Vacunación y lactancia materna


Una revisión reciente aparecida en la revista Breastfeeding Medicine refuerza lo ya conocido en cuanto a que las vacunas son seguras tanto para la madre que da el pecho como para el niño que lacta, por lo que la lactancia natural no supone ningún impedimento para la recepción de las vacunas rutinarias.

La revisión la lleva a cabo el farmacéutico Philip Anderson de la Escuela de Farmacia de San Diego.

Sí que explicita dos situaciones en las que la lactancia natural está contraindicada: fiebre amarilla y viruela.

Por otra parte dice que no se dispone de claras evidencias de que las vacunas atenuadas se excreten por la leche, pero en el caso que así fuera las infecciones serían leves al tratarse de vacunas atenuadas.

Vacunación y lactancia materna




Doña Isabel, la enfermera de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna


Diciembre 2007

Autores: 
Susana María Ramírez Martín (a)
José Tuells (b)
 

a Departamento de Biblioteconomía y Documentación. Universidad de Carlos III.
b Departamento de Enfermería Comunitaria, Medicina Preventiva y Salud Pública e Historia de la Ciencia. Universidad de Alicante. Centro de Vacunación Internacional de Alicante, Sanidad Exterior, Ministerio de Sanidad y Consumo.

Palabra clave: Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, Doña Isabel, Enfermería

Este artículo ha sido publicado en la revista Vacunas, 2007; 8 (3): 160-6 

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La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (REFV) dirigida por Francisco Xavier Balmis contó entre sus expedicionarios con una mujer, Doña Isabel, la cuidadora de los niños vacuníferos, un ejemplo pionero en la historia de la enfermería pediátrica española. La vida de esta Francisco Xavier de Balmisgran desconocida ha quedado unida para siempre a la primera campaña organizada de inmunización en la historia de la salud pública. Al vacío de datos biográficos, comenzando por la confusión en torno a su propio nombre, hay que añadir su papel de actriz secundaria en la REFV, a cuyo periplo parece circunscrita su trayectoria vital. Es posible que Balmis al pergeñar el guión de la expedición no la tuviera en cuenta para ofrecerle algunas líneas de diálogo, Doña Isabel no las necesitó, bastó su presencia para infundir energía a un buen número de escenas.

Francisco Xavier de Balmis

Los practicantes y enfermeros de la REFV

Tras la Real Orden de Carlos IV emitida el 6 de junio de 1803, que dispone se organice una expedición científica con el objeto de llevar “el eficaz remedio de la vacuna como preservativo de las viruelas a todas sus posesiones”1, se inician en un tiempo récord los preparativos que permitirán zarpar a la REFV del puerto de La Coruña el 30 de noviembre de 1803. El convoy humanitario, con Balmis a la cabeza como médico y director, se compone de tres cirujanos en calidad de ayudantes, José Salvany y Lleopart, Manuel Julián Grajales y Antonio Gutiérrez Robledo. Las circunstancias del viaje determinaran que Balmis designe al primero de ellos como subdirector. Completan la nómina dos practicantes, Francisco Pastor Balmis y Rafael Lozano Pérez y tres enfermeros, Basilio Bolaños, Pedro Ortega y Antonio Pastor. Junto a ellos viaja la Rectora de la Casa de Expósitos de La Coruña, que tiene a su cargo los 22 niños elegidos para trasladar en sus brazos la vacuna hasta América.

Las obligaciones de cada uno de los miembros de la REFV estaban inicialmente bien diferenciadas, conteniendo el Expediente General sus responsabilidades específicas, llegándose a tipificar incluso el tipo de vestimenta que debían utilizar: “Para la mayor economía y decencia de los individuos de las expediciones, se permita a los Ayudantes usar el mismo uniforme que los de los hospitales del Ejercito, y para los practicantes y enfermeros el de los porteros del Jardín Botánico”2.

Cuando la REFV llega a América se trastocan los planes. Ante la necesidad de llegar al máximo de lugares posibles se produce una primera división, Balmis inicia una ruta que recorrerá México con destino a Filipinas y China, mientras Salvany toma rumbo hacia el sur en un recorrido que le llevará hasta el Perú y que proseguirá Grajales en Chile. A lo largo de estas dos grandes rutas se organizaron pequeñas expediciones para abarcar más territorio que fueron cubiertas por los propios integrantes de la REFV ayudados en numerosas ocasiones por sanitarios locales.

Es incuestionable la excelente labor desarrollada por los practicantes y enfermeros, reconocida tanto a través de los informes que emitieron Balmis y Salvany, como del interés que puso Balmis, una vez acabada la expedición, por sus situaciones personales. Los practicantes fueron seleccionados personalmente por Balmis. Él mismo había iniciado su formación como Practicante primero del Hospital Real Militar de Alicante a la edad de 17 años, plaza obtenida por examen riguroso y que desempeñó durante cinco años (1770-1775) al lado del Cirujano Mayor del mencionado hospital1.

Empleo de Balmis como practicante de cirugía
del Hospital Real Militar de Alicante

 

En aquella época los practicantes recibían formación como aprendices de cirugía, tal fue el caso de Edward Jenner, que entre los 14 y los 21 años trabajó junto al cirujano John Ludlow en Sodbury para después trasladarse al Hospital de St. Georges en Londres donde acabó de formarse con el célebre cirujano John Hunter 3. Al practicante, un paso previo al oficio de cirujano, se le enseñaban operaciones de cirugía menor, aplicación de apósitos y vendajes. También se familiarizaban con la técnica inoculatoria.

En la REFV para los cargos de ayudante se eligieron licenciados en Medicina y Cirugía, mientras que para los de practicante se seleccionó a personas con experiencia en inoculaciones y técnica quirúrgica.

Francisco Pastor Balmis, era practicante “mui instruido en la Bacunación por haverla constantemente practicado a mi lado”, según cuenta Balmis hablando de su sobrino, que durante un tiempo vivió con él en Madrid aprendiendo el oficio de cirujano, antes de elegirlo para formar parte de la REFV1. Cuando la expedición se halla en La Habana, Balmis decide “enviar al practicante D. Francisco Pastor con las correspondientes instrucciones, niños y ejemplares, del tratado histórico de la vacuna desde Campeche a Laguna por ser mas corto y seguro el viaje que desde La Havana a Truxillo”, tomando esta decisión por que de “fiar este encargo a otro facultativo que no tenga la instrucción competente, no podrá aventurarse el éxito que tanto interesa”1.

Al dividirse la expedición, Francisco Pastor permanece junto a su tío. Su labor fue muy reconocida, destacando por sus dotes de organizador durante su misión en Guatemala, “Al ayudante Pastor lo envió Balmis a Guatemala desde La Habana siguiendo la vía Campeche. En el discurso de su viaje vacunó a más de 200.000 personas, estableciendo en la Capital de la Capitanía General un reglamento para su conservación parecido en todo al de Caracas”1.

Teniendo pues la categoría de practicante, su preparación le hacía merecedor de llevar a cabo tareas de ayudante. En México, Balmis informa que ya se ha reunido a la expedición el practicante Francisco Pastor, que ha desempeñado “su comisión con todo acierto”, aunque los inconvenientes han sido muchos. Ha caminado “en un mes mas de 400 leguas” y se halla “convaleciente de su enfermedad”1. Más tarde acompaña a Balmis en el trayecto hasta las islas Filipinas, donde juega un papel importante en la dispersión de la vacuna por el archipiélago. Comisionado junto con Pedro Ortega, llegan hasta las islas Visayas, cuyos nativos eran hostiles a las tropas españolas. Poco antes de su llegada una terrible epidemia de viruela había asolado la zona, la actuación de los dos expedicionarios cortó el brote y en agradecimiento los nativos hicieron las paces con sus enemigos españoles4.

El otro practicante, Rafael Lozano Pérez, seleccionado por Balmis ya que “se ha dedicado a esta nueba inoculación y es cirujano aprobado”, acompañó a Salvany en la ruta andina junto a Grajales y Bolaños, participando en la actividad vacunadora con mérito suficiente para que Salvany solicitara al rey que en señal de agradecimiento lo distinguiera con los honores de Cirujano de Cámara1. Un ejemplo de practicante que pasa a ayudante de cirugía hasta conseguir la categoría de cirujano.

Las obligaciones de los enfermeros eran diferentes, su misión consistía en proveer cuidado a los niños. Como expresa el texto del reglamento elaborado por Balmis, “para el buen desempeño de este cargo, conviene recaiga en sujetos de juicio y prudencia que cuiden del buen orden de los niños, que deben guardar así en el mar como en tierra, de su limpieza y aseo que tanto interesa para conservar la salud y de asistirlos con amor y caridad. No deberán separarse de los niños cuando salten a tierra y cuando salgan al campo, para evitar algún extravío, y hacerles guardar la moderación y buen orden que se requiere en una expedición tan respetable”. Debían favorecer la labor de los cirujanos ayudando a resolver las dificultades que se presentasen. Carecían de formación académica aunque la experiencia adquirida durante la expedición los convirtió en valiosos colaboradores.

Basilio Bolaños, a las órdenes de Salvany, llegó con la expedición a Perú y más tarde acompañó a Grajales en el itinerario hasta el Reino de Chile, embarcando desde Lima hasta Valparaíso. Salvany también quiso que se le agradecieran los servicios prestados por lo que solicitó al rey “le distinga con los honores de Conserje del Real Palacio o bien con otra distinción”1. Pedro Ortega llega con Balmis hasta Filipinas y colabora activamente con Francisco Pastor en la propagación de la vacuna. Fallecerá en Manila antes que los expedicionarios Gutiérrez, Francisco Pastor, Ángel Crespo, Antonio Pastor y la Rectora, vuelvan a México tras completar su actividad vacunadora. Balmis hizo el trayecto de vuelta a España por Cantón y Santa Elena en solitario.

Niños durante el viaje
Niños durante el viaje

A su llegada “recomienda encarecidamente que se proteja a los dos hijos huérfanos de su colaborador D. Pedro Ortega”. Ángel Crespo, que iba a formar parte del grupo inicial de expedicionarios, realizó funciones de secretario de la REFV durante el itinerario mejicano, actuando como un enfermero más en todo el trayecto filipino, obteniendo tras su vuelta a México una pensión. El último enfermero, Antonio Pastor, también familiar de Balmis, siguió el mismo destino que Francisco Pastor. Tras completar la expedición junto a Balmis hasta Filipinas, retornaron a México y 3 años después por mediación de su tío pudieron volver ambos a España4. Queda ahora por revisar la figura de la enfermera que trabajó codo con codo en este colectivo sanitario.

 


El incierto apellido de la Rectora

Todas las fuentes coinciden en que la Rectora de la Casa de Expósitos de La Coruña se llamaba Isabel y de forma mayoritaria convienen que su segundo apellido era Gómez. Sobre su primer apellido, sin embargo, se viene manteniendo desde hace 200 años una notable confusión, a la que sin duda empezó a contribuir el propio Balmis. La llama Dña. Isabel Sendala y Gómez, en Carta de Balmis al Marqués de Someruelos, Capitán General de la Isla de Cuba, fechada en La Habana el 26 de mayo de 1804. La llama Dña. Isabel Zendala y Gómez, en Informe de Balmis fechado en Acapulco el 5 de febrero de 1805. La llama Dña. Ysabel Gomez Sandalla, en el Informe de Balmis, fechado en Sevilla el 6 de diciembre de 1809. Otros 4 documentos de la época, la denominan Isabel Cendala y Gómez (1804 y 1805), Isabel Cendalla y Gómez (1809), Isabel Sendalla (1810). Por lo que encontramos en vida de la Rectora 6 interpretaciones diferentes de su apellido en la variada documentación relativa a la REFV.

Posteriormente diversos autores han introducido nuevas variaciones, añadiendo Cendales, Gandalla, Sendales o cambiando el apellido Gómez por López. La Tabla 1 ilustra las autorías e influencias que han jalonado a uno y otro lado del Atlántico el enigma del apellido y muestra como cada nueva fuente abre un sendero de repeticiones1,4-23.

Resulta paradigmático que en una misma obra colectiva del año 2004 correspondiente a las celebraciones del bicentenario de la REFV, se la pueda encontrar con 3 nombres diferentes, prueba de la fidelidad a las propias fuentes o del rol subsidiario de la Rectora17. Otro ejemplo anecdótico es la propuesta que se hizo en 1971 por el ayuntamiento de La Coruña para dedicarle una calle y que tuvo como resultado final la adjudicación a Isabel López Gandalla. El comentario reivindicativo de su figura realizado por el autor de un artículo en 1966 llevó a esta situación24, que él mismo intenta remediar tras una revisión21 y, admitiendo sus fuentes 8, proponiendo en 1981 que se corrija la placa y rece sólo: “Calle de Doña Isabel, Rectora de la casa de Expósitos, 30-XI-1803”.

Las versiones del apellido procedentes de América suelen utilizar Cendala-Sendala-Zendala (Balmis, Cook, Smith, Fernández del Castillo, Bustamante, Colvin), Díaz de Yraola abrió la vía Gandalla (Rico-Avelló, Nieto Antúnez, Archila, Barona), la versión Sendales, adoptada desde el siglo XIX por Santucho en España, al que siguieron Castillo y Domper, Estrada, Rumeu de Armas o Piédrola Gil, parece contar actualmente con más amplio consenso tras los trabajos de Ramírez1-3, 23 (Balaguer, Rigau-Pérez, Moratinos, Núñez, Alvarez). Las razones que apoyan la decisión de esta última autora son que “así es como se denomina a la Rectora de la Casa de Expósitos en el mayor número de los documentos de archivo consultados. ¿Cómo se explicaría la conversión de Sendales en otros términos con que aparece el apellido en los diferentes autores? Pensamos que el apellido original sería Cendales. ¿Cómo se pasa de Cendales a Sendales? La S puede ser fruto del seseo de una población vinculada a la realidad americana. De su pronunciación a su escritura como ese no hay distancia, cuando no media un documento escrito”1, 23.

 

Tabla 1. Los nombres de la Rectora
 Nombre  Autor Año 
 Isabel Sendala y Gómez  Balmis  1804
 Isabel Sendala y Gómez  Integrantes REFV Acta AM Puebla  1804
 Isabel Sendala y Gómez  Balmis  1805
 Isabel Sendala y Gómez  Lista embarque navío Magallanes  1805
 Ysabel Gomez Sandalla  Balmis  1809
 Isabel Cendalla y Gómez  Expte. AGN escribano Hermida  1809
 Isabel Sendalla  Expediente AGN México  1810
 Isabel Sendales López  Santucho  1871
 Isabel Sandalla y Gómez  Moreno Caballero  1885
 Isabel Sendales y López  Castillo y Domper (Santucho)  1912
 Isabel Sendales López  Estrada Catoira (Santucho)  1917
 Isabel Sendales y López  Rumeu de Armas (Castillo) 1940 
 Isabel de Cendala y Gómez  Cook  1942
 Isabel López Gandalla  Diaz de Yraola  1948
 Isabel Sandalla y Gómez  Riquelme Salar  1950
 Isabel de Cendales y López  Alfonso  1950
 Isabel López Gandalla  Rico Avelló (Díaz)  1956
 Isabel de Cendala y Gómez  Fernández del Castillo (Cook)  1960
 Isabel López Gandalla  Nieto Antúnez (Díaz)  1966
 Isabel López Gandalla  Archila (Díaz)  1969
 Isabel Zendala y Gómez  Parrilla Hermida  1974
 Isabel Gómez y Cendala  Smith  1974
 Isabel Cendala y Gómez  Bustamante (AM Puebla)  1975
 Isabel Sendales  Piédrola Gil  1977
 Isabel López Gandalla  Febres Cordero (Archila)  1987
 Isabel de Cendala  Arquiola  1991
 Isabel Sendales y Gómez  Ramírez Martín  1999
 Isabel Sendales y Gómez  Balaguer (Ramírez)  2003
 Isabel Sendales y Gómez  Moratinos  2004
 Isabel López Gandalla  Barona (Díaz)  2004
 Isabel Sendales  Rigau-Pérez  2004
 Isabel Sendales y Gómez  Núñez (Ramírez)  2005
 Isabel de Cendala y Gómez  García  2005
 Isabel Cendala  Colvin  2006
 Isabel Sendales y Gómez  Alvarez  2006

Con todo y al hilo de esta revisión los siguientes argumentos quizá puedan contribuir a fortalecer o debilitar las distintas versiones.

El término “cendal” significa “tela de seda o lino muy fina y transparente” (DRAE). Proviene del antiguo provenzal “sendal” y a su vez del latín “sindon”. Actualmente en desuso, aparece en una rima de Bécquer “cendal flotante de leve bruma”. Existe como apellido en España. Los términos cendala, sendala y zendala no aparecen en el DRAE. Como apellidos, no se encuentra Cendala y de forma muy minoritaria existen Zendala y Sendala en algunas zonas de EEUU.

La palabra “gandalla” se utiliza de manera coloquial en México para referirse a un individuo “que es abusivo y tiene malas intenciones, que siempre molesta a los demás”. No está aceptada por el DRAE. Como apellido se encuentra en Puerto Rico y EEUU.

Los zendales son los individuos de un grupo indígena mexicano que viven en el estado de Chiapas y también el nombre de un río en la misma región. En documentos coloniales también se les denomina cendales, tzeltales, sosiles o quelenes. En 1712, los indios zendales protagonizaron una sublevación contra las autoridades coloniales españolas por la explotación a la que eran sometidos. El levantamiento de los 32 pueblos zendales de la entonces provincia de Chiapa fue sofocado duramente. No encontramos el apellido Zendales. En zonas de EEUU existen algunas personas como Sendales. Finalmente, el apellido Cendales es bastante común en Colombia y aparece en varios países México, Venezuela.

A la vista de estos datos creemos que la versión Gandalla del apellido debe descartarse, aparece por primera vez en el texto de Díaz de Yraola (1948)8 y luego es repetida por los autores que siguen esta fuente. La “S” mayúscula es fácil de confundir con la “G” en textos manuscritos, por lo que se trataría de un error y en realidad sería “Sandalla”, más acorde con una de las transcripciones de Balmis (1809).

Sobre la versión Cendales, hay que señalar que solo la refiere un autor9 (1950), escritor y cineasta, no historiador y con ser actualmente la forma más común de apellido de todas las versiones, éste sólo aparece en América, por lo que debe eliminarse como opción. El caso para Sendales debe ser observado desde una perspectiva diferente a anteriores análisis de los que incluso hemos participado. Aparece citado por primera vez en 1871 (José María Santucho y Marengo, médico militar y académico) y seguido en 1912 por Julio Castillo y Domper (médico militar) abriéndose con ambos una línea muy consultada. Sin embargo, el bloque de referencias contemporáneas a La Rectora no tiene ninguna opción que acabe en “ales”, lo que debilita esta posibilidad. Nos encontraríamos en un callejón sin salida, abocados a elegir entre las versiones de los documentos de la expedición –Send/Cend/Zend/Sand- y –ala/alla-. Sirva como ejemplo de la diferencia entre seguir a un autor o acudir a una fuente primaria el que proporciona en su obra Fernández del Castillo11, cita 7 veces a la Rectora como Isabel de Cendala, siguiendo a Cook7 y en el único documento de la expedición que transcribe donde se la nombra aparece como Isabel Cendalla.

Quizá existe otra posibilidad que pueda explicar el origen de tan larga confusión. Siempre se ha dado por sentado que la Rectora debía ser gallega, pero nunca se han encontrado versiones de su apellido en esa región. Galicia mantuvo una constante relación con Irlanda o Inglaterra, comerciantes, soldados o marinos inmigrados de estos países se asentaron durante los siglos XVII y XVIII en las costas gallegas. Existe un Camino Inglés, denominado así por los cientos de peregrinos que llegaban en barco a los puertos de Ferrol o La Coruña para viajar hasta Santiago de Compostela. Dos de los apellidos más antiguos en estos países y que también aparecen como inmigrantes en EEUU a partir del XVIII, son Sendall y Sandall. ¿Pudo ser Doña Isabel hija de un inglés o irlandés casado con una española? ¿Pudo tomar el apellido como consecuencia de su matrimonio con un inglés? ¿La trascripción fonética de Sendall o Sandall al castellano no es fácilmente compatible con cualquiera de las versiones dadas hasta ahora? Sin ánimo de contribuir a la lista de acepciones, creemos que ésta podría ser una línea de investigación a considerar. Explicaría en parte un cierto desarraigo para tomar decisiones y un carácter forjado con más variedad de experiencias.

 


Su papel durante la REFV

La incorporación de la Rectora a la REFV se decide cuando los expedicionarios se encuentran en La Coruña ultimando los preparativos del viaje. Todavía en Madrid, el 21 de agosto de 1803, Balmis presenta una lista de los empleados, sus dotaciones y las asignaciones que dejan a sus familias. La Rectora no figura en ese documento. Desde la llegada a La Coruña a mediados de septiembre, Balmis se preocupa de fletar el barco y de colectar a los niños vacuníferos. Es entonces cuando entra en contacto con La Rectora de la Casa de Expósitos y probablemente decide incorporarla a la expedición. Se ha especulado sobre si la iniciativa pudo partir del propio Balmis, de la institución o de la misma Rectora. No se sabe con exactitud, pero dadas las atribuciones de que disponía Balmis, “la elección de los niños era tarea privativa del Director de la Expedición” o que excluyó de la lista inicial de expedicionarios pocos días antes de la partida al Exposición con ocasión del Bicentenarioayudante Ramón Fernández Ochoa por observar en él un mal comportamiento, no es de extrañar que la decisión partiera de él.

Exposición con ocasión del Bicentenario

El Reglamento del Gran Hospital de Santiago y de la Casa de Expósitos, contempla las funciones de la Rectora encargada de ésta última como: Vigilaría constantemente el departamento de su cargo, cuidando de que reine en él el mayor orden, así como del aseo y limpieza de las habitaciones y expósitos y reconocerá a estos para ver si están limpios y bien aliñados. Manipulará las ropas de los expósitos que le serán entregadas con el sello correspondiente por el Director, y cuidará de su lavado y repaso. También incluye entre los perfiles del personal que: Las enfermeras o mozas de sala acreditaran ante el Director su buena vida y costumbres, ser menores de 40 años y de constitución robusta. Se dará preferencia a las solteras o viudas23.

