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Ética y vacunación. Información a los ciudadanos

8/09/2006

AUTOR. Dra. Mª Lluisa Morató i Agustí
CARGO. Coordinadora Grupo Vacunas Germiap-semFYC

Actualmente el compromiso de los profesionales sanitarios con la población se inicia con las actividades preventivas, antes de que la persona enferme. La salud ha sustituido a la enfermedad como prioridad en la sanidad ambulatoria.

La aplicación de vacunas es probablemente una de las intervenciones médicas preventivas más eficientes (coste-beneficio) y su aplicación individual y sistemática ha conseguido que algunas enfermedades contagiosas dejen de serlo, siendo la única actuación médica que ha eliminado satisfactoriamente una enfermedad (la viruela a nivel mundial y en algunos países, la poliomielitis y el sarampión).

Los sanitarios debemos informar sobre la vacunación de una manera honesta, prudente y comprensible para la población general. Debemos explicar el beneficio que supone vacunar siguiendo las recomendación establecidas por las autoridades sanitarias y debemos informar de las reacciones adversas que se puedan presentar.

Esta información se puede llevar a cabo de una manera global, mediante campañas publicitarias en los medios de comunicación o individual durante la visita. Se debe incidir especialmente en la enfermedad de la que se hace la prevención.

Actualmente muchas de las infecciones para las cuales vacunamos han desaparecido en nuestro medio. No solo un ciudadano no ha visto nunca  alguna de estas enfermedades que hace pocos años eran muy frecuentes (por ejemplo el sarampión) sino que puede ocurrir que un médico joven sólo la conozca a través de los libros. Esto no debe impedir su información y las consecuencias de dejar de vacunar.

Ya que la vacunación individual también ha permitido que mejore la salud del grupo. Cuando la proporción de personas vacunadas es alta, se corta la transmisión de algunas enfermedades infecciosas y se consigue una protección colectiva que también protege al individuo que no ha iniciado o completado su vacunación.

Es esencial alcanzar y mantener este adecuado nivel de inmunidad – protección – colectiva para conseguir el bloqueo de la transmisión de la infección y más adelante, si ello es factible, alcanzar su eliminación y erradicación.

La vacunación es actualmente la mejor medida preventiva para vincular, de forma eficaz y al menor coste, la salud individual y la colectiva.

Para que esto sea cierto se deben cumplir unas condiciones en las que todos debemos implicarnos: ciudadanos, profesionales sanitarios y sus organizaciones profesionales y científicas, y la administración de política sanitaria. El vivir en sociedad implica tener unos derechos y obligarse a unos deberes para la mejor convivencia de todos los que forman parte de ella.

La administración sanitaria debe informar tanto a la población como a los sanitarios de las vacunas establecidas como sistemáticas en el calendario vacunal como de las no sistemáticas (no incluidas en el calendario vacunal). Debe establecer, actualizar y velar por el cumplimiento de dicho calendario; controlar la calidad de las vacunas; mantener una infraestructura que permita su correcto almacenamiento y su distribución a los profesionales sanitarios, para que éstos puedan administrarlas en los casos en sean indicadas, de una forma segura y eficaz.

Los sanitarios y sus organizaciones profesionales y científicas además de informar y administrar las vacunas, deben velar por su competencia profesional mediante múltiples instrumentos entre los que podemos incluir los programas de Formación Médica Continuada; debiendo garantizar a los ciudadanos una práctica médica adecuada a los estándares y éticamente correcta.

Se debe recomendar la vacunación en los casos en que estuviere indicada mediante una información veraz, transparente y todo lo amplia que la persona que la reciba solicite y pueda comprender. La comunicación es un camino de dos sentidos.

Debe ser un proceso en el que médicos, enfermeros y pacientes intercambien información y opiniones sobre el acto vacunal. Ha de ser significativa para que el ciudadano pueda tomar una decisión libre con fundamento. En general son decisiones sobre su propia salud pero que no afectan a los demás.

Sin embargo, en la decisión de vacunarse o no, hay una repercusión importante para la comunidad como ya hemos comentado. Individualmente, el riesgo de no vacunarse puede ser mínimo, pero si esta decisión (de no vacunarse), es adoptada por un número determinado de individuos, la inmunidad de grupo se puede poner en peligro y las probabilidades de un brote infeccioso devienen altas. Los profesionales han de ayudar a su paciente a cambiar sus miedos y dudas por información honesta y comprensible que sirva para mejorar su salud y la de los demás.

Los ciudadanos han de recibir información adecuada tanto de las ventajas como de los inconvenientes de cada vacuna y de las medidas para evitar o minimizar los efectos adversos. La vacunación en España no es obligatoria y el ciudadano puede oponerse a ella. No obstante, con la ayuda de los profesionales y de la administración sanitaria, debe reflexionar sobre su papel y sobre su responsabilidad en el mantenimiento y buen uso del sistema sanitario.

Ha de recibir el carné vacunal y debe considerarlo como una herramienta básica para el mantenimiento de su salud. El carné vacunal  evita la especulación sobre posibles vacunaciones en el pasado y los riesgos de demasiadas dosis.

No olvidar que la vacunación no acaba en la infancia!

Conductas recomendadas para una buena práctica en la Vacunación:

Los profesionales sanitarios tienen que:

  • Informar a los ciudadanos sobre la utilidad de la vacunación, tanto para proteger su salud, como la de terceros.
  • Conseguir la vacunación en los casos en que esté indicada.
  • Practicarla con diligencia, adoptando las medidas de seguridad e higiene necesarias.
  • Registrarla adecuadamente.

Los ciudadanos tienen que:

– Vacunarse en aquellos casos en que esté indicada una determinada vacuna.
– Llevar el carné vacunal para facilitar la información necesaria y su registro.

Los padres o tutores de menores tienen que:

– Autorizar su vacunación.
– Facilitarles el cumplimiento del calendario vacunal y su registro.

Las asociaciones profesionales y científicas sanitarias tienen que:

– Velar la competencia profesional de sus miembros.
– Garantizar a los ciudadanos una práctica adecuada y ética.

La administración sanitaria tiene que:

– Informar a los profesionales y a los ciudadanos de las vacunas disponibles.
– Garantizar su calidad, seguridad y disponibilidad.
– Indemnizar, si a pesar de todas las precauciones, se hubiera producido un daño que fuera consecuencia directa de la vacuna administrada.

Modificado de: Guía de actuación en la aplicación de las vacunas. Cuadernos de la Buena Praxis. Nº 14. COMB 2002.

Bibliografía

 – Morató ML, Batalla J, Bayas JMª, Benet J, Campins M, Martinez Pardo M, Mayer MA, Navarro M, de la Puente   ML, Ramos A, Rodrigo de Liria C. Guía de actuación en la aplicación de las vacunas. Cuadernos de la buena   praxis. Colegio oficial de médicos de Barcelona. Enero 2002. Nº 14.

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– Ley orgánica 3/1986. articulo 3 de medidas especiales en materia de salud pública.

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Seguridad vacunal. Todos sus porqués

8/09/2006

 

AUTOR. Dr. Luis Carlos Urbiztondo Perdices
LUGAR DE TRABAJO. Dirección General de Salud Pública. Departament de Salut. Generalitat de Catalunya.
CARGO. Jefe de la Sección de prevención de enfermedades infecciosas. Servició de Medicina Preventiva.
TITULACION. Médico especialista en Inmunología y en Medicina Preventiva y Salud Pública


“Imagine un mundo sin vacunas”
. Con esta frase comienza el último informe de la OMS sobre la “Situación de las vacunas y la inmunización en el mundo” publicado a finales del año 2002.

A continuación reflexiona sobre lo que las vacunas nos han aportado y no sólo en términos de salud sino también su repercusión en productividad, creatividad, posibilidades y bienestar.

Pero también nos recuerda que una gran parte de la humanidad, la cuarta parte de los niños del mundo, no tiene acceso a una vacunación adecuada y que aproximadamente tres millones de personas, en su mayoría pobres, mueren cada año por enfermedades prevenibles mediante vacunas principalmente en los países en desarrollo.

Al abordar el tema de la seguridad de las vacunas no debemos perder de vista esta perspectiva global de lo que las vacunas representan. Conviene que seamos conscientes de que nuestra salud y economía son mejores gracias a las vacunas antes de contestar a la pregunta:

¿Son seguras las vacunas?

Si por seguridad entendemos inocuidad total, que las vacunas no puedan causar ningún tipo de daño a ninguna de las personas vacunadas, entonces la respuesta es sencilla: ninguna vacuna es totalmente segura.

Por el contrario, si por seguridad nos referimos a la capacidad de proporcionar protección frente a un riesgo real, contra enfermedades que son difíciles de controlar por otros medios y que si no son evitadas ocasionan una gran cantidad de sufrimiento, incapacidades y muertes, en ese caso las vacunas son extraordinariamente seguras.

Las vacunas pueden contener gérmenes atenuados, inactivados o partes de ellos. A diferencia de otros fármacos cuando son administradas no producen su acción directamente, sino que ésta está mediada por el sistema inmunitario que ha de reconocer los antígenos vacunales, ser estimulado y desencadenar una respuesta que será la responsable de proporcionar la protección contra las enfermedades para las que se ha vacunado.

Además, gracias a la memoria inmunitaria, la respuesta protectora puede ocurrir mucho tiempo después de la administración de la vacuna, en el momento en el que el organismo se vea amenazado por los gérmenes causantes de la enfermedad.

El sistema inmunitario es complejo y las respuestas difieren de unas personas a otras. Cuando se desarrolla una vacuna, la vía de administración, la cantidad de antígeno, el número de dosis, los intervalos, etc. se estandarizan para conseguir que la inmensa mayoría de las personas vacunadas adquieran la protección deseada (se inmunicen) sin sufrir efectos adversos indeseados o que si éstos aparecen sean tolerables y se limiten a molestias leves y transitorias.

¿Son frecuentes las reacciones adversas?

