Acabar con el caos uniendo fuerzas

19/04/2020

Con el objetivo de acabar con la duplicación de esfuerzos tendentes a conseguir tratamientos efectivos y vacunas seguras y efectivas frente al SARS-CoV-2 y para poner orden frente al actual caos, los National Institutes of Health (NIH) de los Estados Unidos y las grandes compañías farmacéuticas han anunciado un plan para establecer etapas en la realización de ensayos clínicos de fármacos y de vacunas en el que se decida conjuntamente cuales suponen que constituyen la más alta prioridad para probar y desarrollar.

La asociación público-privada, según lo recoge la revista Science, incluye a los NIH y otras agencias gubernamentales, a 16 compañías farmacéuticas y a la organización sin ánimo de lucro Foundation for the National Institutes of Health. Los encuentros entre las partes comenzaron a mediados de marzo y acordaron como meta el desarrollar una “estrategia internacional” para la investigación sobre COVID-19, aunque en primera instancia podría calificarse primariamente como un esfuerzo centrado en los Estados Unidos. La iniciativa lleva por nombre “Accelerating COVID-19 Therapeutic Interventions and Vaccines, (ACTIV)” y propone hacer un uso eficiente de los fondos del NIH y de sus agencias asociadas mediante un trabajo de sinergia con las Compañías para evaluar los datos producidos por los primeros candidatos para de esa manera seleccionar aquellos que sean los más prometedores. De esa manera se evitaría la promoción de ciertos tratamientos potenciales que algunos investigadores han promocionado como efectivos en base a ensayos pobremente diseñados. Se trata, en definitiva, de disponer de los mejores estándares de investigación.

Según el Acuerdo, las diez iniciativas mejor valoradas tendrían la prioridad para la asignación de los 1.800 millones de dólares que el Congreso de los Estados Unidos ha destinado a la investigación de COVID-19 como parte de la recuperación postpandémica. Una vez que el ACTIV comience a coordinar los ensayos clínicos sería más fácil iniciarlos, finalizarlos o rediseñarlos focalizándose en los más prometedores. De momento, no se han abordado las cuestiones relativas a la titularidad de la propiedad intelectual y el precio de cualquier nuevo tratamiento desarrollado al amparo de esta colaboración público-privada.

Este “partenariado” se ha extendido a otros países como el Reino Unido por medio del proyecto RECOVERY liderado por la Universidad de Oxford por el que se están ensayando diversos fármacos en cerca de 100 pacientes de 132 hospitales del National Health Service. Se prevé colaboración entre los dos países mediante la inclusión de representantes para eliminar la posibilidad de evitar duplicaciones.

En el proyecto ACTIV no está representada la OMS que tiene en SOLIDARITY su propio proyecto. Su responsable científica comentó a Science que en lo que respecta a las vacunas, la OMS está mejor posicionada para coordinar sobre el terreno con su grupo de expertos recién constituido. Ello no obsta para que exista una coordinación entre NIH y OMS, especialmente para asegurar una participación equitativa en la realización de los ensayos clínicos.

 

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Proyectando la dinámica de transmisión del SARS-CoV-2 durante el período pospandémico

18/04/2020

En su apartado de “Perspectives” en la revista The Lancet y en su edición de 18 de abril se publica una entrevista con la viróloga de la Universidad de Oxford y del Jenner Institute, Sarah Gilbert, que es la responsable del desarrollo de la vacuna frente al COVID-19 que vehiculiza la espícula S del virus producida por técnicas de ADN recombinante en un vector de adenovirus no replicante.

En la entrevista, la investigadora enfatiza en que la idea de que la vacuna prototipo en la que trabaja es que desencadene una respuesta mayoritariamente celular de linfocitos T en lugar de confiar exclusivamente en las respuestas humorales, de manera similar a lo que ya han conseguido con los prototipos frente al virus Zika y al M.E.R.S. Piensa que estas plataformas resultarán muy útiles para el desarrollo de la vacuna frente al SARS-CoV-2. En el cronograma tiene previsto haber vacunado a quinientos voluntarios para mediados de mayo y según los resultados ampliar la muestra a los de 55 a 70 años o más. En el mejor escenario que vislumbra es comenzar con evaluar los datos de eficacia para el otoño de 2020 y simultáneamente comenzar con la producción de la vacuna a gran escala.

En el contexto de compartir conocimientos en paralelo a los esfuerzos en conseguir una vacuna, es esencial que todos los prototipos de vacunas midan de la misma manera las respuestas inmunes postvacunales para garantizar la comparabilidad y la generalización de los hallazgos. Se muestra convencida en que se verá un espíritu de colaboración y cooperación nunca visto y auspiciado por la O.M.S.