Durante el arduo proceso de captación de niños en Galicia, que tuvieran entre 8 y 10 años, fueran sanos y no hubieran padecido las viruelas naturales, Balmis debió pensar en la necesidad de una figura femenina para su cuidado durante el viaje, o tal vez al conocer a la Rectora intuyó que una mujer de su experiencia garantizaría una mejor atención de estos. La Rectora debió mostrar una gran fortaleza de carácter para aceptar tamaña responsabilidad y se dispuso a contribuir al éxito de la aventura.

Comisionada pues para “inculcar confianza y repartir cariño maternal entre los infantes”, se la nombra a propuesta de Balmis y de Ignacio Carrillo, presidente del Hospital de la Caridad, con fecha 14 de octubre de 1803 y en calidad de enfermera de la REFV: “Conformandose el Rey con la propuesta de Vm. y del Director de la expedición destinada a propagar en Yndias la inoculacion de la vacuna, permite S.M. que la Rectora de la Casa de Expósitos de esa Ciudad sea comprehendida en la misma expedición en la clase en Enfermera con el sueldo y aiuda de costa señalada á los Enfermeros, para que cuide durante la navegacion de la asistencia y aséo de los Niños, que haian de embarcarse, y cese la repugnancia, que se experimenta en algunos Padres de fiar sus hijos al cuidado de aquellos sin el alivio de una Muger de providad. Con esta fecha paso el aviso correspondiente al Ministerio de hacienda para que la Rectora reciva en esa Ciudad la aiuda que costa de tres mil rs. con destino á su havilitación, y para el abono en Yndias del sueldo de quinientos ps. annuales, contados desde el dia que embarque, y la mitad á su regreso, que deberá ser de cuenta del Erario; y á Vm. lo participa de Rl. Ordenes para la inteligencia de la Junta de caridad, de que es Presidente y noticia de la Ynteresada”23.

Existe un total desconocimiento de sus datos personales, edad, estado civil, etc. En diversos documentos se cita, no obstante, que uno de los niños vacuníferos era hijo suyo. Cuando la expedición parte rumbo a Filipinas, “de los 22 niños que salieron de La Coruña quedaban al cargo del Virrey 21  pues el otro restante quedó interinamente con su madre la Rectora de la Casa de Expósitos de La Coruña”23. En documento del AGN de 17 de marzo de 1809 relativo al destino y protección que se ha de dar a los niños empleados en la expedición: “…Y por último es su Real Voluntad que al hijo de la Rectora de la Expedición Dª Isabel Cendalla y Gómez se le pase y abone en esas Casas Reales desde 1º de agosto de 1804 aquella cantidad que hubiere tenido de costo en el Hospicio de Pobres uno de los destinados a él, respecto a no haber disfrutado auxilio alguno en ese tiempo del Real Erario, y que se le continúe por ahora y hasta tanto que se halle con la colocación o destino a que su inclinación le llame y quiera su madre, cuyo zelo y extraordinarios servicios contraídos en la Expedición han sido muy satisfactorios a S.M…”. Diferentes autores citan que el niño, Benito Vélez, era adoptado4. Todo hace pensar que era una mujer sola con un único hijo a su cargo, situación que podía justificar el adherirse a la Expedición sin dejar nada atrás.

Tal vez fuera viuda. Efectivamente, se la califica de mujer de probidad, es decir, honrada. Esto no sería creíble en el caso de haber tenido el hijo fuera del matrimonio. Debió ser una mujer de gran categoría. La Casa de Expósitos y el Hospital de la Caridad eran las dos grandes obras de beneficencia de Galicia. El Presidente de la Junta del Hospital de la Caridad era don Ignacio Carrillo, en la misma categoría estaba Doña Isabel. Su prestigio constituiría un plus para convencer (superar la repugnancia) a los padres remisos a confiar a sus hijos al cuidado de los enfermeros “sin el alivio de una mujer de providad”23.

Grabado utilizado en la conmemoración del Bicentenario de la Expedición

 

Grabado utilizado en la conmemoración
del Bicentenario de la Expedición

La participación de la Rectora de la Casa de Expósitos en REFV fue ejemplar, controlaba todo lo relacionado con los niños, por lo que fue un gran apoyo para el feliz desenlace de la expedición vacunal. En junio de 1805 Balmis informa en Manila que: “La Rectora de esta Real Expedición me ha hecho presente que en atención a la dilatada navegación, que se debe emprender para nuestro regreso, necesitan los 26 jovenes que han servido para trasmitir la Vacuna a estas Yslas de algunas ropas y utensilios para mantenerlos con el aseo y limpieza correspondiente; lo que pongo en consideración de V.m. para que de cuenta de la Real Hacienda se les habilite de todo lo que fuere de absoluta necesidad conforme a la soberana voluntad de su Majestad”23.

Hay que advertir que dedicarse al cuidado de los niños contenía aspectos muy diversos. En primer lugar los derivados del viaje en sí mismo, mareos, vómitos, gastroenteritis, parásitos, accidentes ordinarios en las navegaciones. Las condiciones climáticas también influían en la salud, se pasó del invierno húmedo gallego al calor extremo en zonas tropicales, “son tan crueles y duras las penalidades que sufren los niños durante la travesía desde la península hasta el Caribe”1. A esto hay que añadir la extrema atención que requería la vigilancia de las sucesivas inoculaciones que se iban practicando. Observar que no se mezclaran los inoculados con el resto para que no se contagiaran, evitar que se manipularan las pústulas, conseguir una buena transmisión del fluido vacunal. Doña Isabel cuidó en todo momento de que las operaciones fueran lo más limpias posible.

La tarea de los expedicionarios fue muy elogiada, en varias ocasiones se agradeció a Balmis y al resto de miembros “el buen desempeño de su Comisión en Nueva España, y se les encargaba que si algo hubiesen dexado por hacer lo perfeccionasen a su regreso de Filipinas”. Pero es Balmis, que se prodigaba poco en elogios, quien resalta especialmente la actitud y dedicación de Doña Isabel, “La miserable Rectora que con el excesivo trabajo y rigor de los diferentes climas que hemos recorrido, perdió enteramente su salud, infatigable noche y día ha derramado todas las ternuras de la más sensible Madre sobre los 26 angelitos que tiene a su cuidado, del mismo modo que lo hizo desde La Coruña y en todos los viajes y los ha asistido enteramente en sus continuadas enfermedades”, en informe de Balmis, Macao (1806).

Figura enigmática, Doña Isabel es uno de los pilares de la expedición. Cuidó de los “galleguitos” desde La Coruña hasta la capital novohispana y a los niños mexicanos que partieron desde Acapulco rumbo a Filipinas. Estuvo en el archipiélago hasta que volvió nuevamente la Expedición Vacunal a Nueva España. Al volver de las Islas Filipinas, la rectora rompió con los lazos que la vinculaban a la Península y se estableció en Puebla de los Ángeles donde desaparece para la historia de la ciencia española4.

Doña Isabel novelada

El entorno de la Expedición por su carácter de gesta pionera se presta a la fabulación. El papel de Balmis cuya vida personal parece envuelta en el misterio, su carácter personal, una mezcla de determinación, intransigencia, fortaleza, minuciosidad, siempre abierto a porfiar, resulta sin duda atractivo para una narración. No lo es menos la figura de la Rectora. Más desconocida, más misteriosa, única mujer en la expedición, es un personaje ideal para inventarle atributos, para imaginarle una vida. Por el momento contamos con 3 versiones noveladas de la Expedición que guardan un punto en común, la ampliación de la figura de Doña Isabel, confiriéndole un protagonismo mayor que el encontrado en libros o artículos históricos.

En una primera novela9 bastante bien documentada, Doña Isabel de Cendales y López, es presentada como una atenta colaboradora, pendiente de detalles hacia Balmis, ejerce su rol de enfermera y sólo en un momento de la acción un Balmis excepcionalmente contento le dirige un cumplido: “¡Yo no sé en qué están pensando los hombres jóvenes!”. Otra más reciente18, presenta a un Balmis romancero con una novia de juventud, varias cuitas amorosas en México, un fugaz y tardío matrimonio con una alicantina y finalmente un gran amor secreto: Doña Isabel de Cendala y Gómez. A lo largo del viaje narrado por Balmis en primera persona, se nos presenta una Isabel “alta, céltica, labios delgados, nariz afilada, gesto adusto, pelo amarillo-rojizo, ni bella ni fea”, que va aumentando su protagonismo a base de profesionalidad y capacidad de mediación entre el conflictivo Balmis y otros personajes. Éste empieza a descubrir su “belleza madura y serena, de dulces facciones, sonriente, que guarda un secreto”. Tras desvelarse que uno de los niños de la expedición es hijo de ella, -Balmis lo toma muy mal pero luego la entiende-, aumenta la intensidad de la relación que se carga de erotismo al calor de La Habana. Al final de su vida Balmis recibirá una larga carta en la que una Isabel ya fallecida le reconoce como el gran amor de su vida, Balmis descansa emocionado tras saberse correspondido.

Finalmente, una última versión19 de la vida de Doña Isabel Sendales y Gómez, con fuerte lanzamiento publicitario, comentario en JAMA incluido25, relata la vida de 2 mujeres, Alma e Isabel. La primera, escritora contemporánea, en medio de una crisis vital encuentra en la segunda, sobre la que decide escribir un libro, su fuente de inspiración. Isabel es aquí una mujer que padeció las viruelJulia Alvarez, “Para salvar al mundo”, 2007as, hecho que marcó su vida y determinó tras una prematura viudez, su labor en la Casa de Expósitos. Abnegada y excelente profesional, el cuidado de los niños, su seguimiento tras finalizar la REFV centran el relato. Doña Isabel escribe un diario de la expedición, narra cuentos a los niños para quitarles miedos, y llega a aprender la técnica inoculatoria. Una mujer ejemplar, testigo privilegiada de una gran aventura. Cortejada fugazmente por un contramaestre, su relación con Balmis es de colaboración profesional, se profesan un mutuo respeto, ella sabe que el tiene esposa en Madrid. Se encontraran un par de veces en México donde Balmis vuelve años después de la expedición. Ella trabaja como cuidadora, aplica remedios a los enfermos. La esencia de la historia es la vitalidad del universo femenino, “nuestras vidas no sólo nos pertenecen a nosotros mismos, sino también a quienes nos aman”19.

Julia Alvarez, “Para salvar al mundo”, 2007

Doña Isabel como pionera de la enfermería 

Se trataba de una profesional. Sus condiciones salariales eran precisas. En La Coruña cobraría tres mil reales con destino a su habilitación. En Indias cobraría 500 pesos anuales, contados desde el día en que se embarcase. Al regreso cobraría 250 pesos anuales. Cabe añadir a los méritos ya expuestos la escasa mortalidad que padecieron los niños durante los diversos trayectos. Demostró tanto su entrega física (excesivo trabajo, sufrimiento del rigor de los climas, infatigable noche y día) como psíquica (derramado todas las ternuras de la más sensible madre, asistido en sus continuas enfermedades en todos los viajes). Las valoraciones que se hicieron de ella, todas realizadas por varones, son elocuentes “ha perdido la salud, demostrado gran temple, constancia y bondad, ha disfrutado de un sueldo cortísimo”23.

Sin restar mérito al resto de practicantes y enfermeros, Doña Isabel constituye un símbolo por su singularidad. Ha sido definida como “enfermera abnegada y patriota”26, como “la primera ATS de la Historia”27 o como “la primera enfermera de la historia de la medicina hispana”3.

Escultura de Acisclo Manzano inaugurada en A Coruña (30-11-2003) como homenaje a la ExpediciónEscultura de Acisclo Manzano inaugurada en
A Coruña (30-11-2003) como homenaje a la Expedición

 

Su reconocimiento, no obstante, ha sido muy escaso. Su presencia en la literatura científica se limita a media docena de artículos o comunicaciones a congresos21-23, 28. En México, Miguel Bustamante, un relevante impulsor de la medicina preventiva y social de aquél país, reivindicó hace 30 años su figura considerándola “la primera enfermera de la historia de la salud pública”22. Gracias a su influencia y desde 1975 se otorga anualmente por la Presidencia de la República, el premio nacional “Isabel Cendala y Gómez” dedicado a premiar la labor de un profesional de la enfermería. Asimismo, la Escuela de Enfermería de San Martín de Texmelucan en el estado de Puebla, lleva su nombre. Contrasta esta visibilidad con la nula reivindicación efectuada en España. Si exceptuamos algún trabajo presentado en congresos de historia23, 28 o la perspectiva coruñesa de Nieto Antúnez, que tras influir para dedicarle una calle a su nombre en La Coruña, la llama “Primera Enfermera Internacional”21 y denuncia su olvido lamentándose de que ningún centro sanitario lleve su nombre, no hay mucho más. El colectivo de enfermería y particularmente aquellos que ejercen el rol de vacunadores podrían encontrar en Doña Isabel un ejemplo, rescatar su memoria es recuperar el rastro de miles de anónimos inoculadores.


Bibliografía

1. Ramírez Martín SM. La mayor hazaña médica de la Colonia. La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna en la Real Audiencia de Quito. Ed. Abya-Yala, Quito, 1999

2. Ramírez Martín SM. La salud del Imperio. La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. Ed. Doce Calles, Madrid, 2002

3. Tuells J, Ramírez SM. Balmis et variola. Ed. Generalitat Valenciana, Valencia, 2003

4. Smith MM. The “Real Expedición Marítima de la Vacuna” in the New Spain and Guatemala, Transactions of the American Philosophical Society, Philadelphia, 1974; 64 (1): 5-74

5. Moreno Caballero E. Sesión apologética dedicada al Dr. D. Francisco Xavier de Balmis y Berenguer. Discurso leído en la inaugural del Instituto Médico Valenciano. Imp. de Ferrer de Orga, Valencia, 1885

6. Castillo y Domper J. Real Expedición Filantrópica para propagar la vacuna en América y Asia (1803) y Progresos de la Vacunación en nuestra Península en los primeros años que siguieron al descubrimiento de Jenner. Imp. Ricardo F. de Rojas, Madrid, 1912

7. Cook SF. Francisco Xavier Balmis and the Introduction of Vaccination to Latin America. Bull Hist Med. 1942; 11: 543-560

8. Diaz de Yraola G. La vuelta al mundo de la Expedición de la Vacuna, prólogo de Gregorio Marañón. Escuela de Estudios Hispano-americanos, CSIC, Sevilla, 1948

9. Alfonso E: Y llegó la vida… Ed. Bruguera, Buenos Aires, 1950

10. Riquelme Salar J. Médicos, Farmacéuticos y Veterinarios en la Conquista y Colonización de América, Tip. Pablo López, Madrid, 1950

11. Fernández del Castillo F. Los viajes de D. Francisco Xavier de Balmis. Notas para la historia de la expedición vacunal de España a América y Filipinas (1803-1806). Ed. Galas de México, México, 1960

12. Archila R. La Expedición de Balmis en Venezuela, IV Congreso Panamericano de Historia de la Medicina, Tip. Vargas S.A., Caracas, 1969

13. Piedrola Gil G. La viruela, primera enfermedad pestilencial, prácticamente erradicada en el mundo. Un triunfo de la OMS”. Anales de la Real Academia Nacional de Medicina, Tomo XCIV, Madrid, 1977

14. Febres-Cordero F. Historia de la Medicina en Venezuela y América. Consejo de Profesores jubilados, Caracas, 1987

15. Arquiola E. La Expedición Balmis y la difusión de la Vacuna. La Ciencia española en Ultramar, Actas de las I Jornadas sobre “España y las expediciones científicas en América y Filipinas”. Ed. Doce Calles, Madrid, 1991

16. Balaguer Perigüell E, Ballester Añon R. En el nombre de los niños: La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (1803-1806), Asociación Española de Pediatría, 2003

17. Ramírez S, Valenciano L, Nájera R, Enjuanes L (eds). La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. Doscientos años de lucha contra la viruela, CSIC, Madrid, 2004

18. García EV. La soledad de Balmis. Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 2005

19. Álvarez J. Para salvar el mundo. Ed. Alfaguara, Miami, 2006

20. Parrilla Hermida M. Los médicos militares españoles y la Expedición filantrópica de la vacuna antivariólica a América y Filipinas para la lucha contra la viruela. Ejército. 1976; 347

21. Nieto Antúnez P. La Rectora de la Casa de Expósitos de La Coruña, excepcional y olvidada enfermera en la Expedición Balmis. Instituto José Cornide de estudios coruñeses, La Coruña, 1981

22. Bustamante ME. La primera enfermera en la historia de la salud pública. Sal. Pub. Mex. 1975; 17: 353-63

23. Ramírez Martín SM. Única mujer participante en la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna: Dña. Isabel Sendales y Gómez. Actas de IX Congreso Internacional de Historia de América, tomo II, Editora Regional de Extremadura, Badajoz, 2000: 271-6

24. Nieto Antúnez P. La Expedición Balmis para la difusión de la vacuna antivariólica. Instituto José Cornide de estudios coruñeses, La Coruña, 1966

25. Esber MJ. Saving the World: a novel. JAMA. 2006; 296: 1785

26. Riquelme Salar J: Médicos, Farmacéuticos y Veterinarios en la Conquista y Colonización de América. Tip. Pablo López, Madrid, 1950

27. Piédrola Gil G. La Viruela, primera enfermedad pestilencial, prácticamente erradicada en el mundo. Un triunfo de la OMS. An R Acad Nac Med. 1977; 94: 349-71

28. Sobrido Prieto N, González Guitián C, Prieto Díaz A, Sobrido Prieto M. La expedición filantrópica de la vacuna y la rectora de la casa de expósitos de La Coruña. Actas del VI Congreso Nacional y I Internacional de Historia de la Enfermería, Alcalá, 2003.




Reivindicando a Salvany


 Reivindicando a Salvany

Agosto 2006

Autores:
Susana Ramírez Martín, Departamento de Biblioteconomía y Documentación. Universidad de Carlos III
José Tuells, Departamento de Enfermería Comunitaria, Medicina preventiva y Salud Pública e Historia de la Ciencia. Universidad de Alicante
Tomado del libro "Balmis et Variola", Tuells J, Ramírez SM. Ed. Generalitat Valenciana, 2003, capítulo VIII, “La solidez de los secundarios”.

Palabra clave: Viruela, Real Expedición Filantrópica de la Vacuna

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El pasado mes de febrero dedicábamos un obligado recuerdo a la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. Se avecinaba una cifra redonda, 200 años de la llegada al puerto de Lisboa, el 14 de agosto de 1806, de un exhausto Francisco Xavier de Balmis poniendo fin a casi tres años de su periplo alrededor del mundo al frente de la Expedición.

En días como los que ahora transcurren y más concretamente el 7 de septiembre de aquél año visitaba al Rey Carlos IV, patrono y benefactor de la encomiable gesta, que reconoció públicamente sus logros.

El énfasis del texto subrayaba la génesis y rutas de la Expedición y el papel de su Director, el alicantino Balmis. Sin embargo, había otros expedicionarios. Jóvenes que pagaron con su vida la dedicación a una empresa en la que creyeron ciegamente. Citábamos a Salvany, convertido en Subdirector de la aventura y que tomó el mando de la ruta del Sur.

Toda historia tiene sus protagonistas y la luz de los focos suele orientarse hacia el actor principal. La abnegación desde el silencio, la persistencia frente al infortunio, confiere con el paso del tiempo un valor especial a los que se limitan a cumplir con su trabajo. Reivindicar los pasos a través de las quebradas andinas del catalán Salvany, reconocer su mérito callado es el motivo de las siguientes líneas.

José Salvany y Lleopart llegó a la Expedición muy joven. No sabemos con precisión su edad. Los datos cronológicos de su biografía nos han llegado gracias a su partida de defunción. En ella reza: José Salvani, español, soltero, natural de Cervera principado de Cataluña, de edad de treinta y tres años (1). En consecuencia con este documento, Salvany podría haber nacido entre 1777 y 1778.

Su formación académica es intensa. Estudió gramática durante dos años, de 1784 a 1786, con Carlos Mytayna, en Barcelona. Posteriormente estudió Latinidad, Retórica y Poesía durante otros dos años, de 1786 a 1788. Estudió Filosofía en el Convento de San Agustín de Barcelona también durante otros dos años, de 1789 a 1791.

El 15 de octubre de 1791 se examina de Latinidad, Lógica y Física para ingresar en el Real Colegio de Cirugía de Barcelona. Las buenas calificaciones de este examen le permitieron estudiar en esta institución durante cinco años, desde 1791 hasta 1796. Salvany demostró una alta capacidad intelectual a lo largo de su formación académica y manifestó una vocación especial por las disecciones anatómicas.

Por su dedicación y aplicación fue ayudante de los doctores Boven y Capdevilla, eminentes cirujanos del Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Barcelona (2). Les sustituía cuando faltaban a las clases por cualquier motivo. Todo lo que le encomendaron lo desarrolló con idoneidad y pericia.

Durante los años que estuvo en San Carlos recibió las máximas calificaciones en todas las asignaturas. Al brillante expediente académico hay que añadir la predisposición personal al estudio, la abnegación por la profesión médica y la constante actitud de esfuerzo y responsabilidad que está implícita en todas las declaraciones de sus profesores.
           
Después de esta completa formación y recién licenciado en cirugía, Salvany ingresa en el ejército. Las primeras noticias militares sobre su persona las obtenemos de un certificado de Alejandro de Butrón. Primero sirve en el 4º Batallón de Guardias Walonas (Valones) como cirujano interino. Después se le nombra cirujano del 3º Batallón del Regimiento de Irlanda. Posteriormente, sirve en el 5º Batallón de Infantería de Navarra.

En todos los empleos, se caracteriza por su acierto en el diagnóstico, exactitud en los tratamientos y habilidad en las operaciones que practicaba. A la fortaleza intelectual no le acompañaba una buena salud.

