acaban de publicar los resultados provisionales de seguridad y eficacia de la fase III del ensayo clínico de un esquema vacunal que incluye un priming con adenovirus humano  no replicante 26 (Ad26) seguido de un booster a los 21 días de adenovirus humano no replicante 5 (Ad5) conocido como un esquema prime-boost heterólogo. Ambas vacunas incluyen el gen que codifica la glicoproteína S de superficie. Cada dosis de vacuna llevaba 1011 partículas víricas. El trabajo lo firman investigadores del Instituto Gamaleya de Moscú y se llevó a cabo entre septiembre y noviembre del pasado año.

Los 21.977 participantes tenían 18 o más años (el 10.8% tenían 60 o más años) y eran negativos basalmente al SARS-CoV-2, se distribuyeron en 16.501 en el grupo vacunal y 5.476 en el grupo placebo. A partir de los 21 días después de recibir la primera dosis la eficacia vacunal fue del 91.6%. La mayoría de los efectos adversos fueron de grado 1.

Concretamente, la eficacia a partir del día 21 de la primera dosis -incluía a los que habían recibido dos dosis- fue del 91.6% (86-95) y para la enfermedad moderada grave del 100% (94-100). La eficacia a partir de los catorce días tras la primera dosis -incluye los que recibieron al menos una dosis- alcanzó el 87.6% (81-91) y la eficacia de dos dosis a partir del día 28 de la primera dosis fue del 91.1% (84-95). Entre los días 15 a 21 la eficacia fue del 73.6% (p=0.048). Los autores piensan que aunque no habían diseñado el estudio para conocer la eficacia de una dosis, las estimaciones iniciales permiten observar un posible efecto protector parcial. La eficacia en los de sesenta o más años no difirió significativamente de la encontrada en la de los 18 a 60 años.

La vacuna se presenta en forma líquida y precisa almacenamiento a -18ºC, aunque su distribución puede hacerse entre 2ºC y 8ºC.

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

Las vacunas frente a la COVID-19 y la lactancia materna

29/01/2021

En esta entrega, STATNEWS aborda el tema de la lactancia materna en época de COVID-19 dado que, al no incluirse a madres lactantes en los ensayos clínicos de las vacunas frente al SARS-CoV-2, no se dispone de datos acerca de su seguridad en esa población. Para ello recurre a una situación ficticia en la que se le propone administrar la vacuna a una madre con un hijo de ocho meses al que está amamantando. 

Inicialmente pensó en no vacunarse al conocer las recomendaciones del Reino Unido, donde el National Health Service recomendó inicialmente que no recibieran la vacuna -posteriormente retirada la recomendación- y las de la Food and Drug Administration de los Estados Unidos, que recomendó: “si estás embarazada o estás dando el pecho, discute tus opciones con tu médico”, teniendo presente si son altas tus probabilidades de exposición al virus.

El día previsto para el pinchazo, cambió de opinión y acepto recibir la vacuna. Lo que le hizo cambiar fue considerar por separado el embarazo y la lactancia. Según pensó, era imposible pensar como un frágil fragmento de ARN mensajero podría llegar a afectar a su hijo. Si hubiera estado embarazada se habría puesto nerviosa al estar ambos conectados por la placenta; en su imaginación se trataría de un escenario distinto.

Las guías del gobierno y las noticias de prensa han unido, al hablar de la seguridad de las vacunas, en una sola entidad al embarazo y a la lactancia, pero cuando la población está intentando tomar su propia decisión al respecto, podría ayudar reconocer que la vacunación durante el embarazo y durante el amamantamiento comportan distintos riesgos… y beneficios. Al hablar de si algo puede ser dañino, no es una buena idea hablar de ambas en su conjunto. Algunos fármacos deben evitarse en el embarazo y sin embargo son completamente seguros durante la lactancia.

Las vacunas frente a la COVID-19 no contienen virus vivos, por lo que es muy improbable que causen daño al feto o al niño que toma pecho. Mientras que las vacunas, en general, pueden provocar un cuadro de fiebre alta o incluso, muy raramente, una reacción anafiláctica que de alguna manera pueden afectar al feto, esos desenlaces difícilmente tienen cabida al hablar de la lactancia materna, ya que se filtran la mayoría de los fármacos en su totalidad, o en altas cantidades, haciendo imperceptible su concentración en la misma.