Esta o cualquier otra vacuna que llegue a comercializarse y a distribuirse a escala mundial reducirá la duración e intensidad del distanciamiento social necesario para mantener el control de la epidemia de COVID-19 ya que ayudaría a acelerar el “acúmulo” de inmunidad en la población y a evitar la sobrecarga de los cuidados críticos.

Según investigadores de la Harvard T.H. Chan School of Public Health de Boston, entre los que se encuentra Marc Lipstich, si se hubieran producido muchas infecciones asintomáticas, la vacunación masiva ayudaría a alcanzar con mayor prontitud el umbral de la inmunidad comunitaria, tal como se recoge en un artículo de 14 de abril publicado en la revista Science. Los firmantes del trabajo identifican los factores determinantes de la dinámica del COVID-19 que los desglosan en víricos, ambientales e inmunológicos que, combinados con los factores sociales, les pueden permitir elaborar modelos matemáticos que predigan escenarios potenciales para la transmisión del virus en los periodos pandémicos y post-pandémicos. Adicionalmente, podrían identificar los datos clave para conocer cuál o cuáles de los escenarios son los más plausibles.

En cuanto a los factores inmunológicos los autores desarrollan varios supuestos sobre los posibles escenarios de transmisión del virus en función de la duración de la inmunidad conferida por el padecimiento del COVID-19 y la potencial inmunidad cruzada con otros betacoronavirus humanos, HCoV-OC43 y HCoV-HKU1.

Concluyen que la incidencia de la enfermedad para los próximos cinco años, tras el actual brote, dependerá si va a “estacionalizarse” y ello dependerá primariamente de la duración de la inmunidad tras la infección.

 

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Declaración de la Global Polio Eradication Initiative de la Organización Mundial de la Salud respecto del uso de la vacuna oral frente a la poliomielitis en la prevención del COVID-19

17/04/2020

Se dispone desde hace años de “señales” experimentales procedentes de varios estudios que abordan los efectos inespecíficos de la vacuna oral frente a la poliomielitis sobre el sistema inmune, aunque no se han llegado a caracterizar con precisión por lo que se desconoce su relevancia clínica.  Como previamente se ha comentado en otras noticias de esta Sección estos efectos no se limitan a la vacuna antipoliomielítica, sino que se comparten con otras vacunas atenuadas, no inactivadas, como la BCG. Se desconoce el mecanismo exacto de esos efectos aunque los ensayos clínicos con esas vacunas podían comenzar ya al estar comercializadas y disponer de un excelente perfil de seguridad. De hecho, ya se encuentran en marcha varios ensayos clínicos ad hoc.

Hasta la fecha no se dispone de evidencias de que la vacuna oral frente a la poliomielitis proteja a la población frente al COVID-19 aunque se está planificando un ensayo clínico en los Estados Unidos para abordar esta cuestión. Entretanto no se disponga de evidencias sólidas, la Organización Mundial de la Salud no recomienda el uso de esa vacuna para prevenir el COVID-19 y la sigue recomendando como parte esencial de los servicios de vacunación, para evitar la poliomielitis como parte de los esfuerzos de la erradicación.

En la línea del uso de vacunas comercializadas para evitar el COVID-19, ya en esta sección se ha tratado el asunto de la BCG. Ahora la Organización Mundial de la Salud comunica que esa vacuna evita las formas graves de tuberculosis en la infancia y que el desvío de las dosis habilitadas en puestos de vacunación para ese fin podría resultar en que los neonatos no puedan vacunarse lo que incrementaría los casos de enfermedad y los fallecimientos por tuberculosis.

En ausencia de evidencias, la OMS no recomienda la vacuna BCG en la prevención del COVID-19 y sigue recomendando su uso en países o áreas de alta incidencia de esa enfermedad.

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La inmunidad tras el padecimiento del COVID-19 y su utilidad para una futura vacuna protectora

16/04/2020

En una entrevista realizada al Dr. Marc Lipstich por The New York Times y reproducida en Nature Briefing se le plantea la pregunta: ¿Quién es inmune al coronavirus?

El Dr. Lipstich es uno de los más reconocidos epidemiólogos en enfermedades infecciosas y desarrolla su actividad profesional en el Department of Epidemiology and Immunology and Infectious Diseases at Harvard T.H Chan School of Public Health.