Salvany es reemplazado de todos los destinos militares por su quebradiza salud. El 18 de septiembre de 1799, Salvany solicita un permiso para tomar las aguas de San Hilario para el cobro de su salud antes de incorporarse con el regimiento de infantería de Irlanda (3). El 21 de julio de 1801, expone que ha sufrido una grave enfermedad en el cantón de Extremadura y que ha quedado con exceso de debilidad e inapetencia por padecer frecuentes tercianas y exponerse constantemente al rigor del sol y del terreno (4).

Salvany, como buen sanitario, sabe que hay que luchar contra la enfermedad para poder restablecer su salud. Inicialmente prueba en balnearios. Pero las frecuentes tercianas y garrotillos que padece y los rigores de la vida militar (constante exposición al sol y dureza del terreno), le desaniman en esta carrera.

En 1799 solicita una plaza de cirujano en una Facultad. Sus solicitudes no son tenidas en cuenta. El único modo que encuentra de salir del ejército, con un trabajo digno de su formación y sin perder la condición militar, es tomando parte de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. Esta empresa americana le permitirá demostrar su valía intelectual, pero en su consecución perderá la vida.

Inicialmente Salvany tenía una labor muy cómoda, al amparo de la gran personalidad de Balmis. Todo cambió cuando Balmis nombra a Salvany director de la Subexpedición que distribuirá el fluido vacuno por América meridional. Las instrucciones, dadas por Balmis, para mantener el éxito en la Expedición son muy concretas y están orientadas a buscar la cohesión y unidad en el grupo y la perfección sanitaria y vacunal.

Los consejos que recibe Salvany en La Guayra antes de la división de la Expedición son los siguientes.

Primero: que debe mantener la unión entre los expedicionarios.
Segundo: conseguir la eficacia, presteza y exactitud en sus operaciones.
Tercero: dar la atención y deferencia debida a los Gefes con quienes tuviese que entenderse.
Cuarto: conservar constantemente fresco el fluido vacuno.
Quinto: que cuando comience un viaje se vacune primero a los niños de constitución más robusta dejando a los más débiles para el final.
Sexto: procurar llegar a las ciudades cuando el fluido esté en sazón para que así pudiesen hacer las operaciones sin demora.
Séptimo: tomar todas las decisiones con el acuerdo de las autoridades locales.
Octavo: establecer en cada capital una Junta Central de Vacuna bajo la misma forma y reglas que en Caracas.
Noveno: observar y dejar constancia escrita de las operaciones y la evolución de las vacunaciones (5).

 

Balmis elige a Salvany por su exquisita formación, por su buen hacer y por su sumisión ante las decisiones del director de la Expedición. No elige a una persona crítica. La elección es óptima, aunque no tiene en cuenta su salud.

La propagación de la vacuna por el territorio andino también tuvo que salvar muchos obstáculos. La vacuna no fue bien aceptada por los naturales. El entusiasmo de las autoridades locales del inicio se desvaneció con el tiempo (6).

La estancia en la ciudad de Lima, de mayo a noviembre de 1806, después de haber recorrido más de la mitad de América Meridional, coincide con la etapa de desarrollo intelectual de Salvany.

Los éxitos de la vacuna se ensombrecen en la capital del virreinato peruano. Profesionalmente, la experiencia limeña no fue positiva para Salvany, ya que denuncia que los facultativos de esos territorios habían propagado la vacuna sin precaución, ni método hasta el punto de envilecerla y de comerciar con ella (7).

 

Al mismo tiempo que Salvany se crea una enemistad con los facultativos locales, entra en contacto con los círculos universitarios. La Real Universidad de San Marcos concedió a Salvany el título de Bachiller en Medicina. Para conseguir este grado pronunció dos discursos: uno de ciencia médica, titulado Que el galvanismo era una electricidad negativa, por cuyo medio se explicaban los fenómenos que producía en el cuerpo humano, y otro de ciencia física, titulado Que los picos de los Andes haciendo de conductores eléctricos, descargaban la atmósfera de la costa e impedían tronase en ella.

La estancia limeña fue prolongada. Tenía que recuperar la salud que había perdido en el trayecto andino. Salvany une el estudio al reposo. Resultado de este esfuerzo intelectual es la consecución del grado de Licenciado en Medicina el 8 de noviembre y el grado de Doctorado en Medicina el 30 del mimo mes. Toda esta actividad científica e investigadora realizada por Salvany en San Marcos estuvo dirigida y supervisada por el Dr. José Hipólito Unanúe (8).

Si su vida en la Península estuvo marcada por su actitud y comportamiento ante la enfermedad, no es extraño que en el territorio americano, su vida también se viese condicionada por su falta de salud. 

Nada más comenzar el ascenso de la cordillera andina, el subdirector comienza a manifestar síntomas de debilidad. Perdió el ojo izquierdo a causa de una fuerte fluxión que le sobrevino durante la navegación por el río Magdalena. En su tránsito por la cordillera andina se dislocó la muñeca derecha, que conservaría prácticamente inmovilizada, sin capacidad ninguna para coger peso. El reumatismo se cebó con ella y al final de sus días malamente vacunaba y escribía con esa mano.

Pero lo más grave es que por el efecto de la altura resultó afectado del pecho y cuando recaía echaba sangre por la boca. En sus cartas, Salvany comenta que sufre enfermedades como tercianas, garrotillo, mal de pecho, opresión y fuerte mal de corazón. Estos eran diferentes modos de denominar el paludismo, la difteria y la tuberculosis (9, 10).

Junto con las enfermedades, Salvany sufría fiebre, afonía casi crónica, falta de apetito y agotamiento general. Estas enfermedades se agudizaban por su extraordinaria y ardua labor en climas inadecuados y extremos.

El minucioso recorrido que realizan Salvany y sus hombres es obligadamente lento. A medida que el grupo se implica más en la campaña sanitaria, se ralentiza la Expedición Vacunal porque, además de propagar la vacuna, se implican más en el conocimiento de esos territorios, sus gentes, sus costumbres, y su modo de vida. Quedaba mucho terreno que recorrer y la salud del subdirector no mejoraba. Los informes médicos no eran halagüeños. El cuadro clínico se agravará. La enfermedad impedirá que Salvany vuelva a la Península.

Se confundía con la Apoplegia por la intermitencia de su pulso, y por la respiración estertorosa precedida de movimientos convulsivos; y el sincope en su cesación, nos presentaba un espectáculo de horror: Pero como recordaremos, su constitución muy sensible, e irritable, la obstrucción de un Pulmón, la hemoptisis, que desde el día de su arribo le habíamos notado, y advirtiésemos el incesante trabajo en el cumplimiento de su cargo, el empeño en aliviar a los miserables enfermos de Medicina, y Cirugía que exigían de sus manos el alivio, y el estado de la Atmósfera; nos proponemos el remedio, y corresponden los efectos a nuestro interés a las once horas de la afección; en que desembarazado su sensorio, conoce lo que ha sufrido, y respira con libertad, continuando su restablecimiento hasta verlo fuera de la cama. Mas, como no es posible una radical curación de tan cruel enfermedad por no permitirle las obligaciones que le conducen a residir en este lugar hasta su entera sanidad, nos toca prevenirle; que su viaje le será demasiado penoso, y fatigado, y que acaso sufrirá otro insulto vigoroso por entrar en estaciones de aguas, y nieves muy propias para destruirlo, y en Países donde la falta de Facultativos y de medicinas, solo proporcionarían su ruina (11).

Salvany no permanece al margen de la enfermedad que tiene. Sabe que no podrá regresar a la Península. Frente a esta realidad solicita a la Corona empleos que le asienten en un lugar y le permitan vivir con dignidad sin estar vinculado a la Expedición Filantrópica.

Desde Puno, en octubre de 1808, solicita un cargo de regidor. Desde La Paz, en abril de 1809, solicita el cargo de intendente de esta ciudad. Desde Oruro, en junio de 1809, solicita nuevamente un cargo de regidor. Como no le autorizan ninguno de estos cargos públicos y ante el temor de morirse de hambre si renuncia a su cargo en la Expedición Vacunal, continúa su periplo en bien de la salud pública.

No puede parar para restablecerse y en su deambular pasa por poblaciones que carecían de facultativo y de remedios para mejorar su salud. El paso del tiempo y la movilidad por un territorio cada vez más difícil, lejos de mejorar, agravan su quebrantada salud.

Finalmente, cumpliendo con el cometido encomendado en pro de la salud pública, no le resisten más las fuerzas. Muere en Cochabamba el 21 de julio de 1810 y es enterrado en la Iglesia de San Francisco. Había recorrido buena parte del territorio americano, enfermo, con escasísimos medios económicos, luchando contra las inclemencias de la naturaleza hasta dejar su vida en este empeño (12).

 

 

NOTAS Y REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Acta de defunción de José Salvany. Libro de Defunciones 1804-1824, f. 100v.-101. Archivo del Sagrario de la Catedral de Cochabamba, Bolivia

2. Certificado académico, fechado en Barcelona el 5 de marzo de 1799, f. 3-4. Archivo General Militar de Segovia. Sección 1ª, Expedientes Personales S-396

3. Carta de José Salvany, fechada en Barcelona el 18 de septiembre de 1799. Archivo General Militar de Segovia. Sección 1ª, Expedientes Personales S-396

4. Solicitud de Salvany, fechada el 21 de julio de 1801. Archivo General Militar de Segovia. Sección 1ª, Expedientes Personales S-396.

5. Expediente 13. Extracto General de la Expedición Filantrópica de la Vacuna. AGI, IG: 1558-A.

6. Pronto se desvanecieron las alegres pinturas que acompañaban a la Expedición. Entra ella al Perú y luego se ve sepultada en general desprecio el inapreciable beneficio que a costa de mil afanes, trabajos e inquietudes le conducían; solo un corto numero de sabios y principales de esta capital, han sabido darle el debido aprecio. Carta de Salvany al Virrey Abascal, fechada en Lima el 27 de agosto de 1806. Archivo General de la Nación. Documento “Vacuna” (LASTRES, 1951, tomo III, p. 25).

7. Expediente 20. Extracto General de la Expedición Filantrópica de la Vacuna. AGI, IG: 1558-A.

8. UNANUE Hipólito. “Actuaciones literarias de la vacuna”. Obras Científicas y Literarias, Tip. La Academia, Barcelona, 1914.

9. RICO AVELLO Carlos. “la Expedición de Balmis”. XV Congreso Internacional de Historia de la Medicina, Madrid-Alcalá de Henares, Septiembre, 1956.

10. LASTRES Juan B. “La salud pública y la prevención de la viruela en el Perú”. Imp. Ministerio de Hacienda y Comercio, Lima, 1957.

11. El certificado médico está firmado por el Bachiller D. Pablo José del Carpio, Médico titular de esta villa y del Real Hospital de San Juan de Dios y el Licenciado D. Roque de Aguirre Urreta, Conservador de la Vacuna por el Sr. Gobernador Intendente de esta Provincia, fechado en Arequipa el 17 de diciembre de 1807. AGI, IG : 1558-A

12. GIRALDO CARAMILLO Gabriel. “Una misión de España: La Expedición de la vacuna. La implantación científica de la Vacuna en el Nuevo Reino de Granada”. Boletín de Historia y Antigüedades, Academia Colombiana de la Historia, Ed. Pax, Bogotá, 1954.




Historias de la vacunología: La revolta da vacina en rio (1904)


Historias de la vacunología: La revolta da vacina en rio (1904)

Julio 2005

Autores: Dr. José Tuells ( tuells@ua.es )
Departamento de Enfermería Comunitaria, Medicina Preventiva y Salud Pública e Historia de la Ciencia. Universidad de Alicante.
Palabra clave: Otros aspectos

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LA REVOLTA DA VACINA EN RIO (1904)

El 14 de noviembre de 1904, las agencias de prensa se hacen eco de una noticia procedente de Río de Janeiro: “desde hace tres días la capital de Brasil se haya inmersa en una revuelta popular con violentos enfrentamientos callejeros que han originado decenas de muertos y heridos; la policía encarcela a centenares de amotinados; la causa de la insurrección es el rechazo a la vacunación obligatoria contra la viruela decretada por el gobierno” (Figura 1).

 

Figura 1. Postal que representa la Plaza de la República el 14 de noviembre de 1904.

 

Durante aquella semana las calles de Río vivieron una auténtica guerra civil. El estallido de indignación popular, considerado como un caso extremo de resistencia a la vacunación, fue sofocado en pocos días y ha pasado a la historia como la Revolta da Vacina.

La explicación oficial dada por las autoridades de la época estimó que aquél episodio no era más que una reacción explosiva de las “masas ignorantes” contra el progreso y las innovaciones. El blanco principal de las críticas fue Oswaldo Cruz, a la sazón Director General de Salud Pública, un higienista que había tomado medidas impopulares para sanear la ciudad y que fue objeto de mordaces ataques por parte de la prensa y de distintos sectores de la población.

Los doscientos años de historia de las vacunaciones han vivido ejemplos análogos de oposición frontal a esta medida preventiva. Cada uno de ellos se inscribe en la relación entre los determinantes sociales y políticos de las estrategias de vacunación(1).

Las circunstancias que rodean a la Revolta da Vacina pueden ilustrar la necesidad de integrar “lo científico” junto a “lo social”, la imprescindible colaboración entre las ciencias biomédicas con las ciencias sociales.
Pero, ¿Qué pasó en Río? ¿Cómo se organizó tamaña resistencia? ¿Quiénes fueron los actores? ¿Cuál era la decoración del escenario?

La Belle Epoque carioca

La revuelta se sitúa en el período de la historia de Brasil conocido como la Republica Velha (1889-1930) y más concretamente en el contexto de lo que se ha llamado la Belle Epoque carioca (1898-1914)(2).

Con el presidente Campos Sales (paulista, 1898-1902) se inaugura un periodo dominado por las clases conservadoras, el control de las oligarquías, los círculos elitistas deseosos de modernizar el país. La palabra de moda era “civilización” que simbolizaba las nuevas ideas frente al “barbarismo” de etapas anteriores mas radicales(3). Europa constituía el ideal civilizado y se lanzaron a copiar frenéticamente sus modas, cultura e ideología(3). Era la belle epoque, con clubes selectos a la inglesa, bailes a la francesa y un renacimiento de la “alta sociedad”(4).

Este deseo de esplendor coexistía, sin embargo, con un buen número de problemas. Río de Janeiro, la capital que quería simbolizar los nuevos tiempos, no era una ciudad moderna. El rápido crecimiento urbano junto a sus peculiaridades climáticas, políticas o económicas dibujaba un panorama no muy halagüeño(5).

Las condiciones higiénico-sanitarias de la ciudad eran desastrosas, las viviendas inadecuadas e insalubres, las comunicaciones y medios de transporte públicos desorganizados. A los ojos de sus gobernantes, Río carecía además de instituciones relacionadas con la “fascinante” cultura europea. No había ópera, ni teatros, museos, bibliotecas, tiendas, hoteles o cafés.

Los bancos, cámaras de comercio o consignatarios eran escasos o ausentes. Gran parte de la población, inmigrantes pobres en busca de trabajo, se apiñaba en bloques de pisos mal construidos en la zona baja de la ciudad. Las clases desfavorecidas, mendigos, prostitutas, ofrecían una “mala imagen” para las élites y los visitantes extranjeros(3).

La prensa se hacía eco continuamente del aumento de robos en las casas o de los crímenes y asaltos que ocurrían a plena luz del día.

Sin embargo, el problema principal de la ciudad, asociado a esa pobreza, era la insalubridad. Ciudad portuaria, con calles estrechas, bloques de pisos destartalados (los llamados cortiços y casebres)(6), construida además en un lugar que se inundaba durante la estación de lluvias originando charcas de agua estancada que cuando llegaba el calor eran un hervidero de mosquitos. El vehículo imprescindible para las epidemias de malaria y fiebre amarilla(3).

 Río era hasta tal punto un foco de epidemias(7) que se la llegó a conocer como el “túmulo de estrangeiros”(8). En 1895, atracó en su puerto el navío italiano Lombardía que perdió a 234 de sus 337 tripulantes por la fiebre amarilla. “Viaje directo a Argentina sin pasar por los peligrosos focos de epidemia de Brasil” indicaba a principios de siglo la publicidad de una compañía naviera para tranquilizar a sus viajeros.

En estas circunstancias llega al poder Rodrigues Alves (1902-1906), tercer presidente de origen paulista y también vinculado al sector cafetero. Con él empieza a gran escala el más serio intento de dignificar, embellecer y, sobre todo, acometer el saneamiento de la ciudad. Rodrigues Alves pretendía desarrollar el país intentando abrir el mercado exterior, expandir el comercio del café, atraer firmas inversoras extranjeras y para ello consideraba como elemento clave revitalizar la capital convirtiéndola en un influyente núcleo comercial.

Su estrategia de modernización del país se basó en tres pilares. El primero, un sofisticado y ambicioso programa de control y erradicación de la enfermedad, dirigido por Oswaldo Cruz, que prometió eliminar de Río, umbral de Brasil, las enfermedades por las que había alcanzado notoriedad; el segundo, construir, racionalizar y embellecer las calles y plazas de la ciudad siguiendo el modelo parisino de Haussmann, tarea que encargó al alcalde Pereira Passos y el tercero, la construcción de un puerto moderno ligado al comercio y la industria de las zonas vieja y norte de la ciudad replicando también el estilo de los bulevares parisinos, encargo que asumió el ministro de industria, transporte y obras públicas Lauro Müller(4).

En el breve plazo de dos años, Pereira Passos, ingeniero que conocía bien la renovación de París, transformó la ciudad, renovando especialmente el distrito comercial, construyó paseos, avenidas, centros culturales, mejoró la red de distribución de agua y abrió las calles demoliendo viejos edificios (590 en un año) entre ellos numerosos cortiços. Así surgieron la Avenida Central, el Teatro Municipal, la Librería Nacional, la Academia de Bellas Artes, hoteles, oficinas de periódicos, etc.

 

La Campaña de la Fiebre Amarilla

En marzo de 1903 se nombra a Oswaldo Cruz como Director General de Salud Pública. Éste diseña un programa para erradicar la fiebre amarilla tomando como modelo el que Carlos Finlay y Walter Reed habían probado con éxito en La Habana, eliminando sobre el terreno las larvas de mosquito.

Cruz ordena el drenaje de todas las charcas de agua estancada de la parte baja de la ciudad y la pulverización de las larvas (Figura 2). Para ello crea el Servicio de Profilaxis Específica de Fiebre Amarilla e incorpora a la DGSP a todo el personal médico y de los turnos de limpieza de la municipalidad(3).

 

Figura 2. Campaña contra la Fiebre Amarilla.

 

La campaña se estructura con un estilo organizativo de corte militar-autoritario y se pone en marcha a mediados de 1904. Llevan a cabo la intervención las brigadas de salud pública llamadas “mata mosquitos” (Figura 3) que recorrían los diez distritos en que Cruz dividió la ciudad.

El personal sanitario inspeccionaba edificio por edificio, tomaba nota de los casos de enfermedad, confeccionaba mapas y estadísticas sanitarias. Notificaban así mismo a los inquilinos de las viviendas insalubres sobre las medidas que tenían que adoptar, multaban a los que no las cumplían y, en su caso, ordenaban la demolición de inmuebles o cortiços.

Como apoyo a estas medidas se efectuaban pulverizaciones, limpieza de aljibes, petroleado en rejillas de desagües, limpieza de tejados, removían cualquier posible depósito de larvas y desinfectaban las casas. Los enfermos eran aislados en su domicilio o enviados al hospital.

Se aplicaron tanto medidas coercitivas (declaración obligatoria de casos) como persuasivas (folletos explicativos) y contaron con el apoyo de una misión francesa del Instituto Pasteur, interesados en la experiencia para aplicarla en sus colonias(9).

 

Figura 3. Brigadas sanitarias “mata mosquitos” utilizadas en la Campaña contra la Fiebre Amarilla.

 

A esta campaña se sumó una actuación similar frente a la peste bubónica. Las recientes aportaciones de Yersin sobre la enfermedad habían probado claramente su etiología, mecanismo de transmisión y se disponía asimismo de una vacuna para combatirla.

Además de aplicarla preventivamente a los habitantes de la zona portuaria, se desratizó la ciudad, obligando a los propietarios de viviendas insalubres a ejecutar reformas como impermeabilizar suelos o sellar oquedades. La enfermedad, también de declaración obligatoria, se cobró 1.344 víctimas entre 1900 y 1904 tras las medidas adoptadas, y durante los años siguientes, sólo registró 399 muertes(9).

La campaña de fiebre amarilla obtuvo desde sus inicios una mala aceptación por parte de las clases más pobres, obligadas a desalojar sus cortiços que eran demolidos sin contemplación. Muchos se encontraban en la calle de un día para otro, sin que las promesas del gobierno de construir viviendas económicas para su realojamiento se cumpliesen.

Al mismo tiempo veían nacer anchas avenidas y un teatro de la ópera para los visitantes ingleses. Mientras algunos vagaban por las calles, otros encontraban un lugar en los suburbios, barrios alejados del centro de la ciudad y tan insalubres como sus cortiços. La mayoría se refugió en barracones que fueron improvisando en los cerros o colinas cariocas, así nacieron y empezaron a expandirse las favelas(10).

Curiosamente, en los suburbios y favelas no se aplicó el programa, sólo interesaba el centro y la parte vieja de la ciudad.

 

Figura 4. Portada de “Revista da Semana” (2-10-1904) que representa al pueblo sojuzgado por el Congreso y su vacunación obligatoria.

El ambiente hostil contra las brigadas sanitarias “mata mosquitos”, temidas y odiadas, originaba tensiones entre los desclasados a las que se sumaron las de ciertos colectivos, médicos que no creían en esas medidas o miembros de la oposición política contrarios a ese programa de saneamiento y renovación.
Mientras se desarrollaban estas medidas comenzaron a darse casos de viruela, que originaron hasta un total de 1.761 ingresos hospitalarios durante el primer semestre de 1904.

Oswaldo Cruz elabora entonces, junto con la Comisión de Salud Pública, un proyecto de ley que es presentado en junio ante el Congreso.

