1

El comité «ad hoc» de la FDA da el visto bueno a la vacuna de Moderna

El panel de expertos externos seleccionado por la FDA (Vaccines and Related Biological Products Advisory Committee) para analizar los datos de la vacuna frente al SARS-CoV-2 de la farmacéutica Moderna Inc. ha recomendado tras el meeting de 17 de diciembre su uso bajo situación de emergencia. La recomendación obtuvo veinte votos favorables, una abstención y ningún voto en contra, y se espera que en breve la FDA adoptará una decisión definitiva al respecto. La recomendación se ha basado, como siempre, en el análisis del riesgo/beneficio de la vacuna.

La diferencia con la otra vacuna de ARN mensajero de Pfizer/BioNTech reside en que difieren las moléculas de ARN, su concentración antigénica, la composición de la cubierta lipídica, su posología con intervalo entre dosis de cuatro semanas, la ligera mayor reactogenicidad, las edades -la de Pfizer/BioNTech puede administrarse desde los 16 años- y las condiciones de almacenamiento.

Durante el debate surgieron dudas acerca de episodios de anafilaxia tras el reporte de esas reacciones en dos sanitarios de Alaska y en otros dos británicos que habían recibido la vacuna de Pfizer/BioNTech. Un asunto que suscitó comentarios en el panel fue la decisión de Moderna Inc. de desprecintar (blindness) a aquellos que habían recibido la vacuna y el placebo. Hubo comentarios respecto de la vacunación de las embarazadas, aunque los miembros hicieron constar que una autorización de uso en emergencias no excluye la vacunación siempre que la recomiende su obstetra. Hasta ahora la vacuna no ha mostrado teratogenia en los modelos animales.

Los próximos pasos tras la probable autorización por la FDA permitirán a Moderna comenzar con la distribución de la vacuna aunque la vacunación no comenzará hasta que la recomiende el Centro de Control de Enfermedades (CDC) que se reunirá el 19 de diciembre.

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

Prohibida la reproducción total o parcial de esta información sin citar su fuente




¿Por qué los niños evaden mejor a la COVID-19?

En la revista Science se publica un recomendable artículo que intenta desentrañar los motivos por los que los niños evaden mejor la COVID-19 que los adultos ya que hasta ahora suponen solo un pequeño porcentaje de las infecciones y esto ha intrigado a los científicos. Por el momento se acumulan evidencias crecientes que apuntan al por qué: el sistema inmune del niño parece que está mejor equipado para eliminar al SARS-CoV-2; están mejor adaptados a responder a estos nuevos virus de manera que la mayoría solo experimentan enfermedad leve o asintomática.

Otra pista que apunta a esa mejor respuesta al virus se debe a que algunos niños desarrollan síntomas y anticuerpos específicos pero nunca positivizan al virus en los test convencionales de PCR. En un estudio, tres niños de la misma familia menores de diez años generaron anticuerpos -dos de ellos con síntomas leves- pero ninguno resultó positivo a la PCR a pesar de habérseles practicado once veces el test en 28 días y haber estado en estrecho contacto con sus padres que eran positivos.

Respuesta precoz

El sistema inmune infantil reconoce al virus y genera una respuesta rápida y efectiva que lo elimina antes de darle la oportunidad de replicarse hasta el punto de que no llegan a positivizarse las pruebas nasofaríngeas. Incluso en niños que experimentan complicaciones infrecuentes pero graves, del tipo del síndrome inflamatorio multisistémico, los estudios muestran que la tasa de positividad de la PCR oscila entre el 29% y el 50%. Adicionalmente, los tipos de anticuerpos que desarrollan ofrecen pistas sobre lo que acontece. En un estudio que incluía a 32 adultos y a 47 menores de 18 años se encontró que los menores producían, mayoritariamente, anticuerpos frente a la spike, mientras que los adultos no solo producen ese tipo de anticuerpos sino también frente a la nucleocápside, esencial para la replicación vírica. Este antígeno solo sale a sangre en cantidades significativas cuando el virus está ampliamente diseminado en el organismo.

Sistema inmune adaptativo vs innato

Algunos inmunólogos pediatras sugieren que la razón por la que los niños pueden neutralizar al virus es porque sus células T son relativamente naive. Estas, forman parte de la respuesta inmune adaptativa que aprende a reconocer a los patógenos que encuentran a lo largo de toda su vida. Ya que en el niño esas células no suelen estar entrenadas, pudieran tener una mayor capacidad para responder a los nuevos virus.