Pero incluso si pasase a la leche de madre, tendría que ir después al tubo digestivo donde el ARNm de las actuales vacunas se degradaría y por tanto, no tendría ningún efecto biológico, tal como reconoce la Academy of Breastfeeding Medicine. Esta Institución afirma que la vacuna plantea escasos riesgos plausibles para el bebé que lacta, pero sí tendrá plausibles beneficios biológicos. Ahora bien, tengamos presente que sin datos de un ensayo clínico, es imposible decir con absoluta certeza que no existen riesgos.

La Organización Mundial de la Salud, por su parte, sugiere ser menos cauto con la vacunación de la madre que lacta. Recomienda, en general, no vacunar en el embarazo al menos que la vacunación compense los riesgos potenciales asociados a la vacuna, pero dado que es muy poco probable que la vacuna, desde la perspectiva biológica y clínica, plantee un riesgo para la madre que da el pecho, se les debe ofrecer la vacuna como a cualquier otra persona.

Una ventaja de la lactancia materna consistiría en el paso al bebé de los anticuerpos que la madre ha producido en respuesta a la vacuna, lo que comportaría una protección transitoria frente a la COVID-19. Algunos investigadores ya han encontrado anticuerpos en la leche de madres que padecieron la enfermedad, aunque se desconoce el papel protector que pudieran desempeñar. Además, tampoco se ha encontrado, hasta ahora, virus vivos replicantes en la leche de madres infectadas.

La conclusión es que conviene reconocer y comunicar a las madres que el embarazo y el amamantamiento son situaciones diferentes, y que las embarazadas tienen respecto a la infección por SARS-CoV-2 unos factores de riesgo distintos. Lo único que une las dos situaciones, en el momento actual, es que ambas están discriminadas en los ensayos clínicos.

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

Lo que se conoce y desconoce de las variantes del SARS-CoV-2 (II)

27/01/2021

Hasta ahora ya hemos tenido noticias de variantes del SARS-CoV-2 que han generado temor en el Reino Unido, Sudáfrica, Brasil y quizás en California, a las que, además, se les han asignado una mezcla de cifras y letras: B.1.1.7, N501Y, E484K y C-3PO.

En la publicación de STATNEWS se trata el asunto de lo que se conoce y se desconoce de ellas, y en nuestra Sección, por su extensión, desglosamos el contenido en dos partes.

¿Qué significa que un virus sea más transmisible?

Una variante con mayor transmisibilidad puede infectar a más gente y con mayor rapidez, lo que da lugar a un incremento del número de casos de COVID-19 en caso de no existir medidas de mitigación. Incluso si a título individual no hay más probabilidades de enfermar, el resultado global será el que se registrará mayor número de hospitalizaciones y de muertes. Una mayor diseminación del virus también hará necesaria una mayor proporción de población protegida para conseguir la inmunidad comunitaria, o lo que es lo mismo, necesitaremos vacunar a más población. También significa que esas variantes más contagiosas se pueden diseminar por comunidades que ya podrían tener el suficiente número de personas inmunes como para dificultar la circulación del SARS-CoV-2.

La llegada de variantes más transmisibles es una mala noticia, ya que significa que aquellas comunidades que ya estaban observando efectos protectores vuelven a ser vulnerables.

¿Qué está ocurriendo en Brasil?

Un estudio reciente ha estimado que tres cuartas partes de los residentes de la ciudad de Manaos ya estaban infectados por SARS-CoV-2 en el mes de octubre y la esperanza era que ese nivel de protección pudiera actuar como un amortiguador frente a la mayor transmisibilidad del virus. Pero el pasado mes comenzaron a aumentar los casos en esa ciudad y en el estado de Amazonas. Al secuenciar el genoma del virus, los investigadores encontraron que muchos de los casos estaban causados por una nueva variante, P.1, y alertaron que la mutación que incluía estaba potencialmente asociada con una mayor transmisibilidad y con una mayor propensión para reinfectar a la población.