Su objetivo es reinstaurar la obligatoriedad de la vacunación antivariólica como el mejor medio para prevenirla. Las cláusulas que figuraban en el proyecto eran muy duras; multas para los que se negaran a recibirla, obligación de mostrar que se estaba vacunado para matricularse en las escuelas, casarse, viajar o acceder a un empleo público.

Los debates en el Congreso fueron muy violentos, la proposición de ley generó un clima de fuerte agitación social y movilizó a diferentes sectores de la población en su contra(3, 4, 9)).

A pesar de eso, Cruz muestra su firmeza y con el apoyo del presidente de la nación se aprueba la ley de vacunación obligatoria contra la viruela el 31 de octubre (Figura 4). Las puertas para la insurrección comienzan a abrirse y la batalla que se avecina resulta imparable.

 

Actores de la resistencia

 

Figura 5. Portada de un diario sobre la vacunación obligatoria.

La prensa jugó un papel muy activo haciendo visible el malestar ciudadano por las medidas sanitarias que se estaban tomando. “Nuestro público debe evaluar bien lo que está arriesgando con la vacunación obligatoria. ¿Cuál es la razón para este impactante cambio?.

La simple vacunación, el gran destructor de la felicidad, la salud y la vida humana. La vacunación, el propagador de las peores enfermedades, el monstruo que contamina la pura e inocente sangre de nuestros hijos con las viles excreciones de animales enfermos…” (Correio da Manha, 13 octubre 1904)(4) (Figura 5).

La oposición política al régimen de Rodrigues Alves, fue determinante para arengar a las masas y hostigar al gobierno. Los republicanos radicales (jacobinos), las clases medias urbanas y los oficiales del ejército (positivistas) que habían contribuido a la proclamación de la República en 1889, habían sido desplazados en el poder por las oligarquías cafeteras (paulistas) de las que, como hemos visto, procedía el presidente Rodrigues Alves.

Su idea de transformación del país se basaba en un fuerte poder central, más autoritario, que favoreciera a las clases medias y trabajadoras con un programa nacionalista, paternalista hacia la industria y fomentador de la burocracia meritocrática frente a las del gobierno y su estilo “civilizador”, elitista, deseoso de conectar su economía con los mercados europeos.

Lauro Sodré, encabezaba esa oposición radical junto a Barbosa Lima y Alfredo Varela. Senador, antiguo oficial del ejército y héroe republicano lideró con apoyos en el Congreso y en la prensa (diario Commercio do Brasil) el intento de volver al ideal de la república, contando entre sus seguidores con militares, burócratas, profesionales liberales, estudiantes politizados y algunos funcionarios(4).

Para los habitantes de Río, la ley de vacunación obligatoria contra la viruela fue la gota que colmó el vaso del plan de saneamiento al que se venían oponiendo.

Dos organizaciones, la Iglesia Positivista de Brasil y el Centro Socialista de las Clases Obreras (Centro das Classes Operarias) fueron los centros catalizadores de la resistencia frente a esa medida. La Iglesia Positivista se oponía a la campaña de fiebre amarilla y, especialmente, a la vacunación obligatoria por dos razones.

De un lado creían que la salud pública y la vacunación estaban en conflicto con los derechos civiles y además interferían con el concepto darwiniano de supervivencia de los más fuertes. Por otra parte, el positivismo, con un buen número de seguidores entre los cadetes militares, tenía un discurso crítico contra los plantadores y comerciantes del café que detentaban el gobierno central arrinconando el poder e influencia del ejército(4).

El Centro desarrolló la oposición sindical al plan. En él se agrupaban trabajadores del puerto, del ferrocarril, maquinistas, pintores, albañiles, gente muy afectada por las reformas ya que vivían en las zonas de cortiços. El presidente del Centro fue, entre 1902 y 1904, Vicente de Souza, mulato nacido en Bahía, médico y profesor, antiguo abolicionista, representante de las clases medias, positivista y de tendencias jacobinas que en 1902 ayudó a fundar el efímero Partido Socialista Colectivista(4).

El Centro, durante los meses que la ley de vacunación obligatoria estuvo en discusión (julio y agosto), agitó a sus afiliados contra esta medida y recogió 10.000 firmas que presentaron en el Congreso, instando a que se mejoraran las miserables condiciones de vida de los habitantes de los suburbios y a que se construyeran casas de bajo coste para obreros.

No menos protagonistas, aunque sí anónimos, fueron los millares de habitantes de la ciudad más pobres, las “masas cariocas”, que procedían de la inmigración campesina portuguesa o de las plantaciones del interior del país (afro-brasileños) y que acudían a la capital en busca de trabajo contribuyendo a su espectacular crecimiento demográfico.

La Revolta da Vacina

No pasan más que cinco días desde que se aprueba la ley para que, el 5 de noviembre, se celebre un mitin en el Centro que reúne a cerca de 2.000 personas opuestas a la medida. Faltan seis días para que entre en vigor, el ambiente está caldeado y son dos los principales oradores.

Lauro Sodré, el líder positivista, que pronuncia un discurso largamente aplaudido en el que hace un llamamiento a la protesta ciudadana en defensa de sus derechos civiles. Sin embargo es Vicente de Souza, el presidente del Centro, quién enciende a la multitud.

Empieza su discurso describiendo con cierto dramatismo la escena de “una joven virginal o quizá de una mujer alejada de su marido, forzadas a mostrar su brazo desnudo a un desconocido funcionario de salud pública que le inoculará el virus de la viruela”, reitera que “el gobierno que promueve tan reprensible acción es el mismo que ha desoído la petición de los 10.000 obreros de construir casas baratas, un gobierno de ricos y barones del café que va a someter a los pobres a la inyección de un virus extranjero”, añade que “la vacunación es solo una parte del extenso plan de renovación dirigido a destruir las casas de los pobres y la clase obrera” y se hace eco de la proclama de Sodré instando a las masas a ejercer su legítimo derecho a la resistencia contra la vacunación forzosa(3).

En el mitin se encuentran presentes grupos representativos de la alianza formada contra la ley de vacunación: sindicalistas del ferrocarril, del puerto o de la construcción, estudiantes, miembros de asociaciones profesionales y de la enseñanza, jóvenes cadetes del ejército y la marina, periodistas de la oposición, funcionarios y centenares de no afiliados, llegados de motu propio.
Finalizadas las intervenciones, deciden constituir la “Liga Contra la Vacunación Obligatoria” tomando como modelo la que se creó en Inglaterra años atrás y eligen a sus representantes entre los miembros de la Iglesia Positivista y el Centro. La asamblea concluye con exaltados “vivas” a “los estudiantes, la clase obrera y el proletariado”(3).

La víspera del 11 de noviembre, día en que la ley sería efectiva, se producen los primeros conatos de violencia callejera. La Liga organiza una manifestación que congrega a una multitud de 3.000 personas en el Largo de Sao Francisco de Paula. Los oradores llaman a rechazar la vacunación y quedan en volver al día siguiente al mismo lugar. Grupos de jóvenes rompen a pedradas las farolas(3).

La mañana siguiente la revuelta estalla en la ciudad. Cuando la multitud vuelve a reunirse es dispersada por unidades de la policía a caballo.

Cunde el pánico, un grupo de 1.000 manifestantes inicia por el centro de la ciudad una oleada de destrucción del mobiliario callejero y tiendas, mientras grupos de 30 o 40 jóvenes se dispersan en todas direcciones. La gente ha tomado las calles y plazas enfrentándose con piedras del pavimento, navajas y revólveres a los sables y rifles de la policía. Los tranvías son detenidos y usados como barricadas. La gente bautiza a la ley como el “Código de Torturas” y participan en los tumultos desde sindicalistas, propietarios de pequeños negocios, obreros, hasta grupos de pobres marginales.

“Parece propósito firme del gobierno violentar a la población de esta ciudad por todos los medios. Como si no bastasen el Código de Torturas y su vacunación obligatoria, provocan a la gente con ridículas exhibiciones de fuerza por parte de la policía, desafiándolos o agrediéndolos directamente desde sus caballos” (diario Correio da Manha, 12 de noviembre).

La policía detiene a algunos manifestantes, todos trabajadores, entre los que hay un cocinero, marineros, zapateros, porteros o conductores de tranvía. La anarco-sindicalista Federaçao das Associaçoes de Classe emite un comunicado solicitando la derogación de la ley y la libertad de los detenidos(3, 4).

Presionados para trabajar por sus patronos, los estibadores del puerto, operarios de la limpieza y tranviarios se niegan a hacerlo mientras no se les garantice su seguridad. El ejército es llamado para reforzar a la policía y ocupa estratégicamente las zonas cercanas a las comisarías, el barrio antiguo, el Gasómetro y la plaza de Catete, sede del palacio presidencial(4).

Los ataques contra las compañías de transporte público, carros y tranvías, se suceden, se queman con bombas incendiarias, se levantan las vías y se deja todo en barricadas cortando las calles. Se asaltan oficinas municipales y se destruyen documentos. Los piquetes multiplican sus acciones y la policía embiste contra ellos con fuerza inusitada(4).La prensa es instada por el gobierno para no dar noticias alarmantes, pero dice limitarse a narrar los hechos. Oswaldo Cruz es sujeto de mofa y blanco de las críticas en diversos medios.

Los días 14 y 15 de noviembre son los más duros de la revuelta. Hay zonas de la ciudad controladas por la masa enardecida que sufre fuertes acometidas por parte de la policía. Parte de los conspiradores civiles y militares reunidos en el Club Militar comisionan el día 14 al general Silveira para que ofrezca al presidente una salida a la crisis y les de concesiones bajo la amenaza de una posible rebelión militar.

Rodrigues Alves se niega en rotundo y los conspiradores deciden dar un paso adelante para derrocar al gobierno. Lauro Sodré, la figura más preeminente de la oposición, que ha liderado la Liga Contra la Vacunación Obligatoria y que posee una gran influencia en círculos militares se une al general Silvestre Travassos y organizan a los jóvenes y radicales cadetes de la Academia Militar de Praia Vermelha.

El día 15 éstos se unen a la revuelta con el objeto de hacer caer al presidente e imponer un nuevo gobierno que comandaría Sodré. El plan que tenían de tomar el palacio de Catete atacándolo desde dos posiciones se viene pronto abajo.

El ataque por la zona norte con cadetes de la Escuela Militar de Realengo no llega a producirse ya que el director de la misma con la ayuda de oficiales leales al gobierno arresta a los sublevados. El grupo que iba a atacar el palacio por la zona sur pierde un tiempo precioso buscando munición lo que da lugar a que el presidente y sus generales se organicen.

Entrada la noche los cadetes mandados por Sodré y Travassos se enfrentan a tiros en una calle con unidades leales del ejército, el combate dura apenas media hora. Los cabecillas, el senador y el general, son heridos y el resto de los sublevados arrestados y encerrados en su cuartel. La policía detiene también al resto de cabecillas de la Revolta como Vicente de Souza y otros miembros de la Liga Contra la Vacunación Obligatoria(3, 4).

Contenida la asonada militar, los combates continúan en otros lugares de la ciudad. En uno de los viejos distritos afro-brasileños, el porteño barrio de Saude, grupos de revoltosos oponen una férrea resistencia. Acostumbrados a la violencia callejera, eran conocidos como los “desordeiros” y practicaban el tradicional capoeira, organizan una auténtica guerra de trincheras.

Tienen como estandarte una bandera roja y se dan el nombre de Porto Arthur, un símbolo de la resistencia durante la guerra ruso-japonesa, su jefe es Horacio José da Silva “Prata Preta”. La policía combate duro y va tomando al asalto cada una de las barricadas, la marina los bombardea desde un navío, finalmente son derrotados y Prata Preta encarcelado(4).

Las manchetas de los periódicos de aquellos días son bien significativas: “Vacina ou morte”, “O monstruoso projeto”, “O comercio paralizado” (Correio da manha); “A revolta dos alunos militares”, “Assaltos a casas populares”, “Estado de sitio”, “A conspiraçao”, “Rendiçao de Porto Arthur”, “Prisao dos alunos da Escola de Realengo” (Gazeta de Noticias); “Barricadas e tiroteios”, “Conflitos, ferimentos e mortes” (A Tribuna) (Figura 6).

 

Figura 6. Ilustración del rechazo a la vacunación obligatoria.

 

El día 17 de noviembre el gobierno rectifica y elimina la obligatoriedad de la vacunación. La calma vuelve a la ciudad desde el día siguiente. Nadie celebra la aparente victoria sobre el código de la vacuna. Seguirá un periodo de fuerte represión política, interrogatorios y exilio de algunos implicados. La policía estimó que el negativo saldo de aquella semana fue de 23 muertos, 67 heridos y 945 presos(8).

Los líderes de la revuelta no pagaron un alto precio por sublevarse. Lauro Sodré y el resto de conspiradores, además de los cadetes fueron amnistiados en 1905. El propio Sodré recibió una buena acogida cuando asistió a una recepción en el Teatro Lírico, centro tradicional de la clase acomodada(4).

No corrieron igual suerte los pobres, desordeiros, mendigos, ladrones, prostitutas y desempleados. La policía detuvo y deportó a los que tenía fichados o sabía que habían participado en los disturbios. Fue un “saneamiento social”, una purga que mandó a muchos a la Isla de las Cobras y a otros a un más terrible lugar del interior, el territorio de Acre(3, 4, 9).

Con estas medidas la ciudad quedó limpia de un buen número de pobladores “molestos”.

La Belle Epoque, el progreso y la civilización de Río que pretendía Rodrigues Alves se había conseguido, convirtiéndola en poco tiempo en una “linda, maravillosa y moderna” capital(4).

La mítica y controvertida figura de Oswaldo Cruz

 

Figura 7. Oswaldo Cruz (1872-1917).

Hijo de médico, Oswaldo Gonçalves Cruz(9), nace el 5 de agosto de 1872 en Sao Luiz do Paraitinga, estado de Sao Paulo (Figura 7). Contaba cinco años cuando, recién trasladada su familia a Río de Janeiro, iniciaba su formación escolar que completó brillantemente aprobando, con solo catorce años, su ingreso en la Facultad de Medicina.

Allí sintió una gran fascinación por la microbiología, precisamente en el momento que se iniciaba la revolución pasteuriana. Desde 1888 colabora como ayudante en el Laboratorio de Higiene de la Facultad de Medicina transformado poco después en el Instituto Nacional de Higiene. Se doctora el 8 de noviembre de 1892 con una tesis titulada “A vehiculaçao microbiana pela agua” y, tras casarse, ejerce durante un par de años como clínico en la consulta que había tenido su padre.

Estimulado por un grupo de colegas(11) entre los que se encontraba Salles Guerra y atraído por la ciencia alemana y francesa, decide viajar a Europa y se instala en París en 1896. Allí estudia urología con Félix Guyon, una especialidad que podría reportarle clientela en el futuro, pero sobre todo frecuenta el Instituto Pasteur, prolífico hervidero de descubrimientos, donde aprende las técnicas de producción de sueros como el antidiftérico o el antipestoso. Completa su estancia acudiendo a una fábrica de vidrio para conocer las técnicas de fabricación de material de laboratorio (probetas, ampollas, etc…).

De vuelta a su país, es comisionado por la Dirección General de Salud Pública en octubre de 1899 para estudiar un posible brote de peste bubónica en el puerto de Santos, Sao Paulo. Confirmado el brote y preocupadas las autoridades por la manera de combatirlo, se impone una cuarentena y se decide aplicar el suero y vacuna contra la enfermedad que habían sido descubiertos recientemente por el pasteuriano Alexandre Yersin. Dado que el Instituto Pasteur no fabricaba cantidades suficientes para atender la demanda mundial, se crea el Instituto Sueroterápico de Río de Janeiro(12) dependiente de la DGSP y ubicado en una zona de las afueras de la capital, la hacienda de Manguinhos. La dirección técnica fue confiada a Oswaldo Cruz, que junto a otros colaboradores comenzaron a preparar sueros y vacunas antipestosos.

Durante seis años (1903-1909), Oswaldo Cruz compatibilizó su nombramiento como Director General de Salud Pública con la dirección del Instituto de Manguinhos, que luego pasó a llamarse Instituto Oswaldo Cruz.

Desde su posición institucional y aprovechando los recursos que el gobierno federal destinaba al mejoramiento de Río, aseguró la dotación en materiales técnicos del Instituto y lo convirtió en un centro referente en investigación biomédica y formación en microbiología.

Además de producir vacunas, inician investigaciones en enfermedades transmisibles (humanas y zoonosis), especialmente las tropicales como paludismo (Figura 8), beri-beri o filariosis, presentes en las regiones interiores del país.

 

Figura 8. Oswaldo Cruz (en el centro) con una tela de protección contra mosquitos.

 

Figura 9. “El Nerón de la Higiene” caricatura de Cruz en O Malho (19-11-1904).

Cruz fomenta el intercambio con instituciones extranjeras y numerosos investigadores viajan a Europa o Estados Unidos para recibir formación o acuden para impartir docencia. La Medalla de Oro obtenida en la Exposición de Berlín de 1907 les dio el espaldarazo internacional definitivo y consagró la figura de Cruz. El posterior descubrimiento por Carlos Chagas, otro investigador del Instituto, de la enfermedad que lleva su nombre(13) y que fue presentada en la Exposición Internacional de Higiene de Dresden (1911) acabó por consolidarles en la comunidad científica como uno de los centros más importantes en investigación de dolencias tropicales.

 

Figura 10. “Guilherme Tela de Arame”, O mais extraordinario caçador de… Mosquitos, por J. Carlos, Tagarela, 12-3-1904.

 

 

 

 

 

La popularidad de Oswaldo Cruz a lo largo de su vida fue incontestable. Criticado ferozmente y caricaturizado hasta la saciedad durante los acontecimientos de la Revolta da Vacina, época en la que contaba apenas 32 años, su imagen se convirtió en icono mediático. Representado como Nerón, Napoleón, Guillermo Tell o Luis XIV, fue víctima del humor mordaz de los opositores a la vacuna(14, 15) (Figuras 9, 10, 11). Tuvo, sin embargo, el mérito de asumir un compromiso de acción política desde su posición como científico para contribuir al desarrollo sanitario de su nación.

Los éxitos internacionales de las investigaciones y logros científicos que se obtuvieron en el Instituto, fueron trocando aquella imagen distorsionada por la de símbolo de la ciencia de su país. A partir de 1910 su labor se centró en el Instituto y desde allí efectuaron una intensa actividad, recorriendo zonas de la Amazonia en sucesivas expediciones que mostraron la triste situación de salud en aquella región. La denuncia de aquella realidad movilizó a las fuerzas políticas para modernizar los servicios sanitarios. Oswaldo Cruz comienza a recibir homenajes por su liderazgo en el movimiento sanitarista que se articula desde el Instituto, es elegido como miembro de la Academia de Letras Brasileña o recibe la Legión de Honor francesa.

 

 

Figura 11. “Luis XIV da seringaçao” caricatura de Cruz, por Kalixto, 1904.

 

 

 

 

 

 

En 1914, enfermo de nefritis, emprende un viaje a Francia acompañado de su familia para recuperar la salud y visitar centros de investigación. Allí les sorprende el estallido de la Iª Guerra Mundial y deben regresar a los pocos meses. Su estado de salud empeora y los hijos le convencen para que abandone la febril actividad en el Instituto.

Acepta la prefectura de un naciente municipio, Petrópolis, donde apenas tendrá tiempo de ejercer el cargo ya que morirá allí a los pocos meses, el 11 de febrero de 1917 a la edad de 44 años. La figura polémica da paso al mito de la ciencia brasileña. Nace el héroe catalizador del movimiento sanitarista, el fundador de la medicina experimental brasileña o el saneador de Río.

 

Interpretaciones sobre la Revolta y la resistencia a las vacunas

Se han dado varias explicaciones al episodio histórico en el que “Río estuvo en manos de las masas”(4). Tanta violencia ¿fue realmente una respuesta desproporcionada al mero intento de inmunización contra una de las enfermedades más temibles?.

Los sanitarios de la época opinaban que la violencia fue el resultado de la ignorancia y superstición de una chusma temerosa de los beneficios de la ciencia moderna. Apuntando como incitadores a los jóvenes oficiales positivistas opuestos a la salud pública, que jugaron con la ignorancia de los pobres y enmascararon una tentativa de golpe militar(3).

Los gobernantes y la policía culparon de los disturbios a “extranjeros, vagabundos y prostitutas”. El Ministro de Justicia acusó a “anarquistas extranjeros que agitaron y explotaron a los humildes”, concluyendo que los “principales líderes de la destrucción fueron los desempleados que infestaban Río” y que “la policía no había sido suficientemente represiva”(3).

Los historiadores han aceptado algunas de estas tesis oficiales, haciendo responsables a “elementos subversivos que buscaban un problema explotable para subvertir el régimen” o a “favelados siempre dispuestos al desorden” o arguyendo que “no fue más que una excusa de grupos opositores del régimen de Rodrigues Alves para desacreditar el gobierno”(3).

También se ha dicho que lo que para algunos grupos participantes en la Revolta ésta no fue más que “una excusa”, para otros fue “un agravio legítimo”. Teresa Meade relata estas interpretaciones y pone el énfasis como se ha visto a lo largo del texto en la manera en que algunas grandes ciudades se han desarrollado y en que el precio de la renovación, saneamiento o reformas para alcanzar el bienestar se hace a veces a expensas de los más pobres(3).

Jeffrey Needell también repasa el punto de vista de algunos referentes como justificación a las causas de la violencia de las masas: la conspiración liderada por Lauro, la tradición tolerante del positivismo radical, la mala situación de la gente de color o las reformas urbanas e intenta efectuar un análisis de la revuelta misma(4).

Tras la Revolta da vacina y la derogación de la ley, la viruela siguió diezmando a la población de Río. Un brote epidémico causó en 1908 un total de 9.000 muertes, por lo que se implantó nuevamente un programa de vacunación. Sin embargo, éste no obtuvo el mismo rechazo social que el controvertido plan de cinco años antes.

Quizá sea debido a un aumento en el nivel de aceptación hacia las medidas de salud pública, habida cuenta del éxito en la eliminación de la fiebre amarilla y, además, al miedo a producir otra inesperada y violenta reacción en la población. Por otra parte, los pobres ya se habían ido desplazando del centro de la ciudad a los suburbios, arrastrando con ellos su carga de enfermedad y miseria.