Otras evidencias sugieren que no todo es tan sencillo: un estudio de personas con COVID-19 que incluyó a 65 niños y a menores de 24, junto a 60 adultos, encontró que estos últimos tenían una respuesta de células T más robusta a la spike respecto de los más jóvenes, pero ese estudio midió más las células T de memoria que están mucho menos desarrolladas en niños que la actividad de las células T naive.

La capacidad de los niños para neutralizar al virus puede estar también ligada al hecho de que tienen una potente respuesta inmune innata desde el nacimiento. Hay datos que sugieren que la rapidez de esa respuesta pudiera proteger frente al inicio de la infección, pero al no ser fácil estudiar este efecto surge la cuestión de por qué no se aprecia ese mismo fenómeno con otros virus que también cursan con enfermedad grave en la infancia.

Otros factores

Al ser los niños el mayor reservorio de los coronavirus causantes de los catarros comunes, algunos investigadores sugieren que los anticuerpos frente a ellos podrían conferir cierta protección frente al SARS-CoV-2. La evidencia, no obstante, no está clara. Algunos datos apuntan a que cuando los niños se exponen al SARS-CoV-2 reciben una dosis más baja de virus respecto de los adultos, debido a que sus fosas nasales contienen menor número de receptores ACE2 que son los que utiliza el virus para acceder a las células. Este hecho podría explicar, además, el por qué la COVID-19 es menos prevalente en niños que en adultos. En cualquier caso, es improbable que haya una única explicación, la biología rara vez es sencilla.

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

Prohibida la reproducción total o parcial de esta información sin citar su fuente




¿Por qué no una agencia reguladora única?

Editorial de la revista Science que aborda el tema de las distintas agencias regulatorias de fármacos a propósito de las vacunas frente al SARS-CoV-2 y de la falta de coordinación entre ellas. Pone como ejemplos el caso de China, Rusia y los Emiratos Árabes Unidos donde están vacunando a sus ciudadanos antes de la conclusión de los ensayos clínicos y el caso del Reino Unido que se ha adelantado al resto de países autorizando el uso de una vacuna bajo condiciones de emergencia, desarrollada por una compañía alemana y otra estadounidense. Quedan todavía por autorizarlas los regulatorios de Australia, Unión Europea y Suiza. Esa amalgama de distintos procesos regulatorios, a pesar de que la COVID-19 es el enemigo común, ha reavivado la clásica pregunta de cómo mejorar la armonización en la regulación de las vacunas, cuando podría acarrear sustanciales beneficios. 

Si los distintos reguladores se pusieran de acuerdo en los criterios a solicitar a las farmacéuticas, éstas podrían acortar plazos a la hora de preparar sus dossiers. Compartiendo los mismos datos, los reguladores podrían comparar más fácilmente sus hallazgos y análisis con los de sus colegas y, de ese modo, obtener conclusiones más robustas que mejorarían la confianza de la población en un mundo en el que aumentan las reticencias a la vacunación. Supondría por tanto, un cambio evolutivo no revolucionario ya que en los últimos tiempos, y especialmente a raíz de la crisis del virus Ébola, los reguladores han hecho ímprobos esfuerzos para coordinarse y comenzar a armonizar sus procesos.

La FDA norteamericana se fundó en 1906 y es el regulador más antiguo del mundo. La Agencia Europea del Medicamento, creada en 1995, incluye 50 cuerpos nacionales regulatorios de 31 países europeos mientras que los países africanos avanzan lentamente hacia un regulatorio con el African Vaccine Regulatory Forum. A escala mundial los estados miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) acordaron fundar la International Coalition of Medicines Regulatory Authorities (ICMRA) para permitir a los reguladores compartir información y acordar planteamientos. Actualmente está constituida por 29 miembros que incluyen a China, Europa y los Estados Unidos, alcanzando acuerdos acerca del modelo animal para ensayar las vacunas de la COVID-19, los end-pointsde los ensayos clínicos y el espinoso asunto relativo a continuar con los integrantes de los grupos placebo una vez que se está vacunando a la población. El grupo ad hoc para la COVID-19 de ese organismo está intentando armonizar la monitorización de la seguridad postcomercialización.

La OMS también juega un papel relevante, particularmente para los países de rentas medias y bajas que se benefician de sus procesos de uso en emergencias, como ha ocurrido el pasado 13 de noviembre cuando por primera vez ha aprobado una nueva vacuna antipoliomielítica. Por otra parte, hacia finales de octubre, la OMS solicitó a la FDA y a la EMA que evaluara la idoneidad de las vacunas frente a la COVID-19 para que esos países las utilizaran bajo las premisas de emergencias.