Debido a la variabilidad entre las personas que se ha comentado anteriormente, la mayoría de los vacunados quedan inmunizados sin sufrir ningún tipo de molestia.

Algunos padecen molestias locales, como por ejemplo dolor, enrojecimiento e hinchazón, o generales, como fiebre moderada o malestar, que suelen ser leves y de intensidad moderada. En muy pocos casos se producen reacciones similares a las anteriores pero de mayor gravedad.

Por último, en raras ocasiones se presentan otras reacciones adversas postvacunales que pueden incluso representar un riesgo vital.

Además en un pequeño porcentaje de las personas vacunadas no se produce la respuesta adecuada y no se logra la inmunización. Esto se suele producir en personas con trastornos inmunitarios, en éstas incluso algunas vacunas, como las de gérmenes vivos atenuados, pueden resultar peligrosas y están contraindicadas.

¿Cómo se evalúa la seguridad de las vacunas?

Durante la etapa de investigación y desarrollo los productos candidatos a convertirse en vacunas han de someterse a una serie de pruebas que evalúan su seguridad y capacidad inmunizante (inmunogenicidad).

Cuando estas pruebas superan las fases de experimentación animal y se empiezan a realizar ya en seres humanos se conocen como ensayos clínicos. Estos constan a su vez de varias fases.

En la fase I se evalúa principalmente la seguridad, en la fase II se continúa evaluando la seguridad y se observa si se produce inmunización adecuada. Hasta aquí los estudios se efectúan en un reducido número de personas. Si los resultados son satisfactorios se pasa a la fase III, en ésta el número de inpiduos participantes es importante (miles de personas).

Siempre se compara la respuesta en un grupo de personas vacunadas respecto a un grupo control; todo ello mediante una metodología muy severa que permite evaluar de forma objetiva la seguridad, la inmunogenicidad y la eficacia de la vacuna.

Aunque solamente pueden comercializarse los productos que han tenido éxito en las fases anteriores, esto no significa que se deje de prestar atención a partir de entonces, la vigilancia continúa con los estudios de fase IV o de post-comercialización y también mediante sistemas de información sobre efectos adversos postvacunales.

Esto es importante porque dado el nivel de seguridad que actualmente se exige a las vacunas, eventos adversos extremadamente poco frecuentes que por razones metodológicas pueden pasar inadvertidos en los ensayos clínicos, se pueden detectar tras la comercialización cuando el número de personas vacunadas sea lo bastante grande como para que la probabilidad de presentación de reacciones muy poco frecuentes sea suficiente para que aparezcan.

Otro problema que se plantea al estudiar la seguridad de las vacunas es la rotundidad con que se puede asegurar que una reacción adversa observada tras la administración de una vacuna ha sido causada por ella, o, a la inversa, descartar la relación causal y asegurar que simplemente ha existido una asociación temporal debida al azar.

Cuando se trata de reacciones frecuentes, como por ejemplo la fiebre moderada que aparece en cierto porcentaje de niños después de algunas vacunaciones o de reacciones inflamatorias locales en el lugar de inoculación, la relación es fácil de establecer.

Conforme desciende la incidencia y se pasa a fenómenos que se presentan en algunos inpiduos de cada mil o diez mil vacunados se necesita recoger más información para poder tener conclusiones firmes. Si la frecuencia es extremadamente baja, algún caso de cada cientos de miles o millones de vacunados, el problema es más complejo y se necesita tal cantidad de información que es necesario aglutinar la procedente de distintos territorios o países para poder conseguir evidencia.

También ayuda a establecer relación de causalidad la existencia de una explicación médica plausible o la demostración analítica o experimental del fenómeno, aunque como es obvio este último aspecto tiene limitaciones éticas.

¿Cuáles son las vacunas más peligrosas?

Cada vacuna tiene unas características que resultan en un perfil de reactogenicidad característico que conocemos. Esta información nos permite establecer una serie de precauciones y contraindicaciones gracias a las cuales se pueden evitar las vacunaciones en las personas en las que exista riesgo.

Por ejemplo, es difícil predecir si un niño sano concreto tendrá una reacción inflamatoria en el punto de la inyección después de recibir una vacuna como la DTPa (contra el tétanos, difteria y tos ferina), aunque conozcamos el porcentaje de niños en los que ocurre.

En cambio es fácil evitar riesgos no vacunando contra la triple vírica (contra el sarampión, las paperas y la rubéola) a un niño inmunodeficiente en el cual la vacuna podría provocar una infección importante.

Por lo general conociendo los antecedentes clínicos del paciente y respetando las contraindicaciones se pueden evitar la mayoría de reacciones adversas, especialmente las más graves. Quizás con la única excepción de las reacciones alérgicas a algún componente vacunal, cuando aparecen por primera vez.

Paradójicamente el temor que en algunas personas provocan las vacunas no se debe a las reacciones adversas bien conocidas, establecidas y en un alto porcentaje de casos evitables. El rechazo no lo provoca tanto la posibilidad real de tener fiebre o malestar como el miedo a lo desconocido, a tener una reacción rara y peligrosa.

Entre las enfermedades que han sido atribuidas a las vacunas que han producido un mayor rechazo a la vacunación se pueden citar el autismo, la muerte súbita, la esclerosis múltiple, las alteraciones por sobrecarga del sistema inmunitario o la diabetes, en ninguna de estas enfermedades se ha demostrado responsabilidad de las vacunas.

En otras ocasiones la relación causa efecto no se descarta aunque no quede claramente demostrada, por ejemplo en la relación entre encefalopatía y las antiguas vacunas contra la tos ferina se admite un riesgo de un caso por aproximadamente un millón de vacunados.

Finalmente en algunos casos está demostrado que la vacuna puede causar enfermedades graves, como en el caso de la poliomielitis paralítica en personas vacunadas con polio oral o en contactos de los vacunados. Se produce aproximadamente un caso por millón de dosis de vacuna y es más probable en personas inmunodeficientes.

Como aquí casi no hay enfermedades ¿no es mejor no vacunar?

La única enfermedad erradicada en todo el mundo es la viruela y esto se consiguió gracias a la vacunación. Pasados unos años tras la confirmación de la erradicación se pudo dejar de vacunar ya que la enfermedad no existía. No obstante, en la guerra del golfo se han vacunado las tropas por el temor a que se utilizara la viruela como arma biológica.

La poliomielitis es la próxima enfermedad que se espera poder erradicar, pese a que la situación actual del mundo esta retrasando este objetivo. Si esto se consigue se deberá fundamentalmente a una vacuna que, como se ha mencionado, puede producir efectos adversos graves aunque afortunadamente poco frecuentes.

En España las enfermedades prevenibles por vacunas están bien controladas pero no han desaparecido. Por ejemplo el pasado año se produjo un brote de sarampión en Almería y recientemente se han incrementado los casos de rubéola en la comunidad de Madrid. Conviene recordar que han sido las vacunas las que han hecho prácticamente desaparecer estas enfermedades.

La situación de nuestro país es envidiable y debemos sentirnos orgullosos todos los implicados en el éxito: padres, enfermeras, médicos, administración sanitaria, etc. Sin embargo, no debemos de considerar este logro como algo irreversible, debemos mantener las coberturas de vacunación elevadas y mantener los sistemas de vigilancia. La experiencia nos ha demostrado en muchas ocasiones que si se deja de vacunar las enfermedades reaparecen.

Otro motivo para mantener la vacunación es que vivimos en un mundo interconectado, donde cada vez más personas van y vienen, y en el que los gérmenes no conocen fronteras.

La elección de vacunar o no vacunar debe basarse en el conocimiento y la razón. La actitud abstencionista no carece de peligros y quien la adopte debe asumir esa responsabilidad. Lo que el uso de las vacunas ha demostrado es que es más peligroso no vacunar que vacunar.

Incluso puede plantearse como una obligación ética contribuir a elevar las coberturas de la población para que la inmunidad de grupo pueda proteger a las personas que no pueden recibir vacunas por padecer determinadas enfermedades.

Aunque la certidumbre completa nunca se alcanza, sabemos lo suficiente para afirmar que las vacunas son seguras. Por supuesto hay que continuar investigando, vigilando y aumentando la información sobre la seguridad de las vacunas. A nadie le debe interesar que haya aspectos oscuros, se tienen que iluminar los que puedan existir.

En nuestro país la vacunación esta garantizada por el sistema nacional de salud y es universal y gratuita. Lamentablemente esto no es así en muchas partes del planeta, la solidaridad internacional con los más desfavorecidos es necesaria y beneficiosa para todos. Evidentemente la cooperación no debería limitarse a este aspecto, pero por un momento imaginemos un mundo sin vacunas…

Bibliografía

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Falsas ideas sobre la vacunación

8/09/2006

Las enfermedades desaparecieron antes de que se introdujeran las vacunas debido a las mejoras sanitarias e higiénicas

No cabe ninguna duda de que las mejoras en la higiene han tenido un impacto INDIRECTO en la disminución de las enfermedades infecciosas. La mejor alimentación y los antibióticos han contribuido a que aumente la supervivencia en los enfermos. También la menor tasa de nacimientos ha contribuido a que disminuyan los contactos susceptibles en los domicilios.

Pero si repasamos la evolución del número de casos de enfermedades prevenibles por vacunación en los últimos años, nos quedan muy pocas dudas del gran impacto DIRECTO que han tenido las vacunas, incluso en el momento actual.

Aunque la gran mayoría de las enfermedades evitables por vacunación se presentan en ciclos epidémicos periódicos, la gran caída en el número de casos coincide con la introducción de las vacunas en los calendarios.

Anualmente, se registraban en España entre 4,7 y 25 casos de enfermedad invasora por Haemophilus influenzae tipo b por cada 100.000 niños menores de 5 años, hasta que con la introducción en los calendarios rutinarios de vacunación descendió espectacularmente el número de casos. Evidentemente no han cambiado mucho las circunstancias higiénicas desde ese año hasta ahora.