El ejemplo de la Revolta da Vacina se inscribe en el grupo de argumentos antivacunales relacionados con la defensa de los derechos civiles individuales frente a los de la salud pública colectiva. A lo que debemos añadir el miedo auténtico popular al propio acto vacunal, no es casualidad que Cruz fuera representado con una jeringuilla en la mano a modo de arma letal (Figura 12). Lo que simboliza el miedo atávico hacia la inyección(16).

 

Figura 12. “Oswaldo Cruz, O Napoleao da seringa e lanceta” por Leonidas en O Malho (29-10-1904).

 

La vacunación es un fenómeno de ciencia y de creencia. Los científicos, los salubristas, cargados de certeza, intentan desarrollar estrategias o programas apoyados en las estadísticas de morbilidad o mortalidad(16).

Así se implantan, desde la verticalidad, programas standard para todos los países o regiones. En pocas ocasiones se tiene en cuenta las creencias de los habitantes de tal o cual zona, su percepción de la enfermedad, de la salud, de su propio cuerpo. ¿Debo aceptar algo que se me impone desde la autoridad? ¿Debo admitir que un extranjero me inyecte algo que desconozco?

Muchas de las resistencias tienen su origen en el escaso esfuerzo que se realiza por comprender las razones del otro, en dar por hecho que ciencia y progreso son “buenos”. La mejora en la aceptabilidad pasa, sin duda, por apoyarse más en algunas herramientas de las ciencias sociales, en la comprensión de las experiencias que han configurado las actitudes de los grupos poblacionales hacia la vacunación, en aproximarse a las creencias.

Bibliografía

1. Moulin AM. Les vaccins: implications sociales et politiques. Médecine et Maladies Infectieuses 2003; 33: 564-569

2. Tras ser derrocada la Monarquía y proclamada la República (15 noviembre de 1889), los brasileños vivieron un periodo inicial en que sus presidentes fueron militares (República da Espada, 1889-1894), dando paso inmediatamente a lo que se llamó la República da Oligarquías (1894-1930), cuyos presidentes de gobierno eran civiles ligados al sector agrario. De un lado los procedentes del estado de Sao Paulo (republicanos paulistas con intereses en el café) y de otro los de Minas Gerais (republicanos mineiros ligados a la producción de leche), que dio lugar a lo que se conocía popularmente como la política del café con café (paulistas) o del café con leche (mineiros).

3. Meade T. "Civilizing Rio de Janeiro": the public health campaign and the riot of 1904. J Soc Hist 1986; 20 (2): 301-322

4. Needell JD. The Revolta contra vacina of 1904: the revolt against "modernization" in belle epoque Rio de Janeiro. Hisp Am Hist Rev 1987; 67 (2): 233-269

5. La inmigración proveniente de áreas rurales del interior del país junto a la procedente de Europa provocó un crecimiento espectacular de la población de Río, pasando de 274.000 habitantes en 1872 a 518.290 en 1889 y alcanzando más de un millón en 1920 (Meade, 1986)

6. Las viviendas eran un foco constante de insalubridad. Los cortiços o colmenas (casas pequeñas, cubículos) eran estructuras destartaladas de los distritos cercanos a los muelles y a las zonas comerciales. Oscuros y sórdidos, mal ventilados, repletos de trabajadores pobres (estibadores del puerto, empleados de los servicios municipales, gente de la construcción) mezclados con mendigos, ladrones, prostitutas y otros de oficio desconocido. Otro apelativo para estas construcciones era la de casebres, barracones. Agostinho José de Souza Lima, Inspector de Salud Pública, redactó un informe en 1891 que resultó demoledor y en el que denunciaba la alta tasa de mortalidad de los habitantes de los cortiços, que vivían en “miserable promiscuidad”, “conducta licenciosa” y “completa ausencia de moral”.

7. Viruela, fiebre amarilla y otras epidemias atacaban periódicamente a los distritos pobres. En 1850, la fiebre amarilla causó 90.000 enfermos y 4.160 muertos. Entre 1850 y 1908 se cobró 60.000 víctimas. Cuando la fiebre amarilla descansaba, el tifus, la malaria o la disentería ocupaban su lugar. Los capitanes de los barcos que llegaban a Río se negaban a atracar en el puerto ante el temor a las plagas.

8. Porto MY. Uma revolta popular contra a vacinaçao. Cienc Cult 2003; 55 (5): 53-54

9. Datos tomados de la Biblioteca Virtual Oswaldo Cruz elaborada por el CNPq y el Prossiga del Ministerio de Ciencia y Tecnología, la Casa de Oswaldo Cruz (COC) y la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) del Ministerio de Salud. Extraído el 24 de junio de 2005 del sitio Web BV O Cruz

10. Se llamó “favelados” a los habitantes de las favelas, originariamente “un grupo de 40 o 50 chozas no incluidas en el listado o registro de casas de una calle”. La primera favela fue levantada en Río por soldados veteranos de la campaña de los Canudos que hicieron un campamento para presionar al Ministro de la Guerra para reclamar sus pensiones. Llamada así en honor de la sangrienta batalla que habían librado cerca de la ciudad de Canudos, estado de Bahía (1897) en la ladera del Morro da Favela (Cerro de Favela). Desde entonces se aplica el nombre a los barrios de chabolas que cubren las laderas de las colinas de Río. (Meade, 1986)

11. Salles Guerra, que más tarde se convertirá en su principal biógrafo, conoce a Oswaldo Cruz en 1894 y le anima a montar un laboratorio de análisis en la Policlínica General de Río de Janeiro. Los dos, junto a Silva Araujo, Werneck Machado y Alfredo Porto constituyen el “grupo de los cinco germanistas” así llamado por su empeño en aprender alemán, el idioma de los textos de medicina más avanzados de la época.

12. El Instituto Sueroterápico de Río de Janeiro creado en 1900, estaba bajo la dirección de Pedro Affonso, propietario del Instituto Vacínico Municipal. En 1902 las divergencias entre Cruz y Affonso hicieron que éste último dimitiera y asumiera el cargo el propio Oswaldo Cruz.

13. Durante una campaña contra la malaria en 1908, Carlos Chagas descubre una nueva enfermedad en la ciudad de Lassance. Será la segunda tripanosomiasis humana conocida hasta aquél momento tras la africana o enfermedad del sueño, vehiculizada por la mosca tsé-tsé y producida por los Trypanosomas brucei gambiense o brucei rhodesiense. Chagas encuentra un tripanosoma que llamará cruzi en honor a Oswaldo Cruz. La enfermedad se conoce como tripanosomiasis americana o enfermedad de Chagas.

14. Lopes MB. Bodies scorned: when medicine and caricature meet. Hist Cienc Saude Manguinhos 1999 Jul-Oct; 6 (2): 257-275

15. Porto A, Ponte CF. Vaccines and campaigns: images with a story to tell. Hist Cienc Saude Manguinhos 2003; 10 (Suppl 2): 725-742

16. Moulin AM. The vaccinal hypothesis: towards a critical and anthropological approach to a historical phenomenon. Hist Cienc Saude Manguinhos 2003; 10 (Suppl 2): 499-517

Nota: Las ilustraciones han sido tomadas de los trabajos de Myriam Bahia Lopes (14), Angela Porto y Carlos Fidelis Ponte (15) publicados en la revista Historia, Ciencias, Saude-Manguinhos y del sitio Web Biblioteca Virtual Oswaldo Cruz (9).

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La introducción de la variolización en Europa


 

La introducción de la variolización en Europa

Abril 2006 

Autor: Dr. José Tuells (tuells@ua.es)
Departamento de Enfermería Comunitaria, Medicina Preventiva y Salud Pública e Historia de la Ciencia. Universidad de Alicante.

Articulo extractado del libro "Balmis et variola", Tuells J, Ramírez SM. Ed. Generalitat Valenciana, 2003

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Introducción

La inoculación de la viruela, variolización o variolación, fue practicada originariamente en China y la India. El conocimiento del método se transmitió a los pueblos del entorno del Asia menor y Oriente próximo, Cefalonia, Tesalia, Constantinopla, el Bósforo, donde era utilizado por las clases populares como preservativo de la enfermedad.

Desde allí pasó al mundo occidental en los inicios del siglo XVIII. Constituyó una nueva herramienta terapéutica para defenderse contra la enfermedad y supuso un cambio de concepto, innovador, por cuanto reposa en la constatación empírica de que los que han sufrido un ataque de viruela y han sobrevivido quedan exentos de ella para siempre (inmunis).

La emergencia y popularización del método en occidente, junto a las controversias sobre su bondad o utilidad discurren a lo largo del Setecientos, que bien puede denominarse como el siglo variolizador.

Su impacto epidemiológico sobre la enfermedad es muy difícil de determinar. No fue una práctica generalizada, con la suficiente amplitud de cohorte de inoculados que permitiera medir su efecto, los registros de datos eran nulos, arcaicos o limitados y se practicó en muchos países de manera puntual o en periodos de intermitencia variable.

Se ha querido datar en los inicios del siglo XI las primeras prácticas de inoculación, situándolas con gran probabilidad entre China y la India, donde una leyenda dice que “el secreto de la variolización fue transmitido por un taoísta inmortal del Monte Omei (sudoeste de China)”, algunos historiadores creen que esa apelación legendaria forma parte del deseo por parte de los primeros inoculadores de legitimar su práctica como algo ancestral y con impregnación mitológica.

Inhalando el polvo de costras

Es más cierto que a lo largo del siglo XVI, fuera practicada inicialmente por el médico chino Nie Jiuwu de la provincia de Jiangxi y, ya de forma más generalizada, se encuentra documentada en diversas fuentes chinas durante el XVII.

La primera descripción detallada se atribuye a Zhang Lu en el Zhangshi yitong donde cita que la técnica, transmitida por un taoísta inmortal fue utilizada por primera vez en Jiangxi, en el bajo Yangtsé, antes de extenderse por todo el país.

Revela tres métodos diferentes de variolización. El primero consistía en introducir en los orificios de la nariz, un pedazo de algodón empapado de pus extraído de pústulas frescas, cogidas de individuos que padecían la enfermedad de forma suave.

El segundo utilizaba costras desecadas y pulverizadas, recogidas un año antes, que igualmente y mediante un tubo de bambú se introducían por los orificios nasales, a los niños en la ventana nasal izquierda y a las niñas en la derecha.

El tercero consistía en poner a un niño sano las ropas usadas de un varioloso. El niño variolizado por cualquiera de estos tres métodos padecía fiebre durante una semana y una forma atenuada de viruela. Las prácticas de variolización por inhalación parecían más eficaces y seguras que la de transmitir la infección natural exponiendo los niños al contagio.

Los Manchúes sufrieron numerosas epidemias de viruela durante sus guerras de conquista, cuando invadieron y dominaron China en la primera mitad del XVII. Eran más vulnerables que los chinos porque procedían de regiones donde su propagación había sido mucho menor.

El primer emperador manchú, Shunzi, murió de viruela en 1662 con solo 23 años de edad. El segundo emperador, Kangxi (1662-1722), fue elegido sucesor al trono en lugar de un hermano mayor que tenía, ya que la había padecido en su juventud y corría menos peligro de enfermar.

Activo luchador contra la viruela, ordenó variolizar a toda la familia real y a las tropas manchúes. Entre los médicos expertos a los que consultó se encontraba Zhu Chungu, que introdujo mejoras en la técnica de inoculación. La efectuaba introduciendo en los orificios nasales de los niños polvo de costras pulverizadas, con la ayuda de un fino tubo de plata (Figura 2).

La obra en que recoge su experiencia fue reeditada en numerosas ocasiones y su éxito reforzó la acogida de la variolización entre la ortodoxia médica.

Estos cuatro métodos (los descritos por Zhang Lu y la mejora de Zhu Chungu), fueron recogidos en un compendio médico, el Yizong jinjian, editado en 1742 con la autorización de la Corte Imperial, lo que supuso una forma de legitimación de la práctica, que era así admitida en la medicina oficial.

A finales del siglo XVIII había dos escuelas que preconizaban técnicas de variolización diferentes. La escuela de Huzhou prefería utilizar pus fresco y la de Songjiang recomendaba costras desecadas y tratadas con hierbas medicinales, guardándolas mezcladas con almizcle.

Los textos de la época contienen instrucciones para recoger el pus y la manera de conservarlo. Dan consejos sobre el mejor momento para practicar la variolización, primavera u otoño, evitando los momentos de epidemia y vigilando que el niño esté en buen estado de salud. Recomiendan efectuarla entre el primer y el segundo año de vida.

Justificaban el método inhalatorio porque el sistema respiratorio es el mejor para garantizar un efecto rápido. El material inhalado alcanzaba primero las cavernas de los pulmones antes de circular por las cinco vísceras.

Estas vísceras, impregnadas de materia tóxica, se liberaban de ella a lo largo de una semana manifestando signos exteriores de enfermedad como fiebre, pústulas, calor y sed constante. La enfermedad era benigna y los síntomas desaparecían en los veinte días siguientes, quedando eliminado el veneno y la persona protegida frente a la viruela.

Diversos documentos de la época, describen el éxito de la práctica, manifestando que de 9.000 niños inoculados sólo murieron veinte o treinta.

 

 

Hilas embebidas sobre piel arañada

El procedimiento de inoculación entre los hindúes era distinto. Los brahmanes arañaban la piel con agujas y frotaban una sola vez con hilas impregnadas durante el año anterior en costras virulentas, humedeciéndolas en el momento de aplicarlas con agua santa del Ganges.

En la India oriental, utilizaban un método basado en producir una fuerte irritación en el antebrazo por medio de frotamiento. De inmediato, efectuaban la aplicación con algodones embebidos en el pus varioloso. Otra técnica similar era tomar hilas y después de empaparlas con pus, las iban enhebrando en una aguja, con la que atravesaban un pliegue del brazo.

El método hindú de inoculación era reconocido como más seguro que el chino y fue el que se propagó hacia Oriente Medio.

Sueños en el umbral

En Arabia la inoculación fue realizada por una mujer de la tribu de los beduinos, siguiendo un proceder operatorio análogo al de los indios.

La operación era conocida en las riberas del mar Caspio, entre los turcomanos y los tártaros, y la ejercitaban con entusiasmo en Georgia y Circasia. “Los Circasios hacen algunas superficiales incisiones en los brazos y en las piernas, inoculándose en ellas el virus varioloso”. Por eso se llamó también método georgiano y circasiano.

La técnica de inoculación viajó desde la India hacia el Oeste propagada por las caravanas de mercaderes. Tenían la creencia de que viajar protegidos contra la viruela era una ventaja. La variolización fue practicada en el Imperio Otomano, donde había sido introducida por los viajeros Circasios desde 1670.

Kraggenstiern y Timoni, dos médicos que investigaron esta práctica, afirman que las inoculaciones se hallaban en poder de las mujeres ancianas, existiendo entre ellas una, conocida como la Vieja de Tesalia, “que decía haber aprendido la técnica por revelación de la Virgen. La abuela practicaba varias punturas en las mejillas, barba y frente, y las cubría con cáscaras de nuez”.

Otra mujer reconocida como inoculadora fue la Vieja de Philippopolis. “Ésta preparaba al paciente durante algunos días por medio de un régimen severo, después lo metía en una habitación muy caliente, buscaba un niño que tuviese la erupción en el décimo día de su desarrollo, abría una pústula, recogía el fluido sobre un cristal que previamente calentaba en el pecho y enseguida inoculaba al paciente con una aguja de plata.

Posteriormente, protegía la parte donde había depositado el virus con una cáscara de bellota y una venda. La envoltura se levantaba a las cinco o seis horas, quedando sujeto el enfermo a un régimen estricto durante treinta días”.

La práctica había pasado de Turquía a la península balcánica, donde tomó el nombre de método griego, que estos practicaban haciendo cuatro punturas cruciformes en frente, mentón y pómulos con aguja mojada en linfa variólica. También se le ha denominado “método de inocular en Constantinopla”.

Las mujeres, como se ha visto, tienen un papel destacado en la aplicación y difusión de la práctica inoculadora. La sociedad turca de la época, dominada por los hombres, deja poco espacio a la mujer. Hay una clara separación de sexos.

“Uno de los lugares donde las mujeres hacen su vida es el harén. Allí la belleza es un elemento capital del valor de una mujer. Las jóvenes circasianas o caucásicas eran muy reputadas por su belleza y había una gran demanda de ellas para poblar los harenes. Sus padres y ellas mismas soñaban con ser vendidas en Estambul y llegar al harén para tener una vida mejor. Incluso las mujeres de Anatolia se hacían pasar por circasianas para encontrar alguien que las tomase en un harén”.

Para preservar su belleza, las niñas eran inoculadas desde muy pequeñas en lugares del cuerpo donde no se notaran las señales de la escarificación. Las encargadas de efectuar la inoculación también eran mujeres, en general añosas, que habían adquirido a lo largo de años de experiencia práctica, el secreto de la técnica.

El harén, como el hammán, son espacios reservados a la mujer donde ésta se relaciona con las otras mujeres, un lugar de confidencias, de transmisión de información. En una sociedad que las deja aparte, las mujeres ejercen un contrapoder y hacen su vida. Las transmisoras de noticias, las que pueden ir de un harén a otro, son las viejas o añosas, las más sabias. Ellas practicaran la inoculación.

“En la excluyente sociedad otomana de la época, existe una medicina de los hombres, anquilosada, cargada de prejuicios, de prohibiciones religiosas. Cuando una mujer está enferma el contacto con el médico es mínimo o nulo y en presencia de testigos (otra mujer o un eunuco).

Las mujeres desarrollan una habilidad para cuidar y para cuidarse. Son quizá ignorantes, pero son las que cuidan de sus hijos desde que nacen, las que velan por su salud, las que los acarician. Han de protegerlos y una forma de hacerlo es inocularlos. La inoculación se convierte en una práctica femenina donde la mujer ejerce su influencia sobre la salud, es una prolongación de los cuidados del recién nacido. En la casa, como en el harén o el hammán, la primera infancia es dominio de la mujer”.

Preservar la belleza pero también la vida, la inoculación pasa a Grecia por medio de mujeres. Ancianas mujeres que para protegerse invocan haber recibido el conocimiento no de los hombres, sino de la Virgen. Tienen la habilidad de poner “la operación bajo el protectorado de los sacerdotes de la iglesia griega, lo que motivó que le proporcionase multitud de clientes, hasta el punto de asegurar, que algunos años habían inoculado a 40.000 personas”.

Los transcriptores, Timoni y Pylarini

La mención occidental más antigua sobre la variolación se encuentra en una nota de Heinrich Vollgnad, publicada en el boletín de una sociedad científica alemana en 1671.

Refiere una práctica popular de variolización “salvaje” que se conocía en zonas rurales de Europa, conectada a un método chino ya descrito, consistente en poner en contacto a niños sanos con sujetos enfermos convalecientes de “viruelas de buena especie”.

Hay más noticias sobre este método que llamaban “comprar la viruela” y que podía efectuarse mandando a los niños a casas donde hubiera un enfermo recuperándose de viruelas, para comprarle costras por uno o dos peniques.

Podía igualmente exponerse a un niño, acostándolo en la cama de otro que estuviera enfermo de una viruela suave y así la pasaría en condiciones favorables. Campesinos griegos, galeses, escoceses o rusos, estaban familiarizados con esta práctica, que también describió el médico danés Thomas Bartholin en 1673 y que llamó “transferencia de la viruela”.

En España también era conocida la inoculación, aunque esa historia será tratada en otro futuro artículo.

Inglaterra va a constituirse en el lugar donde se recojan buena parte de los conocimientos médicos de la época. La tradición de las sociedades científicas, que nace en este país, va a contribuir decisivamente en la historia de la viruela.

En 1660 se crea en Londres la Royal Society, institución constituida como un foro de discusión y análisis de comunicaciones científicas procedentes de todo el mundo y que pronto adquiere un notable prestigio. En la sesión del 5 de enero de 1700, el Dr. Martín Lister da por primera vez la noticia del método inoculador chino, a través de una carta remitida por el comerciante inglés John Lister, de la Compañía del Este de la India, estacionada en China.

Describe que hay que recoger el contenido de las pústulas de un enfermo con un algodón, dejarlas secar en un recipiente cerrado, para introducirlas después en los orificios nasales de un niño. En la sesión del 14 de febrero del mismo año, Clopton Havers expone la misma práctica china para combatir la viruela. Las dos noticias pasaron sin pena ni gloria.

La Compañía de Jesús contó con grandes viajeros, como el padre d´Entrecolles, que durante su estancia en China continuó la tradición jesuítica de narrar aspectos sociales de los lugares donde establecían misiones.

En las Lettres édifiantes et curieuses escribe sobre el método chino y precisa que “la inoculación debe realizarse en invierno y jamás en los más calurosos días del verano. Hay que recoger en las pústulas, tomándolo de un niño que esté padeciendo la viruela y tenga entre uno y siete años, y cuando estén maduras, el pus, que no debe estar turbio. Las escamas, se pueden conservar hasta dieciséis años en una vasija de porcelana herméticamente cerrada.

Para proteger a los niños indemnes, se introduce un algodón impregnado de esas escamas en las narices del pequeño paciente. El método es reconocido como eficaz, pero peligroso a la vez, ya que es mortal en uno de cada diez casos”.

De nuevo en la Royal Society de Londres, la sesión del 14 de mayo de 1714 da cuenta de una carta del Doctor Emanuele Timoni, escrita en latín y fechada en diciembre de 1713 en Constantinopla. Cuando el 10 de junio se da lectura a su traducción, será la primera vez que aparece el vocablo “inoculación” como método de lucha contra la viruela: “hace muchos años que en Constantinopla, donde se mezclan naciones muy variadas, se provoca la viruela por inoculación.

Hay que encontrar primero a un niño dotado de un buen temperamento, enfermo de una viruela benigna, con pústulas no confluyentes. Al duodécimo o trigésimo día después del comienzo de la enfermedad, se abren algunas pústulas con una aguja y se exprime el pus en un recipiente de vidrio, limpio y lavado con agua tibia.