Todo lo expuesto hasta ahora son esfuerzos importantes y necesarios, pero lo que hace falta ahora es ir más allá y encontrar un camino para aprobar los distintos tipos de vacunas. El próximo paso no será sencillo. Los reguladores quieren intercambiar datos y sus experiencias durante esta pandemia les ha convencido de que se mueven hacia un punto que puede hacer posible la armonización de los procesos. Al final cada país tomará sus propias decisiones, pero la meta de disponer de dossiers regulatorios armonizados para aprobar vacunas, conforme a un conjunto de requisitos internacionales, sería una importante transformación. 

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

Prohibida la reproducción total o parcial de esta información sin citar su fuente




Vacunación frente a COVID-19 en embarazadas

Una vez que la FDA ya ha autorizado el uso de la vacuna de Pfizer/BioNTech bajo situaciones de emergencia surgen varias cuestiones según STAT. Una de ellas es la administración en mujeres embarazadas o en aquellas que amamantan a sus bebés. La MHRA del Reino Unido se muestra tajante y aconseja no ofertar la vacuna independientemente de las circunstancias. Por su parte, tres destacadas científicas de los Estados Unidos, las doctoras Carleigh Krubiner, Ruth Faden y Ruth Karron solicitan a la FDA que deje algún resquicio a ese respecto. Se muestran especialmente preocupadas dado que las mujeres suponen hasta las tres cuartas partes de los trabajadores sanitarios y se estima que hasta 330.000 estarán embarazadas o estarán amamantando cuando comiencen a distribuirse las primeras dosis de vacuna.

Una redacción permisiva de la ficha técnica por parte de la FDA podría hacer posible que esas mujeres decidieran junto a su obstetra si están o no interesadas en recibir la vacuna por su bien y por el del bebé. Instan las doctoras a una pronunciación del American College of Obstetrics and Gynecology, de la Society for Maternal Fetal Mediciney del Advisory Committee on Immunization Practices. Abogan, adicionalmente, que traten por separado al embarazo y la lactancia al ser condiciones distintas y con diferentes consideraciones en relación al riesgo/beneficio. Como una cuestión de equidad en salud, las embarazadas merecen disponer de las evidencias apropiadas para poder tomar sus decisiones. Además del beneficio en salud, la vacunación evitaría bajas por enfermedad que aumentaría el stressde los sistemas de salud. Por otra parte, según la compañía, para mediados de diciembre dispondrán de estudios en ratas de teratogenicidad de la vacuna.

Finalmente, el Advisory Committee on Immunization Practices de los Estados Unidos en su reunión del 12 de diciembre y respecto al asunto de la vacunación en embarazadas ha emitido unas consideraciones de uso teniendo en cuenta el nivel de transmisión del virus en la comunidad, el riesgo personal de adquisición del virus, la eficacia de la vacuna, los efectos adversos conocidos de la vacuna y la ausencia de datos de su uso en el embarazo. Aconseja que si la embarazada pertenece a un grupo de riesgo priorizado para recibir la vacuna, puede elegir la vacunación ayudada por su médico para adoptar una decisión informada.

La aprobación de la vacuna se produjo tras la recomendación favorable del Vaccines and Related Biological Products Advisory Committee de la FDA con 17 votos a favor y 4 en contra. Los votos en contra estuvieron centrados, básicamente, en la autorización de la vacuna en los de 16 a 18 años ya que solo participaron 283 adolescentes de esa edad. Como asuntos pendientes a evaluar queda estudiar la persistencia de la eficacia y la seguridad a largo plazo, la “boostabilidad”, los estudios en el embarazo y en la edad pediátrica, el uso en inmunodeprimidos, la coadministración con las vacunas antigripales y la formulación de una vacuna se de segunda generación que sea térmicamente estable. 

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

Prohibida la reproducción total o parcial de esta información sin citar su fuente




Una vez que hay datos de eficacia, ¿qué falta por conocer?

Una vez que en el Reino Unido ha comenzado la campaña de vacunación frente a la COVID-19 y que China y Rusia han aprobado vacunas, en la revista Nature se plantean algunas cuestiones acerca de cómo se comportarán estas vacunas u otras venideras a medida que las vayan recibiendo millones de personas.

Las vacunas, ¿evitan la transmisión del virus?

Hasta ahora las vacunas que evaluará la FDA, las de Pfizer, Moderna y AstraZeneca, proporcionan protección frente a la enfermedad sintomática, pero ninguna ha demostrado que eviten la infección o que reduzcan la diseminación de la enfermedad entre la población. Ello deja la puerta abierta a la posibilidad de que los vacunados sean susceptibles a padecer una infección asintomática y a transmitir, por tanto, la infección a los vulnerables. En el peor escenario tendrán personas caminando por la calle pero esparciendo el virus.