Las causas del incremento de las infecciones podrían ser debidas a varios factores. Por una parte, la cepa P.1 pudiera evadir las respuestas inmunes preexistentes dejando a la población más susceptible a la reinfección -de hecho, ya se han comunicado casos de reinfecciones por esa cepa en el estado de Amazonas-. Por otra parte, la cepa es tan transmisible que puede diseminarse incluso en comunidades con una protección del 75%. Una tercera hipótesis sería que algunas personas infectadas meses atrás, vuelven a ser susceptibles a cualquier reinfección independientemente de las variantes (waning inmunitario). Una de las preguntas es si la protección residual y la memoria inmune tras el padecimiento será suficiente como para hacer que las reinfecciones sean menos graves.

¿Qué hacen los científicos a este respecto?

Básicamente, estudiar esta situación desde todos los ángulos. Una línea de investigación es examinar las mutaciones aisladamente o en el contexto de otros cambios en el genoma del ARN del virus. En esencia, una mutación por sí misma puede que no tenga un gran impacto, pero puede ayudar al virus a diseminarse mejor o a replicarse más rápidamente si coexiste con otras mutaciones. Otra vía es la de vigilar la aparición de otras variantes potencialmente peligrosas, aunque lleva su tiempo averiguar cuál va a ser su comportamiento. En California, por ejemplo, los oficiales sanitarios en una rueda de prensa para discutir sobre la variante L452R -que ha pasado del 3.8% de las cepas secuenciadas en la primera quincena de diciembre al 25.2% de las secuenciadas en enero- comentaron que desconocían si era más infecciosa.

¿Qué se puede hacer?

Continuar con las mismas precauciones que se han recomendado en los últimos meses y quizás invertir en mejores mascarillas y vacunarse cuando se pueda. De hecho, las autoridades sanitarias de los Estados Unidos han subrayado que los actuales brotes no son solo consecuencia de la aparición de nuevas variantes sino también de una laxitud en las políticas de contención del virus y en la falta de precaución. Es muy fácil culpar solamente a la variante. La aparición de las variantes ha dado un nuevo argumentario a los expertos en relación a sus peticiones sobre lo que la población y los individuos deben hacer para reducir la transmisión. Si la reducimos, podremos comprar tiempo para que se vacuna un mayor número de personas antes de que la variante se haga dominante -lo que podría tener lugar en los Estados Unidos para el próximo mes de marzo-.

A medida que más se expanda el virus, más probabilidades de que aparezcan variantes. La evolución no solamente se debe al ambiente que encuentra el virus sino también al número de veces que nos la jugamos.

PD. En relación a las nuevas variantes, el New and Emerging Respiratory Virus Threats Advisory Group del Reino Unido ha comunicado queexiste la posibilidad de que la variante inglesa B.1.1.7 se asocie a una mayor letalidad.

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

Lo que se conoce y desconoce de las variantes del SARS-CoV-2 (I)

25/01/2021

Hasta ahora ya hemos tenido noticias de variantes del SARS-CoV-2 que han generado temor en el Reino Unido, Sudáfrica, Brasil y quizás en California, a las que, además, se les han asignado una mezcla de cifras y letras: B.1.1.7, N501Y, E484K y C-3PO.

En la publicación STATNEWS se trata el asunto de lo que se conoce y se desconoce de ellas y en nuestra Sección, por su extensión, desglosamos el contenido en dos partes.

¿Por qué aparecen ahora?

Los virus se encuentran en constante mutación aunque la mayoría de las mismas no cambien al virus sustancialmente; en algunos casos incluso, pueden llegar a ser perjudiciales y hacerlos desaparecer. Pero en general, una mutación o una combinación de las mismas dará lugar a un nuevo virus con una ventaja evolutiva que hace que infecte mejor o que se disemine mejor. Ello puede condicionar que una nueva variante aventaje a las anteriores y llegue a convertirse en la dominante. Así, en los primeros días de la pandemia apareció una mutación llamada D614G que aparentemente mejoró su infecciosidad y que se constituyó en la prevalente a escala mundial.