Cuando está suficientemente lleno, hay que cubrirlo y mantenerlo caliente, el operador debe ir entonces a la casa dónde va a inocular; con una aguja, perfora la piel en uno, dos o varios puntos, hasta que aparece sangre, procediendo con el paciente en una habitación templada; vierte enseguida el pus varioloso y hace una mezcla cuidadosa con la sangre que sale. Se pincha en cualquier parte del cuerpo”.

Timoni utiliza el término insitio (injerto, trasplante) para denominar al conjunto de pasos técnicos que constituyen la operación. Nacido en la isla de Chíos, vive en Estambul, estudia en Padua, obtiene un doctorado en Oxford. Conoce el griego, el latín, el italiano y el inglés. De familia de médicos célebres, es muy respetado y ejerce tanto la medicina y la traducción, como la diplomacia.

Su comunicación a la Royal Society no es fruto de la casualidad, le conocían y era socio correspondiente de la misma desde su estancia en Londres. Su trabajo sobre la inoculación adquiere cierta difusión y abre un debate científico. Timoni se da muerte en mayo de 1718 en Philippopolis. Antes habrá conocido a Lady Mary Wortley Montagu (Figura 3), para la que llega a trabajar como médico e intérprete y a la que narrará los secretos de la inoculación.

Casi a la vez, otro médico, Giacomo Pylarini, nacido en Cefalonia y también formado en Padua como Timoni, publica otro texto sobre la inoculación que se publica por primera vez en Venecia.

La vida de Pylarini guarda cierta similitud con la de Timoni, de origen greco-italiano, ejerce la medicina y la diplomacia, viaja por Siria, Moldavia, Rusia, Alemania y, por supuesto, Estambul. Pylarini sitúa el origen de la inoculación en las mujeres griegas de Tesalia que la traspasaron al imperio otomano.

Timoni y Pylarini actúan, pues, como transcriptores de una técnica practicada por las clases populares en el área de Estambul y que estaba extendida por aquella región. Turca, griega, circasia, armenia o incluso china, tiene poca importancia, la variolización llega a conocerse en el entorno científico europeo, sobre todo el inglés y para su difusión va a necesitar un impulso propagandístico. Será una mujer, de nuevo, quien contribuya con la fuerza de su personalidad a hacer visible esa innovación preventiva.

 

 

La audaz propagandista, Lady Mary Wortley Montagu

¿Audaz, inconformista, poetisa o pionera médica? Quizá todas estas cosas, pero de cualquier forma una mujer independiente y ajena a la estrechez moral de la sociedad de su época.

Nacida a finales del siglo XVII, parece una mujer del XXI. Inconformista hacia sus limitaciones sociales por su condición de mujer, viajera, conectada a otras culturas, con amores escandalosos, feminista y, siempre, un blanco para los misóginos. Poetisa y prosista.

Avalado por algunos libros excelentes (Figura 4) y cientos de poemas y cartas, textos de consulta ineludible para entender aquel momento histórico o la cultura turca. En sus escritos se mezclan política y amores, ensalza a los clásicos y lanza dardos ponzoñosos a sus enemigos, que son parte importante de su vida, tanto o más que sus amigos. Pionera médica o con más precisión, una excelente observadora y comunicadora.

Populariza en Europa el conocimiento que se tenía de la inoculación en Oriente. Incluso experimenta esa práctica con sus propios hijos. En su lucha a favor del método tiene que remar contra la oposición del clero y gran parte de la ciencia médica de la época.

Lady Mary Wortley Montagu, de soltera Mary Pierrepont (Figura 5), nace el año 1689 en el seno de una de las principales familias de la sociedad británica y es la mayor de cuatro hermanos. Su padre es el Duque de Kingston y Caballero de Yorkshire y su madre Lady Mary Fielding, que muere después de alumbrar a su cuarto hijo. Los niños son criados por la abuela paterna, a la que Mary ayuda ejerciendo el papel de madre para sus hermanos.

Brillante y autodidacta, aprende latín con un diccionario tomado de la biblioteca de su padre. Luego dominará el francés, el italiano y el griego. Se apasiona por la poesía y llega a decir:"Ningún entretenimiento es tan barato como la lectura, ningún placer es tan duradero.

Si una mujer puede disfrutar de una obra literaria, no buscará nuevas modas ni diversiones costosas, ni compañías variadas". Llega a escribir con veinte años al obispo de Salisbury lamentándose de las limitaciones que la sociedad imponía a las mujeres para elevar su formación cultural.

Se casa con Edward Wortley Montagu en 1712, que se sentía atraído por su cultura y con el que compartía la admiración por los clásicos, tiene veintitrés años.

En diciembre de 1715, Lady Mary sufre en su propia carne los efectos de la viruela. La enfermedad deja huellas en su cara, demacra su buena apariencia, pierde las pestañas. Escribirá el poema “Flavia” en el que se lamenta de la belleza perdida, de la perfidia de los espejos que le devuelven una imagen desfigurada, de tener que utilizar afeites para disimular las marcas de las cicatrices. La viruela ya se había cobrado dos años antes la vida de su hermano. Lady Mary siempre mostrará una sensibilidad especial hacia la enfermedad.

A mediados de 1716, su marido es nombrado embajador en la corte otomana. Un largo viaje de cuatro meses entre enero y abril de 1717, conduce a la familia desde Viena hasta Constantinopla. La estancia durará dos años. La ciudad les será mostrada desde una perspectiva oficial.

Avenidas, palacios, embajadas, hoteles, en un acercamiento impregnado de la dominante visión masculina. Lady Mary escapa pronto a eso. Se viste de varón para entrar en una mezquita. Toma clases de árabe. Su condición de mujer le permite acceder al invisible mundo de las mujeres árabes.

Es lo que configurará su particular mirada sobre Constantinopla. Visita varias veces el harén del sultán, la invitan en casas turcas.

Establece una respetuosa relación con aquellas mujeres de las que admira su cultura y a las que no juzga, como era costumbre, con los valores de la aristocracia inglesa. Llega a entender que ellas no consideren una lacra llevar velo, al contrario, les permite gran libertad de movimientos, pasean sin ser molestadas o reconocidas. Ella misma lo experimenta en alguna ocasión. Lady Mary escribe cartas a sus amigos, la princesa de Gales, Alexander Pope o el abate Conti, donde les cuenta sus experiencias viajeras.

En una de estas cartas, fechada el 1 de abril de 1717 y dirigida a su amiga Sarah Chisvell, da detalles sobre el viaje, los casos de peste que encontraron o las primeras impresiones de la gente de Constantinopla. También describe el procedimiento empleado para combatir la viruela y la percepción que tenían sobre esta enfermedad:

“A propósito de enfermedades le voy a contar algo que le produciría, estoy segura, el deseo de estar aquí. La viruela, tan fatal y frecuente entre nosotros, aquí es totalmente inofensiva gracias al descubrimiento de la inoculación, (así es como la llaman).

Existe un grupo de mujeres ancianas especializadas en esta operación. Cada otoño, en el mes de septiembre, que es cuando el calor se apacigua, las personas se consultan unas a otras para saber quién de entre ellos está dispuesto a tener la viruela.

Con este propósito forman grupos y cuando se han reunido (habitualmente unos quince o dieciséis), la anciana acude con una cáscara de nuez llena de la mejor materia variolosa. Pregunta qué vena se ha elegido. Pincha rápidamente con una aguja gruesa en la que se le presenta (esto no produce más dolor que un vulgar rasguño) e introduce en la vena tanto veneno como cabe en la punta de la aguja y, después tapa la pequeña herida con un pedazo de la cáscara vacía; pincha de la misma manera cuatro o cinco venas.

Los griegos tienen como costumbre, por superstición, pinchar una vena en medio de la frente, otra en cada brazo y en el pecho, trazando así el signo de la cruz, pero esta práctica tiene desastrosas consecuencias, ya que todas estas heridas dejan pequeñas cicatrices, y los que no son supersticiosos prefieren que se les pinche en las piernas o sobre una parte del cuerpo que permanezca cubierta.

Los niños o jóvenes pacientes juegan juntos durante el resto del día y se encuentran en perfecta salud hasta el octavo día. Entonces comienza a subirles la fiebre y guardan cama durante dos días, rara vez tres.

Excepcionalmente, les salen veinte o treinta pústulas en la cara, que nunca dejan marcas, y en ocho días están tan repuestos como antes de padecer la enfermedad. […] Cada año, miles de personas se someten a esta operación y el embajador francés dice con complacencia que aquí se toma la viruela a modo de divertimento como en otros países se toman las aguas.

No se conoce ejemplo de alguien que haya muerto por ello y puede creer que la experiencia me parece tan inofensiva, que tengo la intención de ensayarla en mi querido hijo”.

Lady Mary muestra más adelante una clara decisión: “soy lo bastante patriota para tomarme la molestia de poner de moda en Inglaterra este útil descubrimiento y no dejaría de proporcionar todos los detalles por escrito a ciertos médicos nuestros si conociera alguno que tuviese tanta virtud como para renunciar a parte de sus ingresos por el bien de la humanidad, pero esta enfermedad es demasiado lucrativa para ellos: nos arriesgamos a exponer a su resentimiento al audaz pionero que ose intentar ponerle fin. Puede que, si vuelvo viva, tenga el valor de guerrear contra ellos”. Curiosamente, Sarah, la destinataria de la carta, morirá por viruela, nueve años después.

Lady Mary toma partido por la causa de la inoculación. Ha tenido conversaciones con Timoni, al que Edward Wortley ha contratado para trabajar junto al médico de la Embajada, Charles Maitland. En marzo de 1718, estando su marido de viaje en Sofía, Lady Mary indica a Maitland que inocule a su hijo de cinco años. Ha decidido por sí misma.

La iniciativa se repite cuando vuelven a Londres. Es el turno de la hija pequeña de los Wortley. No había sido inoculada en Constantinopla para evitar que su nodriza se contagiase. Maitland, que los ha acompañado, será de nuevo quien supervise la operación.

Esta vez hay notables espectadores. La Princesa Carolina, esposa del Príncipe de Gales, junto a otros miembros de la familia real y varios médicos de la Corte, entre ellos Sir Hans Sloane, presidente de la Royal Society y médico personal de los Reyes. Todos presencian la primera inoculación efectuada por sanitarios en Inglaterra, abril de 1721.

Maitland recibe poco después permiso para llevar a cabo un ensayo clínico. Seis condenados a muerte de la prisión de Newgate, tres hombres y tres mujeres, aceptan inocularse a cambio del perdón. Se llamó el Real Experimento y corría el 9 de agosto de 1721.

El procedimiento es supervisado por médicos de la corte junto a otros 25 colegas, miembros de la Royal Society y del Colegio de Médicos. Los presos sobreviven, incluso uno de ellos que es expuesto al contacto con dos niños enfermos de viruela.

Quedan libres. Se repite otra vez y con igual éxito la experiencia, tomando esta vez como sujetos a seis niños del hospicio de Westminster. Finalmente, el 17 de abril de 1722, la Princesa de Gales hace inocular a sus dos hijas, Amelia y Carolina. La práctica adquiere así un cierto nivel de aceptabilidad entre la clase médica.

La noticia del experimento trasciende popularmente por el seguimiento que efectúa la prensa contando sus excelentes resultados. Otro médico inglés, Mead, hace la prueba de inoculación a la manera china en una joven, también encarcelada. Aunque inicialme nte lo pasa mal y sufre complicaciones, se recupera y también obtiene el perdón.

Hay voces que se alzarán, no obstante, contra la nueva medida preventiva. El reverendo Edmund Massey, que había predicado acerca de los “beneficios” de la peste como manifestación del juicio divino, atacó la variolización por evadir el “Castigo de Dios”.

El pastor Wagstaffe criticó que “una experiencia hecha por mujeres ignorantes, de un pueblo analfabeto e irreflexivo, se introdujera en el Parlamento de una de las naciones más civilizadas”. Lady Mary contesta a este último con un elogio de la variolización que pone en boca de un “mercader turco”: “yo no vendo drogas, no tomo dinero, solo quiero persuadir a la gente de la seguridad y del carácter razonable de esta simple operación”. El debate acompañará siempre a la variolización.

Lady Mary abandonará Inglaterra en 1739, para no volver hasta después de la muerte de su marido. Le sobrevive un año ya que fallece en agosto de 1762. Aunque abandona a su marido, mantiene toda su vida correspondencia con él.

Escribe poesía, hace crítica literaria, viaja por Italia y sur de Francia, es criticada por algunos, como Pope, antaño su admirador. Considerada por algunos como la mujer inglesa más interesante de su época, independiente, excéntrica, todo un personaje. Amiga de Addison o Swift, escribió sobre los Viajes de Gulliver “se trata de un libro fuera de serie, de gran elocuencia, con el que (Jonathan Swift) ha buscado conmover y persuadir al público de que los seres humanos no son nada más que bestias”.

Savater la elogia en un artículo (El País, 20/10/2001), donde apunta su valoración del papel de la mujer otomana y su actitud civilizada “no puede tenerse por culta a la persona que sólo conoce su propia cultura…. es absurdo hablar de choque de civilizaciones: sólo hay una civilización, la que proyecta más allá de las limitaciones culturales con las que uno ha nacido y nos urge a comprender, aunque no forzosamente a compartir, las restantes formas que ha sabido darse el espíritu humano”.

Recoge también su carta al abate Conti, ya de vuelta de Turquía, donde Lady Mary finge envidiar a los que no viajan y por tanto nada añoran, los felices ingleses que creen que el vino griego es repugnante y su cerveza sublime, los que consideran que los higos o las frutas exóticas no son comparables a un buen filete de buey y acaba diciendo. “¡Ojalá Dios me permita a mí también pensar así para, contentándome a partir de ahora con la nublada luz que este cielo nos dispensa, sepa olvidar poco a poco el estimulante sol de Constantinopla”.

Volvió a disfrutar, sin embargo, del sol del Mediterráneo durante su voluntario exilio. A los 69 años contaba “no me he mirado al espejo desde hace once años” y prueba de su fino sentido del humor, dicen que sus últimas palabras fueron: “Ha sido todo muy interesante”.

 

 

Propagación por Europa y América

La variolización nunca se practicó de forma masiva. En consecuencia, no obtuvo un resultado efectivo sobre la enfermedad. La excepción es quizá Inglaterra, país donde alcanzará su mayor cobertura, aunque solo a partir de la mitad del siglo XVIII.

Por el resto de Europa se extiende muy lentamente, a medida que los médicos la van conociendo y aceptando. Controvertida, efectuada de manera intermitente, mal utilizada por algunos desaprensivos en busca de dinero fácil, su historia occidental en cuanto que práctica médica oficializada será corta.

Contribuye a su difícil implantación un conjunto de factores. En primer lugar, la falta de convencimiento de algunos médicos sobre su beneficio para la población.

En segundo lugar, las objeciones provenientes del sector religioso. A las ya mencionadas puede añadirse, como un ejemplo más, que desde el púlpito de la iglesia del hospital de San Andrés se predicó contra ella, mostrando la inoculación como una obra infernal y un don de Satanás.

Un tercer elemento de rechazo es la probabilidad de padecer e incluso morir por la propia viruela tras ser inoculado. Con el riesgo añadido de que se transmitieran durante la intervención otras enfermedades, como la sífilis o la tuberculosis. Había que ser valiente y determinado para correrlo.

La situación en el resto del continente europeo fluctúa de un país a otro. El esquema es casi siempre el mismo y guarda semejanza con lo ocurrido en Inglaterra, aunque no llegue a popularizarse como allí.

La clase médica tiene conocimiento de la técnica, se ensaya, se publicitan algunos resultados, se inocula algún personaje conocido de la sociedad y se abre un debate.

Vienen luego los éxitos o fracasos en la aplicación práctica. Intelectuales, científicos, médicos o filósofos, toman seguidamente posición y disertan o escriben sobre las ventajas o inconvenientes de la variolización. La intermitencia en la mayor o menor actividad inoculadora está condicionada por el momento epidémico. Si se produce un brote o la muerte de un ilustre, se renueva el ímpetu; si declina la epidemia, se paraliza la acción. Los brotes afectan a las clases populares de las zonas más densamente pobladas o donde se producen otros motivos de hacinamiento como, por ejemplo, las aglomeraciones de tropas durante una guerra.

En Francia fue defendida por Voltaire (Figura 6) que en sus Cartas Filosóficas (1734) incluye una, la undécima, titulada “Sobre la inserción de la viruela”. “Se rumorea en la Europa cristiana que los Ingleses son locos y rabiosos: locos, porque dan la viruela a sus hijos para impedirles tenerla; rabiosos, porque transmiten alegremente a sus hijos una enfermedad cierta y horrorosa, con el objetivo de prevenir un mal incierto.

Los Ingleses, por su parte dicen: los otros Europeos son cobardes y desnaturalizados; cobardes, porque temen hacer un poco de daño a sus hijos; desnaturalizados, porque los exponen a morir un día de viruela. Para juzgar cual de las dos naciones tiene razón, he aquí la historia de esta famosa inserción de la que se habla en Francia con tanto miedo”.

Voltaire, que había viajado por Inglaterra, relata a continuación el método Circasiano y su difusión como estrategia comercial: “las mujeres hacen la incisión a sus hijos incluso a la edad de seis meses haciéndoles una incisión en el brazo e insertando una pústula que han recogido con cuidado del cuerpo de otro niño… lo que ha introducido esta costumbre en Circasia es la ternura materna y el interés… son pobres y sus hijas bellas, con ellas trafican vendiéndolas a los harenes y a los que son ricos para mantener esa preciada mercancía … educan a sus hijas en la manera de acariciar a los hombres, en bailar danzas lascivas, en encender el deseo de aquellos a los que son destinadas. Esas pobres criaturas repiten a diario esa lección con sus madres, de la misma manera que nuestras hijas repiten el catecismo, sin entender nada. La viruela puede frustrar las esperanzas puestas en esa educación. Llega la viruela a una familia y una hija muere, otra pierde un ojo, otra se desfigura y esas pobres gentes se arruinan. Cuando la viruela se hace epidémica, el comercio se interrumpe durante años y los serrallos tienen una notable disminución de mujeres”.

El interés para los circasianos en la inoculación, como forma de conservar un negocio, es palmario. Voltaire cita luego a Lady Mary y a la princesa de Gales, por esa época convertida en Reina y a la que describe como una “filósofa amable nacida para impulsar las artes y el bien de los hombres”. Ambas son, a su juicio, las impulsoras de esa práctica.

Se duele de que 20.000 personas murieran en la epidemia de 1723 en París y lanza dardos muy claros: “somos gente muy extraña, puede que dentro de diez años adoptemos este método inglés, si los curas y los médicos lo permiten; o bien los franceses, en tres meses, utilizaran la inoculación por fantasía, si los ingleses la descartan por inconstancia”.

Esa crítica resume las confusas posiciones en su país y la suya, indudablemente a favor, encuadrada en el movimiento de los “filósofos”. Ensalza también la práctica china por aspiración nasal “como el tabaco en polvo, forma más agradable e igualmente efectiva”.

La Condamine (Francia) (Figura 7), Tronchin, Cotton Mather (Boston) (Figura 8), Dimsdale, Gatti (Italia), las mejoras técnicas de los Sutton, son algunos de los propagadores de la variolización por Europa y América.

La variolización se practicó en África, China y la India durante siglos, aunque no hay indicios de que su impacto sobre la salud pública en estas regiones fuera efectivo. Siempre se mantuvo como una forma popular de enfrentarse a la viruela.

Remotas regiones de estos continentes la seguían practicando cuando la enfermedad ya estaba en plena fase de erradicación mediante la vacuna. Se tiene noticia de variolizaciones efectuadas en Etiopía en el año 1976, coincidiendo con los últimos brotes de viruela en el mundo. Podría decirse que la variolización nace con la irrupción de la viruela como enfermedad desoladora y que se extingue con la propia enfermedad.

Es posible que al ser introducida en Europa y América durante el Setecientos, redujera los estragos de la viruela, pero son pocas las generaciones que podrían atestiguar su beneficio al aparecer la vacunación jenneriana al final de ese siglo. Nunca se liberó de las resistencias originadas por su capacidad de poder transmitir la enfermedad, ya fuera al propio variolizado como a otros sujetos de la comunidad no protegidos.

Siempre fue un consuelo desesperado más que un remedio eficaz, aunque su base conceptual fuera más lógica que la de otras medidas terapéuticas. Su llegada a Europa abrió, sin duda, un período de discusión, ensayos, reflexión y perfeccionamiento técnico que desembocaron en la construcción del modelo empírico de Jenner.

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La real expedición filantrópica de la vacuna


 La real expedición filantrópica de la vacuna

Febrero 2006

Autor:  Dr. José Tuells (tuells@ua.es )
Palabra clave: Viruela. Otros aspectos 

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Fuente documental

• Extractos del libro "Balmis et variola", Tuells J, Ramírez SM. Ed. Generalitat Valenciana, 2003

Han pasado más de dos años desde que inició su periplo, ha recorrido medio mundo transmitiendo una idea y ha vacunado a millares de niños. A bordo del Bom Jesus de Alem, un barco portugués que hace la ruta Macao-Lisboa, Francisco Xavier Balmis (1753-1819) regresa a España.

Corre el mes de febrero de 1806 y Balmis, mientras pasea por la cubierta del navío, se pregunta que habrá sido del resto de sus compañeros de Expedición, los que quedaron en América o los que dejó vacunando en Manila.