¿Qué dicen los datos acerca de las infecciones asintomáticas?

Los investigadores de Pfizer dicen que están buscando la manera de evaluar la transmisión de la enfermedad. AstraZeneca y la Universidad de Oxford darán las primeras pistas sobre si la vacuna puede proteger frente a esa transmisión ya que recolectaron rutinariamente muestras para detectar el virus y de esa manera permitir conocer las infecciones asintomáticas. Los datos preliminares proporcionados por la Universidad de Oxford apuntan a una reducción de la frecuencia de esas infecciones y reducir la transmisión.

¿Cuánto tiempo durará la inmunidad vacunal?

Actualmente no hay manera de conocer ese parámetro. Sabemos que hay reportes de casos de reinfecciones y que los títulos de anticuerpos van decayendo en los meses siguientes al contagio. Por otra parte, hay signos que indican que el sistema inmune conserva memoria secundaria a las infecciones por coronavirus bajo la forma de células especializadas que se ponen en marcha a un nuevo contacto con el virus.

Es importante que se monitorice la inmunidad y una manera de conocerla es evaluando periódicamente los niveles de anticuerpos y de las células inmunes. La cinética de estas respuestas inmunes en un gran número de individuos nos proporcionará una indicación precoz de cuándo desciendan a niveles preocupantes.

¿Cómo de bien funcionan las vacunas en personas mayores y en niños?

Los grandes ensayos clínicos han reclutado a decenas de miles de personas pero sus conclusiones relativas a la efectividad se han extraído de infecciones en menos de 200 participantes. Por tanto, es difícil sacar datos de distintos grupos -obesos, mayores- sin perder poder estadístico. Los datos preliminares de las tres vacunas parece que protegen a los mayores de 65 años, pero casi seguro serán necesarios datos de la vida real con un gran número de vacunados antes de conseguir la granularidad necesaria que nos asegure que parte de la población no quede desprotegida.

Hasta ahora carecemos de datos del comportamiento de la vacuna en niños y embarazadas.

¿Cómo se comparan las vacunas entre sí?

Las tres vacunas en cuestión han cumplido con la meta de alcanzar como mínimo un 50% de eficacia y parecen seguras, pero pueden existir diferencias en la manera de proteger y en el contexto de dónde se han llevado a cabo.

Los datos preliminares sugieren que las plataformas de ARN pudieran ser más eficaces en evitar la enfermedad, pero podría, también, resultar que una protegiera mejor que otras en ciertos grupos de población o que una limite mejor la transmisión.

Hay importantes diferencias en cuanto al coste y a la logística que podrán condicionar qué vacuna sería mejor para una región o país.

Por ahora, y a pesar de las diferencias que podrían existir entre las vacunas, la clave sería la de aprovechar las bondades de la vacuna que adquiera tu gobierno.

¿Puede evolucionar el virus para evadir la inmunidad postvacunal?

El genoma del SARS es bastante estable, al contrario que el de la gripe. Las vacunas incluyen en su composición múltiples partes de la glucoproteína S (spike). Ello proporciona a los investigadores cierta confianza en relación a que es difícil que el virus SARS-CoV-2 evolucione para evadir la inmunidad conferida por la vacuna. No obstante, las vacunaciones masivas someterán a una enorme presión al virus y teóricamente podría seleccionarse alguna cepa capaz de escapar a las defensas inmunes. Se necesita monitorizar estrechamente los aislamientos del virus para detectar el más mínimo cambio y al mismo tiempo ir trabajando en la segunda generación de vacunas. Estas podrían ir dirigidas a otras partes del virus en caso de aparición de resistencias. En cualquier caso, los expertos no consideran que sea un asunto que pueda actualmente generar pánico.

¿Hasta cuándo monitorizarán los científicos la seguridad de las vacunas?

La seguridad de las vacunas siempre ha sido una prioridad. Hasta ahora solo han completado unos pocos meses de ensayo clínico a dos años -al cabo de los cuales se podrá adquirir libremente en el Reino Unido- por lo que todos los receptores de la vacuna serán estrechamente vigilados para cualquier signo de peligro no detectado previamente.

En los países occidentales hay mecanismos de farmacovigilancia que se nutren de las declaraciones espontáneas de los efectos adversos, del tipo del VAERS en los Estados Unidos y de la Tarjeta Amarilla especialmente diseñada para el SARS-CoV-2.