Más allá del hecho de que el virus está cambiando constantemente hay otras razones que podrían explicar el por qué han comenzado a surgir esas variantes. Al inicio de la pandemia todos éramos vulnerables al virus, pero a medida que en algunas áreas geográficas se han infectado o se van vacunando más y más personas, aumenta la presión sobre el virus y con ello, puede que el virus no encuentre nuevos huéspedes a los que infectar. La manera que tiene para solucionar este contratiempo es adquirir mutaciones que le ayuden a diseminarse. Lo mejor para ello es localizar un hospedador en el que pueda replicarse sin problema durante semanas o meses para ir acumulando mutaciones que le permitan seguir infectando a mayor número de personas. Este hecho es el que parece estar detrás de la aparición de la variante B.1.1.7 en el Reino Unido.

Si el virus está constantemente cambiando, ¿por qué generan alarma estas variantes?

Centrémonos en las variantes que han emergido en el Reino Unido, Sudáfrica y Brasil. Parece evidente que gozan de una mayor transmisibilidad, aunque variable según los estudios, y que comparten algunas de las mismas mutaciones a pesar de que aparecieron sin existir relación entre las variantes. Según los expertos, esto último es una pista que apunta a que las mutaciones pueden conferir una ventaja evolutiva. 

Cuando los científicos evalúan el impacto de una nueva variante consideran al menos tres factores: gravedad de la enfermedad, transmisibilidad y protección frente a las reinfecciones. Hasta ahora ninguna de esas variantes muestra un aumento de la gravedad del padecimiento. Respecto a que si los que tienen inmunidad al SARS-CoV-2 aún se encuentran protegidos -y si las vacunas protegen- se trata de un asunto un poco más complicado. Aunque se están haciendo pruebas, muchos expertos se muestran optimistas en relación a las vacunas. Estas generan una respuesta inmune multidimensional dirigida a diferentes partes del virus, por lo que los cambios de solo una mutación no harán al virus, probablemente, “invisible” a los anticuerpos inducidos por la vacuna. Pero incluso en el caso de que una mutación reduzca ligeramente la efectividad de las vacunas, estas han mostrado generar una respuesta de tal robustez que seguirán funcionando incluso si su potencia se ve rebajada.

En última instancia, y a pesar de que no parece que nos encontremos en este punto, se podría pensar que los virus acumularán la combinación correcta de mutaciones como para justificar una “actualización” de las vacunas.

Respecto a las reinfecciones existe la preocupación de que los que padecieron COVID-19 sean vulnerables a la reinfección por las nuevas variantes. En experimentos de laboratorio, una de las mutaciones de las variantes de Sudáfrica y Brasil ha ayudado al virus a evadirse de los anticuerpos generados en la primera infección. Días atrás, científicos sudafricanos reportaron que los anticuerpos de algunos infectados en la primera ola no reconocían a las nuevas variantes que circulan por ese país y, además, están observando un número creciente de reinfecciones en áreas muy castigadas por el virus en esa primera ola.

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

¿Interrumpirán las vacunas la transmisión del virus? ¿Puedes contagiar si estás vacunado?

22/01/2021

En Nature Briefing se plantea una de las cuestiones que actualmente más se preguntan los vacunólogos: una vez vacunado frente a la COVID-19, ¿puedes diseminar el virus? Ya sabemos que las vacunas autorizadas evitan padecer la enfermedad en más del 50% de los vacunados – y en más del 90% para las vacunas de Moderna y de Pfizer/BioNTech-, pero lo que desconocemos es si también reducirán la transmisión del SARS-CoV-2.

Hasta la fecha no hay respuestas para esa pregunta, pero el llegar a entender su efecto en la transmisión ayudará a buen seguro a determinar cuándo pueden volver las “cosas” a la normalidad. Las razones para desconocer ese extremo son de dos tipos: una es que los ensayos clínicos fueron diseñados para conocer si las vacunas evitaban el padecimiento de la enfermedad y de sus síntomas, y otra es de índole inmunológica, ya que desde una perspectiva científica todavía no se han estudiado una serie de complicadas cuestiones acerca de cómo las vacunas generan anticuerpos.