Poco antes de partir, en una carta fechada el 30 de enero de 1806 y dirigida al ministro José Antonio Caballero, comunica que ha dispuesto lo necesario para que los expedicionarios que han quedado en Filipinas vuelvan a México:

“Luego que mis compañeros concluyan sus viajes deben regresar en la Nao de Acapulco y devolver a sus padres los 26 Niños mexicanos” y poco dado a los elogios, tiene sin embargo un gesto de reconocimiento para la única mujer que formaba parte de la Expedición y que le acompañó hasta la etapa filipina, quizá la que se deba considerar como primera enfermera española, Isabel Sendales y Gómez:

“La miserable Rectora que con el excesivo trabajo y rigor de los diferentes climas que hemos recorrido, perdió enteramente su salud, infatigable noche y día ha derramado todas las ternuras de la más sensible Madre sobre los 26 angelitos que tiene a su cuidado, del mismo modo que lo hizo desde La Coruña y en todos los viajes y los ha asistido enteramente en sus continuadas enfermedades”. Y así lo firma

Balmis no imagina las penalidades que está pasando al otro lado del planeta el joven médico catalán José Salvany y Lleopart, subdirector de la Expedición, que por esos días atraviesa los encrespados Andes peruanos en dirección a Lima. Ha salido de Piura hacia Lambayeque el 9 de enero de 1806. Al llegar a Lambayeque el recibimiento no es de indiferencia, sino de auténtico rechazo.

La población rehúsa la vacuna y denomina a Salvany el Anticristo. Un grupo indígena persigue a Salvany y en esta ciudad no se reconoce la llegada de la Expedición de la Vacuna. Ante el rechazo del fluido que prevenía de las viruelas naturales, Salvany abandona precipitadamente Lambayeque y emprende el camino a Cajamarca, adonde llegará el 9 de marzo de 1806.

Balmis tiene tiempo para reflexionar durante los cuatro meses que tarda el barco en llegar a la isla de Santa Elena, lugar donde está previsto realizar una escala técnica. Recuerda los avatares del último año, cuando el 8 de febrero de 1805 zarparon desde Acapulco rumbo a las Filipinas a bordo del San Fernando de Magallanes, un barco de pasajeros.

El viaje por el Pacífico no fue muy bueno. Las condiciones de la navegación no se correspondieron con lo que habían pactado. Balmis se indignó por el mal trato dado a los niños vacuníferos.

En ellos residía el éxito o el fracaso de la Expedición “Estuvieron mui mal colocados en un parage de la Santa Bárbara lleno de inmundicias y de grandes ratas que los atemorizaban, tirados en el suelo rodando y golpeándose unos a otros con los vayvenes”, esto ponía en peligro la cadena de vacunación ya que los contactos entre los niños mientras dormían causaban vacunaciones no deseadas.

La alimentación que les daban “rozaba la miseria”, la dieta consistía en carne de vacas muertas de enfermedad, frijoles, lentejas y un poco de dulce. Menos mal que algunos pasajeros del barco se apiadaron de ellos y les dieron parte de sus alimentos. Balmis protestó también por el alto coste de los pasajes, superior al del resto de viajeros.

Tras una escala en las islas Marianas los expedicionarios llegaron a Manila el 15 de abril de 1805. Aunque no hubo recibimiento oficial, el ayuntamiento se hizo cargo de la Expedición y las vacunaciones comenzaron al día siguiente. El método seguido para propagar la vacuna en el archipiélago fue radial y progresivo: familia del Gobernador, la capital Manila, Extramuros, provincias inmediatas, provincias más lejanas y provincias ultramarinas.

En los documentos queda descrito de esta manera: “se dió principio a la trasmision de la Vacuna, en todos mis hijos y continuo esta operacion en toda la capital, pueblos extramuros, y sucesivamente en las Provincias inmediatas; despues se acudió a las mas distantes, y en la estacion oportuna salieron para las provincias ultramarinas el Practicante D. Francisco Pastor y el Enfermero D. Pedro Ortega, llevando consigo el competente numero de jovenes para conservar la vacuna durante la navegacion”.

A principios de agosto ya habían efectuado 9.000 vacunaciones. Balmis, aquejado de disentería, sin fuerzas para volver a Europa, solicita permiso para descansar en un lugar con clima más saludable como era China y se traslada a Macao en la nave Diligente llevando con él a tres niños para intentar vacunar en aquel territorio. A la llegada a Macao les sorprendió una gran temporal “entró un Tifón y fuerte Uracán que en pocas horas desmanteló la fragata, con pérdida del palo mesana, jarcias, tres anclas, el bote y la lancha y 20 hombres extraviados”.

Tras el susto, Balmis pasa una corta estancia en Macao de 40 días y solo vacuna a 22 niños. Balmis se traslada a continuación a Cantón tras encontrar a un niño que fuera portador del fluido. El 12 de diciembre de 1805 celebra allí la primera vacunación “a esta sesión vacunal asistió gran número de chinos de todas clases, edades y sexos” y Balmis pudo afirmar que tuvo “el gusto de ser el primero que introdujese la vacuna en el Imperio Chino”.

Con gran disgusto no pudo propagar el fluido en aquellos lugares por las trabas que le pusieron. Los ingleses, por el contrario, que no habían podido hacer llegar fluido en condiciones hasta allí, se aprovecharon de las inoculaciones efectuadas por Balmis y comenzaron a vacunar chinos con lo que “se les presentó abierta una puerta para entrar en el corazón de los chinos, al paso que les servía para estrechar más sus lazos relaciones mercantiles”.

Durante su estancia en Cantón, Balmis acopia más de 300 dibujos de plantas y unos 10 cajones de las más apreciables plantas de Asia “para trasplantarlas y enriquecer el Real Jardín Botánico”. Temeroso por su enfermedad, vuelve de Cantón a Macao para tomar destino hacia España.

La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna

Antes de reencontrarnos con Balmis en Santa Elena, revisemos la primera campaña mundial de vacunación organizada de la historia. Tres elementos contribuyen a la puesta en marcha de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (REFV).

Por un lado, el descubrimiento de la vacuna por Jenner ofrece posibilidades de combatir la viruela. Este método es rápidamente adoptado y asimilado en toda Europa y de él llegan noticias a la Península Ibérica y a los territorios de Ultramar.

Por otro lado, la sensibilización de la Casa Real, que dentro del Palacio ha sufrido pérdidas entre sus miembros a causa de las viruelas a los largo del siglo XVIII, sintiendo el miedo hacia la enfermedad con la misma intensidad que el pueblo. Finalmente, las noticias procedentes de Ultramar, que informaban de los dramáticos efectos que causaban las epidemias de viruelas que asolaban desde 1802 los territorios del Virreinato de Santa Fe y del Perú.

 

La población mermaba, al igual que disminuía la fuerza de trabajo y la recaudación de impuestos.La Expedición Vacunal tiene como único objetivo propagar y perpetuar la vacuna contra la viruela.

El derrotero lo determinaron los acontecimientos y las necesidades de los territorios por los que pasaban y a los que se dirigían. Desde su gestación la Expedición fue orientada para dar respuesta a las necesidades médicas y sanitarias de los territorios de Ultramar. La adaptabilidad fue su cualidad más importante.

La Expedición de la Vacuna (1803-1810) fue la mayor hazaña médica que se realizó en los territorios hispanos (Península y Ultramar). Esta Expedición se enmarca dentro del conjunto de las expediciones ilustradas realizadas por la Corona hispana en los territorios americanos.

La velocidad de tramitación de la burocracia estatal fue inusual. Solamente transcurrieron ocho meses desde que la empresa se gestó (28 de marzo de 1803) hasta que fue iniciada (30 de noviembre de 1803). Esta inmediatez manifiesta la urgencia y la importancia del proyecto sanitario.

Una vez decidida la actividad, el problema radicaba en la financiación y en el equipamiento. La REFV resultó muy costosa por la cantidad de personas que movilizaba y por el cúmulo de intereses económicos creados a su alrededor. A esto hay que añadir el momento de crisis económica y política nacional e internacional.

La propagación de la vacuna solamente generaba gastos, los beneficios en todo caso se verían a largo plazo. El principal gasto fue dotar a la Expedición de un botiquín. Este estaba compuesto de porciones de lienzo para las vacunaciones, 2.000 pares de vidrios para mantener el fluido vacuno, una máquina pneumática, 4 barómetros y 4 termómetros; 500 ejemplares de la obra de Moreau de la Sarthe traducida por Balmis,para que sirviesen de manual para la difusión de esta práctica médica en los lugares por donde pasase la Expedición.

Además llevaban 6 libros en blanco, para que en ellos se anotaran los resultados de su trabajo con el visto bueno del “Jefe del distrito”, sirviesen de registro de las actividades realizadas y presentarlos al regreso de la Expedición a la Península. Esta dotación generó un gasto de 90.000 reales de vellón, aunque solamente estaban presupuestados 200 doblones.

Aparte del botiquín, los gastos más gravosos de la REFV eran ocasionados por los expedicionarios, en la doble vertiente de su transporte y de su manutención, ambos aspectos fueron muy litigados por los interesados y por la Hacienda Pública.

El Estado siempre intenta gastar a la baja, tanto en el flete del barco como en la alimentación de los expedicionarios. Los criterios que prevalecieron fueron el ahorro frente al gasto y la velocidad de propagación frente a la comodidad de los expedicionarios.

Todos los gastos corrían a cargo de la Real Hacienda. De este modo el poder público hispano controlaba la principal hazaña sanitaria del mundo ilustrado. Una vez llegados a los territorios ultramarinos, los expedicionarios pasaban a depender de las autoridades locales. Los poderes públicos coloniales podían financiar los gastos de los expedicionarios desde el Ramo de Tributos de Indios, los Censos de Indios, el Ramo de Propios o los Diezmos eclesiásticos. Saliese de donde fuese el dinero siempre baxo condiciones equitativas y ventajosas para la hacienda.

Otro aspecto esencial en la organización de la Expedición Filantrópica fue la legislación. Desde el inicio, Balmis demanda y la Corona emite un repertorio legislativo que normalice la actuación de la REFV, empezando por la Real Orden de 5 de junio de 1803, en la que se comunica la propagación de la vacuna contra la viruela a todos los territorios hispanos de Ultramar.

Cuando hablamos de la REFV pensamos primariamente en una unidad. Aunque en la teoría estaba pensada así, en la práctica no fue unitaria. América no es una unidad geográfica. La diversidad de paisajes marca y define la realidad americana.

La Expedición de la Vacuna no se mantiene al margen de los condicionamientos geográficos, y su discurso por el territorio está más sometidos a los caminos, valles y montañas, que al criterio y la decisión de los expedicionarios. A las enormes distancias se une la dificultad de las comunicaciones. En el tránsito del siglo XVIII al siglo XIX, en la mayoría del continente americano la comunicación es mala. Esta deficiencia se incrementa en los caminos de la sierra.

Las montañas se convierten en farallones insalvables que retardan el camino y minan la salud física y mental de los expedicionarios. Esta geografía no afecta por igual a cada uno de los miembros de la expedición. Los inconvenientes no afectan de igual modo al niño que al facultativo.  Los caminos eran infranqueables.

Para salvar los obstáculos de los trayectos se utilizaban indios porteadores. Estos indígenas transportaban a los expedicionarios y a los delicados útiles que se necesitaban para las vacunaciones.

Había varias modalidades. Los “porteadores”, que eran los que llevaban a sus espaldas los bultos o las personas, que se sentaban en una especie de mochila de bejucos y troncos finos. Los “estriberos” eran los que movilizaban los paquetes más pesados y las personas adultas. Se necesitaban cuatro estriberos por bulto.

Cuando los trayectos eran largos, la Expedición requería porteadores y estriberos de recambio. La dureza de los caminos exigía el cambio, de vez en cuando, en cada descanso. La realización misma del viaje era toda una aventura.

Pero quizá el inconveniente más generalizado en los recorridos americanos eran los ríos. El gran caudal y el profundo cauce obstaculizaban siempre e impedían, a veces, la comunicación. Desde época prehispánica, para cruzar los ríos se habían ideado unos puentes, que se han mantenido por su utilidad hasta nuestros días. Estas “obras de ingeniería” eran casi más difíciles de atravesar que cuando no existía el puente.

No todos los puentes eran iguales. Existían diferentes soluciones en función de los materiales constructivos de la zona, de la frecuencia de uso, y de la calidad del uso. Nos encontramos puentes de maromas o bejucos y taravitas.

El paso de estos puentes era arriesgado. El expedicionario se jugaba la vida cada vez que se deslizaba montado en un zurrón y suspendido entre dos horcones de una margen a otra de un río. El constante bamboleo provocaba un mareo cuyo recuerdo no se quitaba nunca de la cabeza. Junto al vértigo y el mareo se añadía el gasto económico que suponía el pago de las gabelas de uso y mantenimiento de los mismos.

El paso de los puentes suponía un alto coste económico. La aventura del viaje más arriesgada para el cuerpo y para el bolsillo. El tránsito de estos puentes era temido por los viajeros que paseaban por el territorio americano.

Los caminos por los que discurre la Expedición Vacunal son únicos. No existen rutas alternativas. El viaje resultó dificultoso, penoso y arriesgado tanto física como económicamente. Teniendo en cuenta todos los condicionamientos anteriormente descritos, los expedicionarios desarrollaron su labor filantrópica y sanitaria con éxito.

Al inicio se plantearon varias propuestas de derrotero, pero ninguna de las propuestas se realizó. Los acontecimientos y la realidad determinaron la ruta seguida. Los expedicionarios, una vez que tomaron contacto con la geografía americana, no fueron ajenos a esa realidad.

La orografía desigual, la hidrografía torrencial y el clima discrepante dañaron la salud de todos los miembros de la Expedición Vacunal. En estas condiciones vivieron e incluso murieron los miembros que desarrollaron la gran campaña de salud contra las epidemias de viruela a principios del siglo XIX.

 

Rutas de la REFV

 

La ruta propuesta no fue única. A medida que avanzaban los preparativos de la Expedición, se conocían mejor las necesidades y se cambiaba el derrotero. Se propusieron al menos tres rutas diferentes: la propuesta de Francisco Requena, la de José Flores y la de Francisco Xavier Balmis. Con todas estas propuestas, el Consejo de Indias, el 26 de mayo de 1803, dictaminó una ruta para la Expedición.

El derrotero que debe ser seguido se expresa en la Circular tipo que se envía a todos los territorios de Ultramar para la propagación de la Vacuna fechada el día 1 de septiembre de 1803.

En ella dice: “Dirigirá su rumbo en primer lugar a la Habana, haciendo escalas en las Islas de Tenerife, y Puerto Rico, para reponer algunos otros Niños, si hicieren falta: para introducir en ellas tan precioso descubrimiento; y para comisionar algunos Individuos al Virreinato de Santa Fe, a  las Provincias de Caracas, u otra parte de la tierra firme, según conviene: el resto de la expedición continuará su derrota a Veracruz, y haciendo el giro por Nueva España y el Perú, terminará la comisión en Buenos Ayres, después de haber enviado algunos de ellos a Filipinas en la Nao de Acapulco, o desde el Callao de Lima”.

La realidad es que ninguno de los derroteros propuestos es seguido por Balmis que hizo modificaciones sobre la marcha. Se puede considerar la división de la Expedición en tres tramos: Expedición Conjunta, de La Coruña a Venezuela (del 30 de noviembre de 1803 al 8 de mayo de 1804); Expedición de Balmis (del 8 de mayo de 1804 al 7 de septiembre de 1806); Expedición de Salvany (del 8 de mayo de 1804 al 21 de julio de 1810).

 

 

 

 

 

 

 

La REFV salió de Madrid el 7 de septiembre de 1803. Dos semanas más tarde, el 21 de septiembreya se encontraban en La Coruña. En este puerto peninsular, Balmis prepara la travesía marítima del Atlántico. En el mes de octubre y noviembre se contrata el barco y se colectan en Galicia los niños que iban a transportar la vacuna en sus brazos.

Los componentes de la Expedición eran los médicos Francisco Xavier Balmis y Berenguer (Director) y José Salvany y Lleopart (Subdirector). En calidad de ayudantes: Manuel Julián Grajales y Antonio Gutiérrez Robredo. En calidad de practicantes: Francisco Pastor Balmis y Rafael Lozano Pérez. En calidad de enfermeros: Basilio Bolaños, Pedro Ortega y Antonio Pastor.

Como cuidadora de los niños: Isabel Sendales y Gómez. Como secretario personal de Balmis participó Ángel Crespo. Como transmisores de salud, un grupo inicial de 22 niños del hospicio de La Coruña y un número incalculable de niños que desplazaron en sus brazos la linfa vacuna por los territorios por los que deambuló la REFV.

La Expedición Conjunta trasladó la vacuna desde la península hasta el continente americano. Tras los preparativos, la Expedición zarpa del puerto de La Coruña el 30 de noviembre de 1803, a bordo de la corbeta María Pita, con dirección al archipiélago canario. El 9 de diciembre la Real Expedición arriba al puerto de Santa Cruz de Tenerife después de 10 días de navegación.

La isla de Tenerife se erigió en un centro difusor del fluido vacuno para las demás islas que forman el archipiélago canario. Se crean pequeñas expediciones, que desde cada una de las islas llegan a Tenerife demandando la vacuna. El proceso es sencillo. Desde cada isla del archipiélago se forma un equipo compuesto por un facultativo y un grupo de niños con el fin de contagiarse la vacuna y llevarla fresca en sus brazos hasta la isla de procedencia. Los expedicionarios estuvieron en esta isla canaria escasamente un mes.

Durante este tiempo realizaron tres vacunaciones generales en las que se trasmitía la vacuna a toda persona que lo demandaba. Cuando Balmis pensó que su labor había concluido, se dispuso la salida para no demorar la llegada a América. La Expedición abandonó Tenerife el día 6 de enero de 1804.

En este día feriado se hizo vela de esta rada rumbo a Puerto Rico la corbeta María Pita, conductora de la expedición marítima de la vacuna.

A esa isla caribeña, la Expedición llega sin novedad el día 9 de febrero del mismo año, después de un mes de dura y arriesgada navegación trasatlántica, llena de riesgos y con el temor de no tener niños suficientes para mantener fresco el fluido vacuno. 

Los acontecimientos en la isla portorriqueña fueron diferentes a los de la isla canaria. Balmis no pudo menos que comparar el trato recibido y la diferencia de actitud de las autoridades locales. Mientras que el Marqués de Casa-Cagigal, en Tenerife, le había favorecido, el Gobernador Ramón de Castro, en Puerto Rico, había permanecido al margen y no se implicó en el devenir de la Expedición Vacunal.

El malestar en Puerto Rico se debió a dos causas. Que el médico catalán Francisco Oller ya hubiera empezado unos meses antes a vacunar con fluido procedente de la vecina isla de Saint Thomas y por las dificultades que tuvo Balmis para conseguir niños que transportasen la vacuna hasta la Capitanía General de Caracas.

Balmis creyó que la Expedición se le venía abajo y tras varios enfrentamientos con Oller y las autoridades abandonó la isla portorriqueña a bordo de la María Pita con dirección a La Guayra el día 13 de marzo de 1804. El viaje por el mar Caribe fue complicado, por las dificultades de la travesía y por el desconocimiento de la marinería de esta costa. El barco tuvo que hacer una arribada de urgencia en la ciudad de Puerto Cabello, el día 20 de marzo de 1804. Esta población de la Capitanía General de Venezuela estaba muy distante de la capital, Caracas, donde les esperaban.

Para desplazarse con rapidez a su destino y con utilidad para la campaña vacunadora, Balmis divide la expedición. Un grupo se desplaza por tierra, a lo largo del Valle de Aragua, y otro por mar, a bordo del guardacostas Rambli. Tardaron en llegar a Caracas más de 10 días. Una vez que hubieron llegado a la capital, todos los miembros de la expedición comenzaron las vacunaciones.

El día 30 de marzo de 1804, Viernes Santo, Balmis vacuna por primera vez en Caracas a 64 personas. En esta ciudad la vacuna se recibió con gran admiración. Una vez establecida la vacuna en Caracas, y después de haberse creado una opinión pública favorable a la vacuna, se erigió como centro difusor para toda la Capitanía General de Venezuela. Desde la capital se envió la vacuna a los territorios de Coro, Puerto Cabello, Ortiz, Santa María de Iripe, Tocuyo, Maracaibo, Cumaná e incluso a la isla Margarita.

Balmis y los miembros de la expedición contaron con el apoyo del Gobernador y Capitán General Manuel Guevara y Vasconcelos. La presión de la epidemia de viruela que se había generalizado en Nueva Granada aumenta el entusiasmo.

En este territorio, Balmis, con el visto bueno del Capitán General de Caracas, creó la primera Junta de Vacuna del continente americano el día 23 de abril de 1804. El reglamento de creación y establecimiento de esta institución sirvió de modelo para otras poblaciones de América.

La estancia de la Expedición de la Vacuna en el territorio caraqueño fue satisfactoria profesional y personalmente. Contaron con el respaldo de la población en las vacunaciones y fueron reconocidos como guardianes de la salud pública. El día 9 de abril de 1804 todo cambió. Ese día, Balmis recibe la noticia del fallecimiento del Dr. Verges, que había sido comisionado en régimen de urgencia para frenar la vacuna en la capital del Virreinato neogranadino. Esta fue la causa primera para dividir la Expedición en dos partes.

También existen otros dos motivos que refuerzan esta decisión. Por un lado, la urgente necesidad de cortar el cruel contagio varioloso que reinaba en el territorio santaferino. Por otro lado, la accidentada navegación no sólo por el Atlántico, sino también por el Caribe. Una parte, dirigida por Balmis, puso rumbo a la América Septentrional, y otra, dirigida por Salvany, a la América Meridional.

La Expedición Balmis abarca desde el 8 de mayo de 1804, día de la separación de la Expedición Vacunal en dos partes, hasta el 7 de septiembre de 1806, fecha de la llegada de Balmis a Madrid. Esta rama de la Expedición estaba compuesta por 6 personas: el director, D. Francisco Xavier Balmis; un ayudante, D. Antonio Gutiérrez Robredo; un practicante, D. Francisco Pastor; dos enfermeros, D. Pedro Ortega y D. Antonio Pastor; y la rectora, Dña. Isabel Sendales y Gómez. Además se les unían todos los niños que procedían de Galicia.

A bordo de la María Pita, la navegación por el Caribe fue penosa y alteró tanto la salud de los niños como la de los expedicionarios. Finalmente, la corbeta fondeó en el puerto de La Habana el 26 de mayo de 1804. A su llegada, Balmis descubre que la vacuna estaba perfectamente establecida por el médico Tomás Romay.