Se parte de la premisa que dice que la presencia de anticuerpos indica que una persona ha estado expuesta al virus, ¿pero necesariamente significa que esa persona es inmune a la reinfección? Hasta ahora lo poco que se conoce procede en gran parte de los coronavirus que cada año provocan infecciones respiratorias generalmente banales. Tras estas infecciones en humanos se ha comprobado que tras un challenge con un virus similar, un año más tarde, estaban plenamente protegidos, mientras que la protección era parcial en un challenge con un virus ligeramente distinto. También hay experiencias con el SARS-CoV-1 y con el MERS. En la primero se detectaron anticuerpos neutralizantes a los dos años de la infección y tres en el caso del segundo patógeno, pero la cinética de los mismos mostró una clara disminución a lo largo del seguimiento. Conviene tener presente que en ambas patologías no se han llevado a cabo challenges con virus salvajes para correlacionar protección vs anticuerpos.

En lo concerniente a los SARS-CoV-2 solo se dispone, hasta la fecha, de los datos de una publicación preprint y no revisada por pares (Bao L et al. medRxiv) en la que se observó que los monos rhesus infectados y curados no recayeron tras un challenge con virus salvaje, lo que a juicio de los autores supondría cierto nivel de inmunidad protectora. La pregunta que se hacer los autores es si esa experiencia es aplicable al humano, o en otras palabras, ¿los infectados por SARS-CoV-2 estarán protegidos frente a reinfecciones?, ¿hasta cuándo?

A ese interrogante se añadiría el que según otra publicación preprint (Wu F et al. medRxiv), el 70% de los infectados generan una respuesta potente de anticuerpos, pero en el 25% la respuesta es baja y en alrededor del 5% no se detectan anticuerpos. Las preguntas que surgen serían: la enfermedad leve ¿proporciona plena protección?, ¿conocemos la respuesta inmune de los casos asintomáticos? y, en definitiva: ¿la gravedad del cuadro clínico predice si una persona será inmune frente a la reinfección? o ¿solo frente a la enfermedad grave?, ¿hasta cuándo? Surgen otras al hilo de estas cuestiones: ¿hay posibilidad de reinfecciones?, ¿serán igual de contagiosas como las primoinfecciones?

La entrevista finaliza con un tema recurrente en algunas enfermedades causadas por flavivirus. ¿Cabrá la posibilidad de que la inmunidad al SARS-CoV-2, natural o adquirida, pueda exacerbar la infección/reinfección en lugar de evitarla o mitigarla?, o lo que es lo mismo: ¿los vacunados podrían experimentar un fenómeno de Antibody Dependent Enhancement al exponerse al virus salvaje?

El autor concluye con su deseo de disponer con urgencia de más ciencia sobre este nuevo virus, lo que haría que todo lo expuesto quedara obsoleto en un corto plazo de tiempo.

 

 

 

 

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Declaración pública de colaboración sobre el desarrollo de la vacuna COVID-19

15/04/2020

En la revista Nature Reviews Drugs Discovery se publica un artículo titulado The COVID-19 vaccine development landscape en el que con fecha 9 de abril se pasa revista al panorama relativo a las diferentes vacunas que han entrado en fase I de ensayos clínicos o que pudieran entrar en poco tiempo.

Con esa fecha había 115 vacunas candidatas de las que 78 eran proyectos activos y confirmados y 37 estaban sin haberse podido determinar su estado). De los 78 activos, 73 se encontraban en fases exploratorias o preclínicas. Las cinco en fase I eran las de mARN de Moderna, la Ad5-nCoV de CanSino Biologics, la INO-4800 de Inovio, y las dos del Shenzen Geno-Immune Medical Institute la LV-SMENP-DC y la Pathogen-specific aAPC. El país con mayor representación son los Estados Unidos de Norteamérica con 36 firmas, seguida de la República Popular China con 14, 14 en Asia y Australia y 14 en Europa. Las distintas plataformas utilizadas podrían ser más convenientes según qué circunstancias: las de ácidos nucleicos ofrecen una gran flexibilidad en términos de manipulación del antígeno y rapidez de fabricación, mientras que las basadas en vectores víricos ofrecen un nivel alto de expresión proteica, de estabilidad a largo plazo y potentes respuestas inmunes; por su parte las basadas en técnicas recombinantes se aprovecharían de una producción a gran escala al utilizarse ésta para otras vacunas ya comercializadas.

Los autores de la revisión llaman la atención sobre el papel de los adyuvantes (MF-59, AS03, CpG1018 de Seqirus, GSK y Dynavax, respectivamente) que ayudarían a disponer de mayor número de dosis sin perder inmunogenicidad y sobre la seguridad de las vacunas candidatas en relación al Antibody Dependent Enhancement ya observado en el desarrollo de las vacunas frente al SARS. Finalizan con una llamada a la cooperación estrecha entre la industria fabricante de vacunas, los reguladores, los políticos, los patrocinadores económicos, la salud pública y los gobiernos para que se disponga con rapidez de una vacuna frente al COVID-19 en cantidades suficientes y equitativamente distribuida a todas las áreas afectadas y muy especialmente a las de bajos recursos económicos.