Algo similar ha ocurrido con la enfermedad invasora por meningococo del serogrupo C en niños menores de 6 años: desde el año 2000 en que se introdujo la nueva vacuna conjugada ha descendido radicalmente el número de casos en este grupo de edad.

En países que muy recientemente retiraron algunas vacunas del calendario infantil, como la de la tos ferina en Suecia, Japón o Reino Unido, aumentaron dramáticamente los casos de enfermedad no volviendo a disminuir hasta que la reintrodujeron.

La mayoría de las personas que contraen una enfermedad habían recibido la vacuna con anterioridad

Es verdad que en una epidemia el número de los que padecen la enfermedad es superior en vacunados respecto de los no vacunados, incluso cuando hablamos de enfermedades para las que la vacuna tiene una efectividad clínica superior al 98%.

Esta aparente paradoja puede explicarse por dos motivos:

1) las vacunas no tienen una efectividad del 100%, y 2) en España, el número de personas vacunadas sobrepasa con creces a las no vacunadas.

Esto quiere decir que en un colegio de 1000 alumnos, en el que 995 estén vacunados con 2 dosis, si se declara una epidemia de sarampión y se exponen al virus todos los alumnos, pasarán la enfermedad evidentemente los 5 no vacunados y como la vacuna tiene una efectividad clínica del 99% tras 2 dosis, 10 alumnos vacunados padecerán la enfermedad (1% de 995): de los 15 casos de enfermedad, el 66% de los que padezcan la enfermedad estarán vacunados y el 33% no estarán vacunados.

La interpretación de este fenómeno es bien distinta. El 100% de los no vacunados padecen la enfermedad frente al 1% de los vacunados. Además, si no se hubiera vacunado nadie del colegio, probablemente se habrían declarado 1.000 casos de sarampión.

Las vacunas causan efectos indeseables, enfermedades e incluso la muerte, por no mencionar efectos adversos a largo plazo que todavía no se conocen

Las vacunas, en la actualidad, son muy seguras a pesar de algunas publicaciones que sugieren lo contrario. La mayoría de las reacciones adversas son leves y temporales y las reacciones graves aparecen con una frecuencia de 1 por cada 1.000.000 de dosis.

Respecto de que causen muerte, el independiente Instituto de Medicina de los Estados Unidos de Norteamérica ha declarado que el riesgo de muerte atribuible a la vacunación es extremadamente bajo. Se ha asociado la vacunación con DTP a la muerte súbita del lactante porque una moderada proporción de niños que mueren por esta enfermedad han recibido recientemente la vacuna DTP y por tanto es la causante.

Esta lógica aparente es incorrecta pues también con el mismo argumento podemos decir que comer pan origina accidentes de tráfico, ya que la mayoría de los conductores que tiene accidentes de tráfico probablemente hayan ingerido pan en las 24 horas previas al accidente.

Si consideramos que la mayoría de las muertes súbitas ocurren en un rango de edad en el que se administran 3 dosis de vacuna DTP, es probable que, por azar, la vacuna DTP preceda a alguna muerte súbita.

Cuando se han llevado a cabo estudios serios, independientes y rigurosos para tratar de conocer si existe una asociación, los investigadores, casi unánimemente, han encontrado que las muertes súbitas asociadas temporalmente con la vacuna DTP se encontraban en el rango que se esperaba ocurriera por el azar. Es más, las muertes hubieran ocurrido igual incluso si no se hubieran vacunado.

En cualquier caso no se puede atender exclusivamente al riesgo, sino que hay que sopesar el riesgo y el beneficio. Si no supusiera ningún beneficio la vacunación, resultaría intolerable incluso un efecto adverso grave que apareciera con una frecuencia de 1/1.00.000 de dosis.

Si no vacunáramos, se registrarían muchos casos de enfermedad, sufrimiento y muerte. Si comparamos el riesgo por padecer la enfermedad con el riesgo asociado a la vacunación, podemos tener una idea de los beneficios que se derivan de vacunar a nuestros hijos.

Riesgo de la enfermedad frente al riesgo de la vacuna enfermedad riesgo por casos

Sarampión
Encefalitis: 1 de cada 2.000
Muerte: 1 de cada 3.000
Infección ótica: 1 de cada 20
Neumonía/Bronquitis: 1 de cada 25
Convulsiones: 1 de cada 200
Diarrea: 1 de cada 6

Parotiditis

Encefalitis: 1 de cada 1.000
Meningitis vírica: 1 de cada 20
Sordera permanente: 1 de cada 20.000
Inflamación testicular: 4 de cada 10 adultos varones

Rubéola

Rubéola congénita en 1 de cada 4 madres con infección en primeros meses de embarazo
Encefalitis: 1 de cada 6.000.

Vacuna triple vírica (sarampión, rubéola, parotiditis)

Encefalitis en 1 de cada 1.000.000

Difteria

Muerte: 1 de cada 20

Tétanos

Muerte: 3 de cada 100

Tos ferina

Pulmonía: 1 de cada 8
Encefalitis: 1 de cada 20
Muerte: 1 de cada 200

Vacuna DTP (difteria, tétanos, tos ferina)

Llanto continúo con recuperación: 1 de cada 100
Convulsiones con recuperación: 1 de cada 750
Encefalopatía aguda: 1 de cada 1.000.000

Las enfermedades infecciosas evitables por vacunación prácticamente se han eliminado de España

Es verdad que la vacunación nos ha permitido reducir los niveles de enfermedades prevenibles por vacunación a niveles bajísimos en España. No obstante algunas son todavía muy frecuentes en otras partes del mundo, de tal manera que algunos viajeros que llegan a nuestro país pueden traer algunas enfermedades y si no estamos protegidos con las vacunas, pueden extenderse rápidamente originando brotes o epidemias, y donde antes no había casos, en unos meses pueden declararse cientos o miles.

Necesitamos, pues, seguir vacunándonos por dos motivos:

1) para protegernos a nosotros mismos aunque pensemos que el riesgo de contraer una enfermedad es remoto,

y 2) para proteger a los que nos rodean ya que siempre habrá a nuestro alrededor personas que no pueden recibir una/s vacunas (alergias graves, alteraciones de la inmunidad…) o que habiendo sido vacunados no han respondido, por lo que la UNICA manera de protegerlos es creando una barrera de personas inmunes a la enfermedad que impida el paso del agente infeccioso.

El éxito de un programa de vacunación depende, muy especialmente, de la cooperación de todos y cada uno de los inpiduos para conseguir el bien para todos. Seríamos muy irresponsables si pensáramos que un conductor debe ignorar el código de circulación en la presunción de que otros lo harán por él.

Recibir muchas vacunas para distintas enfermedades aumenta el riesgo de efectos indeseables y puede sobrecargar el sistema inmune

Los niños están expuestos diariamente a multitud de antígenos. El mero acto de comer introduce nuevas y numerosas bacterias en el cuerpo.

Además, gran número de bacterias viven en la boca y en la nariz con lo que exponen al sistema inmune a muchos antígenos, de hecho, una infección por virus de vías respiratorias altas expone al niño a 4-10 antígenos, y una laringitis a 25-50 antígenos.

Recientemente, se ha estimado que el número de antígenos que recibían los niños en 1960, cuando se les administraban las vacunas de aquella época era de 3217, mientras que en el año 2000 es de 126 (Offit P., 2002).

El Instituto de Medicina de los Estados Unidos de Norteamérica, prestigiosa institución no gubernamental, declaró en 1994 que "a la vista de estos acontecimientos, parece poco probable que el número de antígenos contenidos en las vacunas infantiles represente una carga apreciable para el sistema inmune de tal manera que llegue a sobrecargarlo".

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Contraindicaciones de las Vacunas

8/09/2006

Alergias

Los alérgicos a la levadura no deberían recibir la vacuna de la hepatitis B. Los que tienen una historia de anafilaxia (alergia grave) a la gelatina no deben vacunarse de la triple vírica.

Los que tienen una historia de anafilaxia a la neomicina o polimixina B no deben recibir vacuna triple vírica, gripe ni la vacuna inactivada de la poliomielitis.

Los que tienen una historia de anafilaxia al huevo no deben recibir la vacuna de la vacuna antigripal ni la de la fiebre amarilla. Deben consultar con el médico para la vacunación con triple vírica. Los que tienen una historia de anafilaxia a la estreptomicina no deben recibir la vacuna de poliomielitis inactivada.

Convulsiones

En los tres días siguientes a una vacunación previa con tos ferina, NO es una contraindicación, es una precaución. En este caso será su médico el que a la vista de la situación epidemiológica valorará la vacunación.

Fiebre

Si se asocia con una enfermedad grave no se administrarán vacunas hasta que el inpiduo se haya recuperado de la enfermedad.

Inmunodeficiencias

Están contraindicadas las vacunas vivas. En el caso de la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) se debe consultar con el médico. No administrar la vacuna de polio oral a contactos de personas inmunodeficientes.

Trastornos neurológicos

Las convulsiones, la parálisis cerebral y el retraso psicomotor no contraindican ninguna vacuna, siempre que la enfermedad se encuentre estabilizada.

Reacción grave a una dosis previa de vacuna

Una reacción anafiláctica a una dosis previa de vacuna contraindica la administración de dosis ulteriores de dicha vacuna, pero no de las demás.

Reacción previa a una dosis de vacuna DTP / DTPa

Una reacción a una dosis previa, del tipo de: hipotonía / hiporreactividad en las 48 horas siguientes, llanto inconsolable de más de 3 horas en las primeras 48 horas tras la administración, convulsiones en los 3 días siguientes o fiebre superior a 40,5º C en las 48 horas, supone una precaución para administrar dosis posteriores.

En estos casos, el médico valorará la conveniencia o no de continuar con las dosis de DTP o DTPa restantes. Un cuadro de encefalopatía (trastorno agudo y grave del sistema nervioso, con alteraciones importantes de la conciencia, falta de respuesta a estímulos y convulsiones focales o generalizadas, que no remite en 24 horas) tras una dosis de DTP o DTPa es una contraindicación absoluta para recibir dosis subsiguientes de vacuna anti-tosferinosa.