Las vacunas funcionan “engañando” al sistema inmune para que fabrique anticuerpos antes de que aparezca la infección, de manera que puedan atacar al virus una vez penetre en el organismo antes de que tenga la oportunidad de replicarse. No obstante, y mientras que las vacunas pueden ganar un Oscar por su papel antiinfeccioso, no siempre producen el tipo exacto de anticuerpos como los que genera la infección natural. Por lo que conocemos hasta ahora, las vacunas frente al SARS-CoV-2 inducen la producción de anticuerpos llamados inmunoglobulinas IgG que reaccionan con rapidez a cuerpos extraños y se encuentran confinados en partes de nuestro organismo que no tienen contacto con el mundo exterior, como en músculos o en la sangre. Pero para evitar la transmisión de COVID-19, otros tipos de anticuerpos podrían jugar un papel más relevante.

El sistema inmune que patrulla por las superficies mucosas que podrían tener contacto directo o indirecto con el exterior -nariz, garganta, pulmones y aparato digestivo- recae en las inmunoglobulinas IgA, y desconocemos hasta la fecha, hasta qué punto las vacunas ya comercializadas desencadenan respuestas de anticuerpos IgA. Ya que las personas convalecientes de COVID-19 producen una gran cantidad de anticuerpos IgA especializados que se ubican en las mismas superficies del aparato respiratorio involucradas en la transmisión del virus, podríamos esperar, razonablemente, que los que se recuperan de la enfermedad ya nunca más diseminarán el virus. Pero, este extremo también dependerá de la cantidad de virus a la que se podrían exponer esas personas.

Llegados a este punto tampoco sabemos si los que tienen anticuerpos postvacunales IgG pueden parar, de una manera similar, la replicación del virus en el aparato respiratorio, e incluso si así lo hicieran, sería extremadamente difícil predecir si eso implicaría que una persona no pueda transmitir la enfermedad.

De lo expuesto, se deduce que es muy improbable que las investigaciones inmunológicas por sí solas contesten la pregunta. Pero hay otra manera de conocer la respuesta, y es mediante el estudio de la diseminación del virus en la comunidad. A medida que más y más personas reciban un par de dosis, los oficiales de salud pública pueden constatar como desciende el número de enfermos y, aunque no es un indicador perfecto de si se está interrumpiendo la replicación del virus -hay otras variables que pueden reducir la transmisión, como el confinamiento- sí es, a efectos prácticos, lo suficientemente bueno como para ayudar a tomar decisiones de salud pública. Más aún, aunque los datos procedentes de los ensayos clínicos no son perfectos, sí son lo bastante buenos como para indicar que la vacuna interrumpe, al menos, cierta replicación vírica. Sería difícil imaginar cómo la vacuna puede ser tan eficaz a la hora de evitar la infección sintomática y no tener ningún impacto en la transmisión.

Es frustrante pensar que va a consumir más tiempo comprobar si los vacunados estarán involucrados en futuros episodios de transmisión, por lo que es vital, por si acaso, que tras recibir las dos dosis de vacuna todos sigan empleando mascarillas, practicando el distanciamiento social y lavando sus manos como práctica de higiene habitual. 

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

Resultados esperanzadores de una vacuna atenuada española frente al SARS-CoV-2

20/01/2021

Investigadores españoles del equipo del Dr Mariano Esteban, del Centro Nacional de Biotecnología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, publican en la revista Journal of Virology los resultados en ratones de un esquema de vacunación frente al SARS-CoV-2 que utiliza como plataforma el poxvirus ADN altamente atenuado Modified Virus Ankara (MVA).

Para ello desarrollaron dos vacunas basada en vectores MVA que expresaban la glicoproteína íntegra de superficie S. Una de ellas utilizó el virus salvaje atenuado (MVA-WT) como virus parental, denominado MVA-CoV2-S, y otra proveniente de un virus MVA optimizado que carecía de genes inmunomodulatorios denominada MVA-Δ-CoV2-S. Para evaluar la respuesta inmune utilizaron un esquema de vacunación intramuscular consistente en un prime-boost homólogo (MVA/MVA) o uno heterólogo (ADN/MVA) separados por quince días.