En relación también a las vacunas frente al SARS-CoV-2 la Organización Mundial de la Salud ha publicado un documento titulado Public statement for collaboration on COVID-19 vaccine develpoment en el que científicos, médicos, donantes y fabricantes han constituido un grupo de colaboración, coordinado por la OMS, con el objetivo de ayudar a acelerar la disponibilidad de una vacuna. Entre los firmantes se encuentran Rafael Delgado del Hospital 12 de Octubre de Madrid, Luis Enjuanes del Centro Nacional de Biotecnología, Adolfo García Sastre de la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, Federico Martinón del Hospital de Santiago de Compostela, Isabel Sola Centro Nacional de Biotecnología y César Muñoz Fontela del Bernhard-Nocht-Institute for Tropical Medicine de Alemania.

 

 

Evidencia preliminar de que la vacuna MMR podría proporcionar protección contra COVID-19

12/04/2020

En la línea de las recientes prepublicaciones que sugieren una ligazón entre la vacuna Calmette-Guerin (BCG) y la posible adquisición de una inmunidad inespecífica frente al COVID-19, investigadores de la Universidad de Cambridge y de la de Luton & Dunstable, también en una “prepublicación aun no revisada por pares”, aventuran la hipótesis de que la vacuna triple vírica no evitaría la infección, pero sí podría mejorar el desenlace clínico de la infección por SARS-CoV-2 en los ancianos. Apoyan su hipótesis en tres líneas de evidencia: a) la homología de dominios proteicos entre el virus pandémico (coronavirus) y los virus vacunales de sarampión y parotiditis (paramixovirus) y rubeola, b) la inmunidad debida a la vacuna triple vírica y el riesgo de mortalidad por el SARS-CoV-2. Para ello analizaron los datos de introducción de la vacuna, las coberturas y la mortalidad por COVID-19 de Italia, España y Alemania desglosadas por edades, y c) el análisis de los títulos de anticuerpos IgG e IgM antirrubeola en pacientes de COVID-19. Comprobaron como los pacientes con cuadros clínicos más graves tenían unos niveles aumentados de IgG antirrubeola, no los IgM, en comparación con aquellos cuya clínica era menos grave, lo que sería consistente con la hipótesis de que los pacientes están respondiendo específicamente al SARS-CoV-2 al identificar éste la homología aminoácida con el virus vacunal rubeólico.

Reconociendo las múltiples limitaciones del estudio ecológico, los autores apuntan a que los datos preliminares podrían apoyar la hipótesis de que la vacuna de rubeola proporcionaría protección frente a una clínica grave. No obstante, advierten de que sería necesario un estudio que utilice datos individuales que permitan comparar el estado inmune frente a los tres virus y la población afectada, así como conocer ese status y la gravedad de la enfermedad en los jóvenes infectados.

 

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Si llega una vacuna frente al coronavirus, ¿habría suficiente cantidad para todo el mundo?

11/04/2020

En la sección de “News” de la revista Nature se plantea la pregunta clave: “en caso de disponer de una vacuna frente al SARS-CoV-2, ¿habría suficiente cantidad para todo el mundo?

Mediante entrevistas a destacados investigadores se intentan resolver las grandes dudas derivadas de la pregunta. Un aspecto crítico es si la producción de la vacuna pandémica interferirá con la producción de las vacunas de uso rutinario del tipo de la antigripal o la triple vírica. Respecto al reparto, la OMS se ha comprometido a que haya un reparto equitativo, pero ¿cómo lo puede hacer?, ¿cómo puede forzar a un país productor de la vacuna a que la exporte a otros países? En este sentido algún entrevistado recuerda el caso de Australia y la vacuna frente a A/H1N1pdm. El aspecto financiero también sería clave: ¿qué gobiernos o compañías farmacéuticas invertirían en el proyecto? Se abordan, en última instancia dos aspectos cruciales: el papel de las organizaciones filantrópicas y la manera de adquisición de vacunas.

En cuanto al primer punto, la Fundación Bill y Melinda Gates propone construir las instalaciones de producción simultáneamente con el desarrollo de los ensayos clínicos, y en cuanto al segundo se propone una estrategia de adquirir compromisos de compra “a la avanzada”, que ha funcionado para que la Global Alliance for Vaccines and Immunization pudiera introducir la vacuna antineumocócica conjugada en países de baja renta.