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

Prohibida la reproducción total o parcial de esta información sin citar su fuente




¿Hacia una inmunidad «superhumana» frente al SARS-CoV-2?

Una carta a la sección de correspondencia de la revista Nature Medicine, dos investigadores de la Scripps Research Institute, La Jolla,en California, abordan el apasionante aspecto de la inmunidad natural versus la inmunidad conferida por las vacunas, y se plantean si las futuras vacunas frente al SARS-CoV-2 se comportarán como la del sarampión, como la del tétanos o como la vacuna frente a Haemophilus influenzaetipo b.

Al contrario que la vacuna frente al sarampión, hay patógenos para los que la vacunación genera una respuesta inmune más potente y más efectiva que la proporcionada por la infección natural. En esos casos la vacuna fabricada por el hombre sería “superhumana”. Un ejemplo palpable es la vacuna del tétanos. Una pequeña cantidad de toxina es capaz de provocar la enfermedad pero no en cantidad suficiente como para producir una robusta respuesta de anticuerpos. Por el contrario, la toxina inactivada contenida en la vacuna proporciona protección duradera. Otro ejemplo es el de Haemophilus influenzae tipo b. En una enfermedad invasora los azúcares de su superficie inducen una pobre respuesta de anticuerpos, pero si esos azúcares polisacáridos los unimos a una proteína (vacunas glucoconjugadas) producen una buena respuesta.

Entre los virus hay dos ejemplos en los que la vacuna genera una respuesta mejor que la de la infección natural. Uno de ellos es la vacuna frente al virus varicela zóster. La infección primaria por este virus (varicela) no evita el herpes zóster, pero sí la ofrecen las dos vacunas específicas de las que disponemos. El ejemplo que supondría la quintaesencia de una inmunidad superior a la inducida por la infección natural lo representa la vacuna frente al virus del papiloma humano. Las respuestas inmunes tras el padecimiento no siempre ocurren, son tardías y de baja intensidad, pero tras dos o tres dosis de vacuna aparecen potentes respuestas de anticuerpos neutralizantes.

Llegados a este punto, cabría preguntarse en qué lugar del espectro infección natural versus eficacia protectora vacunal se situaría/n la/s vacuna/s frente al SARS-CoV-2. La respuesta solo se conocerá a medida que se disponga de más datos del curso de la infección natural y de las vacunas en desarrollo. Hasta ahora, los datos provisionales de eficacia de algunas vacunas y la presencia de anticuerpos neutralizantes son muy prometedores en cuanto a la protección frente a la enfermedad y frente a la infección. El elevado título de esos anticuerpos, aunque quizás no en la suficiente cuantía como para proporcionar inmunidad esterilizante completa en el tracto respiratorio superior, sí pueden evitar la enfermedad grave. Al contrario que las vacunas, la infección natural induce cantidades variables de anticuerpos neutralizantes que no siempre generan inmunidad y que por tanto no evitarían las reinfecciones. En cualquier caso, no se puede obviar el papel que la inmunidad celular puede jugar en la protección frente a las reinfecciones.

Una incógnita común a ambas situaciones es la duración de la protección. Tras la infección natural los anticuerpos pueden durar meses o decaer inmediatamente después del padecimiento. En cuanto a las vacunas hay que ser optimistas y pensar que es probable que una/s vacuna/s induzcan respuestas inmunes y protección superior a las alcanzadas tras padecer la infección.

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

Prohibida la reproducción total o parcial de esta información sin citar su fuente




Hacia el mejor uso de las vacunas frente a la COVID-19

Interesante artículo publicado en STAT en el que se exponen las opiniones de algunos expertos norteamericanos acerca de cómo emplear de la mejor forma en ese país las vacunas frente a COVID-19 que nos van llegando.

Superar la desconfianza

Las encuestas repetidas sugieren que en un considerable número de ciudadanos existe una profunda reticencia a recibir vacunas frente a la COVID-19, especialmente entre la población negra y latina. Parte de aquella se debe a las presiones a la FDA por parte del gobierno saliente que ha erosionado la credibilidad hacia las autoridades, lo que se podría definir como la tormenta perfecta de una desconfianza justificada. Esa no aceptación de la vacuna no es solo cosa de la población general, sino también del estamento sanitario según encuestas recientes. Lo que los científicos han llevado a cabo es extraordinario, por lo que debemos hacer un esfuerzo inconmensurable por nuestra parte para reconstruir que el público demande la vacuna, especialmente por parte de los líderes de la comunidad y de los científicos.