Ambos esquemas de vacunación indujeron respuestas celulares T robustas, amplias y polifuncionales específicas del tipo CD4+ (predominantemente de Th1) y de CD8+, de mayor intensidad en el caso del esquema heterólogo. Ambos regímenes vacunales desencadenaron la producción de altos títulos de anticuerpos específicos IgG frente a la glicoproteína S y frente al receptor binding domain (RBD). Predominó el isotipo IgG2, lo que apuntó a una respuesta preferente Th1. Un dato importante fue que las muestras de suero de los ratones inmunizados neutralizaron en cultivos celulares al virus SARS-CoV-2 y los que recibieron el esquema MVA/MVA mostraron mayor capacidad neutralizante. También fue notable que una o dos dosis de la vacuna MVA-CoV-2-S confirió una inhibición completa de la replicación del virus en el tracto respiratorio del animal.

Los autores del estudio llevan años ensayando con el vector vírico vaccinia que sirvió para erradicar la viruela. Desde entonces, esta cepa altamente atenuada ha mostrado en ensayos preclínicos y clínicos ser un excelente vector frente a una amplia variedad de patógenos. De hecho, este Grupo ha producido vacunas basadas en MVA que expresaban virus emergentes, del tipo de Chikunguña, Zika y Ébola, habiendo mostrado ser altamente inmunógenas en el modelo animal (ratones o primates no humanos) induciendo respuestas inmunes humorales y celulares.

Los hallazgos de este estudio apoyan que el éxito de estas plataformas en animales se traslade a la clínica.

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

La vacuna del Oxford Vaccine Group, AZD1222, administrada por vía intranasal reduce en monos la carga nasal del virus SARS-COV-2

18/01/2021

Investigadores de los National Health Institutes de los Estados Unidos y del Jenner Institute del Reino Unido han publicado en preprint un artículo sobre los resultados obtenidos con la vacuna frente al SARS-CoV-2 del Oxford Vaccine Group, AZD1222, aplicada por vía intranasal a hámsters sirios y a monos.

Los fundamentos de una vacuna intranasal vendrían derivados de disponer de una respuesta mucosa local que redujera o impidiera la replicación, y por tanto, la transmisión del virus, dado que las actuales vacunas se administran por vía intramuscular y generan potentes respuestas séricas IgG con escasa respuesta mucosa en vías respiratorias altas. A pesar de disponer de abundante literatura acerca de la respuesta sistémica a la infección natural, la concerniente a la inmunidad mucosa es muy limitada. En fluidos mucosos de pacientes con COVID-19 se detectan IgA, IgM e IgG específicas frente a S y frente a RBD, de donde surge la hipótesis de que la IgA secretora protege mayormente al tracto respiratorio superior y la IgG al inferior.

Los autores, por consiguiente, llevaron a cabo estudios preclínicos en hámsters y en primates no humanos que recibieron la vacuna AZD1222 por vía intramuscular, por vía intranasal o placebo intramuscular para enfrentarlos al virus SARS-CoV-2 que incluía la mutación D614G.

Se comprobó como la vacuna intranasal indujo en ambos animales respuestas robustas humorales y mucosas. En hámsters, además, tras el challenge, tuvieron una reducción en la excreción de virus y una protección completa del aparato respiratorio sin detección de ARN vírico, al compararlos con animales vacunados por la vía intramuscular. En monos, tras la provocación vírica, solo se observó ARN subgenómico y excreción de virus infeccioso en uno de cuatro animales. En estos animales, se detectó IgG e IgA en suero, en concentraciones similares a la de los vacunados por vía intramuscular, en muestras nasales y en el lavado broncoalveolar. Adicionalmente, se redujo la excreción vírica y la carga vírica en el lavado broncoalveolar y en el tracto respiratorio inferior. Todo ello hace pensar que para controlar de manera eficiente la excreción nasal del virus es necesaria una robusta respuesta humoral en esa mucosa.

Una vez desplegadas a escala mundial las campañas de vacunación frente a la COVID-19 será de crucial importancia investigar si las vacunas ya comercializadas proporcionan inmunidad esterilizante o, dicho de otra manera, si las personas vacunadas son todavía susceptibles a la infección del tracto respiratorio superior y por tanto a la transmisión mantenida del virus. Una vez que se ha demostrado que es posible generar inmunidad mucosa específica local tras la administración nasal de una vacuna, sería muy interesante investigar si los hallazgos de estos autores se pueden trasladar a la clínica.

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

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