Síndrome de Guillain-Barré

Todos aquellos que no tengan riesgo incrementado de padecer complicaciones debidas al padecimiento de la gripe y que hubieran desarrollado un Síndrome de Guillain-Barré en las 6 semanas siguientes a la recepción de una dosis previa de vacuna antigripal, evitarán la vacunación antigripal.

Trombocitopenia

Si padeció un episodio de trombocitopenia tras una dosis previa de vacuna triple vírica, parece prudente evitar una segunda dosis.

En caso de padecimiento de una trombocitopenia, el médico valorará los pros y contras de administrar la vacuna triple vírica (beneficios de vacunar frente al riesgo de recurrencias o exacerbaciones de la enfermedad asociadas al padecimiento de cualquiera de las 3 enfermedades).

Tuberculosis

Antes de administrar la vacuna triple vírica a personas con una tuberculosis activa no tratada, conviene que se haya iniciado la terapéutica antituberculosa correspondiente.

Contactos domiciliarios no vacunados

En estos casos y en el supuesto de que un pequeño de la familia vaya a recibir la vacuna oral frente a la poliomielitis y siempre que precisen vacuna antipoliomielítica por ser susceptibles, recibirán el preparado inactivado inyectable.

Falsas contraindicaciones a la vacunación

¿Puede recibir una vacuna un niño que fue prematuro?

Si ya que son especialmente los niños prematuros los que más protección necesitan debido a que son más propensos a padecer algunas infecciones. La prematuridad no incrementa la reactogenicidad de las vacunas ni afecta negativamente la inmunogenicidad de las mismas.

¿Pueden vacunarse los niños con tos, catarro o décimas de fiebre?

Los niños con tos o con catarro y sin fiebre o con décimas y los que estén tomando antibióticos pueden vacunarse en cualquier momento, aunque es preferible demorar la vacuna a la fase de recuperación de la enfermedad aguda. Solamente se pospondrá la vacuna si el niño tiene una enfermedad grave o fiebre alta (superior a 38,5º C) y se vacunará cuando ya se encuentre bien.

Si un niño ha padecido una enfermedad como el sarampión, la parotiditis, la rubéola o la tos ferina, ¿puede recibir la vacuna correspondiente contra esa enfermedad?

No hay ningún riesgo en vacunar a un niño de una enfermedad que ya ha padecido. Es más, lo que hace es estimularle la inmunidad.

En el caso de las meningitis por Haemophilus influenzae b, el padecimiento en los menores de 2 años no lleva consigo la aparición de protección frente a esa infección, por lo que en esta situación es imperativa la vacunación.

 ¿Puede vacunarse un niño con asma o alergia?

Sí, puede vacunarse excepto en los casos en que tenga una alergia grave al huevo (hipotensión, shock y dificultad respiratoria) en los que no podrá recibir la vacuna frente a la gripe o frente a la fiebre amarilla.

En estos casos, la vacuna triple vírica se administrará bajo estricta observación médica. El padecer de diarrea o de dolores abdominales tras tomar huevo no son razones para no administrar la vacuna triple vírica.

La alergia cutánea a algún antibiótico o algún mineral no contraindica la administración de una vacuna que lo incluya en su composición. Si tiene alguna duda, lo mejor es consultar con su médico.

¿Puede vacunarse un niño si su madre está embarazada?

No hay ningún problema en administrar las vacunas rutinarias al hijo de una mujer embarazada. Es más, vacunando al niño protegemos a la madre de algunas enfermedades como la rubéola.

¿Puedo vacunar a mi hijo si tiene convulsiones o epilepsia?

Si la situación está estabilizada si puede vacunarle. Los niños con convulsiones febriles se pueden beneficiar de la administración previa y posterior a la vacunación de un antitérmico (paracetamol). En el caso de que el niño tenga antecedentes familiares de epilepsia no hay ningún motivo para no administrarle las vacunas que le corresponden.

 ¿Puedo vacunar a mi hijo afecto de una enfermedad crónica?

En general, los niños con alguna enfermedad crónica son los que más necesitan las vacunas por tener más riesgo de complicaciones. En el caso de que por la propia enfermedad o por el tratamiento la inmunidad esté disminuida (inmunodeprimido), es necesario consultar con el médico para que juzgue si la situación aconseja o contraindica la vacunación.

¿Puede recibir una vacuna un niño si algún familiar tuvo alguna reacción adversa a dicha vacuna?

Si. La vacuna no puede omitirse porque algún miembro de la familia haya tenido una reacción adversa porque la reactogenicidad vacunal no es hereditaria.

 ¿Hay algún motivo para retrasar la vacunación?

Hay muy pocas razones médicas que justifiquen retrasar la vacunación. Un catarro y un tratamiento antibiótico para un proceso infeccioso en vías de recuperación no son motivos para retrasar la vacunación.

En caso de fiebre superior a 38,5º C, un cáncer, una enfermedad o un tratamiento que provoca inmunodeficiencia, la recepción de sangre o inmunoglobulinas son situaciones en las que nuestro médico nos aconsejará a este respecto en cuanto a la conveniencia y tipo de vacunas indicadas.

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Consejos sobre vacunación

10/08/2006

Cuestiones administrativas en España

Aunque las actividades de inmunización se inician y concentran en la infancia, deben proseguirse a lo largo de toda la vida de la persona.

¿Quién debe vacunarse o inmunizarse?

R.- Todo el mundo, cada persona. Aunque las actividades de inmunización se inician y concentran en la infancia , deben proseguirse a lo largo de la vida de la persona.

Además, esta se vacunará en función de dos aspectos fundamentales, el calendario vacunal vigente en su país o comunidad y en función de sus circunstancias personales.

Y siempre sin olvidar el carnet vacunal que constituye su biografía inmunitaria.

Si quiero vacunarme o vacunar a mis hijos, ¿dónde debo ir?

R.-  Preferentemente, al centro de salud, ambulatorio o consultorio público que le corresponda por razón de residencia. En caso de desplazamiento temporal (vacaciones, viajes, etc.), puede usar cualquier punto de vacunaciones de la sanidad pública, independientemente de la comunidad autónoma en la que resida o a la que se desplace.

En caso de necesitar vacunas exigibles en otros países: fiebre amarilla, cólera, fiebre tifoidea, encefalitis centroeuropea, encefalitis japonesa, enfermedad de Lyme, peste… puede acudir a los centros de vacunación internacional, existentes en casi todas las capitales de provincia u otras localidades importantes, con antelación suficiente: al menos un mes antes de viajar.

En cualquier caso, se aconseja solicitar previamente información acerca de horarios, petición de citas, requisitos varios… del centro de vacunación.

En los centros de atención primaria de la sanidad pública, ¿son gratuitas las vacunas?

R.- Hay que distinguir entre, al menos, dos tipos de vacunas:

  • Vacunas sistemáticas: como las que se administran siguiendo el calendario vacunal infantil de cada comunidad autónoma o la vacuna tétanos-difteria en adultos. Estas vacunas son gratuitas con cargo a los presupuestos públicos.
  • Vacunas para grupos de riesgo: Como las de la gripe, varicela, neumococo, hepatitis B (adultos),… Estas vacunas son gratuitas para los grupos de riesgo reconocidos por las autoridades sanitarias, con alguna excepción debida a la prescripción de vacunas con receta médica, en la que el titular deberá pagar el porcentaje correspondiente e incluso, necesitar de otros trámites administrativos previos, como el visado de la receta por la Inspección de Farmacia.

En cualquier otro caso, el importe de la vacuna deberá ser abonado por el receptor y precisará de la autorización del pediatra o médico de familia.

Cuando vaya a vacunarme, ¿debo llevar la cartilla o documento de vacunaciones?

R.- Siempre. Si no lo tiene, pídalo. El documento de vacunaciones constituye una verdadera "biografía vacunal" de cada individuo. Aporta información acerca de las vacunas administradas, necesidad de dosis sucesivas, valoración del nivel de protección en caso de epidemia o contacto con un germen infeccioso. 

 En caso de extravío, solicite un documento nuevo en su centro de atención primaria. Si utiliza la sanidad privada, exija igualmente información escrita de las vacunas que se le administren.

¿Debo llevar algún documento más?

R.- No, salvo los que, en caso de vacunación de menores de edad, acrediten que es Vd. el padre, madre o tutor del niño/a. Nunca mande a sus hijos a vacunar sin la compañía de un adulto responsable. Aunque en algún centro pudieran pedirle el documento de afiliación a la Seguridad Social -"cartilla del seguro"- para facilitar algún trámite administrativo previo a la vacunación, ha de saber que las vacunas poseen vocación de universalidad, por lo que deben ser vacunados todos los sujetos en los que proceda, independientemente de su afiliación o no a la Seguridad Social.

¿Las vacunas infantiles son obligatorias?

R.- No. Ninguna vacuna puede ser administrada sin el pleno consentimiento informado del receptor o de su tutor legal -en caso de minoría de edad o de incapacidad para decidir autónomamente-, aunque existe una cierta obligación ética de estar correctamente vacunado, en pro de la preservación de la salud propia y ajena. El control comunitario de una enfermedad transmisible, pasa por la vacunación de toda la población susceptible.

Existen confesiones y corrientes de opinión contrarias a la vacunación. Éstas son absolutamente respetables, aunque ningún científico de prestigio comulgue con ellas. Pero lo que no cabe duda es que las creencias antivacunación son profundamente antisociales, pues el sujeto no vacunado no sólo no está poniendo su "granito de arena" en pro del control o erradicación de una enfermedad infecciosa, sino que puede ser el difusor de dicha enfermedad en la comunidad, sobre todo en caso de epidemia.

¿Es obligatorio presentar el carnet de vacunaciones para poder matricular a un niño en la escuela?