Disponer de vacunas suficientes y administrarlas en los brazos adecuados

En un mundo ideal cualquiera que quisiese podría recibir la vacuna y en los Estados Unidos es previsible que para el verano de 2021 pudiera hacerlo, pero en otras partes del mundo llevará mucho más tiempo y como dice la Organización Mundial de la Salud “la pandemia no acabará hasta que no haya acabado en todo el mundo”. Tampoco debemos confiar en vacunar únicamente al 60%-70%, tal como predicen los modelos matemáticos para alcanzar la inmunidad comunitaria, ya que hay que conocer qué protección confieren las vacunas y durante cuánto tiempo. Y pudiera ser posible que llegar a esa meta no dependiera solo del número de personas a vacunar, sino de vacunar a la población correcta. Para parar la expansión del virus hay que ser “quirúrgico”, es decir, vacunar a los que más transmiten y a los superdiseminadores, si fuera posible identificarlos. Por su parte, otras opiniones favorecen la vacunación de los muy mayores, de los maestros y de aquellos con comorbilidades significativas como la manera más rápida hacia una vida más normal.

Vacunando a las embarazadas

Las farmacéuticas son reacias a ensayar las vacunas en embarazadas y esta situación puede repetirse con las de la COVID-19. El asunto es que de los sanitarios de primera línea de los Estados Unidos, tres cuartos son mujeres y la mayoría de ellas en edad fértil. Los CDC estiman que aproximadamente unas 330.000 sanitarias bien están embarazadas o están lactando. La pregunta es: ¿son las vacunas seguras para este subgrupo de sanitarias? Ni siquiera hay experiencia previa para extrapolar, ya que las vacunas de Moderna y de Pfizer/BioNTech serán las primeras de ARNm en autorizarse. El American College of Obstetricians and Gynecologists es de la opinión de ofertar la opción de vacunarse: no la recomendarían pero el estar embarazada no lo impediría.

Vacunar a los niños

Al igual que con las embarazadas no hay estudios en niños aunque hay que tener presente que, afortunadamente, no enferman ni tanto ni tan gravemente como algunos adultos. Aun así, no están exentos de riesgos. Pfizer/BioNTech está reclutando a niños de doce o más años y Moderna Inc. planea un estudio con 3000 adolescentes de 12 a 18 años (TeenCove). Hace falta una vacuna, pero no es una cuestión de urgencia. Quizás haya que esperar a futuras vacunas no tan reactogénicas como las próximas a utilizar, ya que es plausible que los efectos adversos sean más intensos en los niños.

Obteniendo respuestas sobre la transmisión

Una de las cuestiones clave de las actuales vacunas es si evitarán la infección o si evitarán que la persona ya infectada inicie una respuesta inmune que enferme. La distinción no es baladí. Si los vacunados no muestran signos de enfermedad pero están infectados y emitiendo virus, estarán contribuyendo a la diseminación del virus a otras personas no vacunadas. El asunto es de capital importancia a la hora de cuándo podremos volver a la normalidad plena. Es absolutamente necesario conocer si las vacunas van a interrumpir la transmisión, de la que dependerá en gran medida la inmunidad de rebaño. Lo que se espera, hasta ahora, es que si no esterilizan por completo el aparato respiratorio es que al menos disminuyan la transmisión. Otros incluso apuntan a que esa excreción vírica podría generar una respuesta booster en vacunados.

Lo que quedaría por conocer

En primer lugar la efectividad en condiciones reales de uso y en todo tipo de poblaciones. La duración de la protección es otra incógnita ya que hasta ahora el seguimiento es de dos meses tras la vacunación y por otras parte, ya se describen reinfecciones, escasas hasta la fecha. ¿Tendrán la misma duración todas las vacunas? La seguridad es otro punto pendiente ya que, aunque con un reclutamiento de más de 30.000 personas (la mitad con placebo), no se garantiza que las vacunas tengan efectos adversos muy infrecuentes pero graves.

Si hacen falta recuerdos, ¿podrían hacerse con vacunas distintas a las utilizadas en primovacunación?

Estas preguntas se resolverán con el tiempo y mediante estudios, una vez aprobadas las vacunas, que no serán precisamente ensayos clínicos controlados, en los que habrá que confiar para encontrar las respuestas.

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

Prohibida la reproducción total o parcial de esta información sin citar su fuente




Vacunando frente a la COVID-19 en el Reino Unido

Editorial de British Medical Journal con el sugerente subtítulo en relación a la inminente campaña de vacunación frente al SARS-CoV-2 en la primaria del Reino Unido: la atención primaria lo puede hacer pero precisa de apoyo extra para hacerla rápida, segura y efectiva.