 

 

La pandemia de COVID-19 se extiende por África

10/04/2020

La Organización Mundial de la Salud ha mostrado su preocupación en un reciente informe en relación a la situación del COVID-19 en Africa ya que aumenta el número de países a los que ya ha llegado el virus.

Entre los 47 países que conforman la Región africana de la OMS, cerca del 60% ya han registrado casos en varias localizaciones cuando dos semanas atrás solo eran un 21%. En al menos 16 ya hay clusters de casos y diseminación en la comunidad. El Director Regional ha abordado el reto que supone la llegada del virus a áreas rurales que disponen de muchos menos recursos que los centros urbanos. Sumando los recursos de 43 países hay menos de cinco puestos de cuidados intensivos por cada millón de habitantes y en 41 países hay menos de 2000 dispositivos de ventilación mecánica. Un análisis preliminar ha mostrado que el 55% de los fallecidos eran mayores de sesenta años mientras que solo suponen el 16% del total de casos. La OMS, junto a Naciones Unidas y a UNICEF, entre otros, proporciona apoyo técnico y logístico y en los próximos días mandará a treinta países un millón de mascarillas donadas por la República Popular China y equipos de protección personal para que cada uno de ellos pueda tratar a cien pacientes.

En un manuscrito aceptado para su publicación en Clinical Infectious Diseases sus autores han abordado la importancia de la mitigación de la diseminación pan-continental a la vista de los frágiles sistemas de salud.

 

 

 

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“Una vacuna es la única estrategia para que no se paralice la economía mundial como consecuencia del COVID-19”

8/04/2020

En una entrevista al Chief Executive Officer de la Coalition for Preparedness Epidemic Innovations (CEPI) aparecida en STAT News, Richard Hatchett ha dejado claro que el disponer de una vacuna es la única estrategia para que no se paralice la economía mundial como consecuencia del COVID-19, pero también ha advertido que el desarrollo de la misma no será barato.

Hasta la tercera semana de enero la Coalición había firmado acuerdos de cooperación con tres farmacéuticas que posteriormente pasaron a ocho y ya hay dos más en camino. Actualmente ya ha recaudado 660 millones de dólares pero el objetivo es el disponer al menos de dos mil millones. Para ello apelan a los líderes políticos para que comprendan que acelerar el desarrollo de la vacuna es la única estrategia para dejar con atrás, con éxito y rápidamente, esta pandemia y sus consecuencias.

Una dificultad a tener en cuenta y a solventar viene de la desincentivación de algunas firmas farmacéuticas cuando invirtieron grandes cantidades de dinero desarrollando prototipos de vacunas para el Zika y el Ebola. Richard Hatchett especula con la idea de disponer a corto plazo de grandes cantidades de vacuna para poder inmunizar a mucha población mundial en muy poco tiempo, de manera que en tres o cuatro años se pueda vacunar a cinco o incluso siete mil millones de personas. Para incentivar a las compañías una fórmula sería el habilitar compromisos de adquisición de carácter mundial con varias compañías e incluso comenzar con la manufactura globalizada y a gran escala antes de conocer que la vacuna va a funcionar. Ello implicaría disponer de un ingente compromiso de recursos económicos que podría situarse alrededor de los treinta mil millones de dólares.

 

 

 

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Mortalidad atribuible a Covid-19 y uso de la vacuna BCG

7/04/2020

Al hilo de una noticia publicada días atrás en esta misma sección en relación a la vacuna BCG y la menor mortalidad por COVID-19, se ha publicado en medRxiv con fecha 1 de abril, también si revisar “por pares” un artículo firmado por investigadores de la Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health en el que utilizando datos accesibles al público construyeron un modelo de regresión logística para evaluar el uso de la vacuna BCG y la mortalidad atribuible al COVID-19 por millón de habitantes y tras ajustar por el producto interior bruto de los países, por la proporción de ancianos en la población y por el tiempo transcurrido desde que registraron cien o más casos, y tras clasificarlos como de baja, media y alta renta económica, encontraron como la mortalidad atribuible en países con vacunación sistemática con BCG era 5.8 veces menor (1.8-19.0) que la encontrada en países que no vacunaban.

Los autores, siendo conscientes del amplio número de limitaciones de su estudio ecológico, como el bajo número de test en países de baja renta, los sesgos en los diagnósticos de caso, las distintas comorbilidades, los factores genéticos, los distintos sistemas sanitarios y el posible incremento del número de casos a lo largo de la evolución de la pandemia, estiman que sus “intrigantes observaciones ecológicas” justifican que con carácter inmediato se movilicen recursos para estudios prospectivos de intervención, especialmente en los países de baja renta.

 

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