R.- Es obligatorio en la mayoría de las comunidades autónomas españolas, especialmente en 1º de EPO, aunque se refiere a la simple presentación del Documento de Vacunaciones (completo, incompleto o sin vacuna alguna).

Caso de no poseer carnet de vacunaciones, basta con un informe del pediatra o del médico de cabecera o, en su defecto, una declaración jurada de los padres en la que informen de las vacunas que el niño ha recibido o en la que, simplemente, se declaren opuestos a la vacunación.

No se debe negar la matriculación de un niño por no estar correctamente vacunado, aunque puede ser temporalmente excluido en caso de riesgo epidémico. Pero, en cualquier caso, la mejor opción es la correcta vacunación de toda la población escolar.

 

Conservación, administración y manipulación de las vacunas 

Aunque las actividades de inmunización se inician y concentran en la infancia, deben proseguirse a lo largo de toda la vida de la persona.


¿Las vacunas deben conservarse en frío?

R.- Sí. Las vacunas deben conservarse en frío (de 2 a 8 ºC) y al abrigo de la luz, para evitar su inactivación. La termosensibilidad de las vacunas es muy variada, siendo las vacunas de virus vivos (polio, triple vírica y varicela) las más sensibles al calor. Si adquiere una vacuna en una farmacia, guárdela en frigorífico. No la almacene demasiado tiempo en casa. En caso de dudas acerca de su adecuada conservación, consulte con el personal vacunador.

En los centros públicos de vacunaciones, ¿qué precauciones se adoptan para velar por la calidad de las vacunas administradas?

R.- En los centros de vacunación de la sanidad pública, se dispone de tecnología suficiente para garantizar la adecuada conservación de las vacunas: refrigeradores con control de temperatura, termómetros de máxima-mínima, indicadores de tiempo-temperatura, neveras portátiles, acumuladores de frío, etc. En todos existe un profesional responsable de comprobar temperaturas, caducidades y de desechar aquellas vacunas que no cuenten con plena garantía de calidad.

Asimismo, son igualmente rigurosos los mecanismos de control en el nivel de almacén "central" (regional, provincial, etc.) y en el transporte de las vacunas a los centros de atención primaria de salud.

Si mi hijo vomitase o padeciera diarrea después de serle administrada la vacuna oral antipoliomielitis (VPO), ¿habría que darle otra dosis de vacuna?

R.- Esta vacuna no se absorbe bien en caso de tránsito intestinal acelerado, debiendo repetir la dosis caso de presentarse vómitos importantes antes de 3 horas tras la administración de la vacuna o diarrea persistente antes de 48 horas -y sin que la VPO sea causa necesaria de estos cuadros-.

En la actualidad, algunos autores alegan que es muy difícil que una diarrea aguda disminuya sensiblemente la eficacia de esta vacuna.¿Cuál es el lugar anatómico idóneo para la administración de vacunas inyectables?

R.- Algunas vacunas deben administrarse por vía intramuscular: difteria-tétanos-tosferina, hepatitis B, haemophilus influenzae tipo b, meningococo C, hepatitis A, neumococo, gripe, etc.
En general se aconseja como zona de inoculación, el muslo (vasto externo) si el niño no anda todavía y el hombro (deltoides) si ya lo hace. En estas vacunas se desaconseja el glúteo como lugar de administración tanto en niños pequeños como en adultos. Son varias las razones: porque este músculo no está suficientemente desarrollado en la primeras etapas de la vida esta edad, porque en niños que no han comenzado a andar hay más peligro de lesionar el nervio ciático, y por la menor efectividad de las vacunas así como la mayor incidencia de efectos secundarios.

¿Pueden administrarse varias vacunas a la vez?

R.- Todas las vacunas incluidas en el calendario infantil de las comunidades autónomas españolas pueden, en teoría, ser administradas simultáneamente. No se incrementa el riesgo, ni se reduce la eficacia de la vacunación, aunque, en general, los calendarios infantiles están hechos de manera que haya que pinchar el mínimo número de veces posible a un niño en una misma sesión vacunal.

Algunas vacunas de administración no sistemática: fiebre amarilla, cólera, fiebre tifoidea, etc. presentan algunas limitaciones para ser administradas con otras vacunas. En este caso, el personal sanitario determinará la pauta a seguir y si procede distanciar en el tiempo su administración.

¿Puede vacunarse contra varias enfermedades a la vez en una misma inyección?

R.- Es práctica común asociar varias vacunas en un mismo preparado. Se evitan pinchazos y visitas al centro vacunador, sin reducción de la eficacia ni aumento de efectos adversos. Las combinaciones de vacunas autorizadas y comercializadas son numerosas: DTP, SRP, DTP-Hib-HB, HB-HA, Td, etc.

Si en una pauta vacunal, se necesitasen varias dosis de una misma vacuna (como en el caso de la inmunización frente a difteria-tétanos-tosferina, polio, Haemophilus "b", hepatitis B, etc.), ¿pueden ser administrados preparados comerciales de diferentes marcas?

R.- En general sí, pues las diferentes marcas suelen ser intercambiables; pero conviene evitar esta circunstancia en la medida de lo posible.

¿Es bueno frotar o dar masajes en el punto de inyección de una vacuna?

R.- No. Puede aumentar el riesgo de reacción local o reducirse la efectividad del acto vacunal. Este precepto es especialmente importante en la vacunación antitosferínica.

Una vez recibida la vacuna, ¿debo guardar alguna precaución especial?

R.- Debe permanecer en observación 15-30 minutos tras la vacunación, en previsión de reacciones alérgicas de presentación precoz (las más graves), aunque hay que aclarar que este tipo de reacción es extremadamente raro.

  

Contraindicaciones a la vacunación

Aunque las actividades de inmunización se inician y concentran en la infancia, deben proseguirse a lo largo de toda la vida de la persona.


¿Qué es una "contraindicación vacunal"?

R.Las contraindicaciones a la vacunación son circunstancias que justifican la no vacunación de un individuo:

  • Porque las complicaciones de la vacuna superan al riesgo de padecer la enfermedad.
  • Porque la edad o características del paciente, hacen prever una deficiente respuesta inmunológica.

El número de verdaderas contraindicaciones es cada vez menor, por ser cada vez más seguras las nuevas vacunas y porque muchas antiguas ontraindicaciones estaban infundadas.

¿Sobre qué aspectos de mi historial clínico debo informar al personal sanitario antes de la vacunación?
R.– Enfermedades actuales, alergias, inmunodeficiencias, fiebre, vómitos o diarrea, tratamientos, embarazo, reacciones postvacunales, convivientes inmunodeficientes y haber padecido la enfermedad(es) objeto de vacunación. Si posee algún informe clínico de estas situaciones, apórtelo.

De todas formas, es responsabilidad ineludible del personal vacunador formularle una serie de preguntas con la finalidad de detectar cualquier posible contraindicación.

¿Qué es la anamnesis prevacunal?
R.– Son una serie de preguntas simples y de fácil comprensión, que el personal vacunador ha de formular al individuo que se va a vacunar, o, en caso de minoría de edad, a sus padres o tutores, con la finalidad de asegurar que no existe ninguna contraindicación a la vacunación. La anamnesis permite, dentro de lo humanamente exigible, que no se vacune cuando no se debe hacerlo.

Un ejemplo sería el cuestionario de Kaufman y Stoker (actualizado por el autor):

  • ¿Ha estado enfermo su hijo o ha tenido fiebre o diarrea en las últimas 24 horas?
  • ¿Toma su hijo alguna medicina o recibe algún tratamiento especial?
  • ¿Recibe su hijo cuidados sanitarios a causa de alguna enfermedad?
  • ¿Le ha sido administrado a su hijo plasma, gammaglobulinas o alguna transfusión en los últimos meses?
  • ¿Hay alguien en su hogar afecto de algún tipo de inmunodeficiencia, cáncer, o con tratamiento a base de corticoides, quimioterapia o radioterapia?
  • ¿Padece su hijo asma o alguna enfermedad alérgica?
  • ¿Ha presentado su hijo alguna reacción grave a anteriores vacunaciones?
  • Si es niña, ¿ha comenzado ya los periodos menstruales?

¿Son frecuentes las reacciones postvacunales graves?
R.– La probabilidad de reacción postvacunal grave es mínima y no debe plantear dudas acerca de la conveniencia del cumplimiento del calendario de vacunaciones sistemático.
Son debidas, sobre todo, al componente antitosferínico de la vacuna trivalente DTP y, en mucho menor grado, a la vacuna triple viral o SRP.

¿Puede seguir vacunándose un niño que ha sufrido una reacción postvacunal grave?
R.– No, pero habría que diferenciar entre las reacciones postvacunales graves, que son muy raras y sí contraindican la administración de nuevas dosis de la vacuna responsable y el resto de reacciones, que no contraindican la revacunación.

En la actualidad, sólo se consideran reacciones graves:

  • Fiebre superior a 40,5ºC.- Se produce durante las 48 h. siguientes a la vacunación. Suele relacionarse con la vacuna antitosferínica, sobre todo la de tipo celular.
  • Reacción anafiláctica.– Es un tipo grave de alergia. Puede aparecer de modo inmediato o postergarse hasta 48 horas después de la vacunación. Suele relacionarse con las vacunas fabricadas con virus vivos (polio oral, sarampión-rubeola-parotiditis y varicela), que pueden llevar en su composición restos de proteínas de huevo (medio de cultivo) o de los antibióticos empleados para inhibir la contaminación bacteriana durante el proceso de fabricación. Hoy en día, muchos autores piensan que la posibilidad de que estos preparados provoquen anafilaxia es muy baja o incluso inexistente, por el enorme grado de refinamiento con el que se fabrican las vacunas actuales.
  • Colapso hipotónico.– Es un cuadro muy raro, caracterizado por hipotonía muscular. Puede producirse hasta 48 horas después de la vacunación antitosferínica.
  • Encefalopatía grave.– Puede presentarse hasta 7 días tras la vacuna de la tosferina y hasta 15 días tras la triple vírica. Su frecuencia es muy pequeña.