La pandemia ya se ha cobrado más de 50.000 muertes, ha distorsionado los servicios de salud y ha aumentado el desempleo y la deuda de dicho país. Tras los fallos del gobierno a la hora de implantar una política de tests, seguimiento y aislamientos, la vacunación masiva nos ofrece la mejor manera de controlarla. Es fundamental que se implante bien el programa de vacunación y que evite los muchos errores cometidos hasta ahora en respuesta a la misma. La atención primaria debe ser el corazón de la estrategia de vacunación ya que la medicina de familia está incrustada en las comunidades, es de fácil acceso y goza de la confianza del público, pero una década de poca inversión ha provocado graves déficits de médicos en dicho nivel asistencial, ha sobrecargado los equipos y ha reducido la capacidad de responder a nuevos retos. En definitiva, resulta fundamental que con carácter inmediato el gobierno adopte medidas para reducir la presión en primaria.

Se precisa financiación adicional para disponer de nuevos puntos de vacunación, para proporcionar dispositivos de transporte y almacenamiento de vacunas y para acometer el coste de la administración de vacunas de las personas mayores, bien en residencias o en sus propios domicilios. Adicionalmente, se precisa extra-financiación para entrenar al personal vacunador y para proporcionar soporte administrativo, pero teniendo en cuenta que se deben mantener todos los programas preventivos en curso, como las vacunaciones del niño y del adulto.

Especial atención merece la logística. Se dispondrá, en primera instancia, de dos vacunas distintas. Una de adenovirus de chimpancé que logísticamente es manejable y otra de ARN mensajero que, por el contrario, tiene una logística muy complicada por lo especial de su conservación. Es probable que precise de grandes centros de vacunación que puedan manejar un alto flujo de pacientes.

A medida que se generaren de más datos de seguridad y eficacia, el Gobierno debería centrarse en disponer de menos tipos de vacunas para simplificar el programa, los costes y asegurar, de esa manera, que todos los vacunados recibieran dos dosis de la misma vacuna en su momento. Al desconocer la duración de la protección conferida por la vacuna, quizás se precisen dosis de recuerdo y, para ello, es necesario un buen sistema de recaptación electrónica en los equipos de primaria.

Será de primordial importancia el seguimiento de los fallos de vacunación y de la seguridad, que deberá llevarse a cabo en esos dispositivos. 

Asimismo, debe asumirse y hacerse efectivo con diligencia y prontitud el coste completo necesario para proporcionar un programa de vacunación rápido, integral y exitoso que, en última instancia, llegue a toda la población y que por fin permita algo parecido a la vuelta a la vida normal.

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

Prohibida la reproducción total o parcial de esta información sin citar su fuente




Los anticuerpos neutralizantes y la protección frente al SARS-CoV-2

Esclarecedor artículo publicado en Journal of Clinical Microbiology en el que se describe un brote de COVID-19 con una alta tasa de ataque (superior al 85%) en un barco de pesca de los Estados Unidos, en el que por vez primera se asocia la existencia de anticuerpos neutralizantes con la protección frente a la reinfección.

Se trata de un análisis retrospectivo del brote en un pesquero que zarpó de Seattle, Estado de Washington, en el que a casi la totalidad de los tripulantes se les realizó tests séricos previos a la partida, lo que permitió conocer si la inmunidad preexistente se correlacionaba con la infección en el brote. Esos tests consistieron en una PCR y en una detección de anticuerpos frente a la nucleoproteína (N) realizados uno o dos días antes de zarpar.

La tripulación estaba constituida por 122 personas (113 hombres y 9 mujeres) y se dispuso de datos de PCR y serología en 120 miembros de la tripulación. Ninguno resultó positivo a la PCR y seis fueron positivos a la IgG frente a N (Abbott Architect). Una vez conocida la existencia del brote se reanalizaron esas seis muestras para caracterizar la actividad neutralizante y anti-S del suero. De éstas, tres tenían una potente actividad neutralizante frente a la glucoproteína S, en valores similares a los de los humanos infectados por SARS-CoV-2, y también disponían de IgG frente a S y frente al receptor binding domain (RBD). El suero de los otros tres seropositivos a N carecían de actividad neutralizante por lo que se interpretaron como falsos positivos o como infecciones asintomáticas anteriores.

