La enfermedad

20/12/2018

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La encefalitis japonesa es la principal causa de encefalitis producida por virus en muchos países de Asia, en los que cada año se registran unos 68.000 casos clínicos, ocurriendo el 75% de estos casos en niños con edades comprendidas entre 0 y 14 años1,2. En los países donde es endémica, la mayoría de los adultos están naturalmente inmunizados por haber tenido la infección en la infancia, si bien puede afectar a personas de cualquier edad.

Reservorio y vías de transmisión

Es endémica en las zonas rurales, sobre todo donde coexisten el cultivo de arroz y la cría de cerdos; también se registran algunas epidemias en zonas urbanas3. El reservorio de este virus lo constituyen pequeños vertebrados domésticos, los cerdos y las aves acuáticas presentes en los arrozales. Estos animales mantienen el virus e infectan a los mosquitos, que a su vez transmiten el virus a las personas. Sin embargo, una persona infectada no puede transmitir el virus a un mosquito.

En la mayor parte de las zonas templadas de Asia, el virus de la encefalitis japonesa se transmite principalmente en verano, que es cuando se producen las grandes epidemias. En las regiones tropicales y subtropicales, la transmisión puede tener lugar durante todo el año, aunque suele intensificarse en la estación de lluvias, y en las zonas de arrozales en los periodos previos a la cosecha. La enfermedad no se transmite de persona a persona1.

Manifestaciones clínicas

El periodo de incubación oscila entre 5 y 15 días. La mayor parte de las infecciones por el virus de la encefalitis japonesa son leves (fiebre y cefalea) o asintomáticas, pero aproximadamente una de cada 250 infecciones se convierte en una enfermedad grave caracterizada por la repentina aparición de fiebre elevada, cefalea, rigidez de nuca, desorientación, coma, ataques, parálisis espástica y muerte4. La tasa de letalidad puede alcanzar al 30% de las personas con síntomas de la enfermedad. Entre un 20% y un 30% de los supervivientes quedan con secuelas mentales y neurológicas, tales como parálisis, ataques recurrentes o pérdida del habla1.

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