En los casos descritos, se aconseja no revacunar con el componente implicado en la reacción, independientemente del tipo de vacuna (tos ferina clásica o tos ferina acelular). El resto de las vacunas puede ser administrado guardando las precauciones habituales.

Las crisis convulsivas, el llanto persistente incontrolable y la induración (inflamación) en todo el perímetro del miembro, ¿son reacciones postvacunales graves?
R.– No, éstas no son contraindicaciones absolutas, pero deben ser sometidas a valoración médica, determinando la conveniencia de revacunar con el componente que la provocó:

  • Las crisis convulsivas se deben, sobre todo, a la vacuna antitosferínica. Pueden presentarse hasta 3 días después de la vacunación. En el caso de la triple víral, este plazo puede llegar hasta los 15 días.
  • El llanto persistente incontrolable y prolongado durante más de tres horas, son llantos o lloros de una intensidad o timbre anormales y no causados por reacción local. Acontece hasta 48 horas tras la vacunación.
  • Induración en todo el perímetro del miembro en el que se administró la vacuna.

Estos cuadros no son frecuentes y, si se decide revacunar al niño, se aconseja profilaxis con paracetamol antes de la siguiente dosis vacunal y durante 24 horas después de la misma. Si la vacuna antitosferínica celular clásica fue la causante, puede substituirse por la vacuna acelular.

¿Contraindica la vacunación el padecimiento de alergias a algún componente vacunal?
R.– Sólo en caso de alergias de tipo anafiláctico (es un tipo de reacción alérgica inmediata y potencialmente grave) a proteínas de huevo-pollo, a ciertos antibióticos -neomicina, gentamicina, polimixina, estreptomicina,…- o antisépticos -como el tiomersal- contenidos en la vacuna. Cuando acuda a vacunarse, no olvide los informes clínicos que posea.

En caso de confirmarse la inconveniencia de alguna vacuna por esta causa, no descarte de entrada la vacunación, el personal vacunador intentará buscar un preparado vacunal alternativo que no contenga la substancia implicada.

De todas formas, el riesgo de anafilaxia debido a los componentes de una vacuna es casi inexistente.

¿Puede vacunarse un niño en caso de crisis asmática u otro cuadro alérgico exacerbado?
R.– No, es mejor esperar a la remisión de la sintomatología antes de vacunar.

En el curso de una enfermedad infecciosa febril, ¿deben administrarse vacunas?
R.Los cuadros infecciosos banales más habituales, como los resfriados, no contraindican la administración de vacunas. Por el contrario, en el caso de enfermedades mas serías, como las neumonías, o de procesos con fiebre alta, se debe posponer la inmunización.

¿Contraindican las vacunas las infecciones con tendencia a la cronicidad: sífilis, tuberculosis, hepatitis B o C, lepra, etc.?
R.– En general, y siempre que la vacunación no sea imprescindible, es conveniente esperar al control de la enfermedad. Si este control no es posible o la vacunación es improrrogable, puede vacunarse con normalidad una vez transcurrido el periodo de sintomatología aguda de la dolencia, si es que la tiene.

Si el niño/a padece vómitos o diarreas profusos, ¿hay que retrasar la vacunación hasta la remisión del cuadro?
R.– Hay que esperar hasta la normalización intestinal antes de administrar la vacuna oral de la polimielitis. Esta vacuna no se absorbe bien en caso de tránsito intestinal acelerado. En este caso, y salvo que el cuadro gastrointestinal provoque fiebre o grave deterioro del estado del paciente, las vacunas inyectables pueden administrarse con normalidad.

¿Es peligroso vacunar a mujeres embarazadas?
R.– Depende del tipo de vacuna:

  • Durante la gestación, se prohiben en general las vacunas de virus vivos (sarampión-rubéola-parotiditis, polio oral, varicela, etc.), por su teórico efecto teratógeno (malformaciones congénitas).
  • Las vacunas inactivadas, que son las fabricadas a partir de gérmenes muertos o antígenos purificados (hepatitis B, gripe, vacuna inactivada de la polio o VPI, meningococo C, Haemophilus influenzae tipo b, neumococo, hepatitis A, etc.), caso de estar indicadas, pueden administrarse durante el embarazo, aunque es preferible hacerlo una vez transcurrido el primer trimestre de gestación.
  • La vacuna antitetánica se aconseja en gestantes no inmunizadas previamente. Se administrarán dos dosis -con un mes de separación- durante el tercer trimestre del embarazo, más una tercera dosis a los seis meses de la primera. Su finalidad es la prevención del tétanos en la madre (tétanos maternal) y sobre todo en el recién nacido (tétanos neonatal). Este último cuadro está producido por la manipulación no aséptica del cordón umbilical. Los hijos de madres vacunadas estarán protegidos, durante los primeros meses de vida, por los anticuerpos que la madre les transmitió por vía placentaria.
  • No hay motivo alguno para no administrar Td (tétanos y difteria del adulto) a embarazadas o a madres durante el periodo de lactancia.
  • De todas formas, es muy pequeña la posibilidad de malformaciones congénitas por causa de una vacuna administrada por error durante el embarazo.

Pero, ¿no es muy peligroso vacunar de rubéola durante la gestación?
R.– Hay que descartar el embarazo, en las mujeres en edad fértil a las que se quiera vacunar de rubéola. Tras la vacunación, se aconseja no concebir entre uno y tres meses , promoviendo una anticoncepción segura en caso de vida sexual activa.

La infección rubeólica propiamente dicha, casi siempre banal en el adulto, puede provocar en el embrión un grave síndrome malformativo llamado rubéola congénita, con lesiones cardíacas, sordera, ceguera o retraso mental. El peligro es mayor en los estados iniciales del embarazo: 70% de malformaciones en madres infectadas en el primer trimestre de gestación, 20% en el segundo trimestre y nulo en el tercero.

Pero no conviene confundir el riesgo representado por el virus salvaje de la rubéola o padecimiento de la enfermedad durante el embarazo, con el efecto del virus vacunal de la rubéola sobre el producto de la gestación. El riesgo de embriopatía rubeólica en embarazadas vacunadas por error es casi inexistente; de hecho, todavía no se ha detectado ningún caso en el mundo, pero lo que sí ha sido demostrado es el mayor riesgo de aborto en estos casos.

Los mismos consejos son equivalentes para la vacunación contra la varicela en la mujer en edad fértil.

¿Cuándo puede comenzar a vacunarse un niño nacido prematuramente?
R.– Se puede vacunar normalmente -según edad cronológica- a todo prematuro sano, una vez dado de alta en el hospital (suelen pesar entonces más de 2.000 g). La primera dosis de hepatitis B en niños cuya madre sea portadora crónica de la enfermedad (riesgo de transmisión madre-hijo durante el parto), debe ser administrada sin demora durante las primeras horas de vida, independientemente de la prematuridad del recién nacido.

¿Qué vacunas pueden recibir las personas sometidas a tratamiento inmunodepresor: quimioterapia, radioterapia o corticoterapia prolongada?
R.– Estos tratamientos contraindican la vacunación con virus vivos (sarampión-rubéola-parotiditis, polio oral, varicela, etc.), hasta tres meses después de finalizado el tratamiento. Las vacunas inactivadas, fabricadas a partir de gérmenes muertos o las vacunas de antígenos purificados (hepatitis B, gripe, vacuna inactivada de la polio o VPI, meningococo C, Haemophilus influenzae tipo b, neumococo, hepatitis A, etc.), no suponen riesgo alguno para estos pacientes, aunque su eficacia no está garantizada en un organismo inmunodeficiente.

El tratamiento con corticoides, solo se considerará inmunodepresor cuando cumpla estas tres condiciones: administración oral o inyectable (subcutáneo, intramuscular o intravenoso), dosis diaria superior a 2 mgr por Kg de peso y día o mayor que 20 mgr/día de prednisona o equivalente, y duración superior a las 2 semanas.

En España, ¿qué vacunas pueden administrarse a personas seropositivas para el virus del SIDA?
R.– En este tipo de inmunodeficiencia no siempre resulta aplicable el precepto general de no vacunar con virus vivos a estos enfermos (sarampión-rubéola-parotiditis, polio oral, varicela, etc.). Esta claro el riesgo que supone la multiplicación incontrolada de virus vacunales en un organismo con un sistema inmunitario débil, pero no resulta menos real el peligro que para estos pacientes debilitados supone el padecimiento de la enfermedad.

En niños infectados por el SIDA, muchos autores aconsejan la vacunación con triple viral, incluso en el periodo sintomático de la enfermedad. Otras vacunas, como la polio oral, poseen alternativas de elección en estos pacientes, como la polio inactivada inyectable (vacuna de virus muertos). El resto de las vacunas incluidas en los calendarios sistemáticos de las CC. AA. españolas, no suponen riesgo alguno para estos pacientes, pues ninguna de ellas es de gérmenes vivos, aunque su eficacia no está garantizada en un organismo inmunodeficiente, siendo planteable la necesidad de administrar dosis "extra". Por ello, cada caso debe ser sometido a valoración por el personal facultativo correspondiente.

Para estos enfermos, infecciones como la gripe, neumonía neumocócica, enfermedad invasora por Haemophilus influenzae tipo b, meningococo C y varicela, suponen un riesgo mucho mayor que para los sujetos inmunocompetentes. Por ello, está indicada su vacunación contra estas dolencias.

¿Qué vacunas pueden recibir los pacientes afectos de inmunodeficiencias congénitas o de enfermedades inmunodepresoras como linfomas o leucemias?
R.– Las mismas que las relatadas en la respuesta anterior (SIDA).