A los 18 días el barco regresó a puerto tras enfermar de COVID-19 un miembro de la tripulación, con PCR positiva, que precisó hospitalización. Se practicó PCR a los 122 tripulantes y serología (Abbott Architect) a 114, entre ese mismo día y el día 50. De los 118 con resultados de la PCR en la semana del regreso, 98 positivizaron la PCR y además fueron positivos al test Abbott Architect.En tres miembros más se positivizó la PCR en los diez días siguientes. Entre los 21 tripulantes que nunca tuvieron PCR y Abbott Architect positivos, tres seroconvirtieron a este último y positivizaron la PCR durante el seguimiento, considerándose como infectados durante la travesía. El brote lo causó un único clade.

Ninguno de los tres sujetos con actividad neutralizante del suero previo a la partida se infectó durante la travesía. Por el contrario, se infectaron 103 de los 117 que carecían de ellos en la serología prepartida, con una diferencia significativa (P=0.002) entre ambos grupos, lo que indicaba que los anticuerpos neutralizantes preexistentes se asocian con protección frente a la infección por SARS-CoV-2. Estos tres individuos fueron PCR negativos en tres o más tomas de muestras (hasta el día 36).

Los autores concluyen que aunque no se puede asegurar que la protección provenga en exclusiva de los anticuerpos neutralizantes y que quizás otra rama de la respuesta inmune, células T, puedan jugar un papel protector, una tasa de ataque superior al 85% en la tripulación y la ausencia significativa de infección en tres individuos con anticuerpos neutralizantes proporciona una evidencia directa de su papel protector.

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

Prohibida la reproducción total o parcial de esta información sin citar su fuente




¿De verdad que los perros pueden diagnosticar la COVID-19?

Interesante artículo aparecido en Nature en el que se aborda un tema ya tratado en esta web: ¿pueden los perros diagnosticar la COVID-19? Los investigadores piensan que pueden detectar las infecciones por coronavirus con notable precisión, pero hacen falta estudios a gran escala antes de que constituyan un arma significativa como ayuda diagnóstica. Los resultados preliminares son intrigantes pero prometedores. Si se demostrara esa habilidad sin ningún género de dudas, supondrían una valiosa ayuda en el control de la pandemia ya que pueden escanear cientos de personas en una hora en lugares muy concurridos (aeropuertos, estadios…), siendo, además, más baratos que los métodos tradicionales de diagnóstico.

El pasado tres de noviembre se celebró un taller de trabajo on-linecon zoólogos, International K 9 Team, con el objetivo de compartir los resultados preliminares de sus investigaciones e intentar mejorarlas. No se dijo que pudieran reemplazar a una PCR, pero sí que sus habilidades y aplicaciones en determinados contextos podrían ser muy prometedoras. Las fosas nasales de los perros tienen 300 millones de receptores olfativos mientras que los humanos “solo” tienen cinco o seis millones. Ese hecho les permite detectar minúsculas concentraciones de olores, inaccesibles para el humano, de manera que pueden identificar, entre otras, partículas contenidas en armas de fuego, explosivos y drogas. Además, algunos perros están entrenados para detectar algunos tipos de cánceres y la malaria.

Los investigadores desconocen qué es lo que huelen, pero muchos sospechan que en algunas enfermedades se emiten al ambiente unos compuestos orgánicos volátiles que rápidamente se evaporan para crear un olor que es detectado por los canes. A este respecto algunos trabajos sugieren que algunas infecciones víricas pueden actuar de una manera similar.

Como ya se comentó, los aeropuertos de los Emiratos Árabes Unidos, Finlandia y Líbano ya utilizan perros para detectar COVID-19 en el sudor y comparan los resultados con las técnicas convencionales de diagnóstico. Según los datos presentados en International K 9 Team, los perros de Finlandia y del Líbano han identificado casos antes de que los detectaran las pruebas biológicas. De hecho, en ese último aeropuerto, dos de los 18 perros adiestrados cribaron a 1.680 pasajeros y encontraron 158 casos de COVID-19 que luego fueron confirmados por PCR. Identificaron correctamente los resultados negativos con una precisión del 100% y el 92% de los casos positivos.

Hasta ahora solo se ha publicado en revistas científicas revisadas por pares un estudio piloto en el que se aborda el asunto, comprobándose que los perros identificaron al 83% de los casos positivos y al 96% de los negativos.

Un grupo francés, en un artículo preprint aparecido el pasado junio, entrenó a ocho perros para detectar la infección en 198 muestras de sudor, la mitad de las cuales procedían de personas con COVID-19. Los perros pudieron identificar las muestras positivas entre el 83% y el 100% de las veces. No obstante, hay que tener presente la variación entre los perros: dos perros identificaron al 100% de las muestras positivas mientras que otro perro falló 10 de 57 casos.

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

janavarroalonso@gmail.com

Prohibida la reproducción total o parcial de esta información sin citar su fuente