Ante la estupenda labor realizada por éste, Balmis piensa que quedarse más en la isla sería una pérdida de tiempo que impediría llegar a otras regiones en las que no se conozca el fluido vacuno. A los tres días de arribar a La Habana, el 29 de mayo, solicita que se le proporcionen quatro niños que sirvan para trasmitir la preciosa vacuna.

La solicitud no fue atendida. Cuando había pasado más de una semana, el día 7 de junio, Balmis vuelve a pedir los niños necesarios para trasmitir la vacuna a Nueva España. No hay respuesta. La poca paciencia de Balmis se agota.

El día 14 de junio, después de tres semanas de ruegos, peticiones y solicitudes formales, comunica al Capitán General de la Isla, el Marqués de Someruelos, que no necesita los niños. Había convencido a un joven “tamborcito” del regimiento de Cuba y había comprado tres esclavas negras para que llevasen la vacuna a Nueva España.

El viaje no se demora más. Una vez solventado el problema del transporte de la vacuna, la Expedición Filantrópica zarpa del puerto de La Habana cuatro días más tarde con dirección a la península de Yucatán.

Después de un trayecto dificultoso por el Caribe mexicano, la Expedición arriba al puerto de Sisal, el 25 de junio de 1804. En el puerto fue recibida por el Gobernador de Mérida, Benito Pérez. Inmediatamente, los expedicionarios y la comitiva que los acogió se desplazaron a la capital.

A la ciudad de Mérida llegaron el día 29 de junio de 1804. Ese mismo día comenzaron las vacunaciones con el apoyo de las autoridades locales. En Mérida, Balmis recibe la ayuda necesaria para propagar la vacuna por Centroamérica. Necesita niños, un buque y auxilios necesarios para realizar las campañas sanitarias.

Balmis comisiona a Francisco Pastor, su sobrino, para que comunique la vacuna a la Capitanía General de Guatemala. Siguiendo la siguiente ruta: desde Mérida a Villahermosa de Tabasco; desde allí, a Ciudad Real de Chiapas; y que llegue hasta la capital de la Capitanía General de Guatemala. Desde su capital, Guatemala, que regrese después a la ciudad de México por la vía de Oaxaca.

Una vez derivada la vacuna hacia Centroamérica, Balmis no demora su estancia en la península de Yucatán y parte de Sisal con rumbo al puerto de Veracruz el día 19 de julio de 1804.

En esta ciudad la vacuna estaba perfectamente establecida. Esto disgustó muchísimo a Balmis, porque no encontró gente que se quisiese vacunar, y para mantener el fluido fresco hubo de recurrir a la tropa. No pudo hacer nada y tuvo la sensación del perder el tiempo.

Alejado del centro de poder novohispano, Balmis había notado el desinterés del virrey por la vacuna. Le había mandado cartas solicitando órdenes de actuación para propagar la vacuna en su virreinato y no había recibido respuesta alguna.

La indignación de Balmis era tan grande que remitió un artículo a la “Gazeta de México” para que supiese que ya estaba introducida allí la vacuna. Ante tanta desidia, Balmis abandonó la ciudad-puerto de Veracruz el día 1 de agosto de 1804 con rumbo a la capital novohispana. Tenía prisa por llegar a la ciudad de México para entregar los 22 niños que había sacado de la Coruña, quedando así desembarazado para acudir a donde se tuviere por conveniente.

Con una parada obligada en el Santuario de la Virgen de Guadalupe, la Expedición llega a la ciudad de México el 9 de agosto de 1804. La llegada a la capital novohispana no mejoró las relaciones del virrey Iturriagaray y Balmis, sino que se enconaron aún más. El enfrentamiento fue directo y no epistolar como hasta entonces. A partir de este momento, Balmis aprovecha cualquier ocasión para elevar al Consejo de Indias quejas y críticas del virrey.

Desde la capital salieron los expedicionarios rumbo al norte para lograr establecer la vacuna, aun en los territorios más alejados de la capital del virreinato. Comenzaron las vacunaciones sistemáticas en Puebla de los Ángeles, Guadalajara de Indias, Zacatecas, Valladolid, San Luís Potosí y las Provincias Internas.

Este periplo tenía un doble objetivo: crear y establecer Juntas de Vacuna que se responsabilizasen de mantener el fluido vacuno fresco y la colecta de los niños sin el control directo y la oposición del virrey. Consiguieron 26 niños mexicanos para poder cruzar el Pacífico manteniendo el virus vacuno vivo en sus brazos. Después de 53 días de ausencia, el 30 de diciembre de 1804, la Expedición Vacunal vuelve a reunirse en la ciudad de México. La estancia en la capital de la Nueva España fue corta. Rápidamente comenzaron los preparativos para emprender el viaje que permitiese propagar la vacuna en el archipiélago filipino.

La Expedición Salvany abarca desde la separación de la Expedición, el día 8 de mayo de 1804, hasta el día de su muerte el 21 de julio de 1810. Esta rama de la Expedición estaba compuesta por 4 personas: el subdirector, que a partir de ese momento tendría cargo de director, José Salvany; un ayudante, Manuel Julián Grajales; un practicante, Rafael Lozano Pérez; un enfermero, Basilio Bolaños y cuatro niños que se encargarán de transportar la vacuna en sus brazos.

Las primeras noticias que tenemos de la Expedición Vacunal por el territorio sudamericano son catastróficas. El día 13 de mayo de 1804, a los cinco días de comenzar su periplo, el bergantín San Luis encalló en las bocas del río Magdalena cerca de la ciudad de Barranquilla. Las cosas no podían empezar peor. Todos los expedicionarios se vieron afectados en el accidente.

Viendo el riesgo que corrían, desembarcaron precipitadamente en una playa desierta á barlovento de Cartagena. Su vida estuvo en peligro. No fallecieron porque contaron con la ayuda de los naturales y de un navío de corso, La Nancy, al mando del teniente de navío Vicente Varela, que viajaba por ese tramo del río.

El incidente les había alejado del derrotero establecido por Balmis. Para retomar la ruta prevista tuvieron que atravesar por el desierto a la Cienagas de Santa Marta y desde allí a Cartagena. La Expedición no sufrió pérdidas humanas pero sí pérdidas materiales, sobre todo los instrumentos de vacunación.

En Cartagena los expedicionarios contaron con el apoyo político de las autoridades locales, pero también con el económico del potente Consulado cartagenero, que financió todos sus gastos. La ciudad se erigió en un centro difusor de la Vacuna. Desde esta población se irrigó el fluido hacia Panamá por Portobello, a cargo de un religioso bethlemita acompañado de cuatro niños y hacia Buenos Aires por Riohacha, entre cristales.

En el territorio cartagenero se establecieron Juntas Centrales y Subalternas de vacuna en los pueblos donde se consideraron necesarias, con unas instrucciones, fáciles y sencillas, elaboradas por Salvany.

Cuando Salvany, consideró que ya estaba establecida la vacuna en esos territorios, preparó el viaje para continuar su campaña de salud pública rumbo a Santa Fe de Bogotá. La REFV contó en Cartagena de Indias con el apoyo de su Gobernador que facilitó la labor vacunadora por el territorio de su mando. Salvany y el resto de los expedicionarios abandonaron Cartagena en julio de 1804.

Les acompañaban diez niños, que conservarían el fluido fresco en sus brazos, y las comunicaciones oportunas que ordenaban a las justicias de los pueblos por donde transitasen para que le auxiliasen en quanto se le ofreciese. Desde Cartagena de Indias hasta Santa Fe, la Expedición Filantrópica discurre por el río Magdalena. La navegación era tranquila, aunque larga y penosa. Se realizó en pequeños barcos muy ligeros que se llamaban “campanes”.

Durante la travesía, Salvany se dio cuenta de la envergadura de la Expedición. Era mucho territorio para sólo cuatro hombres. Para no dispersar esfuerzos, y siguiendo el criterio que había ideado Balmis, se dividen las fuerzas para abarcar mayor porción de territorio. Se crearon dos grupos, cada uno de ellos formado por dos facultativos.

Antes de llegar a Santa Fe, la Expedición pasó por las poblaciones de Tenerife y Mompox. Al llegar a la ciudad de Ocaña la Expedición se divide en dos, Salvany con el enfermero Bolaños y Grajales con el practicante Lozano.

La subexpedición dirigida por Grajales, desde la ciudad de Ocaña siguió el valle del Cucutá hasta la ciudad de Pamplona; desde allí pasó a San Gil, Socorro y Velez. La dirigida por Salvany, siguió de Ocaña por el río en dirección a Nares.

En esta ciudad se derivó la vacuna a la ciudad de Medellín, gracias a la presencia de un facultativo y dos muchachos. Desde Nares se pasó a Honda. En esta ciudad Salvany tuvo que descansar porque se encontraba aquejado de sus males, que se habían agravado en el ascenso de los Andes.

Enterado de la enfermedad de Salvany, el virrey Ammar se alarmó. Con temor de que la vacuna no llegase a Santa Fe, por una posible muerte de Salvany, igual que había pasado con el doctor Verges, dispuso la salida de Santa Fe de un facultativo y niños, con los demas socorros necesarios tanto para su curación como para que dicho facultativo se hiciese cargo de la conservación del fluido si llegaba á morir Salvany.

Afortunadamente Salvany superó la enfermedad y llegó a la capital neogranadina el 17 de diciembre de 1804. En Santa Fe ya se encontraban los demás expedicionarios, que habían llegado por otra ruta.

Los desastres de la viruela en esta capital habían creado una opinión pública favorable a la vacuna. Las vacunaciones comenzaron de inmediato. El apoyo del virrey neogranadino fue esencial. Hizo conocer la llegada de la Expedición por bando. Publicó un “Reglamento para la conservación de la Vacuna en el Virreinato de Santa Fe”.

Facilitó una sala del hospital que estaba al cargo de los religiosos de San Juan de Dios, aunque Salvany rechazó la propuesta, para que no se relacionase la vacuna con la idea de enfermedad y muerte. La Expedición también contó con el apoyo de las autoridades eclesiásticas. Los párrocos desde los púlpitos recomendaron el uso de la vacuna y exaltaron la personalidad de Salvany y sus colaboradores.

La estancia en Santa Fe sirvió para reponer fuerzas, tanto físicas como psíquicas. Resultaba gratificante parar, detener la agitada marcha, poder reposar de las difíciles y peligrosas andaduras por valles y quebradas.

No menos gratificantes fueron el júbilo y el aplauso con que los recibieron. El día 8 de marzo de 1805, la Expedición Vacunal abandona Santa Fe con dirección al Virreinato peruano, después de haber realizado 56.324 vacunaciones. La magnitud de la cifra hace pensar en la intensidad de la labor profiláctica desarrollada.

A la salida de Santa Fe, la Expedición nuevamente se divide en dos. Una, al mando de Grajales, a quien acompaña Bolaños,atravesando las montañas del Quindío, se dirige a la ciudad de Neiva, La Plata y Popayán. La otra, al mando de Salvany, a quien acompaña el practicante Lozano, se dirige también con rumbo a Popayán pasando por las ciudades de Ybagué, Cartago, Truxillo, Llano Grande, Provincia de Choco y Real de Minas de Quilichas.

El grupo Grajales-Bolaños llegó a Popayán en abril y el grupo Salvany-Lozano en mayo. En Popayán, lo primero que tuvo que hacer la Expedición fue reponerse de las fatigas de su viaje y del quebranto que advertía nuevamente en su salud con la misma enfermedad de ojos y efusión de sangre por la boca que había padecido en Santa Fe.

Salvany retarda la salida, pero no puede parar la propagación de la Vacuna, sobre todo cuando recibe la noticia de que la Real Audiencia de Quito sufre una epidemia de viruelas naturales. Este es el detonante del abandono de Popayán. Hay que llegar al territorio quiteño cuanto antes. Salvany divide nuevamente la Expedición.

Grajales y Bolaños desde Popayán toman rumbo a la ciudad de Barbacoas para que desde allí, costeando Tumaco, La Tola y Jipijapa, lleguen a la ciudad-puerto de Guayaquil. Con el envío de la vacuna a Guayaquil, Salvany pretende que esta ciudad, además de ser un centro comercial, sea un centro difusor de la vacuna. Encomienda a Grajales que desde este puerto envíe la vacuna entre cristales en cualquier barco que se dirija al territorio panameño. Mientras tanto, Salvany y Lozano se desplazarían desde Popayán a Quito por la sierra. Pasarán por las poblaciones de Pasto, Tulcan, Ybarra, Otavalo y Cayambe.

Las previsiones pensadas para propagar la vacuna por la costa no se pudieron llevar a cabo. Una causa fue la falta de financiación desde las Cajas Reales de la ciudad de Barbacoas, otra fue la constante presencia de ingleses en la Isla de la Gorgona, en la bahía de Atacames y en el cabo de San Francisco. Grajales y Bolaños llegan a Quito siguiendo el camino de Malbucho.

El grupo encabezado por Salvany llega a Quito el 16 de julio de 1805. Contó con el apoyo tanto de las autoridades civiles como eclesiásticas. La primera vacunación se verificó el día 3 de agosto de 1805. La estancia en la ciudad quiteña no es del todo perfecta. Poco antes del abandono de esta ciudad, el subdirector de la Expedición Vacunal sufre un robo. Le sustraen 100 pesos fuertes y parte de su equipaje.

Después de este asunto tan desagradable y sin retrasar los tiempos que estaban previstos, tras dos meses de estancia en Quito, donde Salvany propagó el fluido vacuno y se repuso de sus fatigas y quebranto de la salud, salió con rumbo a Lima. El lunes 13 de septiembre de 1805, tras la celebración de un Te Deum de acción de Gracias, salió la Expedición con dirección a Cuenca.

Ya hacía más de cuatro meses que Salvany había salido de Quito, cuando llega a esta ciudad el grupo de Grajales. Como no había podido llegar a Guayaquil, solicita al Barón de Carondelet, Presidente de la Real Audiencia de Quito, que le dote de comunicados oportunos que le permitan llegar a Guayaquil.

Esta ciudad-puerto pertenece al Virreinato del Perú, y la Real Audiencia de Quito pertenece al Virreinato de la Nueva Granada. El trámite político es lento y se demoran los documentos. Todo se retarda. Grajales y Bolaños pasan en la ciudad de Quito la Navidad de 1805 en espera de los documentos que les permitan pasar al Virreinato peruano.

Mientras tanto, el grupo de Salvany continúa su periplo por la Cordillera Andina. Llegan a la ciudad de Cuenca el día 12 de octubre de 1805. Al día siguiente se celebró una misa con Te Deum de acción de gracias en la Catedral y al terminar se realizaron 700 vacunaciones.

En la ciudad de Cuenca, las manifestaciones de acción de gracias fueron fastuosas y muy concurridas por la población. Se celebraron tres corridas de toros con caballos, bailes de máscaras e iluminación de la ciudad durante tres noches. En Cuenca los expedicionarios estuvieron dos meses para partir el 16 de noviembre de 1805 con dirección a la ciudad de Loja.

Salvany estaba mermado de facultades y cada vez veía más dificultades en la realización de la campaña sanitaria. Los niños eran muchos, y la paciencia de Salvany cada vez menor. Consiguió que el padre bethlemita Fray Lorenzo Justiniano de los Desamparados le acompañase para cuidarlos como lo hizo, tratandoles con cariño y esmero, incluso ayudó a Salvany a practicar algunas vacunaciones. El camino a Loja se realizó rápidamente. En el trayecto los expedicionarios vacunaron a 900 personas y en la ciudad a 1500 personas más. 

Hace doscientos años

Retomamos a Balmis camino de Santa Elena y a Salvany en Cajamarca después del mal trago en Lambayeque.

Desde Cajamarca Salvany viajó a Trujillo, donde encontró viejos amigos. En esta ciudad se hospedaba el arzobispo de Charcas, Benito Moxo, que era un dedicado protector de la Expedición desde que estuvo con ellas en Puerto Rico. Establecida la vacuna en Trujillo, Salvany sale hacia Lima donde llega a finales de mayo de 1806. Grajales y Bolaños se presentan en Lima en diciembre de 1806.

Salvany observa en Lima que la vacuna se comerciaba. Se compraba y se vendía como el aguardiente o la sal. No estaba controlada por facultativos, sino por comerciantes, que veían en este fluido un modo rápido y seguro de enriquecerse.

Ante este hecho generalizado y mantenido por la población limeña, Salvany no puede actuar. Se siente incapaz de transformar esta realidad. Desilusionado, abandona las vacunaciones en masa. Estas operaciones las delega en los médicos locales de la ciudad. Dedica sus maltrechas fuerzas a la elaboración de un reglamento, que organice las campañas de vacunación y sea común para todo el Virreinato peruano.

En Lima, Salvany descansa. Tiene mucho tiempo libre. Se vincula a la elite intelectual de la Universidad de San Marcos y a las tertulias ilustradas que se celebraban en las casas de las elites criollas.

Propone a la Secretaría de Estado la creación de una plaza de Inspector de Vacuna. Salvany tiene claro todo: el sueldo, que debería oscilar entre 12 y 14 mil pesos; el reconocimiento, que tendría que estar autorizado con los honores del Consejo de Indias; y las funciones que tendría la obligación de celar el plan de vacunación y su cumplimiento. Este inspector debería visitar cada tres años uno de los tres virreinatos y las Juntas Centrales deberían informarle cada bimestre de todas sus operaciones.

Salvany parte de nuevo desde la costa (Lima) a la sierra (Arequipa). La altura y los fríos de la sierra afectan a la enfermedad pulmonar que padece. En este trayecto tarda casi dos meses. El día 8 de diciembre de 1807, llega a Arequipa enfermo. El certificado médico dice: Se confundia con la Apoplegia por la intermitencia de su pulso, y por la respiración estertorosa precedida de movimientos convulsivo; y el síncope en su cesación, nos presentaba un espectáculo de horror.

Salvany pasa la Navidad de 1807 en esta ciudad. La estancia en Arequipa es reconstituyente. Pero la Expedición Vacunal debe continuar propagando la vacuna y no puede demorarse eternamente en un lugar. Sale de Arequipa con dirección a la población de mayor altitud de toda la cordillera andina, La Paz. Un trayecto de una semana le supone a Salvany más de un año, no es largo, pero está deshabitado.

Las escasas poblaciones carecían de facultativo y de remedios para mejorar su enfermedad. El día 1 de abril de 1809, por fin llega a la ciudad de La Paz. Después de dos semanas de total tranquilidad, en reposo absoluto, su salud no se restituye. Si de Arequipa a La Paz tarda más de 16 meses, de La Paz a Cochabamba, parecido trayecto, tarda 13 meses.

Mejoran las condiciones climáticas pero no la salud de Salvany. Los valles interandinos se convierten en valles de lágrimas que presagian su muerte. Salvany mantiene el entusiasmo para propagar la vacuna, pero no le acompañan las fuerzas. Desde la ciudad de Cochabamba, a falta de dos meses para su muerte, solicita el permiso al presidente de la Real Audiencia de Charcas para internarse y propagar la vacuna en las provincias de Mojos y Chiquitos.

Salvany muere en Cochabamba el día 21 de julio de 1810. Dejó sin terminar la campaña de propagación de la vacuna por el territorio sudamericano. El entusiasmo que tenía supo contagiarlo a su alrededor y otros facultativos tomaron la alternativa. La empresa soñada por Salvany para llevar la vacuna a la región de Mojos y Chiquitos fue realizada por un médico militar llamado Santiago Granado.

Al mismo tiempo, Grajales y Bolaños propagan la vacuna por la Capitanía General de Chile. En 1810 Grajales pasó por la araucaria, región inhóspita y hostil donde vacunó a su población, los fieros y temidos indios araucanos, que se rindieron a la necesidad de luchar contra las viruelas.

En enero de 1812, Grajales considera que su comisión ha terminado. Vuelve a Lima y solicita al virrey permiso para regresar a la Península. Se le deniega por estar el territorio en guerra. A partir de este momento Grajales deja de ser médico de la REFV y trabaja en el campo de la medicina militar.

El destino de Balmis es diferente, llega a Santa Elena en junio de 1806 con la idea de introducir la vacuna en la isla. Da conferencias a los médicos locales y al gobernador Robert Patton, les recuerda que es un invento inglés y les convence para vacunar a los niños. El día de su partida el gobernador le entrega un paquete sellado en Inglaterra años antes. Era una muestra de linfa y unas instrucciones escritas por el propio Jenner que nadie había utilizado.

El 17 de junio de 1806, Balmis abandona Santa Elena rumbo a Lisboa, a cuyo puerto arriba la tarde del 14 de agosto de 1806. Se desplaza rápidamente a Madrid donde le recibe el rey Carlos IV el día 7 de septiembre de 1806. Para algunos, este besamanos real da por terminada la REFV.

Pero como hemos visto no se debe dar por concluida hasta la muerte de Salvany. A excepción de Balmis, ninguno de los expedicionarios consiguió volver a la Península, y las siguientes guerras (Independencia española e Independencia americana) les obligaron a establecerse en Nueva España.

El 14 de octubre de 1806, se comunica al público la llegada de Balmis a Madrid. Esta noticia tiene tanta importancia que obliga a sacar a la calle un suplemento, que podía comprarse separado de la Gaceta diaria.

Comienza diciendo: “El domingo 7 de septiembre próximo pasado tuvo la honra de besar la mano al Rey nuestro Señor el Dr. D. Francisco Xavier de Balmis, Cirujano honorario de su Real Cámara, que acaba de dar la vuelta al mundo con el único objeto de llevar á todos los dominios ultramarinos de la Monarquía Española, y á los de otras diversas Naciones, el inestimable don de la Vacuna. S. M. se ha informado con el mas vivo interes de los principales sucesos de la Expedicion, mostrándose sumamente complacido de que las resultas hayan excedido las esperanzas que se concibieron al emprenderla”.

 

 

 

 
 

 
La intensa vida de Balmis marcada por su papel estelar en la REFV y la posterior leyenda de nostalgias y olvidos, tiene otras interesantes facetas que serán tratadas en una nueva entrega, sirva esta para celebrar, doscientos años después, la llegada a puerto de su viaje más trascendente y conocido.

 

 

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