¿Hay que adoptar alguna precaución especial en sujetos recientemente tratados con derivados sanguíneos?
R.– Sí. El tratamiento con inmunoglobulinas o gammaglobulinas (específicas o hiperinmunes e inespecíficas o polivalentes) u otros derivados hemáticos (sangre entera, concentrados de hematíes o de plaquetas, plasma, etc) pueden tener un efecto inactivador sobre algunas vacunas.
Esta demostrada la inactivación de la triple viral cuando es administrada dentro del plazo de actividad de estos derivados hemáticos. El plazo de actividad es diferente según el producto empleado: sangre completa y concentrado de hematíes (6 meses), plasma y plaquetas (7 meses), inmunoglobulina (Ig) polivalente Intravenosa (8-11 meses, según dosis), Ig. hiperinmune intravenosa (6-9 meses, según tipo) e Ig. intramuscular (3-6 meses, según tipo). La administración de hematíes lavados, no obliga a retraso alguno.

Si, por causa mayor, hubiera que tratar con derivados sanguíneos antes de que transcurran dos semanas tras la vacuna triple viral, hay que considerar a ésta como inactivada, debiendo revacunar al individuo pasados los meses reglamentarios.

No está demostrada la inactivación del resto de las vacunas del calendario sistemático.
La vacuna de la varicela -no incluida aún en los calendarios oficiales de inmunización españoles-, presenta también riesgo de inactivación con los derivados hemáticos. Consulte esta eventualidad con el personal de salud.

La administración simultánea de vacuna e inmunoglobulina específica, correspondientes a tratamientos preventivos aplicados tras la exposición a ciertas enfermedades como la hepatitis B, tétanos o rabia, no producen modificaciones valorables de la respuesta defensiva.

¿Pueden vacunarse con normalidad las personas afectas de hemopatías (enfermedades de la sangre): anemia hemolítica, trombocitopenia, etc.?
R.– No está claro. Se ha demostrado, en algunos casos, que la administración de la vacuna triple viral, reactiva estas enfermedades. También se sospecha que la vacuna de la tosferina puede reactivar la trombocitopenia.

¿Y en caso de padecer algún trastorno neurológico?
R.– No vacunar de tosferina si la enfermedad neurológica es evolutiva, inestable o predisponente a convulsiones, como es el caso de la encefalitis aguda, la parálisis progresiva, la hidrocefalia, la esclerosis tuberosa o la epilepsia no controlada. La administración de la vacuna antitosferínica puede exacerbar estas dolencias, no presentando inconveniente alguno la administración del resto de vacunas.

Vacunar con normalidad si la enfermedad neurológica no es evolutiva y está clínicamente controlada: síndrome de Down, parálisis cerebral, epilepsia controlada, etc.

¿Pueden vacunarse los enfermos de cáncer (neoplasias)?
R.– Las neoplasias en fase evolutiva proscriben la aplicación de vacunas de virus vivos (sarampión-rubéola-parotiditis, polio oral, varicela, etc.), pues los procesos malignos son inmunosupresores por sí mismos (sobre todo las leucemias) o bien por causa del tratamiento anticanceroso. Vacunar con normalidad si la enfermedad está en fase de remisión (aparentemente curada).

Las vacunas inactivadas, fabricadas a partir de gérmenes muertos, o las de antígenos purificados (hepatitis B, gripe, vacuna inactivada de la polio o VPI, meningococo C, Haemophilus influenzae tipo b, neumococo, hepatitis A, etc.), pueden ser empleadas en estos pacientes. Ante la posibilidad de deficiente respuesta inmunológica, serán administradas, siempre que sea posible, en las fases de remisión del proceso maligno.

¿Y en caso de insuficiencia cardíaca descompensada?
R.– No administrar vacuna alguna. Vacunar con normalidad en el resto de las cardiopatías.

¿Y en las nefropatías agudas: nefritis, pielonefritis, etc.?
R.– No administrar vacuna alguna. Vacunar con normalidad en nefropatías crónicas.

 

Falsas contraindicaciones

Aunque las actividades de inmunización se inician y concentran en la infancia, deben proseguirse a lo largo de toda la vida de la persona.

¿Qué es una falsa contraindicación?
R.- Son supuestas contraindicaciones sin fundamento científico alguno, producto de argumentaciones desfasadas, cuando no de malas interpretaciones. Nunca debe negarse o posponerse la vacunación como resultado de alguna falsa contraindicación.

Son , producto de argumentaciones desfasadas, cuando no de malas interpretaciones. Nunca debe negarse o posponerse la vacunación como resultado de alguna falsa contraindicación.

¿Debe postergarse la vacunación si el niño tiene mocos, tos o estornudos?
R.– No, siempre que estos síntomas no vayan acompañados de fiebre alta. Los niños padecen una media de diez catarros y resfriados afebriles durante los primeros 18 meses de vida. Vacunar con normalidad en estos casos.

¿Hay que adoptar alguna precaución especial a la hora de vacunar a individuos con antecedentes personales o familiares de alergias de tipo inespecífico?
R.– Solo las alergias de tipo anafiláctico, las más graves, justifican la adopción de precauciones especiales. Otras alergias, de tipo no anafiláctico, ya sea a antibióticos o a proteínas de huevo-pollo (como las dermatitis de contacto), no precisan de ninguna medida especial. En caso de duda, consulte con su pediatra o médico de familia, aportando los informes clínicos que posea sobre el caso.

Si un niño tiene fiebre e inflamación local tras recibir una vacuna, ¿puede recibir sucesivas dosis?
R.– Si la fiebre es inferior a 40,5º C, debe seguir vacunándose con normalidad. Tampoco la sintomatología local (enrojecimiento, hinchazón y calor) es un obstáculo para recibir nuevas dosis. En caso de duda, consulte con el personal sanitario para valoración del cuadro.

Mi hijo sufrió un leve exantema ("sarpullido"), acompañado de febrícula e inflamación de los ganglios del cuello y de las glándulas parótidas, unos días después de recibir la vacuna triple viral, ¿es grave?
R.– No suele revestir ninguna gravedad. Normalmente esta sintomatología sólo dura 1 ó 2 días. Este tipo de reacción puede producirse de 5 a 14 días después de la vacunación frente a sarampión-rubéola-parotiditis, sobre todo tras la primera dosis. Debe seguir vacunando a su hijo con normalidad.

¿Es peligroso vacunar a un niño que esté recibiendo vacunas anticatarrales o antialérgicas?
R.– No. Se debe vacunar normalmente.

¿Debe aplazarse la vacunación de una persona que esté siendo tratada con antibióticos?
R.– Sólo si padece una infección grave o tuviese fiebre superior a 38º C. El tratamiento con antibióticos, en ausencia de fiebre y de infección seria, no es obstáculo para la vacunación.

¿Puede vacunarse alguien que ha estado expuesto recientemente al contagio de una enfermedad infecciosa?
R.– Sí. Vacunar con normalidad, independientemente de las precauciones que se adopten para que el contagio no acabe en enfermedad.

En caso de recibir alguna dosis de corticoides, ¿debe aplazarse la vacunación?
R.– El tratamiento aislado con corticoides no afecta de modo importante la capacidad inmunológica del individuo. Tampoco la corticoterapia corta (menos de 2 semanas), a dosis pequeñas (*), en días alternos o en tratamientos de tipo sustitutorio (dosis fisiológicas de mantenimiento por carecer de producción propia). Lo mismo puede decirse de la corticoterapia tópica (cremas y pomadas), inhalatoria o intraarticular, por las bajas dosis empleadas.

(*) Se considerará baja, toda dosis de prednisona o equivalente, inferior a 2 mgr/Kg de peso/día o menos de 20 mg/día por vía sistémica (oral o inyectable).

¿Deben vacunarse los enfermos de epilepsia? ¿Y los afectos de síndrome de Down (mongolismo)? ¿Y los que padecen parálisis cerebral?
R.– Las personas que sufren procesos neurológicos no evolutivos y clínicamente controlados pueden vacunarse con normalidad.

Los ancianos que padecen Parkinson o Alzheimer, ¿pueden recibir vacunas?

R.- Sí. Pueden vacunarse normalmente.

¿Debe retrasarse la inmunización de los recién nacidos con ictericia neonatal?
R.- No. También deben vacunarse siguiendo el calendario infantil vigente en su comunidad autónoma.

¿Hay que adoptar alguna precaución especial para vacunar a un niño cuyo hermano o primo sufrió una grave reacción postvacunal? ¿Y en caso de tener un familiar cercano con gran tendencia a convulsionar?
R.- En principio, no.

Un familiar muy cercano del niño falleció a las pocas semanas de vida de síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL). ¿Puede vacunarse de tos ferina?
R.– Sí. Ningún estudio ha revelado relación alguna entre la vacunación antitosferínica y el SMSL.
Está clara la relación del SMSL con una serie de factores, como poner al niño a dormir en la cuna boca abajo o de lado, fumar en el cuarto del lactante, abrigarlo en exceso o hacerle reposar sobre un colchón demasiado blando. Al contrario, la lactancia materna actúa como factor protector.

¿Existen más falsas contraindicaciones?
R.– El listado de falsas contraindicaciones puede ser interminable:

  • Vómitos o diarreas leves: Sólo las alteraciones gastrointestinales importantes afectan la absorción de la vacuna oral de la polio, justificando la administración de una nueva dosis de esta vacuna.
  • Alergia a carne o plumas de pato.
  • Convalecencias de enfermedades o accidentes.
  • Enfermedades pulmonares crónicas (bronquitis crónica, enfisema pulmonar, asma, silicosis, etc.) y cardiovasculares congénitas (enfermedades "de nacimiento" que afectan al corazón y a las grandes venas y arterias). Estas dolencias, siempre que no tengan manifestaciones agudas, no contraindican la recepción de vacunas.
  • Diabetes mellitus: los diabéticos tienen un sistema inmunológico menos competente que los individuos no diabéticos. En ellos las vacunas son, en teoría, algo menos eficaces. Pero esta misma "debilidad defensiva", hace en ellos más necesaria la protección mediante la administración de vacunas.
  • Malnutrición: por similares motivos que en el caso anterior.
  • Embarazo de la madre del vacunado -o de otro conviviente femenino-: no se ha demostrado efecto negativo alguno por contacto de un embrión/feto con los virus vacunales eliminados por un niño recién inmunizado, como es el caso de la vacuna oral de la polio, que se elimina por heces durante varias semanas tras la administración.
  • Madres lactantes: los gérmenes vacunales recibidos por una mujer durante el periodo de lactancia, no pasan a la leche materna, excepto el virus de la rubéola, inofensivo para el lactante.
  • Dermatosis, eczemas o infecciones de la piel: vacunar con normalidad, pero procurando elegir un lugar anatómico sin lesiones cutáneas para inocular la vacuna.
  • Calor veraniego: la fiebre, si se produjera tras la vacunación, no aumenta como consecuencia del calor ambiental.

 

Reacciones adversas a la vacunación

 Aunque las actividades de inmunización se inician y concentran en la infancia, deben proseguirse a lo largo de toda la vida de la persona.

¿Qué es una reacción adversa a la vacunación?

R.- Son efectos indeseables ocurridos como consecuencia de la vacunación. Cualquier substancia que ejerza alguna influencia sobre el organismo -alimentos, medicamentos, vacunas, etc.- es una potencial productora de efectos adversos.

¿Son graves todas las reacciones adversas?

R.- No, casi ninguna es grave. Las reacciones adversas a la vacunación o reacciones postvacunales abarcan un amplio abanico de cuadros clínicos, que pueden ir desde una simple hinchazón en el lugar de la punción, hasta cuadros anafilácticos (alérgicos) muy graves y por fortuna infrecuentes.

El personal sanitario debe informar de la posibilidad de dichas reacciones a los sujetos vacunados o, caso de ser éstos menores de edad, a sus padres. La actuación ante las mismas debe ser precoz y adecuada y, en los casos en los que proceda, debe sugerirse a los usuarios la manera correcta de tratarlas en casa.

¿A qué se deben las reacciones postvacunales?

R.- Pueden deberse a cualquiera de los componentes de una vacuna: antígeno principal, substancias provenientes del medio de cultivo, antibióticos, conservantes-estabilizadores, adyuvantes y contaminantes ocasionales. Las reacciones postvacunales, aún las más leves, son cada vez menos frecuentes, debido a los continuos avances en el proceso de fabricación de las vacunas.

¿Cómo debe tratarse la tumefacción -hinchazón, enrojecimiento, calor y dolor- en el lugar de inoculación de una vacuna?

R.- Con frío local y, si existe dolor, con analgésicos (paracetamol o ibuprofeno) durante un máximo de 24-48 horas.

A mi hijo le salió un "bultito" duro en el muslo después de vacunarle de tosferina, ¿es esto grave?

R.- Los nódulos subcutáneos aparecen en el 5-10% de las dosis de vacuna antitosferínica. Pueden ser dolorosos y alarmantes para los padres, aunque no suelen causar problemas mayores, desapareciendo espontáneamente en 1 ó 2 semanas.

Tuve durante unos días las rodillas doloridas y algo hinchadas después de vacunarme de la rubéola, ¿es grave?

R.- La inflamación dolorosa de algunas articulaciones ocurre en una de cada cuatro mujeres adultas vacunadas de rubéola. Esta reacción es mucho menos frecuente e intensa en niñas y adolescentes. Se trata de una reacción banal frente a la que no procede adoptar ninguna medida, excepto el tratamiento sintomático del dolor.

Si mi hijo tiene fiebre tras la vacunación, ¿qué debo hacer?

R.- Previa consulta médica, puede tratarlo con ibuprofeno a razón de 20 mg por Kg de peso y día o también con paracetamol, a razón de 50 mg/Kg/día. Reparta la dosis diaria del fármaco elegido, entre 4 y 6 tomas diarias. No use salicilatos (Aspirinaâ), pues su empleo se relaciona con una grave enfermedad neurológica (Síndrome de Reye). Si la fiebre no cediera en 24-48 horas, buscar asistencia médica.

¿Qué vacunas son las que provocan fiebre?

R.- Aunque cualquier preparado vacunal puede provocar fiebre, ésta se relaciona principalmente con dos vacunas :

– Difteria-Tétanos-Tosferina celular (DTPc): A las pocas horas de su administración, el 50% de los niños sufre de febrícula y el 70% tienen reacción de tipo local. Estos problemas son causados, generalmente, por el componente antitosferínico de esta vacuna.

La reactividad de la vacuna antitosferínica celular o entera, aumenta con el número de dosis y con la edad del vacunado, por lo que el empleo del otro tipo de vacuna antitosferínica o vacuna acelular, menos reactógena, debe priorizarse en los niños de mayor edad. La vacuna acelular de la tosferina (Pa), tiene menor riesgo de reacciones febriles (10%) y de reacciones locales (10%).

La sintomatología local y la fiebre, pueden acompañarse de otros síntomas como cefaleas, sudoración, dolores musculares y articulares, pérdidas de apetito,…

– Sarampión-rubéola-parotiditis (SRP): El 10% de las dosis de la vacuna triple viral produce reacción febril. Normalmente se trata de fiebre que cede en 24-48 horas,. Es de presentación tardía (del 5º al 14º día de la vacunación) y suele acompañarse de exantema (sarpullido). Es más frecuente en niños pequeños, tras la primera dosis de SRP.

¿Qué es una reacción anafiláctica?

R.- La anafilaxia es una rara reacción alérgica que a veces reviste gravedad, por lo que hay que tratarla del modo más precoz posible.

¿A qué se deben las reacciones anafilácticas?

R.- La más frecuente causa de anafilaxia relacionada con la administración de vacunas es la alergia a proteínas de huevo-pollo o a ciertos antibióticos. Algunas marcas de vacunas de virus vivos, se fabrican a partir de virus vacunales cultivados en embriones de pollo. Para inhibir el crecimiento de bacterias en dicho cultivo, suelen añadirse antibióticos (especialmente neomicina). Los restos de proteínas de pollo y de antibióticos que quedan irremediablemente en el preparado vacunal, una vez extraído del cultivo, son los potenciales causantes de la mayoría de los cuadros anafilácticos postvacunales.

Para evitar este problema, muchos preparados actuales emplean otros medios de cultivo: células diploides humanas, células de riñón de mono, etc.

En niños con alergias demostradas de tipo anafiláctico a estas substancias, existen preparados vacunales alternativos que permiten la vacunación en casi todos los casos. Así, en niños alérgicos a algún componente de la vacuna oral de la poliomielitis (VPO o "tipo Sabin"), existe una vacuna antipolio alternativa, la vacuna inactivada de la polio (VPI o "tipo Salk"), fabricada a partir de virus muertos, que resulta adecuada en casi todos los casos de hipersensibilidad a la VPO.

¿Todas las anafilaxias son graves?

R.- La anafilaxia, propiamente dicha, engloba cuadros de variopinto pronóstico, que van desde reacciones cutáneas leves o urticarias, edema (hinchazón) facial, edema laríngeo, broncoespasmo, vómitos, diarreas, calambres abdominales, convulsiones,… hasta el más temible cuadro: el shock anafiláctico, a veces letal.

En los casos graves, el tratamiento ha de ser extrema urgencia. Por ello, las vacunas deben ser siempre administradas por personal sanitario adiestrado en el reconocimiento y tratamiento de estos cuadros. Los puntos de vacunación de la red pública de atención primaria, poseen, en todos los casos, una infraestructura humana y material que permite el adecuado abordaje de estas reacciones adversas y garantiza, si fuese necesario, el rápido traslado del paciente a un centro hospitalario.

¿Son frecuentes los cuadros anafilácticos tras la administración de vacunas?

R.- En nuestro medio, dicha incidencia es muy pequeña e incluso algunos expertos la califican de "casi imposible", por la gran pureza de las vacunas comercializadas. En todo caso, es inferior a uno por cada 200.000 dosis vacunales.

¿Cómo puedo reconocer una reacción anafiláctica?

R.- Algunos síntomas son muy orientativos: taquicardia, rostro "rubicundo" -a veces hinchado-, trastornos en las vías respiratorias altas (tos seca y como "en salvas", estornudos, moqueo, "pitidos", ronquera, asfixia,…) y erupción y picor en manos y pies. Estos síntomas, producidos después de una vacunación, requerirían de una valoración médica urgente. Por ello, es de suma importancia que permanezca 15-30 minutos en observación en el centro vacunador, pues los cuadros más graves se presentan dentro de ese plazo.

Después de la vacunación, mi niño perdió el sentido durante unos segundos, ¿es esto grave?

R.- Normalmente no. Lo más seguro es que el niño sufriera un espasmo del sollozo, que es un desmayo pasajero, aunque muy aparatoso. Acontece en niños pequeños (casi siempre menores de tres años). Al sentir el dolor del pinchazo, el niño se "enrabieta" y tras una pausa sin respirar en pleno llanto, se desvanece. Se debe a que la sangre aporta menos oxígeno al cerebro durante breves segundos.

Lo que debe quedar claro es la benignidad de su pronóstico. No conviene "medicalizar" el cuadro. El niño no tiene "nada malo". La prevención es fácil: durante el acto vacunal, la madre debe abrazar y acariciar al niño en un ambiente relajado, de forma que este se sienta suficientemente protegido.

Me desmayé tras recibir una vacuna, ¿qué puedo hacer?

R.- Nada, salvo evitar dañarse al caer si se repite el cuadro. Casi seguro que Vd. ha sufrido un síncope, cuadro muy parecido al descrito en la pregunta anterior. Su pronóstico es también benigno. El síncope es un desmayo breve con palidez e hipotonía (flojedad muscular). Está provocado por una bradicardia pasajera (latido cardíaco demasiado lento) y se acompaña de sudor frío y náuseas. Es más frecuente en adolescentes y adultos. Se debe, al igual que el espasmo del sollozo, a una anoxia cerebral pasajera (falta de oxígeno). Acuda a vacunarse la próxima vez con menos miedo, pero no deje de acudir.

 

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